Es de justicia mejorar la “dieta” para los funcionarios de casilla, sobre todo en las elecciones del 2018.

Corresponde a los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) hacer la revisión y ajuste, tomar en cuenta que en los últimos procesos un porcentaje significativo de ciudadanos ha rechazado participar en esa actividad, con cualquier pretexto, inconformes y hartos del desempeño de partidos en gobiernos de los diferentes niveles.

Es cierto que por el mecanismo que establece la ley, se ha logrado la instalación de casi el 100 por ciento de las casillas, porque si falta alguno de los funcionarios nombrados o designados al azar o aleatoriamente, se busca la suplencia entre quienes están formados para votar, de manera voluntaria.

También por norma, quien acepta participar, se hace cargo de la posición de menor jerarquía, que sería la de escrutador, contar votos; los demás, se corren para llenar el espacio faltante.

Sin embargo, esta medida complica el trabajo de los funcionarios, porque entonces ya no hacen la actividad para la que fueron preparados por los capacitadores del organismo electoral. Es cierto que cumplen, que la casilla no deja de funcionar y sigue la recepción de votos, pero también es un hecho que hay más apuros en el llenado de actas y suma de votos.

Esa puede ser la explicación del incremento del número de paquetes que después se tienen que recontar en los consejos distritales, por inconsistencias o imprecisiones, derivadas de la improvisación.

Además, en los comicios del reciente cinco de junio, en la llamada elección del constituyente en la Ciudad de México, en la boletas aparecieron una veintena de nombres de candidatos independientes. Una novedad que hizo que las boletas se hicieran más grandes y un escrutinio adicional al acostumbrado.

En las elecciones del 2015, donde solo se renovó la Cámara de Diputados, nueve gubernaturas, alcaldías, jefaturas delegacionales y diputaciones locales, la hora promedio en que terminaron su trabajo los funcionarios de casilla fue pasada la medianoche.

Las del 2012 obligaron a laborar en muchos casos hasta la madrugada y, en el 2018 la historia se va a repetir. La diferencia es que en el 2012 la gente estaba más animada a participar como funcionario de casilla. Ese interés ha decaído, por diversos motivos.

Por eso la importancia de revisar su dieta o ayuda, que hasta ahora es de 300 pesos por persona.

¿Y de dónde puede obtener el INE dinero para ello?

De las prerrogativas que reciben los partidos, una aportación equitativa para recompensar a los ciudadanos. Sin duda, significaría darle un muy buen uso al recurso público.

Sirva como referencia que en la actualidad, hay partidos que pagan a sus representantes de casilla de 500 a mil pesos, por permanecer en el lugar desde la apertura hasta recibir copia del acta de resultados. Hace ya mucho tiempo que dejaron de acudir solo por su militancia.

Para la elección del 2018, la batalla será por la presidencia de la República, 500 diputaciones federales, 128 senadurías, gubernaturas, presidencias municipales, jefaturas delegacionales y diputaciones locales.

Las boletas también incluirán los nombres de los candidatos independientes, que en global, es lógico suponer, serán muchos más de los que se han inscrito en los pasados comicios.

Un contexto que implica mucho más trabajo, con más votantes en una contienda que se espera intensa, como nunca antes, por eso se vuelve necesario estimular la participación de los ciudadanos en las casillas; evitar el riesgo de la improvisación o desperdicio de la fase de capacitación del propio INE.

Manlio Fabio Beltrones le puso número a su pronóstico y seguro que la cifra de nueve no fue ocurrencia. Quienes lo conocen, saben el cuidado que tiene para sus declaraciones y afirmaciones, lo que no quiere decir que esté exento de cometer errores.

Sin embargo, para anticipar por lo menos nueve triunfos en las elecciones del próximo domingo, primero midió fuerzas y capacidades; diseñó escenarios y evaluó posibilidades. En la batalla por sumar simpatizantes y desacreditar adversarios, su partido falló al integrar pruebas contra candidatos en Tamaulipas, tuvo que admitir que una foto no era de dicho estado sino de Michoacán.

