Los resultados del IFE, anteriormente, ahora INE, tienen que ser valorados antes de emprender cualquier nuevo cambio en la organización de los procesos. Hasta ahora, es indiscutible que el instituto ha contribuido a la democracia y a la alternancia en México.
Con todo y que a veces los perdedores se quejan de la autoridad electoral, el hecho es que el voto se ha hecho valer. De otra manera, el que era partido dominante, absoluto, el de la dictadura perfecta, como diría el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, seguiría en el poder. Ha quedado reducido a tal tamaño que parece estar en riesgo de extinción; su futuro depende de sus propios dirigentes y lo que la sociedad determine.
Esa alternancia ha sido voluntad de los electores que han podido comprobar que el país tiene instituciones para que el voto cuente y se respete. No es un cheque en blanco para el que gana. Quien en estos nuevos tiempos llega al poder, no llega para siempre, su permanencia depende del desempeño, la actuación como gobernante, de los beneficios que aporte a la población.
Hay que reconocer el trabajo de los organismos electorales, a nivel nacional y en los 32 estados. Es evidente que las condiciones estás dadas para que la alternancia se de a nivel nacional y estatal.
La queja reiterada de que los gobernadores hacen y deshacen en sus estados en materia electoral se ha ido diluyendo ante los hechos. Falta, todavía hay resistencias y tentaciones para tratar de influir; se ha visto no solamente en los estados, también en la competencia por la presidencia de la República.
Hay que observar que el INE y lo que llaman Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES) funcionan como una mancuerna. El INE puede intervenir y hasta organizar un proceso local, en caso de ser necesario. Además, tiene la atribución de nombrar y remover a los consejeros locales. En la práctica se complementan. Cuando la autoridad central ha hecho valer la facultad de atraer la organización de la elección local, ha constatado que requiere en cierta medida de la experiencia y operación de los lugareños.
Por eso, cuando se habla de que los OPLES pueden llegar a su fin y de que lo más conveniente es que el INE haga todo, antes de dar cualquier paso, primero valorarlos. Quedarse con lo que funciona y deshacerse de lo que todavía estorba a la democracia.
Cortar de tajo a los organismos locales, puede ser riesgoso y hasta contraproducente. Sería desestimar lo avanzado a nivel local y creer que nada más el INE puede garantizar la imparcialidad.
Lo bueno, hay que perfeccionarlo, no tirarlo.

Antes de las elecciones intermedias de 2021, en las que se renovará la Cámara de Diputados, no se tocará la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales. Es evidente que no es un tema prioritario para el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido que está en el poder gracias a 30 millones de votos.

¿Por qué y para qué estaría interesado en reformarla? Las reglas de la competencia han demostrado que funcionan, de otra manera la alternancia no sería una realidad y mucho menos Morena hubiera arrasado como lo hizo, por amplio margen en el país.

Morena, ahora, no tiene la menor duda de la equidad e imparcialidad de la ley. Le consta.

En ese contexto, cuando las reglas y sus seguidores le han dado los resultados que todos conocemos, se explica que Horacio Duarte Olivares haya dejado la Cámara de Diputados para ocuparse de la subsecretaría del Empleo, apuntalando la responsabilidad que tiene la joven secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde. De otra manera, Horacio seguiría en la cámara. Si alguien domina el tema electoral entre los morenistas es Horacio.

Duarte Olivares conoce las leyes e instituciones electorales, representó primero al PRD en el IFE y siguió con Morena en el INE. Es un tipo serio y cuidadoso, agudo en su crítica. Lo he visto participar en el consejo del organismo que se encarga de organizar las elecciones. Estuvo como representante perredista ante el instituto en las discutidas elecciones de 2006. Logró poner en jaque el desempeño de Luis Carlos Ugalde, entonces consejero presidente del IFE.

Morena no va a promover la modificación o reforma de reglas electorales, porque con esas ganó y ganó como nadie se lo imaginaba. Hizo chiquitos a sus adversarios. Controla los poderes Ejecutivo y Legislativo, como alguna vez lo hizo el PRI, con aplastante mayoría. 

Hacer cambios, significarían riesgos innecesarios para Morena. Es indiscutible que la ley electoral funciona, gana el que obtiene más votos y el fantasma del fraude prácticamente se ha esfumado a nivel nacional. Ya se acostumbrará el partido en el poder a que no se pueden tener todas las canicas. Hay plazas, ciudades o estados, que no aceptan el proyecto de la nueva mayoría.

Además, tampoco Lorenzo Córdova, consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, empuja o tiene especial interés en este momento por ajustar la ley electoral. Lo que tiene preocupado al consejero es el presupuesto que le aprobaron los diputados al organismo, porque advierte que no le alcanza para las actividades que realizará en este año.

Por lo tanto, en un hecho que no tiene prioridad tocar la ley electoral. Tampoco está en los planes deshacerse de los Organismos Públicos Electorales Locales (OPLES) que operan en los estados.

En vez ocuparse en modificar reglas del juego, lo que hace Morena es cuidar y mantener su clientela electoral.

La sigla OPLE no es del dominio común, los ciudadanos en general se quedan con la cara de ¿What? cuando alguien les pregunta o comenta algo al respecto. No atrae ni despierta interés. Se trata del Organismo Público Local Electoral que existe en cada uno de los estados en México.
Organizan las elecciones en las entidades del país y de ahí su importancia, su trascendencia para la sociedad. Ahora se habla de eliminar estos organismos, con el pretexto de que responden a intereses de gobernadores, y dejarle todo el trabajo al Instituto Nacional Electoral (INE)

La verdad, a las autoridades locales electorales, desde siempre, con razón o sin razón, las han acusado de servir al gobernador en turno. No es ninguna novedad y la imputación parte de los derrotados. Con el tiempo se ha ajustado su estructura y dejado al INE la elección de los consejeros locales, y en su caso, cuando incurren en alguna falta, removerlos.

De cualquier manera, persiste la maledicencia. Es cómodo acusarlos de parcialidad y hasta de incompetentes para los que no se ven favorecidos por el voto ciudadano. Los mismos que los critican, cuando ganan, guardan silencio. Curioso e incongruente, porque se trata de la misma autoridad.

Por experiencia, porque he cubierto diferentes procesos electorales, desde hace más de 30 años, me consta que al final es el voto lo que determina quien gana y quien pierde.

Los que en ocasiones tratan de alterar el orden del proceso, no son las autoridades electorales, sino quienes simpatizan o militan con algún partido político, para después, ese es el propósito, cacarear que hubo irregularidades. Claro, cuando el resultado no les favorece.

Entonces, también habría que fijar la mirada en los partidos, ver de qué manera se comportan y contribuyen a la limpieza e imparcialidad e las elecciones, valorar también, en ese sentido, la actuación de los candidatos.

¿Deben o no desaparecer los OPLES?

La respuesta es no, porque se ha podido evidenciar que el INE no lo puede hacer todo y menos cuando están limitados sus recursos por la austeridad. Son autoridades, la nacional y las locales, que se complementan. Cada una cumple su papel en la organización y operación del proceso. Los estados tienen sus particularidades; número de habitantes, número de municipios, costumbres, zonas conflictivas, orografía, diferentes.

Por eso, el organismo local es necesario, porque conoce el terreno, las características de la entidad con detalle, lo que humanamente es imposible para una institución que tiene su base principal en la Ciudad de México.

En lugar de pensar en desaparecerlos, lo recomendable sería perfeccionarlos, aprovechar el avance que ya existe; blindarlos de las presiones y cuestionamientos de los propios partidos, para garantizar la imparcialidad.

Otra prueba de que funcionan, es la alternancia que hay en estados, porque no siempre gana el partido del gobernador.

 

La  primera vez que utilicé la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, pasaron dos años para que consiguiera el objetivo, la información solicitada que sabía existía.
Demasiado tiempo. El poder legislativo en el marco de la Cuarta Transformación debería revisar plazos de entrega de información de las instituciones públicas.

Fue un ejercicio que llevé a cabo en Instituto Federal Electoral (IFE), actualmente INE.

Requerí los montos de los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos políticos, toda vez que sus ingresos salían y salen de la hacienda pública, de los impuestos que paga la sociedad.

En ese entonces estaba como consejero presidente Luis Carlos Ugalde. En más de una ocasión el organismo electoral aseguró que no contaba con esa información. Persistí. Tenía que decidir entre llevar el caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) o recurrir al Instituto Federal de Acceso a la información Pública (IFAI), ahora INAI.

Por la oportuna recomendación y asesoría de dos expertos en materia electoral y transparencia, Jaime Cárdenas Gracia y Ernesto Villanueva, llevé el asunto al tribunal electoral. Ya había ocupado un año en trámites y revisiones en el instituto. Otro más para que resolviera la sala superior del tribunal. 

Quedó para la historia el Juicio para la Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano SUP-JDC-216/2004. Resuelto con la clasificación de “tesis relevante”, con el voto de seis magistrados. El tribunal ordenó al organismo electoral que me diera la información. Y me la dio. Sí existía. Supimos todos lo que ganaba mensualmente cada dirigente nacional.

Ejercicio nada sencillo. Todavía con el ingrediente de que el director en ese año de El Universal, Roberto Rock, intentó que desistiera de la petición, con el argumento de que haría el ridículo, de que no conseguiría el objetivo y que la imagen del periódico también se vería afectada.

Con el tiempo y nuevas peticiones aceptadas, el tema alcanzó jurisprudencia en el tribunal electoral.

La ley de transparencia demostró en los hechos sus bondades, aunque no con la rapidez deseada.

Sirve la transparencia, funcionan las instituciones responsables. Lo que haría falta sería perfeccionar los mecanismos y las normas, para que los entes públicos no se resistan y entreguen cuanto antes la información solicitada. También encontrar la forma de que los ciudadanos en general participen, no solo periodistas, académicos o expertos.

Facilitar el acceso, procedimientos sencillos. Garantizar el derecho a estar informado y no tolerar la opacidad. Hasta ahora, el saldo de la transparencia, es favorable.

