La calle del poder

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Con seis pesos puedes llegar a Chihuahua 216 en la colonia Roma de la Ciudad de México, la casona donde ahora se cocina el futuro del país y trabaja el nuevo grupo de poder.
Al menos fue lo que pagué por subir al Metrobús y bajar en la estación Álvaro Obregón. Desde la ventanilla del transporte público observé que la calle no estaba cerrada ni restringido el acceso, como se acostumbraba en otros tiempos. El trajín de los autos me pareció normal. La lentitud que provoca el cotidiano congestionamiento en la calle transversal. La vialidad sobre la avenida Insurgentes, a esa altura, fluida.
La famosa colonia Roma, con raíces del siglo XX, donde todavía sobreviven ejemplos de la arquitectura art nouveau, donde alguna vez florecieron mansiones y palacetes de la clase media alta. Hoy la arquitectura de los edificios recoge diversas épocas, el llamado eclecticismo, la modernidad. Guarda en la memoria haber sido morada de personajes como el general Álvaro Obregón, Fidel Castro, Ramón López Velarde, Carlos Fuentes, José Vasconcelos y Pita Amor, célebres de la literatura, de la poesía y de la política.
Sin dificultad ingresé a la calle Chihuahua. Un puesto informal de comida en la esquina con Insurgentes. Después de 200 pasos, estaba frente al número 216, casona antigua pintada de blanca, con enrejado tradicional, alambre electrificado en la parte superior y cámaras de vigilancia o de video que apuntan hacia su patio y hacia la calle.
Periodistas, fotógrafos, camarógrafos, al menos medio centenar. Una veintena de peticionarios, hombres y mujeres, formados, con sus documentos bajo el brazo, en sus carpetas o maletines. Un cantante émulo del famoso Pedro Infante para aderezar el ambiente político, con el repertorio completo aprendido y sin parar de cantar, con su micrófono y bocina portátil. Media docena de indígenas nayaritas, huicholes, vestidos con sus tradicionales trajes. Dos o tres personas asomadas desde las ventanas en edificios aledaños; y, Terry, el canadiense encanecido que vive en inmueble departamental, justo al lado de la casona-oficina del virtual presidente electo de México. Divertido, cámara en mano, tomaba fotos. Para nada le incomoda el extraordinario movimiento humano. Se entretiene.
Mezclados entre visitantes, periodistas y curiosos, personal que da la impresión de observar y escuchar todo, atento a procurar el orden y orientar  a quien llega, si es necesario. Dispuestos a formar una valla cuando el presidente electo la pide para poder retirarse y subir a la camioneta que lo llevaría al aeropuerto. Destino: la selva lacandona.
Los peticionarios con diversidad de problemas locales, regionales, personales, la solicitud de trabajo y muchos otros. La respuesta para todos ellos, directa, sin falsas expectativas: “no se puede hacer nada, todavía no somos autoridad, hay que esperar varios meses, esperar a que tome posesión en diciembre”. A pesar de la advertencia, sin perder la esperanza, entregan los documentos.
En guardia, en espera de gente que entra y sale, periodistas. Hay quienes cubrieron la campaña y no quisieran seguir la cobertura en presidencia de la República. El trabajo, pero sobre todo las condiciones para desarrollarlo, no los alienta. Sin embargo, por conservar el ingreso raquítico, seguirán y harán lo que digan en sus empresas. Por la nueva realidad política, el desgaste sería mucho mayor. Todo indica que la cobertura mediática se trasladará a Palacio Nacional, desde muy temprano, desde las seis.
Los vecinos, resignados, con la comedida petición en cartulinas de que se respete el entorno y no se dañen áreas verdes. El llamado es atendido. El tránsito en calle no es bloqueado, salvo los días que acudieron funcionarios de Estados Unidos y Canadá. Hay personal uniformado que procura que sea continua la marcha de los autos. También cuidan que no estorbe la camioneta de Andrés Manuel. Lo vi salir de la casona y subirse al transporte en cuestión de minutos. No es blindada. Tampoco lo acompaña una caravana de vehículos con personal de seguridad, ni atrás ni adelante. Ni siquiera una ambulancia, que en otros tiempos, ya estaba incorporada a la comitiva.
La casona está resguarda por uniformados de alguna empresa de seguridad privada. Se ven los indispensables. El de la puerta exhibía kilos extras. Cordiales, no con actitud de atemorizar.
Adentro, no se. Lo que te cuento es lo que examiné desde afuera. Supongo que al interior deben existir medidas para que nadie los espíe o grabé. Tienen en el equipo gente que sabe de estas tareas. Recordé que Alfonso Durazo se esmeró porque el extinto Luis Donaldo Colosio no fuera grabado, sobre todo desde que descubrieron micrófonos en las oficinas de la Sedesol. Durazo fue cercano colaborador del malogrado político.
Al virtual presidente electo se le puede ver desde la calle, cuando sale a la escalinata a dar conferencia de prensa. La de esta ocasión, la abandonó porque tenía que irse a la Selva Lacandona. Ahí dejó a los nuevos funcionarios del sector energético para responder preguntas de los periodistas. Anticipó que en septiembre hará recorrido por el país acompañado de la prensa. La valla y a la camioneta, sin dejar de recibir empujones de gente ansiosa de saludarlo o entregarle por escrito la queja.
Visitar la calle Chihuahua de la colonia Roma no es costoso ni complicado. Solo pagué seis pesos para observar lo que les he platicado.

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Arturo Zárate Vite
Arturo Zárate Vite
Licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Premio Nacional de Transparencia y autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006?

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Arturo Zárate Vite

Arturo Zárate Vite Licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Premio Nacional de Transparencia y autor del libro ¿Por qué se enredó la ......

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