Peor se vio la utilización de una mujer que acusaba de pederastia a Miguel Ángel Yunes Linares en Veracruz. La supuesta víctima salió a desmentirla. Bajeza imperdonable por el daño a inocentes pero explicable en la guerra sucia que acostumbran ahora los partidos, sin límite alguno.

A pesar de esos desatinos, la estrategia del PRI sigue en camino hacia el triunfo pronosticado. La experiencia de su líder, política, electoral, operativa y mediática, hace diferencia.

Ricardo Anaya no se atrevió a dar ninguna cifra porque el PAN está dividido y no tiene a los mejores candidatos. Las mayores posibilidades de éxito están en Puebla, pero no por el mismo partido, sino por el gobernador Rafael Moreno Valle que necesita la victoria con el fin de apuntalar sus aspiraciones para el 2018.

Anaya enfocó sus acciones y empeñó su prestigio con sus candidatos en Tamaulipas y Veracruz. En ambos casos metió las manos al fuego. Ya se broncearon sus extremidades y corre el riesgo de sufrir quemaduras.

Agustín Basave es un expriísta y académico que se convirtió en dirigente nacional a petición de perredistas incapaces de resolver sus problemas internos. Le apostó a las alianzas porque el partido, solo, en estos tiempos, es muy complicado que obtenga resultados favorables. Tampoco sus alianzas con el PAN son garantía, pero al menos lo mantendrán con vida, registro y presupuesto público.

Andrés Manuel López Obrador con Morena tampoco va a ganar ninguna de las 12 gubernaturas en disputa. Su principal adversario es él mismo, con declaraciones que lo pintan como intolerante, al excluir gente que disiente de su proyecto. Una actitud que no es nueva y que le resta simpatizantes hasta en su propia familia.

De cualquier manera, a pesar de él, aumentará su número de seguidores, sobre todo en Veracruz y en la Ciudad de México, en beneficio de sus planes para el 2018.

En la Ciudad de México, con la elección de diputados constituyentes, Morena consolidará su presencia. Más temprano que tarde terminará por desplazar al PRD.

De la cuarteta de dirigentes, Manlio (63 años) y Andrés Manuel (62) tienen un trabajo y traen una inercia para mantener vigentes sus aspiraciones.

Basave (57) deberá tener listas sus maletas por si hay necesidad de regresar a sus labores académicas. Anaya (37) tendrá que cerrar filas con Moreno Valle para no ceder espacio ni dejar la dirigencia a los calderonistas.

Don Luis Héctor Álvarez fue congruente con su ideología toda su vida, no recuerdo que haya asumido una posición contraria a sus creencias. Por lo mismo, un personaje respetable.

Cuando era dirigente de su partido, varias veces tuve la oportunidad de entrevistarlo y de intercambiar comentarios fuera de grabadora. Un tipo amable, cortés. Una o dos veces lo vi enojarse y enrojecer ante un comentario o tema que no era de su agrado y rechazaba.

El día que platicamos del proceso electoral de 1988, ya el PAN había acordado lo que se conoció como la “legitimación en el ejercicio del poder”. Eso fue lo que convino con el partido que había sido el ganador oficial de la contienda.

Don Luis estaba tranquilo, sonriente. Era costumbre que después de sus conferencias de prensa, se ofrecieran bocadillos y refrescos a los representantes de los medios de comunicación.

Ahí en esa conferencia, se había tocado el tema del acuerdo. Las respuestas institucionales. Era hábil Don Luis para evadir puntos espinosos. Nunca dio una entrevista para profundizar sobre este caso. Tampoco se que haya dejado por escrito sus memorias y en particular el relato de ese hecho.

No era la primera vez que me acercaba al entonces dirigente panista para comentar algo extra, en un diálogo entre dos, corto, breve. Generalmente era una precisión o aclaración, lo que entendía que no podía o no estaba autorizado a decir de manera pública, con su nombre, en este tiempo.

