Estaba al final del callejón del “Diamante”. Pendiente medianamente inclinada. Había que caminar lento para no tropezar con otros peatones ni con los improvisados puestos de cada uno de los lados, expendios de artesanías, aretes, pulseras, vestidos, juguetes de madera y toda clase de adornos. En el Centro Histórico de Xalapa, la capital que por lo menos en el estado jarocho todos escriben con “X” pero también se vale con “J”.
Recorrido de por lo menos 500 metros para llegar a la punta, que no era precisamente de una piedra preciosa, sino un descanso, un pasillo angosto que desembocaba en una calle. Se percibía aire aromático. El atrayente olor venía del esquinado estanquillo “Aroma Vainilla”.
Pequeño negocio con anaqueles que exhibían botellas estilizadas y en la entrada, encapsulada en acrílico réplica de la pirámide del Tajín, hecha con las tiras delgadas de la vainilla, con sus 365 nichos. Precio: 40 mil pesos. Cantidad que ese día, tampoco en los anteriores, traía en la bolsa. Era suficiente con admirarla y olerla. Trabajo de artista para maravillar al mundo.
Cuando escuché su nombre, de inmediato lo relacioné con el famoso comediante, Sergio Corona. Es homónimo. Su segundo apellido es Aparicio. Ninguno lazo familiar. Coincidencia, nada más. Pronto supe por su voz que era autor de figuras en vainilla que han ganado premios.
Tiene en proyecto hacer la réplica de la torre Eiffel. Para llevarlo a cabo hace falta dinero y el gobierno estatal no ha dicho esta boca es mía, aunque pensándolo bien, quizás un filántropo francés pudiera estar interesado o el mismo ministerio de cultura de Francia, a propósito de que se trata de su obra emblemática y es un país amante de los aromas exquisitos.
La vainilla es un planta milenaria, que nació en la región del Totonacapan. Famosa en el universo. Se utiliza para darle sabor y olor a los alimentos, a los pasteles, a los helados, a las bebidas. Conocida y apreciada por nuestros indígenas desde años antes de que llegaran los conquistadores. Bebida de dioses nativos que no tardaron en descubrir Hernán Cortés y su compañía.
Inspiradora de leyendas, historias que hablan del sacrificio de una princesa totonaca enamorada. Una dice que ella se transformó en la planta frágil y aromática. La otra asegura que en la tierra en donde se derramó su sangre brotó esta maravilla de la naturaleza.
Por ser de origen nacional, México dominó por muchos años el mercado de la vainilla, hasta que otros países encontraron la forma de cultivarla. Se desatendió la producción y el mercado. Las autoridades no se preocuparon, nada raro, por hacerle frente a la competencia.
Ahora se cuenta con artistas como Sergio Corona Aparicio. Joven creativo y emprendedor, animoso, de familia vainillera, con una habilidad especial para hacer figuras con esta planta. Ojalá las autoridades no abandonen ni dejen caer el desarrollo artístico de la vainilla.
Torre Eiffel en vainilla
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