Pelea del siglo por la presidencia

Los debates inclinarán la balanza a favor o en contra de quienes compiten por la presidencia en México.

Como nunca antes marcarán la diferencia en el proceso electoral. Es la oportunidad de los que van en segundo o tercer lugar en las encuestas para darle alcance al puntero.

Por primera vez estarán los candidatos presidenciales en el mismo foro, al mismo tiempo, para medir capacidades. No será exactamente un campo de beisbol como pudiera imaginarlo ya saben quien, donde pueda pegar home run o cuadrangular, blanquear al adversario, colgarle nueve ceros, poncharlo con su bola rápida, pero sí un ring o cuadrilátero, propio para una batalla sin consideraciones. Puede ser de todos contra todos o la mayoría contra el que va adelante.

Se van a dar con todo. Una vez que suban al ring, recurrirán a todas las artes pugilísticas en pos no del cinturón del campeón, sino de la silla presidencial.

Quienes van en segundo y tercer lugar están obligados a subir al ring y hacer su mejor papel, dar sus mejores golpes, noquear o ganar por puntos de manera unánime. La estrategia del puntero puede ser esquivar los guantes de los adversarios, correr y no exponerse. Creer que esa manera lograría mantener el marcador a su favor. Sin embargo, podría equivocarse, correría el riesgo de perder seguidores que esperan verlo que luzca como presume.

El segundo y tercer lugar tampoco pueden ni deben subir al ring con medianías o tibiezas. Tendrán que llegar al debate con su mejor preparación y decididos a ganar. El empate no les sirve.

Por eso la importancia de los tres debates programados por el Instituto Nacional Electoral (INE). Sobre todo el primero. Quien lo gane es muy probable que repita la dosis en los siguientes. Es la oportunidad para que cambien las preferencias en las encuestas o se mantengan.

El momento ideal paga ganarse el voto de los electores, de los indecisos que hacen mayoría y esperan una señal, clara, cualitativa, para decidir a qué candidato apoyar el 1 de julio.

Quien pegue primero y noqueé, sumará simpatías entre los electores. Deberá probar en el ring que tiene los mejores proyectos para México, que cuenta con experiencia, que no le da vueltas a los temas de la corrupción, impunidad e inseguridad. Hablar con la verdad para hacer frente a cualquier acusación, ser congruente. Transparentarse. Quien mienta, evada o rehúya la temática medular, recibirá calificación negativa de los jueces, de los miles y millones de mexicanos que observarán y escucharán a los protagonistas del proceso presidencial.

Los debates representan la pelea del siglo por la presidencia y hay de aquel que no  se de cuenta de su dimensión y los desaproveche.

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