Acapulco sin Precampañas Políticas

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Sería ideal que los partidos, en vez de precampañas, se pusieran de acuerdo y dispusieran de una parte de su financiamiento (10 mil 444 millones de pesos les toca en 2024) para entregarlo al rescate y reconstrucción del puerto de Acapulco, sin hacer proselitismo, solo en calidad de solidarios.
Devolverlo a la Secretaría de Hacienda para que lo etiquete y lo haga llegar a las zonas afectadas.
Las precampañas fueron programadas por el Instituto Nacional Electoral (INE) para arrancar el 20 de noviembre de 2023 y terminar el 18 de enero de 2024. Es responsabilidad de los partidos hacerlas, no son obligatorias y tampoco van a quitarles el registro si las cancelan en Acapulco, en este caso por justificadas causas de fuerza mayor.
Es tal la magnitud del daño causado por el huracán Otis al puerto, que, es imposible que se levante en un mes.
Al puerto le urge ayuda de todos, no precampañas. Es de esperarse que los partidos lo entiendan.
Sería ofensivo, total falta de sensibilidad que alguno o algunos políticos o políticas trataran de aprovechar la situación para ganarse la simpatía de la gente, entregando despensas y materiales de construcción con su imagen. Hay diversidad de formas de ayudar a los afectados sin que tengan que incluir el sello partidista y sin pararse en la zona del desastre. El proselitismo en esas condiciones sería reprobado. En Acapulco no hay ánimo para aguantar discursos propagandísticos.
Queda claro que por la dimensión del fenómeno a nadie se puede culpar. Ningún meteorólogo ni científico previó que en cuestión de horas crecería a su máxima intensidad.
Hacer imputaciones por algo que nadie había previsto, no es lo que quieren los acapulqueños, entienden lo sucedido.
Claman por comida, agua, luz, telefonía y que la reconstrucción empiece cuanto antes.
En este contexto, se volvió vergonzosa la primera reacción política. Desproporcionada, centrada en la recriminación, a gritos, plagada de calificativos, de insultos.
Politiquería. Nada que sirviera a los damnificados, salvo propuestas para reasignar recursos en el presupuesto federal, aunque impregnadas de carroña, porque de antemano el orador u oradora sabía que en el fondo la intención era llevar agua a su molino.
El asunto ha sido denigrar al adversario, exhibir a las autoridades por no tener una varita mágica para resolver de inmediato los problemas provocados por Otis, porque solo con una varita mágica, que no existe en ninguna parte, se podría devolver a los acapulqueños la normalidad en su vida en 24 horas.
Ni siquiera la potencia vecina, los Estados Unidos, cuando sufre la afectación de un fenómeno natural, con saldo de cientos, miles de damnificados, puede atender las necesidades en cuestión de horas. Está visto que la naturaleza es mucha más poderosa que cualquier país.
Ahora, los partidos en su conjunto, están ante la oportunidad de aportar parte de su financiamiento al puerto.
Es lo menos que pueden hacer.
Las precampañas deberían cancelarlas en Acapulco, respetar el dolor, el sufrimiento. Esperar mejores tiempos para el desarrollo de la contienda, todavía hay otras etapas del proceso para la promoción partidista.
Destinar parte de lo que reciben del erario para el puerto y su gente, sería racional y plausible.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.

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