A diferencia de lo que ha sucedido en otros sexenios, esta vez la carrera por la sucesión no empezará el 1 de diciembre, día en que toma posesión el nuevo presidente.
Ya arrancó, el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador hasta en eso ha modificado las prácticas políticas en México. Adelantar cinco meses los nombres de su gabinete y al triunfar en las elecciones, podemos decir que el 1 de julio fue el banderazo de salida.
Sin embargo, las figuras para el relevo en el 2024, no únicamente están en el gabinete ni la plataforma de lanzamiento es solo el nivel de secretaría. Se ha anticipado que Tatiana Clouthier ocupara la subsecretaría de Derechos Humanos en Gobernación. Ella fue la coordinadora de campaña del candidato ganador y es hija del extinto Manuel J. Clouthier. Ha sido legisladora y participante en diversas organizaciones sociales. Esta vez se suponía que iría a la Cámara de Diputados como coordinadora del grupo de Morena, pero fue invitada por López Obrador al equipo que manejará la política interior. Su padre fue hombre bragado, valiente, quiso ser presidente de México. Peleó por sus ideales y murió en extraño accidente de carretera. Tatiana viene de esa madera y dio su primera muestra al referirse al controvertido nombramiento de Manuel Bartlett en la Comisión Federal de Electricidad. Simplemente dijo que había otros mejores prospectos para dicho cargo. Y que conste que en estos momentos, no cualquiera, dentro del equipo ganador, se atrevería a disentir del tabasqueño. Por lo pronto Tatiana apoyará a la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, quien tendrá la titularidad en la Segob.
Yeidckol Polevnsky ha caminado y camina del brazo del tabasqueño. Está al frente del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Tiene formación empresarial. Dirigió la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra). Ha sido senadora. Candidata al gobierno del Estado de México. Ha demostrado que le sabe a la política y en esta materia es quizás ya la mujer más poderosa en nuestro país. Hábil para la negociación.
Ricardo Monreal Ávila tampoco está en el gabinete. Va al senado y es un hecho que coordinará a sus compañeros de partido. Ha sido priísta y perredista. Tiene carrera política-polìtica. Trayectoria como diputado, senador, gobernador y jefe delegacional. Supo actuar con prudencia cuando las encuestas de Morena lo dejaron fuera de la competencia para la candidatura por el gobierno de la Ciudad de México.
Marcelo Ebrard es otro con perfil político-político. Formado al lado de Manuel Camacho Solís. Al igual que su maestro, tiene en mente la presidencia de la República. Intentó ser candidato por el PRD en el 2012. Aceptó las encuestas internas que favorecieron a López Obrador. Ha militado en el PRI, PRD y Centro Democrático. Hoy es morenista. Pasó apuros políticos en el sexenio que está a punto de terminar porque le atribuyeron la filtración de la famosa Casa Blanca en las Lomas de Chapultepec. Fue subsecretario de Relaciones Exteriores cuando su maestro y amigo Camacho ocupó la cancillería. Ebrard será canciller a partir de diciembre.
Alfonso Durazo aprendió como secretario particular de Luis Donaldo Colosio. Hábil para las relaciones públicas con los medios. Estudioso. Es el próximo secretario de Seguridad Pública. También fue secretario particular del panista Vicente Fox. Ha sido diputado y senador.
Son los cinco perfiles que irían por delante.
A la lista podrían agregarse Esteban Moctezuma, quien despachará como secretario de Educación Pública y fue secretario de Gobernación en el gobierno de Ernesto Zedillo; la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, por la posición de titular en la Segob; y Claudia Sheinbaum, como jefa de gobierno de la Ciudad de México.

En su carrera política de 40 años, Ricardo Monreal Ávila ha tomado dos grandes decisiones y las dos con resultados favorables. La primera lo llevó  a gobernar el estado de Zacatecas, por el PRD y no por el PRI donde se había formado y empezado en 1975. Demostró que lo seguían la mayoría de sus paisanos. No fue un capricho sino un buen cálculo. Tomó ese camino al observar que la cúpula de su primer partido había resuelto nominar a otro militante.
La segunda gran decisión lo va a llevar a coordinar la bancada mayoritaria en el Senado. Espacio que ya conoce, desde que este cuerpo legislativo sesionaba en la casona de Xicoténcatl, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ahora en Paseo de la Reforma. Actuaba como opositor y en su momento se sumó a la toma de tribuna que realizaron perredistas.
Ha enfrentado amenazas y sorteado acusaciones contra él y familiares, por corrupción y almacenamiento de productos indebidos.
Sabe medir sus acciones y, a pesar de sus sueños por competir y convertirse en jefe de gobierno de la CDMX, contó hasta 10, serenó ánimos y no pasó de manifestar su inconformidad por el resultado de la encuesta que permitió  a Claudia Sheinbaum ser la candidata de Morena.
Recibió ofrecimientos para participar con la camiseta de partido distinto, sobre todo del Movimiento Ciudadano de Dante Delgado, pero finalmente optó por primero sentarse a platicar con Andrés Manuel López Obrador. Acordó el compromiso con el líder de Morena de buscar el senado y, de ganar, tener el apoyo de la dirigencia para coordinar a sus compañeros.
Así sucedió, vuelve al Senado y López Obrador hizo público su compromiso de hacerlo coordinador, solo con la condición de que recibiera el beneplácito de los demás senadores morenistas. Únicamente siete de 55 no le dieron luz verde para su ascenso. Es tan cuidadoso que contrataron Notario Público para que diera fe de que la mayoría está de su lado.
De cualquier manera, el día de mañana que reciban una instrucción del líder moral, desde la presidencia, vía partido, hay que dar por hecho que va a ser muy difícil que alguno de los morenistas se atreva a votar en contra, aunque no hay que descartarlo, por la cultura que existe en la izquierda, están acostumbrados a ser disidencia. Les tomará tiempo asimilar que son gobierno.
En el PRD, antecedente de Morena, se volvió común el dicho de que dos perredistas no eran capaces de mantenerse unidos por mucho tiempo. Veremos ahora que pasa con los morenistas.
Ricardo Monreal tiene raíces priístas y conoce a los priístas, también conoce a los panistas y perredistas. Por supuesto que también lo conocen él, sus alcances y valoraciones.
Hay consenso en que se trata de un político-político, negociador, esta vez cabeza de la bancada mayoritaria. De su lado la experiencia de Cristóbal Arias, de Salomón Jara y del mismo Martí Batres, su antagonista en la búsqueda de candidaturas y coordinaciones parlamentarias. Las novatas en materia legislativa Susana Harp y Lilly Téllez. En frente, en la oposición, caras conocidas, Beatriz Paredes, Jorge Carlos Ramírez, Gustavo Madero, Dante Delgado, Minerva Hernández y Josefina Vázquez Mota.
Como cronista parlamentario recuerdo que Monreal siempre ha sido cordial con la prensa y abierto opositor al llamado “mayoriteo”. Hoy le toca ser congruente y que de una vez lo apunten como aspirante para el 2024.

La falta de equidad en las leyes, entre los candidatos, llevó al fracaso a los independientes que aspiraron a la presidencia de la República. No es posible que en esas condiciones normativas un individuo pueda competir contra la estructura de los partidos. La desventaja es abismal. En ningún momento existió la posibilidad de que alguno se convirtiera en ganador.
Quienes buscaron la candidatura como independientes, la mayoría no alcanzó el tope de firmas fijado para obtener el registro del Instituto Nacional Electoral (INE). Lo peor del caso es que los dos que finalmente lograron la cifra, reconocida por las autoridades, dejaron muchas dudas sobre la forma en que las obtuvieron. Y el colmo, una vez que pasaron las elecciones, los dos independientes fueron sancionados por irregularidades en el procedimiento que utilizaron para conseguir los apoyos.
Además, la “independiente” Margarita Zavala declinó en la recta final del proceso. Descubrió que no tenía nada que hacer ni aportar. Las posibilidades de un resultado favorable eran nulas. Su desenvolvimiento en el primer debate exhibió sus limitaciones cognitivas y orales. Hizo lo correcto al salirse, para evitan ridículo mayor.
Jaime Rodríguez “El Bronco” dejó muy manchado el tigre por la forma en que obtuvo miles de firmas y después por sus mutilares propuestas como la de cortar manos a corruptos y delincuentes. Sin embargo, hay que observar que llegó a obtener más votos que algunos partidos, pero muy lejos de las cifras de alcanzó el candidato ganador.
Dejó la impresión de un registro forzado, porque a pesar de que el INE exhibió fallas
sobre la forma de conseguir firmas, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) emitió controvertida resolución que le abrió puertas para competir por la presidencia.
En esas condiciones normativas, es evidente la desventaja ante partidos, por lo que se refiere a financiamiento y presencia en medios, para lograr la candidatura y con profundas diferencias en el reparto que hace la autoridad de las prerrogativas. Es imposible que un independiente llegue a la silla presidencial.
Como sucede después de cada proceso, en el poder legislativo tendrán que evaluar las reglas de la competencia electoral y proceder a modificar aquello que vaya contra principios democráticos o haya caído en inequidades. Encontrar el mecanismo para que se vuelva justa la disputa entre candidatos que participan con las siglas de un partido y quienes deciden competir de manera independiente.
También tendrá que estudiarse la clasificación de independiente, establecer un tiempo mínimo para separarse del partido antes del día de la elección, para que no suceda lo de Margarita que se hizo “independiente” al darse cuenta que ella no sería la candidata de Acción Nacional.
Lo que ha sucedido obliga a revisar este tema en el Senado y en la Cámara de Diputados.

Ya te he platicado de Joaquín, contador público, fiel seguidor de Andrés Manuel López Obrador desde hace 18 años. Siempre ha votado por el tabasqueño y el domingo no fue la excepción.

Comimos el día anterior, el sábado. Firme en sus convicciones, preparado para cualquier resultado. Nunca ha sido militante, ni del perredismo ni del morenismo, pero invariablemente leal al proyecto de López Obrador. No recuerdo haberlo visto enojarse ante la crítica virulenta hacia su candidato, tampoco titubear en sus definiciones políticas.

Acepta que en la democracia se pierde y se gana. En las dos ocasiones anteriores en la que su candidato perdió la elección, no se cortó las venas ni se desgarró las vestiduras. No se sumó a ninguna protesta y mucho menos estuvo de acuerdo con cierre de vialidades.

Para el tercer intento, aun cuando las encuestas lo perfilaban como triunfador, por amplio margen, mantuvo la misma ecuanimidad que lo ha caracterizado en las batallas pasadas. Vislumbraba el éxito, no lo daba por hecho, en tanto no se llevara a cabo la elección y la sociedad emitiera su voto.

La tercera fue la vencida. Toma la victoria con madurez, con calma, sin alterarse y menos burlarse de quienes piensan diferente. Tiene claro que ahora viene la etapa más difícil y compleja para su candidato, cumplir lo ofrecido, elevar la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos.

Apoya la idea que el triunfador ha llamado “la cuarta transformación”, como etapa fundamental en la historia de México, como la huella que dejaron la Independencia, la Reforma y la Revolución. También está de acuerdo con la reconciliación a la que ha convocado el ganador, restañar las heridas, darle vuelta a la página y dejar atrás el encono de las campañas, porque la división o la falta de consenso, solo atoraría los planes de cambio.

Ve venir un país diferente, no para la próxima semana ni para el siguiente mes o año. Da por hecho que se avanzará en ese sentido, porque ahora Andrés Manuel podrá tomar el sartén por el mango, desde el gobierno, con el respaldo de estados y Congreso de la Unión.

Joaquín no conoce en persona a López Obrador ni planea irlo a buscar para pedirle trabajo. Es un profesional de la contabilidad. Desde que salió de la universidad ha trabajado en la iniciativa privada. No es rico ni ambiciona convertirse en millonario. En broma los amigos le dicen “tu serás Secretario de Hacienda o titular del SAT cuando el tabasqueño llegue al poder”. Solo ríe. No es su meta. Nunca ha expresado su interés de integrarse al gobierno. Está satisfecho con lo que hace, lo que gana cubre sus necesidades básicas.

Lo que sí quiere que logré el próximo gobierno es más seguridad, para que ni él ni su familia salgan a la calle con el temor de ser asaltados en cualquier momento. También quiere que tenga mucho mejor uso el erario, el presupuesto, sin corrupción. Y que prevalezca el Estado de Derecho, no más injusticias por consigna. Eso sí se lo va a exigir a Andrés Manuel desde su trinchera como contador público.

