Moneda de oro

Sociedad
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La historia que hoy les voy a contar vale más que una moneda de oro. Vestido impecable, traje sin mancha ni arruga, con pañuelo de seda en la bolsa exterior. Bien peinadas sus canas y una sonrisa animosa, contagiosa. Afectuoso, cordial, amistoso, respetuoso. Gustavo del Castillo Negrete, periodista y ahora servidor público. Nos encontramos en el Paseo de la Reforma.

Trabaja en la Casa de Moneda de México, en las oficinas administrativas que se ubican en esa avenida que adorna la ciudad de México pero que también funciona como manifestódromo.

-¡Qué elegancia! –fue mi expresión al verlo.

-Es que trabajo en el sector financiero, como comunicador.

Después de los saludos, me dio información de lo que hace la institución en que labora. Complacido y orgulloso destacó que México le fabrica monedas a varios países de nuestro continente.

A mi lo que más me llamó la atención fue su comentario sobre la moneda de oro de un kilo.

-En la planta baja del edificio hay una joyería de la misma casa, con relojes, pulseras, aretes y monedas, el día que tengas tiempo y quieras me llamas a mi extensión, estoy en el octavo piso, con gusto te acompaño para que aprecies el trabajo que se hace con los metales. Ahí también está la moneda de un kilo de oro.

A la semana siguiente se presentó la oportunidad. Le llamé y en minutos descendió a la planta baja.

Le vi una mancha morada en el lado derecho de su cara. El fin de semana lo habían asaltado por San Jerónimo, le dieron un golpe en el rostro para robarle una Tablet. Sin embargo, su ánimo era el mismo del día que lo vi atravesar el Paseo de la Reforma. Empezamos a observar con detalle el contenido de las vitrinas. Después pasamos a un sitio contiguo con más restricciones y seguridad. Preguntamos por la moneda de oro de un kilo.

-Ya no tenemos- respondió de inmediato el empleado.

-La última se vendió hace dos semanas –añadió.

-¿Cuántas se hicieron?

-200.

-¿Y su precio?

-800 mil pesos.

Como lo haría un panadero con su pan, el joyero habló de las ventajas de invertir en oro.

Le hice ver que desgraciadamente ahora por mil pesos o mucho menos, corres el riesgo de que te asalten y hasta te maten.

Estuvo de acuerdo en que la inseguridad es un problema serio, en México y en el mundo.

De cualquier manera siguió con su plática sobre las ganancias de los metales.

Terminó la conversación, salimos de la joyería. Le agradecí a Gustavo su atención y tiempo.

Al mes siguiente me entero en Facebook que está delicado de salud, luego de una operación de corazón. Espero que los médicos lo regresen a la vida cotidiana, Gustavo del Castillo Negrete es un personaje con valores humanos, su salud y amistad valen mucho más que la moneda de oro de un kilo.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.

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