Había dudas sobre los resultados, protestas del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y de sus seguidores, también se había sumado a la  inconformidad del Frente Democrático Nacional el candidato panista Manuel J. Clouthier, pero nunca Don Luis.

Don Luis fue un político de ideas conservadoras, un militante auténtico de la derecha, un empresario que no comulgaba para nada con la izquierda. Como presidente panista no procuró ni hizo alianzas con quienes consideraba tenían propuestas contrarias a la suyas.

Estaba satisfecho con el acuerdo al que se había llegado con el partido en el poder.

-¿Hizo lo correcto al aceptar la legitimación en el ejercicio del poder?

-¡Claro! –me contestó.

Y siguió:

-Yo no iba a darle mi apoyo a Cuauhtémoc. No es lo que le conviene al país, sería un error. Se hizo lo que más favorecía al país.

Don Luis, nunca se arrepintió de la decisión tomada y me quedó claro que el ingeniero Cárdenas jamás estuvo en su ánimo.

No lo externó de esa manera pero era evidente que le tenía pavor a la posibilidad de que Cuauhtémoc fuera a vivir a nuevo en Los Pinos, ya lo había hecho de niño con su padre el general Lázaro Cárdenas.

Emilio daba por hecho que sería elegido presidente de su asociación de estudiantes veracruzanos radicados en la Ciudad de México y me invitó para que fuera testigo del proceso.

Su entusiasmo lo transmitía, amante de la música, pianista, el principal activista de su grupo. Literalmente el hombre orquesta, promovía actividades sociales, culturales, políticas, organizaba conferencias académicas, atraía a los medios, le daba imagen y prestigio a la asociación, sobre todo en su estado.

Por su trabajo, por su desempeño, por los resultados, daba por hecho que sería electo presidente.

Llegó el día de la votación.

El auditorio seleccionado tenía cupo aproximado para 200 personas. Estaba lleno, todas las butacas ocupadas, los jóvenes animados, saludadores y platicadores entre ellos.

La directiva saliente informó de las actividades realizadas durante dos años. Emilio había ocupado la cartera de secretario de acción social y era uno de los fundadores de la asociación.

Estaba orgulloso de todo lo realizado, en particular porque había sido el artífice.

Sólo había dos candidatos, Emilio y otro de nombre Raúl, secretario de acción política. Antes de proceder a la elección, ambos fueron presentados, expuestos ante sus compañeros.

Se procedió a la votación, voto secreto, en urna transparente.

Me llamó la atención que no hubiera mantas, tampoco pancartas ni porras a favor de nadie.

Así eran las reglas.

Después, a contar voto por voto.

Pronto me di cuenta que Emilio no ganaría.

Habían contado ya un centenar y todos para Raúl.

Al final, 199 votos para Raúl y uno para Emilio. Una vez hecho el anuncio, prácticamente todos contentos, menos Emilio. Lo conocía y sabía que trataba de ocultar su enojo pero su rostro lo delataba.

¿Qué pasó, si era quien más había trabajado en su grupo?

Investigó y días después me enteró de lo sucedido. El presidente saliente, su amigo y cofundador de la asociación civil, le dio los pormenores.

Sucedió que Emilio nunca le hizo saber al presidente que tenía interés en sucederlo, tampoco cabildeó con sus demás compañeros, con nadie de su interés que pretendía y quería ser el sucesor.

Al fin músico, no político, supuso que de manera natural todos votarían por él, en reconocimiento a su trabajo.

Su único voto había sido el de otro músico.

Raúl resultó más listo para la competencia, platicó con el presidente y lo convenció de que era el mejor candidato.

El presidente se encargó de hablar con las diversas corrientes o expresiones internas, para inducir el proceso.

Por eso el aplastante resultado, estaba negociada la elección, el presidente había dejado sucesor.

Emilio, frustrado, desencantado, abandonó la asociación y se dedicó de lleno a la música.

Se extinguió el proyecto. Raúl creyó que con puro rollo mantendría viva la asociación y se equivocó.

Cualquier parecido con alguna realidad, es mera coincidencia.