Hay quienes en este momento estarían felices si las encuestas decidieran el triunfador de la elección presidencial en México. Existen medios que prácticamente dan por hecho la medición. No se diga los simpatizantes que siguen al candidato puntero. Olvidan que las encuestas electorales no han sido acertadas en recientes procesos. Han fallado estimaciones.
Y no es que ninguna encuestadora sea seria o que solo busque satisfacer ambiciones del cliente. Lo que sucede es que la gente, la sociedad que es consultada, se ha vuelto desconfiada. No está obligada a contestar y si lo hace es probable que diga algo que no corresponda a la verdad. No es una situación atribuible a empresas dedicadas a medir la opinión pública, sino a políticos con actuaciones que han decepcionado a muchos.
Por eso, el medio o comunicador que ya da por hecho que el proceso está definido, corre el riesgo de equivocarse. Aunque de ser así, le echará la culpa a las empresas encuestadoras. Sin embargo, es obvio que su credibilidad perdería puntos, por descuidar el rigor periodístico y colocar a las encuestas por encima del voto ciudadano.
Tampoco es posible ganar una elección a “periodicazos” o con la reiterada declaración de que el “arroz ya se coció”,  por el margen de ventaja que se tiene en la mayoría de las encuestas.
La mayoría de las encuestas han desatinado en otros procesos electorales. Insisto, porque, el consultado se reserva su verdadera opinión.
Por supuesto, las empresas encuestadoras tienen la mejor excusa. Siempre han dicho y dirán que su medición es apenas una fotografía del periodo evaluado. Desconocen el futuro y el comportamiento que el mero día de la elección pueda tener cada una de las personas que vaya a las urnas.
Curioso, el que ahora va adelante en esas mediciones, cuando no le favorecían, se quejaba de que estaban “cuchareadas”. Tampoco los demás competidores las aceptan cuando les son adversas. Llegan al extremo de presumir que en sus propias encuestas llevan la ventaja, encuestas que nunca exhiben o exhiben las que patrocinan y les favorecen.
Es cierto que hay factores que pueden influir, como el hacer una campaña de 18 años, partidos divididos, cúpulas enfrentadas, mal gobierno, corrupción, impunidad, inseguridad, mentir, pretender engañar al elector, propuestas mágicas, pero definitivamente en este momento todavía no hay nada para nadie, porque no se ha realizado la votación.
Quizás el votante ya decidió a quien darle su apoyo, nada más que lo que cuenta para ganar una elección es el voto emitido. Y está en todo su derecho si en el último instante cambia de opinión.
Para no equivocarse, lo más seguro, es esperar a que la sociedad vaya a las urnas el domingo 1 de julio.

Quienes compiten por la presidencia de la República en México acordaron la realización de tres debates, pero solo dos son obligatorios, como lo establece el artículo 218 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.
Dicho artículo, en su fracción primera, dice:
“El Consejo General organizará dos debates obligatorios entre todos los candidatos a la Presidencia de la República y promoverá, a través de los consejos locales y distritales, la celebración de debates entre candidatos a senadores y diputados federales”.
La obligación es para Instituto Nacional Electoral (INE) que organiza.
Sobreviven cuatro en el proceso electoral y hasta ahora, los cuatro han participado en los dos primeros debates presidenciales.
Alguno de los cuatro, por estrategia, pudiera decidir en el último momento no acudir al tercero.
Existe el antecedente de que en el 2006 Andrés Manuel López Obrador no acudió a uno de los debates, porque creyó que ya tenía en triunfo en la bolsa y por ende no era necesario exponerse. Se equivocó. Perdió puntos al desperdiciar esa oportunidad de contrastar posiciones y perdió la elección.
La verdad, los debates no son lo suyo, no se ve que se esmere en prepararse. También tiene la desventaja de hablar lento, aunque lo podría subsanar con buenas propuestas y mejores argumentos.
En este 2018, en el primer debate, siguió al pie de la letra la instrucción de sus asesores de no responder a provocaciones, por lo que dejó interrogantes e imputaciones sin contestar. Nada favorable para quien se supone va a la cabeza en las encuestas. De esa manera no es posible que la sociedad pueda medir sus capacidades, sobre todos los indecisos, los que todavía no resuelven por quien votarán el próximo 1 de julio y que pueden marcar la diferencia en el resultado de la elección presidencial.
Para el segundo debate, salió al paso de los cuestionamientos, nada más que con chascarrillos. Y para como está el país, los chistes no son la mejor opción ante graves problemas. Evidencia que no tiene los recursos retóricos que deben caracterizar a un líder. Tampoco ha exhibido propuestas concretas y en su lugar ha insistido en frases gastadas.
Cierto que la ley no lo obliga a participar en el tercer debate que se realizará en el Gran Museo del Mundo Maya en Mérida, Yucatán, el 12 de junio, pero de no ir, las consecuencias se reflejarían el día de la elección. Y si va, esta vez tiene que dedicarle tiempo al entrenamiento, para que al menos su actuación sea decorosa. La soberbia es mala consejera y peor si cree que ya ganó.
Haría bien en recordar la fábula de la liebre y la tortuga. La liebre perdió la carrera en el último tramo, porque se durmió cuando creyó que la tortuga jamás la podría alcanzar y vencer.

El segundo debate electoral puede cambiar el panorama, dar un vuelco en las encuestas o estrechar la distancia entre el primero y segundo lugar. Cerrarse la competencia o cambiar de puntero si quien va adelante decide volver a dejar sin respuesta cuestionamientos que le hacen sus adversarios por planteamientos contradictorios o propuestas irrealizables.

Quien quiera ser presidente de México debe demostrar a sus seguidores y a quienes no lo son que está preparado para gobernar al país, pero no con quimeras. Es oportunidad para exhibir capacidades, razones por las que merece el voto.

Sería un error si solo va al debate, en términos beisboleros,  a ver pasar la pelota que le lanzan, por creer que ya no necesita pegar más hitsni más carreras en la pizarra, confiado en la ventaja que le dan encuestas. Las cifras de encuestas no son votos. El juego terminará una vez que caiga el último out; mientras tanto, existe la posibilidad de la voltereta.

Pecar de exceso de confianza o de soberbia, creer que el arroz ya se coció, tiene su riesgo. Todavía hay muchos mexicanos que están indecisos sobre el sentido de su voto y otro tanto considera la anulación del sufragio al no estar convencido por ninguno de los candidatos.

Resultado del primer debate, al ver sus evasivas, el puntero para nada dejó la impresión de que es el mejor. Cierto que hasta ahora sigue arriba en las encuestas, sin embargo, todavía falta la etapa final, la de votar en las urnas. Además, en procesos recientes, empresas encuestadoras han fallado en sus pronósticos. Nada garantiza que sus cifras se vayan a cumplir el próximo 1 de julio.

Hay tal efervescencia política en la sociedad que es probable que el abstencionismo sufra la peor derrota de su historia. La gente va a salir de sus casas a votar y lo ideal es que lo haga con pleno conocimiento de los competidores.

Quien lleva la delantera, por esa lucha por la presidencia que ya suma dos intentos fallidos, es un hecho que tiene un voto duro a su favor, que le perdona todo. Es un voto, comprobado en el 2006 y 2012, que no le alcanza para ganar.

De ahí la importancia que en el próximo debate, no repita la estrategia del primero. Hay demasiados electores indecisos, registrados en las mismas encuestas, que no han sido convencidos y que pueden darle la voltereta al marcador.

Para quienes todavía confían en las encuestas, porque la mayoría lo coloca con una amplia ventaja, no hay le menor duda de que Andrés Manuel López Obrador ganará las elecciones del 1 de julio. Puede ser. El único pero es que las más recientes encuestas electorales en México y en el mundo, no han sido certeras. A veces se olvida este detalle.
Si escuchamos y leemos lo que escriben quienes generalmente ven negativo todo lo que sea oficial o tenga sello de gobierno, tampoco hay duda de que el próximo presidente será tabasqueño. Su percepción puede ser cuestionada por su reiterada parcialidad.
También si escuchamos y leemos a los que presumen de neutralidad, los puros, los inmaculados, todos los indicios apuntan a que AMLO ocupará la silla presidencial a partir del 1 de diciembre. Con la honestidad que presumen tendrían que aceptar que su análisis podría ser desatinado, no sería la primera vez. Son humanos y nadie es perfecto.
Si le pregunto a mi amigo Joaquín, con estudios universitarios, profesional de la contabilidad, está convencido y espera ese resultado. No es una posición que haya sido influenciada por las encuestas ni por los analistas. Desde hace 18 años tiene la esperanza de verlo triunfar. Le perdona todo a su candidato, hasta la incongruencias. Hay que decir que Joaquín nunca ha trabajado en el servicio público ni tampoco ha militado ni milita en los partidos del ahora morenista. Sin embargo, tiene claro que en una elección la última palabra es del votante. Y como en los dos anteriores procesos donde perdió su favorito, aceptaría tercer resultado adverso, no se cortaría las venas ni iría a bloquear Paseo de la Reforma. Tampoco le quitaría la correa al tigre. Seguiría en lo suyo, en su trabajo, empleado en la empresa privada. Igual la convivencia en su familia, con sus amigos. Sucedería lo mismo si ganara su candidato. No aspira a un cargo público ni espera un pago por su voto.
Mi amigo Mario está ansioso por conocer el resultado. Cree que ha llegado la hora del cambio, el momento de darle la oportunidad al tabasqueño, porque los otros ya lo desilusionaron. En sus mejores tiempos, simpatizó con el PRI. Después creyó en las promesas de Vicente Fox. Juzga que López Obrador es la opción ante la descomposición política que sufre el país. Ve a los otros mucho peor, inelegibles. Está animado como cuando vio lo que pasó en el 2000. Nada más que su esposa piensa todo lo contrario, no a votar por el morenista porque está en desacuerdo con que se les de dinero a quienes no hacen el mínimo esfuerzo por obtenerlo. Tampoco le gusta que divida al país entre ricos y pobres, como si todos los ricos fueron iguales o todos los pobres fueran iguales. Además, tiene amigas tabasqueñas que le dicen que en Tabasco no quieren a Andrés Manuel, por incendiario.
Mi amiga Laura, quien trabaja en el servicio público, está con cierto miedo porque teme que si gana el favorito de las encuestas, perderá su trabajo y el único ingreso para mantener su familia. Teme que si llegan los morenistas, corran a todos los que no son morenistas.
Yo digo que hay que esperar al 1 de julio. Sin duda, los tres debates, ya lo vimos en el primero, ayudarán a emitir un voto mejor informado.

Pedro estaba ansioso en espera del resultado que por la noche daría a conocer la autoridad electoral.
Era militante de uno de los partidos principales de la competencia. Día tras día, semana tras semana, mes a mes, su candidato había pregonado que todo iba bien. Triunfalismo. Pedro siempre le creyó. Estaba feliz. Daba por hecho que así sería.
Sonría, procuraba aumentar su círculo de amistades, imaginaba que vendrían mejores tiempos para sus aspiraciones laborales, porque tenía amigos que presumían la cercanía con integrantes del primer equipo del candidato.
Contagiado del optimismo exagerado de su candidato, la victoria era el único escenario que veía. Con encuestas que lo ubicaban en el primer sitio, aunque no todas.
Llegó el día de la elección. Se apersonó en el organismo electoral, convencido de que nada más era cosa de esperar y confirmar lo repetido todos los días por el abanderado de su partido. Para nada parecía nervioso. Por el contrario, tranquilidad y seguridad absoluta. Sonriente.
Pasaron las horas, la sociedad salió de sus casas a votar, los ciudadanos. Transcurrió el día. Llegaba la tarde. Corrían versiones en todos los sentidos. Por supuesto que Pedro solo admitía informes de conteos rápidos que favorecían a su candidato. Desatendía los diferentes. No tenía motivos para dudar lo escuchado durante toda la campaña.
Fe total en su partido y candidato.
Cada vez que nos topábamos en los pasillos de la institución electoral, su saludo con el mismo entusiasmo de la mañana.
Las mesas receptoras habían cerrado, empezaba la fase del conteo a cargo de los ciudadanos que ese día actuaron como funcionarios de casilla. Ansiedad por las cifras de la muestra programada por la autoridad electoral. El reloj se aproximaba a las once de la noche, la hora prevista para dar a conocer las tendencias en voz el presidente del instituto.
Pedro no perdía el optimismo, cuestión de esperar un tiempo más para empezar la celebración.
Vino el anuncio, terminaba la expectación. La ventaja no la tenía el candidato de Pedro.
Recuerdo que su rostro se desdibujo, perdió la sonrisa, no daba crédito a lo que acababa de escuchar.
Como le habían dicho que si quería tener información de primera mano y verificada, contactara a este reportero, se acercó para preguntar con dejo desilusionado: ¿Puede haber un error en el resultado?
Mi “no” inmediato lo fulminó. Dio la espalda y se marchó. Deprimido. Con la derrota sobre sus espaldas. Costo del triunfalismo.

