¿Democracia o dictadura?

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Por lo menos en el cine es válido hacer una película para que el espectador se ría de los absurdos de la política, como sucede en La Dictadura Perfecta del director Luis Estrada. La gente se ríe.

Me tocó verla en un Cinemex de la ciudad de México; antes de entrar recordé que en ese mismo lugar, en el 2012, se exhibió Colosio. No se me olvida que varias personas salieron vociferando maldiciones contra quienes sospechan estuvieron involucrados en el asesinato del candidato presidencial priísta en 1994. Supuse que algo así pasaría con el filme protagonizado por Damián Alcazar.

Iba preparado para observar y escuchar las reacciones durante y después de la película. Tres cuartas partes de la sala estaba ocupada, la mayoría de los asistentes eran cuarentones. No registré presencia de veinteañeros, solo un jovencito que encendió la luz de su teléfono para guiar a su abuela al descender las escaleras en la oscuridad, a la salida.

Proliferaron las risas. Estrada consiguió su objetivo, quería hacer reír, hizo reír.

Rostros apacibles, no vi a nadie enojado o molesto. Comentarios encontrados al calificar la película; para unos era “muy buena”; para otros solo “buena”. Nada extraordinario. Tampoco el tema era nuevo. Recreación de historias sobre la forma de hacer política.

Nadie con ánimo de mentar madres. Era de noche, todavía con tiempo para ir a cenar o a casa a descansar y dormir, en paz, sin correr el riesgo de sufrir pesadilla. Me había divertido con el filme, como los demás.

La costumbre y lo frecuente en las películas es ver que ganan los buenos. El final feliz. En ésta ganan los malos, los que ejercen el poder, unos cuantos, con trucos, engaños y hasta sangre. Ni eso produjo una expresión de inconformidad entre la gente.

¿Y cómo anda la democracia en el mundo? ¿Qué no era el gobierno del pueblo para el pueblo?

Después de repasar el pensamiento de Aristóteles, Locke, Ruosseau, Maquiavelo, Lijphart, Dahl, Bobbio, Sartori y Macpherson, llegué a la conclusión de que la democracia existe, las reglas se cumplen, en unos más, en otro menos, en los diferentes países.

Depende en mucho de los gobernantes y también de la sociedad. El deterioro se acentúa cuando se cae en la indiferencia. En ninguna parte es perfecta, se ha desvirtuado en su esencia; no se le da al pueblo lo que necesita para tener calidad de vida.

Quizás ha llegado el momento de apretarle las tuercas a la democracia, lograr que garantice resultados justos, calidad de vida, por el camino de la civilidad y la ley.  No hay que perder de vista que solo se vive una vez, pues entonces hay que vivir bien, en paz, en equidad, con libertades respetadas. Tarea de todos. La democracia que conocemos ha perdido fuerza, ahora se manipula para prolongar la estancia en el poder, el poder hereditario, el poder de los mismos y unos cuantos, atender el interés particular y no general, solapar o tolerar errores, el enriquecimiento de cúpulas y el empobrecimiento de mayorías, impunidad, incluso, ignorar normas elementales de tránsito.

Por eso el malestar social en diversas partes del mundo. Por eso el descrédito de  políticos, de gobernantes. No hay diferencia en el comportamiento de partidos, en sus frutos. Su ambición es el poder por el poder. Eso de que la democracia es el gobierno del pueblo para el pueblo, sigue pendiente.

Toca a los estudiosos, a los teóricos, iluminarle el camino a los que toman decisiones para que la calidad de vida llegue a toda la gente.

La Dictadura Perfecta sí está para reírse por la conducta ridiculizada de unos cuantos. La realidad que les platico, enoja.

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Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.