desordenado cuarto

Su cuarto ya se acostumbro al desorden. La ropa sucia en el piso, los libros fuera de su lugar y el closet  vomitando uno de sus cajones. José, de 16 años de edad, empieza a perder el juego de su futuro.

Había dado el salto de Nini a estudiante con un vigor que hacía suponer que se convertiría en un modelo a seguir. Dedicado a su escuela, cumplidor con sus tareas, respetuoso, promedio por arriba de 8. Perfilaba para emprender el vuelo. Esporádicas salidas a fiesta.

Todo iba bien. Inesperadamente se desentendió otra vez de sus deberes escolares, volvieron las bajas calificaciones. Una mala señal lo ha sido el desorden en su dormitorio. De nada han valido las advertencias. Los consejos, como siempre lo han dicho las abuelas, entrando por un oído y saliendo por el otro.

Otra vez al borde de retomar la camiseta del Nini. Sólo un milagro, una sacudida divina podrá salvarlo. Se le reconoce su inteligencia, es capaz, listo, pero flojo. Para su desgracia se ha dejado acercar un compañero que parece influenciarlo para retomar el camino equivocado.

A José se le están acabando las cartas. Se aproxima a desperdiciar una tercera oportunidad y puede ser la última.

Es guapo, simpático cuando se lo propone, fuerte. Le gusta el ejercicio. Y como casi ocurre con los jóvenes de su edad, pegado al teléfono, al ipad. Consumidor diario de refresco. Disfruta las pizzas y las ensaladas con lechuga. Pregona que le encanta la música. Toca el piano. El detalle musical en su contra es que no se esmera en cuidar el teclado.

Anda de mal humor, brusco en sus comentarios y respuestas. Gesticulaciones que omiten la educación y cortesía.

José va hacia el despeñadero. Sus padres y maestros han encendido los focos rojos. El reto es rescatarlo.

Urge que vuelva el orden a su cuarto.

En la cuerda floja, una más y volverá a su condición de nini. Sabe que se la está jugando. Cometió una falta escolar y ya se lo advirtieron, otra y adiós al ciclo 2012-2013.

José, de apenas 16 años, rebelde, contestatario, desobediente de las reglas familiares y caseras, estaba feliz de que había conseguido escuela de educación media, porque entonces se quitaba la etiqueta que en los tiempos modernos se les da a los que no estudian ni trabajan.

Se levantó con mucha energía el primer día. Con más de media hora de anticipación llegó a su cita con la escuela y los maestros. De nuevo las tareas, los exámenes, las calificaciones.

La tercera escuela para el mismo nivel escolar. El exceso de confianza, la pereza y su irregular conducta caracterizada por la falta de respeto, lo hizo fracasar en las dos primeras.

Prometió enmendarse, corregir defectos y aprovechar la nueva oportunidad. Su conocimiento del inglés le hizo creer que se podía desentender de las tareas asignadas por el maestro. La consecuencia fue una calificación reprobatoria. En matemáticas también naufragó, como muchos de su edad. El orgullo lo llevó a ser irrespetuoso.

Llamada de atención de sus profesores.

Empezó a pulirse en sus trabajos manuales y a tomar clases adicionales de matemáticas. En inglés se convenció de cumplir con las tareas, aunque le parezcan  ociosas.

Iba en ese camino hasta que se le ocurrió descomponerle el teléfono celular a un compañero.

-¿Por qué lo hiciste?-le preguntó su maestro.

-Porque estaba aburrido.

Castigo de hacer más tareas, reparar el desperfecto y la advertencia de que a la siguiente te vas de la escuela.

“Debes comportarte como hombrecito, corrígete y corrige lo que has hecho mal”, exigencia de sus padres.

Por eso José está con un pie en el precipicio.

Le da miedo la palabra nini, porque aborrece lo tilden de esa manera.

Está decidido a recomponerse

No la tiene fácil. Una primera señal a su favor ha sido atender  la petición paternal de renunciar a consumir refresco todos los días.

Esta historia continuará…

Es la historia de José quien se quedó sin escuela por sus bajas calificaciones. Un joven de 15 años que creyó que sin estudiar y sin hacer la tarea se podía pasar al siguiente año. Pronto se dio cuenta que la hueva tiene su precio.

Desordenado, con su cuarto desarreglado, sus zapatos con el récord de no haber sido boleados desde su estreno, los pantalones de mezclilla tijereteados en sus extremidades. Su guardarropa empolvado y fiel reflejo de su desgano.

Las horas de su vida en la computadora, en el teléfono celular y su ipad. Actividad solo interrumpida por el horario de comida y el dormir obligado de las noches.

Irrespetuoso con sus padres, sin atender recomendaciones, sin contribuir en los quehaceres de la casa.

Nada relacionado con los libros, aunque acepta la importancia de leerlos y la necesidad de regresar a la escuela, porque tampoco pretender quedarse de nini toda la vida.

Aspira a ser un profesional. No sabe la carrera que debe estudiar, pero quiere terminar una. Por supuesto, cuando sea adulto, contar con dinero, casa, un carro, comer bien, viajar y divertirse.

Sus padres, como muchos, sin encontrar la fórmula para convencerlo de cambiar.

Toda clase de intentos para lograrlo. Pergamino de consejos. Ejemplos de vida. Personajes de éxito. Desechadas las historias y argumentos. Lo que cuenta es lo que dice, nada más. No hay quien le gane una discusión. Verborrea plagada de barbaridades.

Último intento de su mamá para tratar de sacudirlo, hacerlo reaccionar.

-¡Necio! ¡Te pareces al peje!- le gritó su madre.

José se deprimió y a los pocos días se suicidó.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.

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