Los debates inclinarán la balanza a favor o en contra de quienes compiten por la presidencia en México.

Como nunca antes marcarán la diferencia en el proceso electoral. Es la oportunidad de los que van en segundo o tercer lugar en las encuestas para darle alcance al puntero.

Por primera vez estarán los candidatos presidenciales en el mismo foro, al mismo tiempo, para medir capacidades. No será exactamente un campo de beisbol como pudiera imaginarlo ya saben quien, donde pueda pegar home run o cuadrangular, blanquear al adversario, colgarle nueve ceros, poncharlo con su bola rápida, pero sí un ring o cuadrilátero, propio para una batalla sin consideraciones. Puede ser de todos contra todos o la mayoría contra el que va adelante.

Se van a dar con todo. Una vez que suban al ring, recurrirán a todas las artes pugilísticas en pos no del cinturón del campeón, sino de la silla presidencial.

Quienes van en segundo y tercer lugar están obligados a subir al ring y hacer su mejor papel, dar sus mejores golpes, noquear o ganar por puntos de manera unánime. La estrategia del puntero puede ser esquivar los guantes de los adversarios, correr y no exponerse. Creer que esa manera lograría mantener el marcador a su favor. Sin embargo, podría equivocarse, correría el riesgo de perder seguidores que esperan verlo que luzca como presume.

El segundo y tercer lugar tampoco pueden ni deben subir al ring con medianías o tibiezas. Tendrán que llegar al debate con su mejor preparación y decididos a ganar. El empate no les sirve.

Por eso la importancia de los tres debates programados por el Instituto Nacional Electoral (INE). Sobre todo el primero. Quien lo gane es muy probable que repita la dosis en los siguientes. Es la oportunidad para que cambien las preferencias en las encuestas o se mantengan.

El momento ideal paga ganarse el voto de los electores, de los indecisos que hacen mayoría y esperan una señal, clara, cualitativa, para decidir a qué candidato apoyar el 1 de julio.

Quien pegue primero y noqueé, sumará simpatías entre los electores. Deberá probar en el ring que tiene los mejores proyectos para México, que cuenta con experiencia, que no le da vueltas a los temas de la corrupción, impunidad e inseguridad. Hablar con la verdad para hacer frente a cualquier acusación, ser congruente. Transparentarse. Quien mienta, evada o rehúya la temática medular, recibirá calificación negativa de los jueces, de los miles y millones de mexicanos que observarán y escucharán a los protagonistas del proceso presidencial.

Los debates representan la pelea del siglo por la presidencia y hay de aquel que no  se de cuenta de su dimensión y los desaproveche.

Antiguamente, cuando se comprobaba que una información era falsa, no se difundía. Se echaba al cesto de basura. Parecía muy atractiva para ser destacada en primera plana o en los principales espacios electrónicos, pero el medio, al descubrir que no era cierta, la excluía de inmediato. Ahora resulta que hasta una sección especial tienen los viernes en la televisión comercial.

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Es ético propagarlas o repetirlas aunque aclaren que se trata de “fake news”?. En español el término es bulo, que sería el más apropiado para utilizar en México. Si el objetivo es anularlas de esa manera, el efecto puede ser contrario, porque seguro hay quien de por hecho que al salir en la “tele” y replicar lo que muchas veces tiene origen en las redes sociales, convalida, confirma, el contenido de esa supuesta “noticia”.

Una sección especial en televisión para “fake news” es demasiado, es alimentar lo negativo, porque no todas esas informaciones alcanzan un nivel que obligue a desmentirlas. No todas generan confusión o pueden convertirse en una amenaza para la seguridad de la propia sociedad.

Antes se hablaba de rumor, era el término usual para llamar o calificar las informaciones que carecían de verosimilitud. Si el rumor era fuerte o crecía, alguien salía a decir que no era cierto y ahí quedaba todo. Entre los periodistas, otro de los términos usados era “volada”. Incluso al compañero que incurría en esa falta, era objeto de bromas con el comentario: “volaste o estás volando”. Entonces nadie se ocupaba en darle una sección especial a los rumores o a las “voladas”.

El rumor o “fake news” o bulo o “volada” no pueden ni deben tener una sección especial. Cuando surjan, es suficiente con que ningún medio serio las reproduzca. La gente ya está consciente de que en las redes sociales abundan las mentiras y ha empezado a no tomarlas en serio cuando descubre informaciones que no tienen sentido, sustento ni coherencia. Se caen por su propio peso.

Claro que hay expertos en crear “fake news”, bulos o “voladas”, con intenciones oscuras, para confundir o desacreditar famas. Los medios deberían esmerarse en no hacerles el juego y la llamada policía cibernética proceder para desactivar el foco de contaminación.

Un rumor, una “fake news” o una “volada” pueden tener consecuencias desagradables, indeseables. Alterar el orden o inducir a crear un ambiente adverso y hasta peligroso para la población. El antídoto es decir pronto que son informaciones falsas o rumores.

Darles un espacio determinado como lo hace el canal 2 en su noticiario estelar es hacerles el “caldo gordo”, como se dice cuando alguien lleva a cabo una acción que engrandece lo que no merece ser engrandecido.

Ojalá que los directivos de dicha empresa revaloren la conveniencia de ese espacio, porque hay una enorme distancia entre “las mangas del chaleco” que reproduce desaciertos o cosas chuscas de la vida cotidiana y las “fake news” que reproducen lo falso.

A ver ¿quién escupe primero? ¿Quién rebasa la raya?, pintada en el suelo por uno de los compañeros azuzadores. Y si ninguno de los dos fajadores escupía ni rebasaba la raya, ahí estaban los interesados en ver pelea gratis, sin medir consecuencias, para empujar el uno contra el otro. Pleito seguro. Tiempos de escuela primaria. Pleito de chamacos.

Recuerdo que no estuve exento de vivir una experiencia de ese tipo, en tercer año de primaria. Desde el salón empezaban a calentar el ambiente los azuzadores, con cualquier pretexto. Inventaban historias, sembraban odio e imponían la discordia. Alentaban a que las diferencias tenían que resolverse a la salida de la escuela. La pelea era ineludible. Tuvieras o no ánimo de entrarle a las trompadas. Los mismos que se decían amigos, lo provocaban.

No faltaba el grandulón que se encargaba de la organización. Divertido de ver pelear a sus compañeros. No existía ninguna justificación para darse de golpes. Calentaban el ambiente, por nada.

A pesar de mi resistencia, mía y del inventado adversario, con los empujones se desató el pleito. Moquete tras moquete, hasta que uno de los dos era vencido. El fluido de sangre por la nariz asustaba. Declaré que no seguiría más en el pleito y el pleito acababa. No había vencedor ni vencido. Supongo que simpatizaba al grandulón porque intervino para pegarle a mi contrincante y con unos cuantos golpes lo haría llorar.

Pelear por pelear, los pleitos de escuela, propiciados por azuzadores.

La política tiene su variable. En estos tiempos de competencia, en la disputa por la presidencia de la República, cuando reviven el dicho de que en la política y en el amor todo se vale, lo que ya no puede ni debe ser parte de la práctica, la sociedad es testigo de la podredumbre de competidores.

Lo que sea por desacreditar al de enfrente, con mentiras o verdades, no importa. El honor y el respeto se pisotean. A diferencia de la escuela donde no había un objetivo y el pleito era por satisfacer a unos cuantos desubicados, en este caso la meta es llegar a la silla presidencial, a la residencia oficial de Los Pinos. Hay reglas que a veces en la ambición desbordada se pasan por alto. Calientan el ambiente político. Alcanzan la incandescencia. El precio es mucho más caro. Lo hemos visto en México y en el mundo.

Riesgos mayores. En México el caso más reciente en la disputa por la presidencia de la República fue en 1994, cuando le quitaron la vida a Luis Donaldo Colosio en un acto de campaña en Tijuana. El ambiente político se calentó y surgió la escena indeseable.

Es evidente que el ambiente político se ha calentado y es urgente que el árbitro electoral empiece a sacar tarjetas, al menos la amarilla, antes de que pierda el control del juego.

El costo fue alto. El que Luis Carlos Ugalde decidiera decir que no había condiciones estadísticas para dar resultados del conteo rápido la noche del domingo 2 de julio de 2006, provocó una incertidumbre que ni el propio consejero del entonces presidente del IFE (ahora INE) se imaginó.

Noche de dudas, sospechas e indecisiones. No hubo resultados preliminares de la elección presidencial porque la diferencia entre el primero y segundo lugar era menor al uno por ciento.

Cifras recabadas por científicos contratados para obtener una muestra del conteo rápido, estaban en lo cierto. Había mínima ventaja para Felipe Calderón. Ugalde prefirió no correr riesgos y optó por no dar resultados. La elección quedó manchada para siempre. El precio lo pagó la sociedad.

La sospecha del fraude, por parte de la oposición, de los que perdieron, persiste hasta la fecha y nada los hará cambiar de opinión. Quizás al consejero presidente le faltó confiar más en el trabajo de los expertos o encontrar una mejor forma para informar de la tendencia del conteo. Son momentos cruciales los de la noche de la elección. El vocero electoral se juega el puesto por cualquier titubeo o imprecisión. Ugalde perdió el cargo.

Protestas, plantones, manifestaciones, petición del recuento voto por voto y el cierre del Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, expresiones de inconformidad en esa ocasión.

Era más cómodo para el derrotado echarle la culpa a las instituciones electorales de su fracaso que admitir errores de campaña, el desaire al apoyo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, rechazar a empresarios y a todos los que consideraba impuros. Su discurso enfocado a exterminar a la que llamó mafia del poder. Cero tolerancia.

Consecuencia de dividir al país entre buenos y malos, Andrés Manuel López Obrador perdió la elección por escaso margen. Esa experiencia que le restó votos, lo llevó a cambiar la estrategia para este 2018, nada más que se fue al otro extremo, a perdonar y recibir en su partido a todos, sin importar trayectorias desaseadas.

Sabe que si quiere ganar, debe de hacerlo con votos, no con protestas, marchas, plantones y cierre de calles. En el 2006 el que no se dieran resultados en la noche de la elección, contribuyó a crear un ambiento tenso e incierto, por varias semanas y meses.

Por eso el Instituto Nacional Electoral (INE) no se puede dar el lujo de no dar resultados la noche del próximo 1 de julio. Los métodos para dar información confiable, han mejorado. Hay certeza. La gente se quiere ir a dormir con el nombre de quien será el próximo presidente de México.

Puede ser normal que quien sea favorecido por las encuestas en un proceso electoral, con una ventaja considerable, sonría y sienta que ya tiene el triunfo en la bolsa. Sobre todo si conserva la ventaja por meses y no cambia de lugar ante la proximidad de la elección.

