El riesgo de un “gol” al IFE

La  mejor evidencia de que tener un partido es visto como un negocio son las 50 solicitudes de organizaciones ciudadanas que recibió el IFE.

Medio centenar suspira por vivir del subsidio con el pretexto de convertirse en una auténtica opción política para la sociedad.

No existe otro tiempo en el que se hayan registrado tal número de solicitudes. La principal explicación, sin duda, es la obtención de recursos millonarios. Una actividad rentable y lucrativa.

Para alcanzar el registro como partido se requieren 223 mil 88 afiliados, no menos, según el artículo 24 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe).

Además de celebrar 20 asambleas estatales  con por lo menos tres mil asistentes en cada una o 200 asambleas distritales con 300 participantes en cada una de las reuniones, todas bajo la vigilancia de un representante del organismo electoral federal.

El IFE tendrá que asegurarse de que se cumpla puntualmente con lo que establece el código.

 Centrar la atención en el origen y destino de los recursos que utilicen las organizaciones para tratar de lograr su propósito. Más vale que los funcionarios del instituto abran los ojos para que nos les vayan a meter un gol y el día de mañana se descubra la existencia de un partido financiado con dinero de procedencia oscura o ilícita.

“La organización interesada deberá informar mensualmente al propio instituto del origen y destino de los recursos que obtenga para el desarrollo de sus actividades tendentes a la obtención del registro legal…”, señala el artículo 28 de Cofipe.

Por el bien de México y la competencia política es recomendable que las autoridades no se conformen con sólo recibir ese informe.

La realidad nacional, el incremento de la delincuencia, obliga a tomar medidas preventivas y de supervisión minuciosa.

Tony Bennett cantó sin micrófono

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A sus 86 años de edad cantó sin micrófono, con una voz nítida, con la suficiente fuerza para llegar con calidad, emoción y sentimiento a cada uno de los oídos que estaban en el Teatro Metropólitan de la ciudad de México.

Fue el cierre del show de Tony Bennett, interpretando Fly me to the moon acompañado solo por su guitarrista. Silencio riguroso para disfrutar su voz. Nada que perturbara al maestro.

Los más de tres mil espectadores sin chistar ni parpadear. Había que seguir el sonido melodioso que salía de la garganta del maestro, leyenda de la época de oro de Hollywood.

De pie le aplaudió la audiencia, hombres y mujeres. Unánime el reconocimiento. Bennett satisfecho con el trato. En más de una ocasión instruyó el encendido de luz para ver a su público.

 Agradeció y se retiró sonriente. Continuaron los aplausos y los gritos de “¡Otra..otra…otra…!” Sus cuatro músicos se quedaron en su lugar. El pianista gesticulaba y movía sus manos para animar la ovación.  El cantante estadounidense ya no regresó al escenario.

-¿Qué más se puede esperar después de cantar sin micrófono?-se preguntaba una señora que no dejaba de aplaudir.

Nadie se quejó. Los músicos salieron. Se entendió que el show había terminado. Las luces se encendieron y todos a casa.

Hora y media del canto de Tonny Bennett, que se combinó con la actuación de su hija Antonia, quien abrió el espectáculo y en otro momento hizo el dueto con su padre para interpretar Old Friends.

Tony bailó con su hija, una estampa para guardarla en la memoria pero sobre todo esa voz dorada.

Por supuesto que no faltó I Left my heart in San Francisco.

Desde que apareció en el escenario se le aplaudió como un grande.

Antes de irse levantó la rosa que le habían dejado en el piso.

Llevó las manos a la boca y soltó un beso para su público.

Noche triunfal de Tony Bennett como miles que ha tenido en su larga carrera.