La Navidad de la poeta

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Es la voz de una mamá orgullosa de su hijo. Se desvive por contar la historia. Pedro formó parte de Los Niños Cantores de Viena. Episodio mágico. Imborrable de la mente de la poeta Aura María Vidales. Lo recuerda como si fuera ayer. Fue en diciembre, en Austria, cuando lo vio cantar por primera vez en ese selecto grupo de infantes. Abrieron el concierto con Noche de Paz.

Para armar esta historia, platiqué con ella en tres ocasiones. Es la fuente del relato. Detallista, sil olvidar pormenores. Ansiosa de revivir el episodio, cautivador, emblemático.

“¡No puedo dejar esta voz en una estudiantina!”. Su propia expresión la alentó para buscar la forma de que su hijo fuera escuchado por maestros de la escuela vienés, aceptado.

Las fotos (actuación en Japón) que ilustran el relato las recibí justo en vísperas de la Navidad, a punto de apagar la computadora y meterme de lleno a los preparativos de la cena familiar, en casa.

¿Escribir o no escribir el texto? El dilema. Ya había elaborado otro al ver que no llegaban las fotos. Era el ofrecimiento de la madre. Descubrí tarde en el teléfono una llamada suya y la grabación con el aviso de su envío.

Resolví que tenía que mantener encendida la computadora y escribir. La historia lo vale. Consideré el esmero de la poeta por narrar su orgullo maternal, por supuesto con el consentimiento de su hijo Pedro, quien hoy está próximo a culminar sus estudios de abogado.

Historia apropiada para contarla en Navidad, ejemplo a seguir, una poeta decidida a que el talento de su hijo no quedara en la estudiantina de la escuela. Lo consiguió. Permanente satisfacción. Ansiosa de reproducir glorioso pasaje de su vida, como madre.

Ejemplo de perseverancia. Jamás se rindió. Pensó en su hijo y en México. De lo que pueden ser capaz los mexicanos cuando deciden ir adelante. No doblarse ante la adversidad. Sin arredrarse ante las dificultades. No perder de vista el objetivo. Triunfar.

Estaba consciente de la extraordinaria voz de su hijo, no era común. Descubrió el encanto cuando acudió a un festival escolar. El aplauso de los padres de familia por la voz de su hijo, la conmovió.

Desde ese momento resolvió que estaba obligada a llevar a Pedro a otros niveles de la música.

En el Coro de la Catedral de la Ciudad de México lo aceptaron sin chistar. Después se enteró de la convocatoria para ingresar al Coro de Niños y Jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También lo recibieron. Estaba cerca el reto mayor. Supo que Los Niños Cantores de Viena realizaban gira en nuestro país. Indagó en que hotel se hospedaban. Buscó al maestro, al director del grupo coral. Los atendió pero no escuchó al niño. Por la insistencia de la madre, concedió que lo oiría cantar antes de la actuación en la sala Nezahualcóyotl. Lo sorprendió la voz. Recomendó a la mamá llevarlo a Viena, para que hiciera el examen, como muchos niños, indispensable para saber si tenía las cualidades de excelencia y entonces ser admitido.

La maestra del coro de la UNAM lo preparó. La mamá lo acompañó en el viaje. La evaluación comprendía varios días. Por fin la esperada noticia. Pedro había sido aprobado. Lo primero que hicieron fue buscar un teléfono y llamarle a la maestra para informarle del resultado. Todos felices.

Pedro se quedaría internado en la escuela en Viena. Sabía hablar inglés. Aprendió alemán. No lloró cuando su mamá tuvo que regresar a México.

En la escuela hay niños de 10 a 15 años, divididos en cuatro grupos. Promedio de 22 niños por cada grupo. Hay representantes de diversos países. Pedro no ha sido el único mexicano que ha formado parte de dicho coro. Están los nombres de Antonio López e Iván Reséndiz. Recorren el mundo como integrantes de Los Niños Cantores de Viena.

La historia de hoy tiene el ingrediente adicional de la vehemencia materna, Aura María Vidales, la poeta, con la navidad que más recuerda.

¿Partido o candidato?

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En la elección presidencial del 2018, la gente que va determinar el resultado, votará por el candidato, el que tenga mejor perfil y más le haya convencido con sus planes y equipo de gobierno.

Hay tal decepción por el trabajo que han realizado los partidos, ninguno se salva, que la mirada está puesta, desde ahora, en los aspirantes José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador. En su momento también será incluido Jaime Rodríguez Calderón, actual gobernador de Nuevo León, porque todo indica que cumplirá los requisitos que exige el Instituto Nacional Electoral para ser nominado como independiente.

Los partidos, cierto, tienen su voto duro, los militantes o simpatizantes que traen tatuada la camiseta. En las buenas o en las malas, sin regatear el apoyo, plena identificación.

Sin embargo, no es suficiente para ganar las presidencia, por eso el esmero de todos por participar coaligados, para llegar a las elecciones de julio con una base de votantes conquistada. Estos podemos decir que ya los tienen en la bolsa, a su favor, pero tampoco suman los necesarios para dar por hecho desde ahora que el proceso está resuelto.

El que esta vez el PAN y PRD vayan juntos, segunda y tercera fuerza, acompañados de Movimiento Ciudadano, no anticipa ni garantiza el triunfo. No hay que perder de vista que en las elecciones presidenciales del 2006 y 2012 el  PRD tuvo como candidato a López Obrador y ahora éste va por otro lado con Morena, PT y Encuentro Social.

Hay matices en la competencia del 2018 que estrictamente no se puede comparar con lo sucedido en 2006 y 2012. El mismo hecho de que quienes antes eran adversarios, ahora vayan de la mano, no es un ingrediente que despierte simpatías en la sociedad, porque solo exhibe ambición desmedida por el poder. El deseo de ganar por ganar, como sea.

Los partidos se han ganado a pulso el rechazo de mucha gente. Están reprobados, descalificados. Han entrado en un juego que lo mismo les da participar coaligados izquierdas y derechas que liberales y conservadores. Su esencia los hace iguales, ven en primer lugar por sus intereses.

Por eso es que la mirada de la sociedad va a estar en los candidatos y no en los partidos.

De cada uno de los candidatos se analizarán antecedentes, experiencia, cualidades, congruencia, resultados en los cargos desempeñados. Para el 2018, la diferencia la hacen los candidatos, los partidos han caído en lo mismo, en el descrédito e incumplimiento de sus ofrecimientos.