Sin embargo las encuestas están muy lejos de ser la última palabra en la contienda. Quizás ilusionen al que va adelante. Se mire al espejo como si ya tuviera la banda presidencial partiendo su pecho en diagonal, con traje y corbata impecables, sin arruga alguna.

Cabello peinado por estilista, maquillaje para disimular el paso de los años en el rostro, uñas recortadas por manicurista. Zapatos de charol negro con brillo deslumbrante.

La ilusión de ser. La ilusión que provocan las encuestas. Las que están y no están “cuchareadas”, como dice el que cree en ellas cuando lo dan como ganador y desconoce el porcentaje cuando le es adverso. Olvida lo que repiten los autores de que solo se trata de una fotografía, del estado de ánimo del que contesta cuando es consultado.

Esa ilusión que también hace olvidar que en los últimos años, procesos electorales no solo de México sino en otras partes del mundo, las encuestas han desatinado, equivocado. Prácticamente todas. Hay excepciones. La sociedad está consciente de esa realidad. Ejemplos sobran. Son una referencia nada confiable. Demasiados intereses en juego.

Por lo tanto, todavía no hay nada que celebrar y mucho menos son motivo para echar campanas a vuelo. Claro, siempre será preferible que las encuestas digan que uno lleva la delantera y no el de enfrente o adversario. Es ilusionante. Sabe a miel. No hay como ganar, aunque sea en encuestas. Hay que aceptar que la mayoría sigue un método científico y están vigiladas por el Instituto Nacional Electoral (INE). Tampoco son un invento. Es un hecho que la consulta se hizo, por teléfono, casa por casa, por facebook o por tuiter. Nada más que no hay garantía de que el consultado haya dicho la verdad y menos en estos tiempos en los que desgraciadamente prevalece la desconfianza. Lo que va a suceder el 1 de julio próximo solo el Dios de cada uno lo sabe, nadie más.

Hasta ahora y no hay necesidad de hacer encuestas para ello, hay dudas sobre quién merece el voto. No hay la certeza de quién es mejor ni quién es el menos malo. Entre ellos exhiben sus propios defectos. Se complica identificar la verdad. Hay muchas mentiras.

Ir a la cabeza en las encuestas no es concluyente ni revela que es el personaje más capaz, inteligente, con propuesta congruente, lógica, realista, sin ficciones, convencido y dispuesto a mejorar las condiciones de vida en su país.

Definitivamente, la única encuesta válida para ser presidente de México, será la del voto del 1 de julio.

Son personajes que tienen en el pasado militancia partidista. Creyeron en sus respectivos partidos hasta que dejaron de satisfacer las aspiraciones e intereses personales de cada uno. Por supuesto, ellos defienden la congruencia de su comportamiento al tomar otro camino, quitarse la camiseta amarilla, azul o roja al descubrir que las organizaciones habían hecho a un lado principios y valores democráticos.

Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” militaba en el PRI, Margarita Zavala Gómez del Campo en el PAN y Armando Ríos Piter “El Jaguar” en el PRD. Contra los pronósticos, a pesar de las dificultades para recabar firmas, han rebasado la cifra exigida por el Instituto Nacional Electoral para obtener la candidatura presidencial.

Sin embargo, todavía está pendiente que el INE revise la autenticidad de las firmas, la estrategia que utilizaron y los gastos de operación.

Por la cantidad de firmas que alcanzaron en la recta final del plazo convenido, contra las estimaciones matemáticas y de logística, por el reto de lograr el 1 por ciento del listado nominal en al menos 17 entidades, el INE deberá de escudriñar su actuación y apego a las reglas, para evitar suspicacias.

Cualquier captación irregular de firmas, iría en detrimento de sus aspiraciones y planes para la elección de julio. Hay que esperar a ver que encuentra el instituto en la revisión. Saber si pasaron la prueba, porque no era nada sencillo, estaba complicado. Exceso en requisitos. Criterios que en aras de la equidad, tendrían que ser ajustados por el  poder legislativo.

Es indiscutible que los independientes están en desventaja en relación con los partidos en la búsqueda del registro para candidatos a la presidencia de la República. La estructura partidista hace la diferencia. Los partidos tienen más recursos económicos y humanos. Lógico. Es lo que perdieron quienes decidieron renunciar a la militancia.

Además, la desventaja se acentuó, porque mientras los aspirantes de los partidos lograron amplia difusión en los medios en tiempos oficiales, los independientes estuvieron ocupados en la recolección de firmas, con escasa presencia mediática nacional.

Por lo tanto, el conocimiento que tiene la sociedad en el país de los independientes, es mínima comparada con los precandidatos de los partidos. Las controvertidas encuestas colocan a los independientes muy lejos de los primeros lugares en las preferencias.

En esas condiciones, en tanto no se inyecte equidad a las reglas, los independientes seguirán en desventaja. El piso no está parejo.

Digan lo que digan las encuestas, la elección presidencial de julio no está resuelta. Hay quienes ya han repartido el pastel. Las posiciones de gabinete. El puntero parece inalcanzable. Sin embargo, como aficionado al beisbol, sabe muy bien que no se puede ni debe cantar victoria en tanto no caiga el último “out” del juego.

Todavía, como dicen en el argot beisbolero, ni siquiera es juego legal de cuatro entradas y media. No ha caído ni la primera entrada, porque oficialmente las campañas no han empezado. Falta terminar la etapa de precampañas. Así que, en este momento, no hay nada para nadie. Recuerden que la séptima entrada es la llamada fatídica, cuando despierta la batería de alguno de los equipos o da señales de cansancio el brazo del lanzador que tiene ventaja en la pizarra. Más vale que el público no se salga del parque o estadio, porque el juego no ha empezado. Hay afinación de estrategias, cambios de bando, envío de señales equivocadas, recriminaciones, refuerzos inesperados y reafirmación de lealtades.

Una vez que concluya la precampaña, estarán definidas las posiciones para el arranque de la campaña. Todo indica que el actual puntero, se mantendrá en el mismo sitio. Lo que faltaría por definir, sería el segundo lugar, con la misión de darle alcance al primero y vencerlo. No es tarea sencilla ni fácil, pero hay que observar lo siguiente, la coincidencia que existe entre las dos coaliciones que quieren recuperar terreno en la competencia.

Ambas rechazan al que ya fue vencido en dos ocasiones, en el 2006 y en el 2012. En el 2006 por una mínima diferencia  (.56 %) con Felipe Calderón. En el 2012, por un margen mayor (6.5 %) con Enrique Peña Nieto. Ninguno de los dos bloques y todos los intereses que representan, políticos, sociales y económicos, desean ver sentado en la silla presidencial a Andrés Manuel López Obrador. El principal temor es cobro de cuentas, la revancha.

Para ellos la prioridad es que no llegue el tabasqueño. Estarían dispuestos a sumar fuerzas para impedirlo. ¿Cómo? El que termine en segundo lugar en la precampaña, contaría con el apoyo de la otra coalición. Lo que se conoce como el voto útil. Si sumas el porcentaje de preferencias de los partidos que integran las dos coaliciones, sería suficiente para conseguir el objetivo.

Lo que te digo no es que en automático todos los militantes y simpatizantes de seis partidos vayan a votar por un mismo candidato. No. Tampoco sería una acción obvia y burda. Respondería a una estrategia debidamente estudiada y calculada, en la que no tienen cabida ni dudas ni errores, porque el más mínimo error, abriría las puertas al escenario que no desean.

El juego de beisbol es de nueve entradas, aquí no habría entradas extras o “extrainings”, porque en México no existe segunda vuelta electoral. Por eso está en marcha la estrategia contra el puntero.

El Instituto Nacional Electoral (INE) sospecha que algo no está bien en la recolección de firmas de aspirantes a candidatos “independientes”. Hay indicios de que han utilizado identificaciones irregulares para tratar de engañar a la autoridad y obtener el registro.

Hasta ahora, por lo que el mismo INE ha revelado, es entre quienes quieren ser candidatos a diputados donde han encontrado evidencias. Por eso la denuncia para que intervenga la FEPADE.

En el caso de los que ansían la candidatura presidencial, la sospecha nace a partir de que repunta la recolección de firmas, muy por arriba del ritmo mantenido en semanas anteriores.

Por hacer una analogía, vamos a suponer que un atleta en la carrera de 5 mil metros planos, mantiene el ritmo y la velocidad en la mayor parte de la competencia para conservar el segundo o primer lugar del grupo. Cuando faltan 100 metros para la meta, duplica o triplica su velocidad, sin ningún asomo de cansancio. Gana por amplio margen. Sería explicable si en esos últimos metros se hubiera puesto unos patines o subido a una bicicleta. De no ser así, despertaría dudas por el sorpresivo e inesperado cierre. Mínimo, ese competidor tendría que someterse a exámenes médicos para averiguar si usó o no algún estimulante prohibido. Sería anormal que en la recta final corriera como si apenas empezara o a una velocidad mucho mayor.

De acuerdo con estimaciones matemáticas, basadas en el ritmo y tiempo con que han venido recolectando firmas, prácticamente era imposible que alguno cumpliera con las cifras.

Sin embargo, Jaime Rodríguez “El Bronco”, Margarita Zavala y Armando Ríos Piter, en una o dos semanas, han tenido cierre impresionante, para alcanzar con anticipación, mucho antes del vencimiento del plazo, las cifras exigidas por la autoridad electoral.

Puede ser que sus equipos hayan encontrado la fórmula para acelerar y multiplicar la recolección de firmas, nada más que esa facilidad llama la atención por el corto tiempo para lograrlo, en contra de cálculos que advertían lo complicado de llegar a la meta.

Uno de los competidores, rezagado en cifras, Pedro Ferris de Con, alertó y presentó queja, porque pudo comprobar que había venta de firmas o forma para incrementar la recopilación. Corresponderá a la autoridad indagar si hubo irregularidades.

El que los participantes pregonen que consiguieron las cifras, no hace oficial la inscripción en la boleta presidencial. Falta que el INE se cerciore que cumplieron con las disposiciones legales.

                                                                                                  

Por los plazos cortos y la complejidad de reglas para los “independientes”, todo indica que en la boleta presidencial del 1 de julio próximo solo aparecerán tres nombres: José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador.

Cálculos matemáticos prácticamente descartan que vaya a participar alguno de los aspirantes “independientes”.

Los requisitos, lo he dicho desde que se definieron las reglas, excesivos. Imposible cumplirlos en el plazo fijado por la ley. El poder legislativo tendrá que tomar nota y flexibilizar disposiciones, inyectarles equidad, porque en el presente, colocan en desventaja a quienes compiten al margen de los partidos.

Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, gobernador de Nuevo León con licencia, es quien más cerca está de las cifras exigidas por las normas y el Instituto Nacional Electoral (INE). Ha superado el monto global de firmas, pero todavía no cubre lo que la autoridad llama “cumplimiento de dispersión”, el 1 % del listado nominal en al menos 17 estados. Pareciera trámite menor, pero no lo es, no hay “independiente” que tenga estructura para conseguirlo.

De acuerdo con el conteo que lleva el INE, hasta la primera semana de enero, “El Bronco” únicamente tiene las firmas que pide la ley en cinco estados. Le faltan 12 más. En la mayoría está por abajo del 50 % del cumplimiento. En la CDMX tiene el 89.48 %, Coahuila 79.7 %, Oaxaca 79.6 %, Durango 53.25 % y Tlaxcala 52.22 %. Y que conste que se trata de quien hace unas semanas todavía estaba en funciones en el segundo estado más importante del país, lo que de alguna manera le ha ayudado a tener equipo y sumar firmas.