El error de Instituto Nacional Electoral en su trato con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es la comunicación, el diálogo, la consulta, el intercambio de información.

Se ha vuelto cíclico, repetitivo, por la llegada de un nuevo presidente del instituto, nuevos consejeros o nuevos magistrados. Derivado de las relaciones humanas, de la identificación entre las personas, de la habilidad para superar diferencias y lograr acuerdos.

La soberbia, la falta de tacto, perder el piso, han sido causa del desencuentro entre las autoridades electorales, de un lado, del otro o de ambos. La justificación y explicación de los consejeros, cuando les rechazan o rectifican en la sala superior del tribunal alguno de los acuerdos, es que los magistrados cumplen su función de revisar el trabajo del instituto.

Cierto, el tribunal tiene esa responsabilidad, entonces no hay que sorprenderse por la enmienda, aunque a veces se acepte con enfado. El problema es cuando ese resarcimiento se vuelve frecuente, pareciera que el presidente consejero o sus compañeros consejeros electorales desconocen la ley o no la dominan.

El primer presidente del extinto IFE, José Woldenberg, sin duda, sin discusión, dejó una huella que hasta la fecha no se ha podido repetir ni superar. Engrandeció la imagen del organismo ciudadano.

Por supuesto que también enfrentó dificultades, diferencias con el tribunal, pero que muchas fueron superadas con el manejo político del consejero presidente. Su principal antagonista lo tuvo dentro del mismo consejo, en voz de Jaime Cárdenas, quién después se convertiría en diputado perredista y luego partidario de Andrés Manuel López Obrador.

Jaime ha sido un sólido abogado, documentado, no era oposición por mera oposición, sabía lo que argumentaba, por eso los demás integrantes del instituto siempre lo respetaron.

Siguió Luis Carlos Ugalde. No supo formar un equipo ni tampoco contó con los mejores consejeros. Su estilo, su imagen, su desempeño, lo llevaron a chocar con magistrados. No resistió presiones y terminó por dejar el cargo antes de lo que se había previsto. La inseguridad en el proceso electoral del 2006 lo marcó como consejero presidente.

Leonardo Valdez Zurita demostró habilidad desde su elección como consejero presidente. Supo cabildear con todos los partidos y sin hacer aspavientos, llegó al IFE por unanimidad. Su actuación tampoco estuvo exenta de roces con el tribunal, pero los normales. Cumplió.

Lorenzo Córdova Vianello sobresale por su perfil con medallas académicas. Creció en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. A los 39 años de edad es consejero del IFE y a los 42 lo hacen presidente. Pagó su inexperiencia política con la grabación telefónica en la que se mofa de reclamos indígenas. Aprende rápido, no lo volverán a sorprender de esa manera. Lo que le falta afinar es su relación con el tribunal electoral.

El INE de Córdoba todavía tendrá que hacer más para acortar, igualar o superar el IFE de Woldenberg.

Es un misterio, un secreto el comportamiento que tendrá la sociedad, los ciudadanos, en las elecciones del próximo junio en México. Hay un segmento mayoritario que puede dar sorpresas en los resultados. Es obvio que hay una molestia social y nadie puede decir con certeza cómo se va a traducir ese enojo a la hora de ir a votar. El triunfo no está asegurado para nadie.

La disputa por los votos no tiene límite, en los doce estados donde habrá elección de gobernador, el juego sucio es lo de hoy, la exhibición de trayectorias, falsas o ciertas, el objetivo es desacreditar al adversario. La gente ya se hartó, no hay señales de cambio. Todo es más de lo mismo. Para donde quiera que se mire es igual, la descomposición.

Te digo que vienen sorpresas, porque esa población inconforme procurará no darle su voto a los de siempre.

Sin embargo, no va a ser sencillo tomar la decisión, porque para ser franco, a la vista no existe una opción limpia o descontaminada. En ninguno de los estados donde hay competencia existen personajes registrados en el proceso electoral que marquen una clara diferencia con los demás.

