Itatí Cantoral es una actriz con trayectoria, experiencia, sensible y cualidades para enfrentar cualquier reto en el escenario, pero en la obra musical Mame le hace falta soltarse, sentirse segura y confiar en sus aptitudes. Si bien su voz no es para quedarse con la boca abierta, es entonada pero el problema es que no transmite, necesita de verdad sentirse Mame, la tía glamorosa y divertida, encantadora en la conquista del millonario, dramática en la quiebra de sus finanzas y tierna en la protección del sobrino.
Ella debe ser la cereza de la obra, concentrarse en su papel, porque salvo el pequeño monitor esquinado para ver quien toca la música y el desafine vocal de Miguel Garza, todo lo demás luce, los bailes, el canto de María Filippini y en especial del niño Eddy Valenzuela, los desplantes de Dalílah Polanco en el papel de Vera Charles, el caminar sensual de Lorena Velázquez, el porte galán de Víctor Noriega, la caradura del abogado Marco Uriel, la escenografía, el vestuario, la tecnología en imágenes para recrear los años 1928-1929 en Nueva York.
La verdad, me dio una mal presagio cuando no entré minutos antes de la hora programada a la sala del teatro 1 del Centro Cultural en la ciudad de México. 30 minutos de retraso. Le pregunté a quien custodiaba la escalinata el motivo y sorprendido escuché: “todavía están ensayando”.
Si después de semanas de estar en cartelera “todavía están ensayando”, por un segundo supuse que había ocurrido una emergencia y por lo tanto cambio de protagonista.
-¿No va a estar Itatí? -pregunté.
-Sí, ella es la que está dirigiendo el ensayo.
Me sonó rara la respuesta, aunque quizás no era la persona más indicada para dar información, pero luego este tipo de gente es la que sabe y con naturalidad dice lo que realmente sucede.
También en el vestíbulo estaba la periodista de espectáculos Maxime Woodside, acompañada de Roberto y Mitsuko. Se veía que disfrutaban su charla que los tenía sin cuidado la espera.
Otro detalle, que no ayudó a la obra ni a Itatí el día que acudí a verla, fue un grupo de jovencitas que le echaban porras a la actriz y a otros personajes. Estruendo que parecía tener etiqueta palera.
Itatí no necesita de esos recursos, solo ser ella misma, segura de su actuación, de sus movimientos y desplazamientos, certeza de que todo saldrá bien como cuando se sube al trapecio redondo y se balancea con gracia, sin temor a caerse.
Falta la cereza en "Mame"
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