La perspectiva para el gobernador, ahora con licencia, es desalentadora, porque el plazo para dar cumplimiento a los requisitos vence el 19 de febrero. No se ve cómo pueda reunir las firmas en entidades donde su trayectoria es poco conocida o desconocida. Tiene escasa difusión en los medios y en mucho ha contribuido el propio Jaime Rodríguez, por desplantes hacia la prensa, tenga o no razón. Lo peor que le puede pasar a un político es pelearse con los que deberían de difundir sus acciones y discurso.

Mientras Jaime anda apresurado en juntar firmas, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, están ya ocupados en lo que se denomina “precampaña”. Así que en el supuesto, lo que es muy remoto, de que consiguiera el derecho a que su nombre se incluya en la boleta, escasas o nulas serían las posibilidades de competirle a la tercia que tiene el respaldo de coaliciones partidistas.

Margarita Zavala también ya consiguió superar la cifra de 866 mil 593 firmas, hasta ahora por una mínima cantidad.

El 1 % del listado nominal en los estados, lo tiene en Aguascalientes, Campeche, Colima, Oaxaca y Chiapas.

Al igual que Jaime, le faltan 12 entidades. En la mayoría va por abajo del 50 % del cumplimiento. Ni la ayuda de su esposo, ex presidente de la República, le ha permitido estar más cerca de la meta.

Hay que agregar el tema de fiscalización, porque de faltar precisión y claridad, de existir irregularidades, estarían descalificados.

Respecto a los otros “independientes” (se inscribieron 48), están fuera de toda posibilidad de aparecer en la boleta.

Por todo ello, por cálculos matemáticos, por el grado de dificultad que tienen las normas y el poco tiempo para alcanzar las cifras, casi es un hecho que en la boleta no aparecerá ningún “independiente”.

El voto está deprimido, confundido, desencantado, todavía no tiene claro cuál de los aspirantes a la presidencia de la República es el mejor para México. En otros tiempos, a estas alturas, el ciudadan@ ya había decidido que nombre marcar en la boleta electoral. Esta vez no. Esperará hasta el último momento. Le tomará más tiempo la evaluación. Requiere más elementos y conocimiento de cada uno de los participantes. Ansía la verdad, no más ofrecimientos incumplibles ni historias de héroes inexistentes.

No hay candidatos perfectos. Todos con aciertos y desaciertos, virtudes y defectos. Son humanos. Ninguno puede presumir que va a terminar con los problemas nacionales una vez instalado en la residencia oficial de Los Pinos. No hay sorpresas entre los aspirantes. Personajes conocidos, con historia, con experiencia de gobierno. Los hechos hablan por cada uno.

Decir que hasta este momento prevalece la indecisión, de ninguna manera significa desconocimiento de la sociedad. Por supuesto que sabe de su pasado y presente. Por eso la duda. Los tres debates programados, pueden ayudar a identificar a la mejor carta para el país. También lo que hagan u ofrezcan en los siguientes seis meses, haría la diferencia.

Orientaciones de articulistas, columnistas, analistas, críticos, spots musicales, dominio de idiomas, encuestas, imputaciones infundadas o ciertas, en poco o nada cambian la percepción. Es la misma película. Los protagonistas son los mismos o vienen de la misma escuela. Quienes leen periódicos, revisan portales, consultan redes sociales, escuchan noticias o ven informativos en televisión, concluyen que prácticas y discursos no han cambiado, yo soy el bueno y el de enfrente representa todo lo malo. Van a los extremos.

En estos tiempos no es posible ocultar intereses que representan los involucrados en el proceso, todos. En un sentido o en otro, a favor o en contra, la historia se repite. Los que apoyan al gobierno están identificados y los que hablan para reprobarlo, también. En estas condiciones, es muy difícil que alguno sea referencia para tomar una decisión sobre el voto.

Por supuesto que lo ideal es votar por el que va a mejorar la calidad de vida de la población, por el que va a mejorar la seguridad, por el que va a mejorar la economía, combatir la corrupción y la impunidad. No es fácil ubicar al que lo puede hacer. Hay demasiada información que confunde.

La pregunta que va y viene, sin encontrar respuesta inmediata: ¿Por quién votar en las próximas elecciones?

Ojala que los meses que faltan para el día de la elección presidencial sean suficientes para que no te equivoques y votes por el más razonable. Está claro que nadie nos puede llevar a un paraíso.

En la elección presidencial del 2018, la gente que va determinar el resultado, votará por el candidato, el que tenga mejor perfil y más le haya convencido con sus planes y equipo de gobierno.

Hay tal decepción por el trabajo que han realizado los partidos, ninguno se salva, que la mirada está puesta, desde ahora, en los aspirantes José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador. En su momento también será incluido Jaime Rodríguez Calderón, actual gobernador de Nuevo León, porque todo indica que cumplirá los requisitos que exige el Instituto Nacional Electoral para ser nominado como independiente.

Los partidos, cierto, tienen su voto duro, los militantes o simpatizantes que traen tatuada la camiseta. En las buenas o en las malas, sin regatear el apoyo, plena identificación.

Sin embargo, no es suficiente para ganar las presidencia, por eso el esmero de todos por participar coaligados, para llegar a las elecciones de julio con una base de votantes conquistada. Estos podemos decir que ya los tienen en la bolsa, a su favor, pero tampoco suman los necesarios para dar por hecho desde ahora que el proceso está resuelto.

El que esta vez el PAN y PRD vayan juntos, segunda y tercera fuerza, acompañados de Movimiento Ciudadano, no anticipa ni garantiza el triunfo. No hay que perder de vista que en las elecciones presidenciales del 2006 y 2012 el  PRD tuvo como candidato a López Obrador y ahora éste va por otro lado con Morena, PT y Encuentro Social.

Hay matices en la competencia del 2018 que estrictamente no se puede comparar con lo sucedido en 2006 y 2012. El mismo hecho de que quienes antes eran adversarios, ahora vayan de la mano, no es un ingrediente que despierte simpatías en la sociedad, porque solo exhibe ambición desmedida por el poder. El deseo de ganar por ganar, como sea.

Los partidos se han ganado a pulso el rechazo de mucha gente. Están reprobados, descalificados. Han entrado en un juego que lo mismo les da participar coaligados izquierdas y derechas que liberales y conservadores. Su esencia los hace iguales, ven en primer lugar por sus intereses.

Por eso es que la mirada de la sociedad va a estar en los candidatos y no en los partidos.

De cada uno de los candidatos se analizarán antecedentes, experiencia, cualidades, congruencia, resultados en los cargos desempeñados. Para el 2018, la diferencia la hacen los candidatos, los partidos han caído en lo mismo, en el descrédito e incumplimiento de sus ofrecimientos.

 

A Lorenzo Córdova, en su calidad de presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), le tocará dar a conocer al ganador de la elección presidencial el próximo año. Y a Janine Madeline Otálora Malassis, presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), calificar la elección y declarar presidente electo al triunfador.

Ni uno de los dos la tiene fácil. El INE con la responsabilidad de organizar la elección y contar los votos, asegurarse de que nada ni nadie altere o descarrile el proceso. El tribunal, revisar todas las impugnaciones que lleguen a su sala superior, desahogarlas y determinar si hubo o no irregularidades como para invalidar la contienda.

Por lo competida de la batalla política, donde las cifras pueden cerrarse como sucedió en la elección del 2006 e incluso a una menor diferencia entre el primero y segundo lugar, el panorama para Janine tiene nubarrones. Habría presiones lógicas derivadas por una competencia de ese tipo, sobre todo cuando el derrotado se resiste a reconocer al resultado.

Ya sucedió en el 2006, momentos tensos vivió el tribunal, estuvo muy cerca de anular la elección. En ese entonces el presidente de la sala superior era el magistrado Leonel Castillo González. Hubo dos proyectos, uno que avalaba el proceso y otro que lo descalificaba. Entre los hechos graves estuvo la intromisión de Vicente Fox en el proceso y así está consignado en el expediente.

A pesar de las manifestaciones, protestas, cabildeos de uno y otro lado, los magistrados lograron sacar adelante la resolución, que por supuesto nunca convenció al perdedor.

Janine y sus compañeros integrantes de la sala superior, ya tuvieron sus primeras pruebas, las elecciones del estado de México y Coahuila. Sin embargo, ninguna de ellas se puede comparar con lo que representa la elección presidencial, está en juego el país.

La magistrada Janine Madeline Otálora Malassis es una mujer altamente preparada y con experiencia, por eso llegó con el voto de los distintos partidos a ser integrante de la sala superior por nueve años. Por lo mismo, sus compañeros la eligieron su presidenta.

Es abogada egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cuenta con doctorado en Ciencia Políticas por la Universidad de la Sorbone, titulada con mención honorífica. En lo laboral, sobresale su desempeño como coordinadora de asesores legislativos del Senado Francés. Tiene la experiencia, antes de llegar a la sala superior, de haber presidido la sala regional del tribunal federal electoral en la Ciudad de México.

Sus cualidades están a la vista, con un perfil como para estar a la altura del proceso y aguantar las presiones del 2018. Solo tiene que asegurarse de una cosa: cumplir y hacer cumplir la ley.

El gobierno de coalición ya está en la puerta de México, por necesidad o por inercia de una sociedad plural, va a llegar. No hay partido o candidato con la suficiente fuerza para no depender de nadie.

Indicio claro es el empeño de partidos por competir en las elecciones del 2018, aliados con otras organizaciones, indispensable para ganar. En lo individual o solos, no alcanza para sumar la mayoría de votos. La coalición es obligada en esta parte del proceso.

Sin embargo, esa coalición tendría que ir más allá, no nada más crearse para las elecciones, sino también para gobernar, con la integración de un gabinete plural y la responsabilidad compartida con el poder legislativo, como lo ha propuesto Manlio Fabio Beltrones, uno de sus principales promotores.

De otra manera, quien resulte ganador de la elección presidencial, va a tropezarse en la búsqueda de acuerdos. Ya no bastará con un pacto como se hizo al inicio de la presente administración, que careció del andamiaje legal para evitar deserciones cuando se complicó el ejercicio de gobierno. Los firmantes del pacto optaron por la evasión en vez de hacerle frente a los retos, juntos. Abandonaron al partido gobernante.

Por eso, a partir del 2018, el gobierno debe de ser compartido, con gabinete plural, calificado y avalado por el legislativo. Existe el sustento constitucional para hacerlo, falta la ley secundaria. Sería acierto de cada uno de los candidatos presidenciales, considerar esta opción. La responsabilidad tiene que compartirse, el país lo requiere, lo exige la realidad nacional.

Es muy repetido el dicho de que el poder no se comparte, pero aquí lo fundamental es México, no el poder por el poder. Quien todavía crea que el poder es absoluto, que observe y tome en cuenta el descontento social en el mundo. Las decisiones unipersonales, sin consenso, rebotan, en perjuicio de la armonía, la democracia y calidad de vida.

Por eso, hasta el aspirante presidencial que presume de ir adelante en las encuestas, trabaja en la integración de un equipo incluyente. Lo único que le falta entender y aceptar es que no todas sus ideas son correctas. Se va a equivocar si pretende imponerlas o si aparentemente cede en la etapa electoral, porque le conviene para ganar votos.

De ahí la importancia de que el gobierno de coalición esté definido en ley secundaria, con responsabilidad compartida. Tiene que ser un hecho, no una simulación. Hay señales y condiciones para hacerla. Otro de los aspirantes presidenciales tiene el apoyo de un partido, sin ser militante. Eso ayuda. Deja ver que dicho partido está abierto a la participación plural y que entiende la importancia de sumar al ciudadano apartidista, deseoso de servir a su país.