En la mayoría de los casos habría que votar a favor del menos malo y en contra del que tiene el historial más corrupto. Por algo no hay prisa en el poder legislativo por aprobar el sistema anticorrupción.

Panorama enmarañado para el votante porque no se ven las alternativas confiables y que garanticen un gobierno distinto

El votante quiere darle una lección a los políticos, castigarlos con la derrota. El problema es que no sabe a quién darle el triunfo.

No es nueva la compra de votos y la condena contra esta práctica, pero es un hecho que persiste en la oscuridad, en la crisis, en la falta de empleo. No faltara el partido o candidato que haga su mayor inversión económica para tratar de amarrar un resultado favorable.

Lo que te argumento es lo que menos le importa a competidores, la finalidad por años ha sido ir por el botín, no por garantizar calidad de vida a la sociedad. La historia se ha repetido un y otra vez. No hay indicios o elementos para ser optimista y suponer que la situación va a cambiar

En la desgracia democrática palpable, lo más grave es que la delincuencia está al acecho, en espera de colarse a posiciones de gobierno.

¿Qué le queda por hacer al votante?

Otra vez por el menos malo y a seguir en lo mismo, los mismos arriba, los mismos en la clase media y los mismos abajo.

Los independientes, apenas se conocen y todavía son escasos.

¿Resignación, impotencia o esperanza?

Lo que te he contado es la realidad y no es exclusiva de México.

Hay quienes han anticipado su interés por competir como candidato independiente en el 2018, pero hasta ahora ninguno tiene o cuenta con la simpatía de la sociedad. Han sido voces en el desierto.

Los nombres están en los medios de comunicación y nadie de ellos pinta en las encuestas, entendible, porque no las pagan, no son clientes de las desatinadas consultas electorales.

Sin embargo, es lógico suponer que los grupos de poder, económicos, políticos y sociales, aparentemente ajenos a los partidos, revisan perfiles de quiénes pueden competir por la presidencia.

El independiente es una gran opción para el 2018 ante el desgate, ganado a pulso, de los partidos políticos. La gente ya no quiere votar por los partidos, ya se hartó de todos, sin excepción.

¿Cuándo debe salir el independiente a dar la cara? ¿Ya es ahora? ¿Los que ya lo hicieron, acertaron?

Los acelerados pronto se han dado cuenta que no son los indicados, no tienen carisma ni suman voluntades, solo buscan notoriedad personal y quizás algunos despertar o provocar a las organizaciones apartidistas o ciudadanas para preparar la estrategia del 2018.

No atraen gente ni cuentan con recursos para pagar concentraciones masivas y populares. Sería un desperdicio de dinero en este momento, todavía no es tema del pueblo.

Salvo el voto duro que cada partido pueda tener, es un hecho que los demás ciudadanos, la mayoría, esperan un opción diferente, una imagen limpia, una cara nueva en la competencia, con propuesta, preparado, ya no los  perfiles vaquero, tozudo o rostro bonito. Se requiere alguien Inteligente, capaz de recomponer lo que para muchos ya no tiene remedio.

Por supuesto que ese personaje no es sencillo encontrarlo. Tampoco es imposible, seguro que existe. México tiene figuras con trayectoria ejemplar, mentes brillantes y sensibles. Ojalá que más de uno esté dispuesto a participar y poner sus capacidades al servicio del país.

¿Ya es tiempo de que dé la cara?

No, porque si lo hace, no llega al 2018, los mismos partidos se encargarían de sembrarle trampas y desgastarlo, exhibir y magnificar sus posibles debilidades, incluso, inventarle defectos y desaciertos.

Vale más que se reserve, si es el adecuado. La gente lo va a reconocer cuando aparezca.

Sin duda, el independiente es una opción, aunque no quiere decir que sea la única. También alguno de los partidos puede dar la sorpresa y nominar a un personaje que no sea más de lo mismo o se crea el salvador de nuestro país.

Para el 2018 la gente quiere baraja nueva o cartas con la experiencia y madurez, inteligencia y compromiso social,  para darle mejor vida a los mexicanos.

