El Iceberg de la Antártida

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El tamaño del iceberg o del trozo de hielo desprendido de la Antártida en el hemisferio sur es cuatro veces la superficie de la Ciudad de México. ¿Te imaginas? ¡Cuatro veces la CDMX!. El trozo de hielo mide 5 mil 940 kilómetros cuadrados. Pesa un billón de toneladas.

Manifestación de la naturaleza que hasta ahora solo es observado por expertos. Para la mayoría en el mundo, no pasa de nota curiosa. Lejos de zonas habitadas y las aguas en las que flota no son ruta de buques, por lo que sería muy remoto un choque parecido al que sufrió el Titánic.

El témpano avanza hacia donde lo lleve la corriente. No es la primera vez que ocurre un desprendimiento de esa magnitud. En el 2000 sucedió algo parecido, más pequeña la longitud del iceberg. El proceso para derretirse es lento, dura años. Nada que haga sonar las alarmas. Tampoco va a subir el nivel del mar. Según especialistas, es algo parecido a cuando echas a tu vaso varios cubos de hielo. Una vez derretidos, no se desparrama el líquido. Al menos es una valoración que te puede dejar tranquilo.

¿Pero por qué el desprendimiento del iceberg del 12 de julio pasado? ¿Qué lo provoca? Los científicos no lo saben con certeza. Hay quienes sospechan que tiene parte de culpa el cambio climático, el calentamiento global. Es probable. Para cada acción humana, hay una consecuencia o reacción de la naturaleza, por mucho que se diga que no pasa nada cuando supones que el perjuicio es mínimo. El hecho es que la temperatura en el mundo ha subido dos grados centígrados.

En cualquier parte del planeta, lo que contamina, daña. Altera el medio ambiente. Si avientas una colilla de cigarro a la calle por la ventanilla de tu carro, dirás que no hacen ningún daño. He visto a fumadores que lo hacen, como si fuera lo normal. ¿Y si un millón de personas hacen lo mismo que tu? Cortar o talar un árbol en las ciudades, dirás que se vale. ¿Y si miles de personas hacen lo mismo que tu? Asar carne con carbón o leña, supondrás que es cosa menor y que al menos tu lo haces una o dos veces al año. ¿Qué sucede si miles de familias, por no decir millones, lo hacen una o dos veces año? Entonces ya no es peccata minuta.

Derrochar el agua, tirar la basura en la calle, tala indiscriminada, quitarle terreno al mar, cerrar cauces naturales para hacer edificios o carreteras, dejar que vehículos contaminen en detrimento de la calidad del aire, exceso de ruido, fábricas sin controles anticontaminantes, empresas que tiran sus residuos peligrosos en ríos, sobrepoblación en determinadas zonas, crecimiento urbano desordenado, excremento de las mascotas en la vía pública, tiene un costo y no sólo económico.

Tarde o temprano la naturaleza va a cobrar facturas y los humanos van a tener que pagarlas, así que no hay que ver solo como un hecho curioso el desprendimiento del iceberg en la Antártida, que sirva para reflexionar y tomar consciencia.

En la Antártida se desprendió un pedazo de hielo; en la Ciudad de México y en otras ciudades, está desprendida de mucha gente la consciencia para preservar la naturaleza.

Por fortuna, la consciencia no se derrite y puede recuperarse.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.

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