Cualquiera puede tener un teléfono que tome fotos o grabe videos, pero no cualquiera puede ser periodista. El simple hecho de cargar esa pequeña computadora de mano que va más allá de ser un simple aparato para comunicarse de manera inalámbrica con otra persona, de ninguna manera convierte al usuario en profesional del periodismo ni es garantía de fuente fidedigna.

Por muy respetable y honorable que sea el ciudadano común, no se hace periodista o reportero al grabar o tomar fotos de situaciones que pueden ser de interés para los medios. Es en mi opinión un desatino llevar a cabo campañas para promover esa falacia en televidentes, radioescuchas, lectores de diarios o seguidores de redes sociales.

Los periodistas no se hacen “al vapor”, requieren escuela, estudios, conocimientos, para valorar la información, contar con antecedentes del hecho, investigar, identificar el lugar, tomar en cuenta el contexto, la ubicación, reacción, expresiones de los personajes y verificar.

Mal por los medios que sin tener todos los elementos del origen de la foto o video, la validan y difunden como una verdad. El riesgo es que pudiera ser trucada, simulada o provocada.

Vamos a suponer, por ejemplo, que el ciudadano detesta a determinado personaje. Lo encuentra en un evento o lugar público, lo insulta y hasta le recuerda el 10 de mayo. Si el personaje es irascible o no tiene la piel de elefante, es muy probable que reaccione ante la agresión. Entonces el que trae el teléfono empieza a grabar y ya tiene su “exclusiva”. Después, edita, quita la parte que pudiera exhibirlo como provocador y sube a redes el video (parcial y sin ningún rigor ético) o lo envía a un medio. Lo grave es que el medio, también sin ética, propague la versión como si fuera auténtica.

Te cuento esto porque ya viene la guerra sucia en la competencia por la presidencia de la República. Se espera que la elección presidencial del 2018 sea la más disputada en la historia de México.

Los medios van a requerir actuar con filtros éticos, con rigor periodístico, para evitar difundir informaciones carentes de veracidad y que solo buscarán denigrar al adversario. El no tener cuidado en este sentido, puede traer consecuencias en la credibilidad del difusor.

Además, la sociedad, los electores, ya tienen experiencia con estos episodios y muchos van a saber distinguir entre lo real y ficticio. Se van a dar cuenta cuando una información es producto de la manipulación.

Ojalá se procure y proteja credibilidad.

Ante un escenario complejo, tenso, intenso y rudo en la batalla por la presidencia de la República en el 2018, los debates anunciados por el Instituto Nacional Electoral (INE) pueden jugar un papel decisivo en el ánimo de los electores, para decidir por quién van a votar.

Dependerá del formato que la autoridad electoral determine para llevarlos a cabo. Ya se habla de que serán mucho más flexibles que los anteriores, acartonados y en ocasiones hasta aburridos. Sería ideal que el debate fuera entre dos, porque cuando es entre tres o entre cuatro o más, se dispersa.

Ocurre que si es entre cuatro, tres se lanzan contra el que consideran favorito, para tratar de reducir sus expectativas. O se da una batalla de dos contra dos. O todos contra todos.

Pareciera que el año siguiente solo habrá tres candidatos compitiendo por la presidencia, debido a las alianzas que preparan los partidos. No veo llegar a ningún independiente, por la dificultad para alcanzar el número de firmas de apoyo exigidos en al menos 17 entidades. Por cierto, haría bien el INE en informar como van los aspirantes presidenciales en los estados, porque es probable que algunos se hayan concentrado en determinados lugares, donde suponen son más conocidos, y  desentendidos de la mayoría.

En el supuesto de que el escenario sea de tres candidatos, o hasta de cuatro, puede ser posible debatir de dos en dos candidatos, hasta que cada uno de ellos haya debatido con los otros tres. Es conveniente por la importancia de que la sociedad o los electores tengan una mejor medición de las capacidades de quienes compiten por la presidencia. México merece el Tête à tête o mano a mano, face to face, para que nadie se escabulla, agazape ni eluda responder cuestionamientos como lo podría hacer en un debate de tres, cuatro o más aspirantes. Vale la pena considerar la opción.

En cuanto a los moderadores, es acierto que vayan más allá de dar la palabra, leer preguntas e informar que el tiempo se ha terminado al orador. Positivo que puedan hacer observaciones, acotaciones cuando el candidato ignore o desatienda la pregunta o incluso diga una mentira.

Por eso la relevancia de la selección de los moderadores. ¿Qué les parece un hombre y una mujer para ir acorde con la equidad de género? Hay compañeros que pueden hacer muy bien este trabajo. Por ejemplo, Guadalupe Juárez con Sergio Sarmiento, respetuosos, agudos e incisivos para preguntar. Carlos Loret de Mola y Ana Francisca Vega, el primero impetuoso; la segunda, joven, inteligente y precisa. Joaquín López Dóriga y Maria Amparo Casar, los dos con muy amplia experiencia; Joaquín experto para hacer preguntas, María con dominio temático. René Franco y Denise Maerker; el primero conductor de programas de espectáculos, culto y conocedor de la política, veloz para identificar lo importante; Denise, titular del noticiero estelar de Televisa, solo tendría que evitar precipitación y no atropellar respuestas. Nicolás Alvarado y Karla Iberia Sánchez; el primero, muy culto y sabe preguntar; la segunda, experta reportera y ahora conductora; Pepe Cárdenas y Paola Rojas; Pepe, no hay duda de su agudeza y capacidad para hacer preguntas; Paola, cuidadosa de su trabajo. También el INE  puede invitar a Leonardo Curzio, Ricardo Rocha, Leo Zuckermann, Ciro Gómez Leyva, Javier Tello, Adriana Pérez Cañedo, Denise Dresser, Javier Alatorre, Jaime Guerrero, Francisco Zea, Óscar Mario Beteta y Carmen Aristegui. La lista de expertos es larga.

En el 2018 debemos ver y escuchar los mejores debates en la historia de México. La clave está en el formato.

La verdad, “independientes”, ni los de Cataluña. ¿Independientes de qué o de quién? En un mundo globalizado, comunicado, ya no se puede hablar de independencia. En el caso de Cataluña, me parece que sus habitantes lo que han querido es tomar distancia del gobierno de Mariano Rajoy, del que están seguramente decepcionados, pero no creo que su plan sea desconectarse del resto de los habitantes de España, de Europa o del  mundo. Lo que tiene a disgusto a las sociedades es el saldo de quienes han llegado al poder. No han conseguido mejorar la calidad de vida. Por lo contrario.

Los catalanes pronto se van a dar cuenta que esa independencia de la que hablan solo está en el papel, no en la vida cotidiana.

En México, los “independientes” dicen ser los que aspiran a cargos de representación popular. Puede ser a diputado, alcalde, senador, jefe de gobierno de la ciudad de México y presidente. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, independiente tiene varios significados. El primero es que “no tiene dependencia, que no depende de otro”. ¿Quién puede declararse independiente bajo esta premisa?. Nadie. Todos, de una u otra forma, dependen de alguien o de algo, para vivir o desarrollar cualquier actividad. El segundo significado es autónomo. ¿Quién realmente es autónomo en estos tiempos? No lo conozco. Ni el más rico del mundo es autónomo, porque para ser el más rico del mundo, ha necesitado y necesita de los demás. Tercera definición, que sostiene sus derechos y opiniones sin admitir intervención ajena. Tampoco existe la persona que esté al margen de su entorno, de sus lecturas y los medios. En el mundo globalizado, no existe el “independiente” auténtico, real.

En todo caso, hay que hablar del aspirante que no tiene ni simpatiza con partido alguno. En México, no perder de vista que hay quienes están interesados en competir en las elecciones del 2018 y tienen un pasado militante, sobre todo los más conocidos y sonados en los medios.

Aclarado que esa independencia es ahora, en mi análisis, solo ficción, pasamos al punto de la recolección de firmas para alcanzar el reconocimiento de candidato por parte del INE.

Esta vez me voy a referir a los que quieren la silla presidencial y el número de firmas que tienen que reunir para obtener el registro. En los términos de la ley, la autoridad electoral les ha pedido a cada uno 866 mil 593 firmas de apoyo de ciudadanos con credencial de elector, que deberán de recolectar en un plazo de 120 días. Para lograrlo tienen que sumar diario 7 mil 222 firmas. Nadie cuenta con la estructura humana para conseguirlo. Incluso, tengo mis dudas si entre todos, entre los 48 inscritos, pueden alcanzar dicha cifra.

En la primera semana, la que más firmas recolectó fue Margarita Zavala, pero muy, muy lejos del promedio diario que se requiere. Sumó 13 mil 33 cuando tenía que haber llegado a 50 mil 554 firmas. Haría bien el INE, en aras de la transparencia, como lo hace con su padrón y listado nominal en su página de internet, informar diario el número de firmas recolectadas, para evitar sorpresas o repuntes sospechosos. Dato relevante para electores.

Para la mayoría de los competidores, por no decir todos, alcanzar las 866 mil 593 firmas es prácticamente imposible, una ilusión, máxime que deben recolectar un porcentaje determinado por la misma ley electoral, en al menos 17 entidades de nuestro país.

En medios de comunicación ha sido práctica tratar de adivinar quién será el candidato a la presidencia de la República, sobre todo del PRI, porque es el partido que ha estado en el poder más de 70 años, como ningún otro en México. Para el proceso del próximo año, el tema no es la excepción. Hay competencia por descubrir y acertar en el nombre. Observación de indicios y señales. Descubrir quien está más cerca y en el ánimo del gran elector.

Cierto que en el caso del partido en el poder hay un gran elector, pero no es un individuo aislado o ajeno a su entorno. Como lo haría cualquier otro personaje en su lugar, hace consultas, escucha opiniones, valora, sopesa. No es una decisión simple y caprichosa, por eso, más de una vez, los medios se han equivocado y ahí está la historia para comprobarlo (Ver “La Decisión Presidencial”, de Roberto Casillas, quien fuera secretario particular de José López Portillo).

En procesos recientes de este partido, ¿qué no se daba por hecho que Manuel Camacho Solís sería candidato a la presidencia de la República? El mismo Camacho se comportaba como si ya todo estuviera decidido a su favor. No lo fue. Resultó elegido Luis Donaldo Colosio, secretario de Desarrollo Social. Los camachistas y su jefe de gobierno de la Ciudad de México, sufrieron, tardaron en digerir esa decisión.

Más atrás, Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, sentía que ya tenía en la bolsa la candidatura y hasta mantas con su nombre habían hecho sus seguidores, nada más en espera del anuncio oficial. Tampoco fue. La decisión favoreció a José López Portillo, entonces secretario de Hacienda.

También Manuel Bartlett, secretario de Gobernación en el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, supuso que era suya la nominación. Había comunicadores, articulistas, columnistas, que lo daban por hecho. Falló la adivinación. El “destapado” fue Carlos Salinas.

Es evidente que los medios han carecido de puntería. El gran elector ha sabido ocultar su decisión hasta el último momento. Luis Donaldo Colosio se enteró de su nominación horas próximas al pronunciamiento oficial. Semanas y días antes, solo sabía que estaba entre los posibles.

Así que los indicios no han sido claves para descubrir al “tapado”. En tanto no se haga el anuncio correspondiente, no pasan de especulaciones el citar a uno u otro personaje. En este momento, hay quienes concluyen que existe consenso. Juzgan la reforma estatutaria priísta destinada a su unción. Las ansias llegan a tal punto que hasta lo etiquetan y promueven como virtual nominado.