Regresaba de hacer ejercicio a casa, mañana contaminada, Ciudad de México irrespirable, ambiente fresco, aprisa para el baño y la partida al trabajo, paso veloz con la mirada al frente. De reojo vi una sombra por mi lado derecho, un hombre alto, con gorra estilo polaco.

 A la primera, a dos metros, de perfil y con esa gorra, no lo reconocí. Me pareció demasiado abrigado ante el pronóstico de un día soleado. Más cerca descubrí que era Dante Delgado Rannauro, dirigente del partido Movimiento Ciudadano, antes Convergencia.

Supuse que había bajado de su auto y que se dirigía a sus oficinas partidistas en la colonia Nápoles.

-Dante, buenos días.

-Buenos días.

-¿Se ve que va a estar caliente el 2018? –le pregunté a este personaje que está al día en política, que ha sabido mantener con vida al Movimiento Ciudadano y que anticipa los escenarios, quizás como se lo enseñó su paisano Don Fernando Gutiérrez Barrios.

-Muy caliente, le hace bien al país –alcanzó a decir y siguió su camino.

Reflexioné de inmediato su expresión.

La repetí varias veces, “muy caliente el 2018, muy caliente el 2018…le hace bien al país”.

¿Por qué afirma que le hace bien al país?-me preguntaba.

En mi análisis, un 2018 caliente, ya lo he escrito, es que los partidos y candidatos se van a dar con todo, peor de lo que hemos visto, con las batallas más sucias con tal de salirse con la suya.

Hay quienes vislumbran hasta violencia, tanto de los que quieren conservar el poder como de los que quieren llegar a Los Pinos.

Ojalá no haya un escenario extremo que se tenga que lamentar, porque pierde el país, todos los mexicanos.

Lo que debe contar es el voto y el que obtenga mayoría, reconocerlo y aceptarlo, regla básica de la competencia.

Dante, desde que lo conozco, a partir de la fundación de Convergencia en 1998, después de su experiencia como servidor público, su interinato como gobernador de Veracruz, sus diferencias con Ernesto Zedillo y su encierro en un penal de su estado acusado de corrupción y enriquecimiento inexplicable, es un personaje que da con tiento cada paso.

Sabe, por eso goza de cabal salud Movimiento Ciudadano.

Entiende que la liga se puede estirar pero que no es recomendable romperla.

Si él ve venir “muy caliente” el 2018, espero que no se traduzca en sobresaltos y más sufrimiento para la sociedad.

Que el presagio de Dante no se convierta en algo dantesco.

Para el proceso electoral del 2018 el único comportamiento impredecible es el del electorado indeciso, del que puede marcar la diferencia en el resultado, del que no milita en ningún partido.

Cada fuerza política tiene su propio voto duro y es evidente que el Partido Revolucionario Institucional tiene el mayor número de seguidores o simpatizantes, que se le van a jugar con el tricolor, como lo han hecho por décadas.

Será una batalla sin precedente, que ya está a la vista, porque hay competidores que han decidido levantar la mano con mucha anticipación, como lo hizo Vicente Fox en el 2000.

Además, hay un personaje con dos intentos fallidos, con más de 12 años en campaña, que cree que la tercera es la vencida, con la fortuna de que las encuestas lo favorecen en este momento.

La frase sempiterna, que duraría para siempre, formulada por el extinto líder cetemista Fidel Velázquez, de que “el que se mueve no sale en la foto”, en relación con aquellos que se desbocaban o se aceleraban por sus aspiraciones presidenciales, quedó en el pasado.

Desde el 2000, cuando el ganador fue quien emprendió su campaña a Los Pinos siendo gobernador de Guanajuato. En el 2006, Felipe Calderón salió del arrancadero mucho antes que sus compañeros en el PAN. En el 2012, la presencia de Enrique Peña Nieto en los medios, como gobernador del estado de México, se dio con un enfoque nacional.

