El proyecto de reelección de Raúl Plascencia Villanueva se torció cuando se volvió complaciente con las autoridades y le restó importancia al ejercicio de la ley, a la tarea obligada del Ombudsman, todo por su ambición desbordada de permanecer en el cargo.
Creyó que de esa manera amarraba sus aspiraciones, quedaba “bien” con las instituciones al ser medido con sus Recomendaciones, en vez de significarse por la defensa de la víctima.
Al llegar a la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) su objetivo era posicionarse, ser conocido y popular como defensor de los derechos humanos en el país y en el mundo. Por varias semanas le pesó el activismo de su antecesor José Luis Soberanes y de Mauricio Farah, quien desde la Quinta Visitaduría General hizo un estudio sobre migrantes que todavía se comenta.
Hubo dos casos que repuntaron su trabajo, sus recomendaciones sobre el asesinato de los niños Martín y Bryan Almanza y de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey a los que les sembraron armas. En ambos los involucrados fueron elementos militares.
Temas delicados que se investigaron a fondo, se analizó en detalle su trascendencia, sus consecuencias legales y políticas. Más de una vez Plascencia se reunió con su primer equipo. Casi todos sus integrantes esperaban a que el Ombudsman marcara línea para de inmediato expresarle su apoyo. La primera Recomendación fue la de los menores de Tamaulipas, con la conclusión de que habían sido víctimas de quienes estaban en el retén.
Antes de emitirla o darla a conocer, el Ombudsman todavía la comentó conmigo. Quería saber si estaba de acuerdo en que lo correcto era aplicar la ley. La respuesta fue inmediata y afirmativa. Aplicó el mismo criterio para el caso de los estudiantes del Tecnológico.
Por supuesto que la actuación de la comisión fue reconocida por la sociedad, por su imparcialidad, por su valentía, por su trabajo profesional, apegado al marco de la ley, a la verdad.
Plascencia había conseguido posicionarse, pero en vez de mantenerse en esa tesitura, empezó a esmerarse en el cuidado de su relación con los gobiernos federal y estatales. Se hizo amigo de gobernadores y otros funcionarios, se empeñó en mejorar su relación con las instituciones militares, lo que se vale. El punto es que se ablandaron sus Recomendaciones. Estaba convencido de que era el camino para su reelección.
En la última fase de su proyecto fallido, creyó que sería suficiente con el visto bueno de Los Pinos. Se equivocó.
Cosechó lo que sembró, le cobraron cuentas pendientes.
En mi caso, por esa misma ambición de reelegirse, prefirió que fuera víctima de una grave infamia, se asustó con el manejo mediático de quienes habían hecho la acusación. Se desentendió de la verdad, lo que le importaba era su reelección. Por su omisión y negligencia todavía padezco la injusticia.
¿Te acuerdas Plascencia que no dejaste que tu protegido Luis García López Guerrero fuera citado por el Órgano Interno de Control de la comisión, a pesar de que era clave para aclarar el infundio?
¿Te acuerdas que llegaste al extremo de permitir que tu protegido solicitara amparo con tal de no acudir en persona a un citatorio del juez?
¿Te acuerdas que firmaste una Recomendación en la que para ti es suficiente con darle atención psicológica al torturado y no indemnizarlo?
Sin duda, no actuaste como Ombudsman y por eso perdiste la reelección.
El silencio de Raúl
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