69 millones sin partido

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En México hay 68 millones 875 mil 997 ciudadanos que no militan en ningún partido político.

Para contarles esta historia cerraré la cifra a 69 millones, gente que está inscrita en el padrón electoral, que determina quien gana y quien pierde en las elecciones. No digo que todos voten pero en ese grupo está la mayoría de los electores.

Son los que inclinan la balanza a favor o en contra de los candidatos, son los que llevaron al país a la alternancia y los que le regresaron al PRI la presidencia de la República. Se convencieron de que el PAN nunca supo gobernar y volvieron a darle la oportunidad a los priístas.

Vienen las elecciones de junio y a nivel federal la disputa es por el control de la Cámara de Diputados, 300 diputados de mayoría y 200 de representación proporcional. Nueve gubernaturas, 993 presidencias municipales, 16 delegaciones y 641 diputaciones locales.

La cifra de los 69 millones de ciudadanos sale de restarle al padrón el número de afiliados que tiene cada partido.

Hasta la fecha el padrón tiene 87 millones 172 mil 586 y los partidos suman 18 millones 296 mil 589 afiliados. Sólo el 20 % de los ciudadanos en nuestros país milita en un partido.

El PRI tiene 7 millones 916 mil 282 militantes, el PRD 5 millones 432 mil 84 (hasta antes de sus escándalos y renuncias), PVEM 947 mil 346, PT 892 mil 756, Movimiento Ciudadano 795 mil 281, Nueva Alianza 639 mil 174, Morena 620 mil, PAN 473 mil 703 (cada vez son menos los interesados en afiliarse al panismo), Encuentro Social 308 mil 997 y Frente Humanista 270 mil 966. (Cifras entregadas por los partidos al Instituto Nacional Electoral).

De  ninguna manera ese 80 % o los 69 millones están fuera de la competencia. Son los que se esperan a conocer candidatos y se dan tiempo para evaluar a los partidos gobernantes.

Muchos recurrieron en el 2000 a lo que se llamó el voto útil con tal de darle el triunfo al PAN, pero pronto se arrepintieron. Otros han optado por anularlo, pero también se han arrepentido porque se han dado cuenta que no han conseguido nada con esa acción.

Ahora se habla del voto de castigo, que aplica para el partido que no le ha cumplido a la sociedad.

¿A quién van a castigar y a quien le van a dar el voto?

Hoy más que nunca esa tarea se ha complicado, porque lo fácil es concluir que el gobierno en turno ha fallado. El problema es que el desempeño de la oposición ha sido igual o peor.

¿Por quién votar?

Es una interrogante que no tiene una respuesta inmediata, reflexionas, haces un análisis, te tomas una hora, varios días, un mes, más tiempo y resulta que no encuentras la respuesta.

Con los escándalos, con las crisis, con el deterioro de la vida, las opciones se han reducido para quienes no militan en ningún partido ni simpatizan con ninguno. Los partidos de oposición han minado su oferta, la izquierda y la derecha, están más ocupados en su pleitos internos. El partido en el poder pasa apuros para conseguir remontar  la inseguridad, garantizar la justicia, vencer la impunidad y apuntalar la economía.

Seguro hay muchos indecisos entre los 69 millones de ciudadanos que no militan en ningún partido. Conocer el perfil de los candidatos les ayudará a decidir a quien le dan su voto.

¿Futbol americano o soccer?

Cayó el gol del América en el estadio Azteca en contra de León, en la apertura del campeonato de liga, y nadie gritó “¡Goooooool!” en el restaurante. Supe de la anotación cuando levanté la mirada y vi en la pantalla que se había movido el marcador.

De hecho, desde que entré al comedero me llamó la atención que no se escuchara la voz de los gritones o cronistas de Televisa. En su lugar estaba la narración del juego de futbol americano Nueva Inglaterra Vs. Baltimore.

Hubo que esperar para la asignación de mesa, todas estaban ocupadas. Era uno de esos sitios que tiene como emblema una figura picante de color verde. Conté más de 10 televisiones en el camino a la mesa, en unas se veía el futbol americano y en otras el balompié. El audio que dominaba era el del americano, al del soccer dejaron en cero el volumen.

Mucha gente en la plaza o paseo Acoxpa, ubicado a por lo menos un kilómetro del Azteca. En el trayecto a ese centro comercial, en el radio de mi auto, había escuchado que en la casa de las águilas había más de 70 mil aficionados. No era el mismo interés en el restaurante. Los clientes estaban más metidos y emocionados con el futbol americano, con un juego que se realizaba en otro país, con jugadores que no hablan nuestra lengua. El que jugara el campeón América pasaba a un segundo lugar. Y que conste, el futbol americano, lo saben todos, en México no es un deporte popular que se practique tanto como el soccer.

Sin embargo, esta escena que te platico confirma que el americano ha penetrado a tal grado en el gusto de los mexicanos que ya resulta más atractivo verlo y escuchar el relato de los comentaristas. Nadie se molestó ni reclamó porque le hubieran bajado el volumen al juego casero.

Cuando escuchaba algarabía, júbilo, exclamaciones juveniles, era porque Nueva Inglaterra había logrado un touchdown. Expresiones como ¡Esoooo…! ¡Vaaaamos…! ¡Yeeessss…! De la tele el grito medido del cronista:  “¡touuuchdown…!” Nada que ver con el ¡Goooooooool…! alargado, estremecedor y acostumbrado de Raúl “Pollo” Ortiz en Televisa o de Christian Martinoli en TV Azteca para las narraciones del futbol soccer.

Recuerdo que antes, hasta hace dos o tres años, en esta cadena de restaurantes, cuando coincidían en horario juegos de futbol americano y soccer, la narración que se escuchaba era la del segundo, ahora importa más saber qué equipos llegan al Super Bowl.