En los tres casos consiguieron posicionarse mucho antes que los demás competidores, aunque al segundo, le resultó  más complicado ganar, porque aunque su principal adversario repetía una y otra vez que “a mi denme por muerto” cuando le preguntaban por sus aspiraciones en la jefatura de gobierno del Distrito Federal, era obvio que tejía y tejía por las noches.

¿Y por qué si por fuera de la pista el nacido en Tabasco se adelantó, no llegó en primer lugar a la meta?

Su actitud, sus desplantes y diferencias con grupos económicos, lo convirtieron en “el enemigo de México”. Se creyó invencible, e incluso, se despreocupó de amarrar el apoyo de quien entonces era el líder moral de los perredistas. Consiguió formar un bloque en su contra y no lo pudo sortear el día de las elecciones. Hizo berrinche y lo desahogó en el Paseo de la Reforma, con la tolerancia de las autoridades de “izquierda” y en perjuicio de los habitantes de la ahora Ciudad de México.

De nuevo, para el 2018, va adelante, esta vez dentro de la pista, pero no ha dejado de ser un jinete controvertido, polémico, al que muchos siguen “a ciegas” y muchos otros no lo pueden ver ni en pintura.

Por eso ya hay más competidores en la pista, todos con sus mejores monturas y estrategias, para dar la batalla como nunca antes, van a salir chispas de las espuelas y la fusta para darle más velocidad al caballo al entrar en la recta final de la competencia.

Sin embargo, el factor determinante será ese voto indeciso que por ahora se mantiene expectante.

Una historia real de política, cuando se desestima al adversario y peor si es de la familia. Cuando se pierde el piso y el personaje se cree invencible, que se le hace imposible sentarse en la misma mesa con alguien que desde su punto de vista no está a su nivel.

Es una práctica de los inexpertos políticos, lo hacen en el caso de los medios de comunicación. Discriminan. Se sienten figuras y por lo tanto cierran su puerta a medios que consideran sin importancia. Nada más aceptan entrevistas con quienes juzgan encumbrados.

Me ha tocado verlo, constatarlo, personajes que al empezar su carrera accedían a todas las entrevistas, pero que una vez instalados en la cima, se olvidan de mirar hacia abajo.

Les gana la soberbia.

Lo que te voy a contar no está estrictamente relacionado con los medios de comunicación sino con los hermanos de sangre de los políticos, a propósito de lo que ahora sucede con Andrés Manuel López Obrador y su hermano de madre y padre, Arturo López Obrador.

No es el primer caso con estas características, es usual en la competencia, intentar dividir a la familia.

Sucedió con Fernando Ortiz Arana, quien nunca logró su sueño de ser gobernador de su estado, Querétaro.

La primera vez que hizo planes para participar en el proceso estatal, Carlos Salinas lo hizo cambiar de opinión. Lo invitó a quedarse en la ahora Ciudad de México. Se convirtió en líder de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en coordinador de los diputados de su partido, coordinador de los senadores de su partido y dirigente nacional del PRI. También fue promovido por sus colaboradores para aspirar a la candidatura presidencial.

Dos veces compitió por la gubernatura y las dos veces perdió. Desde la primera ocasión su imagen se desdibujó, perdió fuerza por las diferencias con su hermano. Su hermano José, el mayor, sintió que tenía derecho a su propia proyección y se dejó convencer para participar en la “oposición”.

Fernando  no le dio la importancia que ameritaba el tema familiar, no buscó a su hermano con el empeño que se requería para recobrar la unidad, para dialogar y llegar al entendimiento. Dio por hecho que su exitosa trayectoria en la Ciudad de México sería suficiente. Se equivocó. Para su segunda participación en Querétaro, el daño ya estaba hecho.

Cuando fue coordinador de los diputados priístas, con tal de avanzar en la negociación, no dudó en ir hasta la oficina de la misma Rosalbina Garabito. Entonces ella era del ala dura de los perredistas. A Fernando no le importó subir tres pisos y caminar hasta el final del pasillo para llegar al reducido espacio que ocupaba la diputada. Hubo acuerdos y mejoró la relación entre mayorías y minorías en el recinto de San Lázaro.

