Falta aplicar la ley

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Recuerdo la discusión con mi tía Socorro cada vez que coincidíamos en la misma mesa. Para ella el pobre era pobre porque no quería trabajar y porque no estudia. Nunca conseguí que cambiara de opinión. Hoy la realidad la alcanzó, sufre por falta de empleo y se ha sumado a la economía informal, en un mercado sobre ruedas vende chocolates.

Tampoco he cambiado mi argumento. El escenario cada vez es más cruel y hace irrebatible la necesidad de sacudir las instituciones en México, públicas y privadas. No es sólo una o dos las que fallan. Es muy cómodo acusar nada más a la que se tiene cerca o enfrente e ignorar lo que sucede en otras, por conveniencia o intereses opacos. Les corresponde ser un buen ejemplo, porque hasta ahora han sido en muchos casos lo contrario. Esa es quizás la explicación, no la justificación, de que la sociedad contribuya a la descomposición que se vive.

El país paga las consecuencias, se le ha sobreexplotado, el saqueo no tiene límites. Hay que ver nada más como se pelean los políticos posiciones que a la vista parecen estar en bancarrota. Van por lo que resta en entidades endeudadas y conflictivas. En la iniciativa privada, empresas que han llevado a los dueños a las listas de los más ricos del mundo a cambio de un servicio concesionado por el poder, alejado de la calidad o destructor de la naturaleza.

Los medios de comunicación y periodistas tampoco están limpios, quien opine diferente que tire la primera piedra. La ética no es la prioridad. Se asume el papel de juez sin más sustento que el mero dicho, sin investigación de por medio, sin importar lastimar o difamar, sin más justificación que el derecho a opinar. El daño moral es lo de menos. Por eso la pérdida de credibilidad. No hay quien los enjuicie. Si alguien se atreve, avientan por delante las libertades de prensa y expresión.

Debe quedar claro que no se puede ni debe generalizar, hay excepciones numerosas en todos los ámbitos o segmentos de la sociedad, gente que se significa por su rectitud, no todo está echado a perder. Sin embargo, por lo que se ve, el mal es serio y preocupa. El deterioro se ha vuelto cotidiano y crónico. Es tiempo de sacudir y limpiar las instituciones.

Urge actuar en defensa del país. Ya no más “moches”, incumplimientos de ley, “horario” legislativo para no acatar plazos legales, ignorar quejas, desatender obligaciones, complicidades, ocultar irregularidades, minimizar atropellos, engaños, injusticias, corrupción, impunidades, derroche de recursos públicos y promesas incumplidas; impartición de justicia parcial, lenta y dosificada; economía favorable, ganancias y empleos altamente remunerados para los menos.

Eso es lo que ocurre en la parte de arriba de la pirámide social, con los que gobiernan y son dueños dinero, con los que ejercen el poder económico y político. El mal ejemplo. Por eso hay gobernados que en su entorno ignoran o no respetan las reglas de convivencia. Tiran la basura en la vía pública y desatienden el reglamento de tránsito. Hay inconformidad por la falta de empleos, bajos salarios e inseguridad. Se quiere resolver el problema de la delincuencia con más policía y fuerza militar en la calle, cuando la realidad sería distinta si prevaleciera el bienestar. (La Real Academia Española define bienestar como “conjunto de las cosas necesarias para vivir bien”).  Las protestas en aumento.

Así como está el país, resulta incompresible que un servidor se haga pato y prefiera no actuar para prevenir un conflicto ante el riesgo de exponer su empleo e ingreso; peor si esa omisión responde a un “arreglo” e intereses contrarios a la colectividad y la ley.

Ejemplos de ineficiencia e impunidad, abundan; citar a los involucrados por su nombre y apellidos, haría interminable este texto. Tampoco se trata de incurrir en lo mismo que se critica, de acusar sin pruebas. Los hechos están a la vista de todos y cada quien sabe la parte que le toca. Es muy lamentable que conociendo tu defecto, solo mires la paja que hay en el ojo ajeno.

Cuando hablamos de sacudir instituciones y limpiarlas, nadie queda fuera de la valoración, desde la institución presidencial para bajo, en los terrenos público y privado.

Hay que hacerlo para rescatar a la sociedad del escepticismo y desencanto; salvarla de ese futuro pintado de negro por quienes se llenan la boca al ofrecer un mundo mejor que seguimos sin ver.

Mi tía Socorro ya se convenció de que su alegato era raquítico, ahora más sensible y sabia añade que la clave para alcanzar una realidad justa es aplicar y hacer cumplir la ley, a todos. Tiene razón.

La tarde de “El Payo”

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La actitud del torero Octavio García “El Payo” al llegar a bordo de su camioneta a la Plaza México irradiaba seguridad, firmeza, concentración; sonreía desde su asiento a los aficionados que esperaban y saben por donde entran los artistas de la muleta y el capote; vestía traje dorado.

Debo admitir mi modesto conocimiento de la tauromaquia, soy un aficionado irregular, pero apreció la valentía y arrojo de quienes se dedican a este arte de alto riesgo. No me queda la duda de que se juegan la vida. Los cuernos del toro matan y hay en la historia sucesos trágicos que lo prueban.

También vi llegar a los otros dos toreros que integrarían el programa dominical en el coso de Insurgentes Sur, en la inauguración de la temporada grande 2014-2015. Ni Morante ni Diego Silveti traían el mismo talante que el primero. Los noté esmerados en mostrar un semblante tranquilo,  aparentar seguridad. Se percibe cuando alguien no trae  su mejor actitud.

Casi estaba llena la plaza, poco más de 35 mil aficionados, partidarios de la fiesta brava, que por su número contrastaban con el reducido grupo que fue a gritar su inconformidad desde la calle, en defensa de los toros para que no sean maltratados. Doy por hecho que sus voces alzadas no llegaron hasta los oídos de los siete astados que entraron al ruedo.

Lo toros de Barralva ni se inmutaron, tampoco los toreros. No se dieron por enterados de esos gritos como tampoco los perturbó el ruido de los aviones que cada dos minutos partían el escenario desde el cielo azul, despejado. Es el trayecto que sigue las naves hacia al aeropuerto internacional.

Morante no tuvo una tarde afortunada, ni con el capote ni con la espada. Lo vi inseguro en sus dos primeros. En el tercero, el de regalo, ya no lo vi porque me avisaron que la grúa se llevaba mi auto. Según las crónicas, logró algunos destellos para beneplácito del público. Diego Silveti se quedó en el punto medio, nada extraordinario.

En cambio “El Payo” se lució y le dieron tres orejas, una por el primer toro y dos por el segundo.

Cuando se paseó en las narices del toro y se detuvo por uno instantes para retarlo, redondeó la faena de capotazos y muletazos que le había dado. Impresionante el “ole” de más de 30 mil voces.

Desde que llegó a la plaza, “El Payo” se veía y se sentía ganador y ganó.