Con su hermano José, no habló.

El caso de Andrés Manuel López Obrador no es igual pero se parece por el lazo familiar. Andrés Manuel, en vez de buscar a su hermano Arturo para superar diferencias, optó por descalificarlo, por llamarlo traidor. La soberbia del primero no es una novedad.

Se subió al ring mediático, cayó en el juego de los que quieren minar sus aspiraciones. Se sintió patriarca, intachable. Y ese distanciamiento le puede pesar en el 2018. Todo por no bajar del cielo para dialogar con los mortales.

Vale la analogía para lo que hoy te voy a contar. El futbol y la política, el gol y la candidatura presidencial, los veteranos con la experiencia y el vigor vigente frente a la impetuosidad y ambición de  los más jóvenes, los que están en el campo de juego y los que están fuera del campo o en la banca.

Manlio Fabio Beltrones Rivera y José Narro Robles están en el campo de juego y por lo tanto tienen la posibilidad de anotar gol, con el perfil y el acervo que los mantiene activos como sucede con Rafa Márquez y Óscar “El Conejo” Pérez en el balompié mexicano. Se conservan como figuras, el primero como defensa o medio, el segundo como portero y también anotador; han sabido cuidarse para seguir en la competencia.

Cuando el periodista Ciro Gómez Leyva escribió que el propio Manlio se había descartado para el proceso electoral del 2018, recordé de inmediato que algo parecido hizo para el 2012 y en ese entonces el argumento utilizado para excluirse había sido la edad. Por supuesto que aquella vez, nadie se atrevió a escribir que el entonces senador se auto eliminaba.

En esta ocasión la excusa empleada, la “inequidad” en los anuncios partidistas, la ventaja sobre sus compañeros al poder aparecer en los “spots” como lo hacen Andrés Manuel López Obrador (Morena), Agustín Basave (PRD) y Ricardo Anaya (PAN).

Se dijo que en este 2016, el actual dirigente del PRI, se expresó en esos términos ante un grupo de periodistas. Y nada más uno se la “creyó”, por lo menos eso fue lo que difundió. Quizás pecó de inocencia, lo dudo, a estas alturas. Quizás era emocionar a los más jóvenes y hacerles suponer que el más colmilludo de la política presente ha resuelto excluirse. Ningún otro compañero periodista tomó o reprodujo las palabras con la literalidad de Ciro. De cualquier manera, respetable lo que haya registrado en sus apuntes y  pregonado después.

Lo cierto es que Manlio sigue en el campo de juego como Rafa Márquez. Con la posibilidad, ambos, para anotar gol, uno en la política y otro en el futbol. ¿A poco algún cronista le creería a Márquez que no meterá la pelota en las redes contrarias porque sería “inequitativo” porque él tiene más experiencia, ha jugado en Europa y tiene más anuncios en la televisión que sus compañeros de equipo? ¡Claro que no! Rafa irá al área chica, las veces que sea necesario, cuando haya un cobro de castigo o un tiro de esquina, para tratar de cabecear y meter gol. Su especialidad, por su estatura y calidad cabeceadora.

Rafa Márquez no ha renunciado ni renunciará a meter gol. Tampoco Beltrones. Ser presidente es la aspiración de quienes están en las grandes ligas de la política y no tienen que andarlo propagando. En un ejemplo reciente, ¿cuántas veces López Obrador llegó a decir  “a mi denme por muerto” cuando le preguntaban anticipadamente si buscaría ser candidato? Tampoco nadie de los más jóvenes va a gritar a los cuatro vientos que quiere ser, ni en “off the record  con periodistas ni en privado con sus colaboradores. Tampoco va a descartarse. Y si lo hace, no hay que perder de vista que es un político. Sería, como dicen los católicos, una mentira piadosa.

Así que Manlio está dentro del campo de juego y puede meter gol, como también lo puede hacer el doctor José Narro, ex rector, ahora secretario de Salud, con un historial que no tiene ninguno de los más jóvenes.

Sería aventurado descartarlos para el 2018.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.

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