Solo el que espera y evita precipitaciones, no se equivoca ni se equivocará. Nada es hasta que es. Cada quien, por diversos intereses y análisis, da como candidato a su favorito.

¿Acertarán o volverán a equivocarse los adivinadores y lectores de señales?

La noche del 1 de julio de 2018 Lorenzo Córdova Vianello estará obligado a dar certeza al país sobre el resultado de la elección presidencial. No puede ni debe titubear o caer en imprecisiones, porque entonces pondría en riesgo la credibilidad del proceso electoral.

Sabe de la importancia y por eso, cada vez que puede, en eventos públicos, habla de la certeza la noche de la elección. Ese día, una vez que haya concluido la votación, la mirada de la sociedad estará enfocada en lo que haga y diga el presidente del INE.

Para nada es tarea menor, deberá de remontar cualquier asomo de nerviosismo, evitar o quitar la sudoración en el rostro. Cuidar el movimiento de manos y la nitidez de cada una de las palabras que pronuncie. Fijar la mirada en las cámaras. Aplomo y precisión.

Asegurarse de que los expertos en obtener los resultados preliminares, hagan trabajo pulcro y excelente. Sin duda alguna sobre la tendencia de las cifras y el nombre del candidato ganador. Quizás sea la prueba más complicada para Lorenzo, está en juego su puesto si falla. Haría bien en repasar los videos de sus antecesores, a partir de la alternancia en el 2000. Medido con la gesticulación, nada de sonrisas que puedan ser mal interpretadas. Serio, imperturbable. Desconectarse del lenguaje de los jefes indios.

Indispensable la escrupulosidad ante un proceso que se espera sea el más disputado en la historia de México. Los indicios son de que se va a cerrar la elección, entre los principales contendientes. El margen de error tendrá que reducirse a la mínima expresión. La sociedad, como ha sucedido en cada contienda presidencial, quiere irse a dormir con el nombre del ganador en su cabeza.

Es indiscutible que el maestro José Woldenberg, como presidente del Instituto Federal Electoral en el 2000, estuvo a la altura de la alternancia. Nadie cuestionó la noche del 2 de julio.

Su certeza desactivó cualquier intento de poner en duda el veredicto de la sociedad expresado a través del voto. Todos los partidos aceptaron el resultado. La alternancia en Los Pinos era un hecho, sin pleitos ni sobresaltos.

Seis años después tocó el turno a Luis Carlos Ugalde. Nadie quedó conforme con su actuación la noche del 2 de julio de 2006. En lugar de certeza, hubo incertidumbre. Historia ampliamente conocida que se dilucidó en la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

En el 2012, la noche de las obligadas certezas la vivió Leonardo Valdés Zurita. No tuvo ningún problema a la hora de dar cifras por la ventaja clara que logró el triunfador.

Para el 2018, el turno es de Lorenzo Córdova. Más le vale mantener los pies sobre la tierra y la fortaleza institucional para resistir cualquier tipo de presión. El menor titubeo, haría rodar su cabeza.

Para las elecciones presidenciales del 2018 hay dos elementos que pueden determinar el resultado de la elección; van de la mano para ganar el voto de los ciudadan@s.

Candidato y redes sociales.

El mejor perfil de quien aspira a la presidencia de la República, desenvuelto, capacitado, convincente, inteligente, congruente y honesto. Es cierto que nadie es perfecto, pero el saldo debe ser favorable. También es entendible que tenga en su expediente imputaciones que rayen en el infundio, práctica común de la política. Nadie está exento de acusaciones y habrá más para los que compitan en los comicios del próximo año.

Sin embargo, la sociedad, la gente, ya no se traga sin masticar todo lo que le dicen, en los medios, en conferencias, en los centros laborales, en los gimnasios, conversaciones de amigos y fiestas. Escucha primero, analiza y fija su propia posición, sin necesidad de divulgarla. Por eso el desatino de encuestas electorales, muchos mexicanos prefieren guardarse su opinión o expresar algo distinto de lo que realmente creen.

Hay una valoración de los que ya están anotados para participar en la contienda, porque la mayoría de ellos, ha tenido o tiene una responsabilidad de gobierno. Es sabido lo que han hecho, bueno y malo. No es un secreto de lo que son capaces y de lo que no son capaces. Hay quien vota por la mera simpatía que le inspira el candidato o por lealtad partidista. Los más, que están en el listado nominal del Instituto Nacional Electoral (INE), en espera de conocer a todos los competidores para el 2018.

Para ganar la elecciones, no es indispensable ser candidato de partido. Es cierto que el pertenecer a una organización partidista, da ventajas, porque de entrada, a diferencia de los independientes, no tiene que reunir un millón  de firmas para ser registrado. Además, el candidato de partido, cuenta con muchos más recursos y estructura en diversas ciudades del país. Puede dar por hecho a su favor el llamado “voto duro”. La desventaja es el descrédito que los mismos partidos tienen por el comportamiento de militantes en posiciones de poder.

La clave, en el caso de los partidos, para que su candidato remonte vicios y defectos, es que tenga un perfil de primera, con las características que ya les he mencionado, si quiere tener posibilidades de triunfo.

Con un candidato idóneo, de partido o independiente, en el supuesto de que esté limitado de recursos, tendrá a la mano las redes sociales, Facebook, Twitter y YouTube, de menos costo que los medios tradicionales, para darse a conocer y posicionarse. Con inteligencia, sin gastar mucho dinero, puede volverse competitivo y hasta ganar la presidencia.

Gobernar la Ciudad de México no es nada sencillo con alrededor de 9 millones de habitantes. Cada día que pasa se multiplican demandas y problemas. Los servicios son insuficientes. Hay obras favorables para la colectividad. Todavía por debajo de lo que requiere la anhelada calidad de vida. Persisten la inseguridad, la corrupción, la contaminación, las inundaciones, el desorden urbano, los congestionamientos, la falta de cultura cívica.

Viene otra vez la elección del nuevo jefe de gobierno y la oportunidad de la sociedad de escoger la mejor opción, el perfil capaz de vencer rezagos y combatir con eficacia vicios enraizados. Nada fácil, sobre todo, porque como sucede en la competencia por la presidencia de la República, es evidente el desgaste de partidos, de sus cuadros y equipos. Son los mismos, los que no han cumplido metas prometidas y quieren seguir en el poder.

En la Ciudad de México, desde que el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, ex priísta e hijo del general Lázaro Cárdenas y doña Amalia Solórzano, ganó las elecciones en 1997, el Partido de la Revolución Democrática ha mantenido el poder. El partido se ha debilitado con escisiones de líderes y militantes. El propio Cuauhtémoc decidió desprenderse de la organización, no del presupuesto público.

Lo curioso es que otro de sus ex dirigentes, Andrés Manuel López Obrador, se salió para formar nuevo partido, llamado Movimiento de Regeneración Nacional, integrado con militantes ex perredistas. Amenaza con “quitarle” la CDMX al PRD. Los mismos.

Claudia Sheinbaum, perfilada para ser la candidata morenista, a pesar del enojo de Ricardo Monreal, ha sido integrante del  gobierno de Andrés Manuel. Ha ocupado la secretaría de Medio Ambiente y triunfó en las elecciones del 2015 para ser titular en la delegación Tlalpan. Fundadora del Consejo Estudiantil Universitario. No es definitivamente una nueva opción. Si llegara a ganar los comicios, gobernaría con los que ya han gobernado, con ex perredistas.

Ante la avalancha que significa la corriente morenista, porque es evidente que ha crecido, ha surgido el Frente Ciudadano por México, integrado por el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano. Han sumado fuerzas. De ponerse de acuerdo y participar en coalición con un candidato o candidata, tendrían el voto duro suficiente para vencer a Sheinbaum. Sin embargo, tampoco ellos representan una nueva opción para la sociedad.

El PRI, que no ha logrado repuntar como quisiera en la Ciudad de México, carece de figuras para inquietar a sus adversarios. La idea que tuvo Don Jesús Salazar Toledano (QEPD), ex dirigente priísta en la CDMX, de nominar a un candidato de la sociedad, se perdió y desvaneció entre conflictos internos.

La novedad puede ser un candidato independiente. Ya está apuntado el empresario farmacéutico Xavier González Zirión.

Hasta ahora, para la Ciudad de México, encuestas electorales tienen como punteros a Morena y al frente ciudadano (PAN, PRD, MC).

Al gobernador de Tabasco Arturo Núñez Jiménez lo conozco desde que era director general del Instituto Federal Electoral en 1993. Después lo traté como diputado federal, más tarde como subsecretario de Gobernación y luego senador. Como gobernador, solo dos o tres veces hemos coincidido en reuniones o conferencias en la Ciudad de México. Político trabajador e inteligente, operador natural, conoce las entrañas del poder, del PRI y del PRD.

Dialogador, tranquilo y con la capacidad para saber defenderse, no es dejado, tampoco bronco. Conciliador, respetuoso de las instituciones. Hasta ahora, no le he escuchado ni he leído declaración suya en la que despotrique contra el presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Ha logrado el sueño del político, gobernar su estado natal. No lo consiguió como priísta sino como perredista.

37 años militó en el PRI, 11 años lleva en el PRD. En su carrera política ha ocupado cargos en los tres niveles de gobierno, municipal, estatal y federal. Es un político-político, paisano de Andrés Manuel López Obrador. Por supuesto que se conocen perfectamente.

Los dos con el colmillo retorcido, con raíces prístas. Andrés Manuel estuvo en el PRI 18 años, dirigió a los priístas de Tabasco en 1983. En 1988 se cambia de camiseta e ingresa al PRD. Fue dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática y jefe de gobierno en la Ciudad de México. Deja al PRD después de perder la segunda elección presidencial y crea su propio partido, Morena, que en el 2014 obtiene su registro.

Arturo y Andrés Manuel han convivido como priístas y perredistas. Ahora son adversarios. En las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, Andrés Manuel obtuvo miles de votos de sus paisanos. El sur ha sido uno de sus bastiones. Se ignora si lo seguirá siendo en el 2018, por la sencilla razón de que el gobernador no está de su lado. Arturo tiene la experiencia y el conocimiento para restarle seguidores en Tabasco a López Obrador, porque bien dice el dicho que para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo. Los dos nacieron en Tabasco y se formaron en el PRI.

La ventaja de Arturo es que está en el ejercicio del poder y sabe como ejercerlo. No pierdan de vista que su antecesor todavía paga la entrega de malas cuentas a los tabasqueños.

Andrés tiene la simpatía del paisanaje y seguro muchos volverán a darle su voto, pero todo indica que por debajo de las estimaciones optimistas de su equipo y las cifras de las dos pasadas elecciones presidenciales.

Hace más de un quinquenio que el morenista dejó de ser aliado y compañero de Arturo Núñez.

Cuando en el 2005 fue autorizado el voto de los mexicanos en el extranjero, la oposición, sobre todo la izquierda, hizo cuentas alegres porque llegó a considerar que podía determinar el resultado de una elección presidencial. Además, daba por hecho que eran votos seguros a su favor, en su mayoría, por el rechazo a lo oficial, al partido en el poder.

Esperaba que la gente fuera de inmediato a conocer el procedimiento para votar. Al menos el 10 % de  mexicanos en el extranjero, de un total de 12 millones, en cifras redondas.

Se equivocó la oposición, porque hasta ahora no se ha conseguido entusiasmar a los mexicanos en el extranjero para que acudan a votar en masa. Es cierto que desde suelo ajeno critican y gritan, pero cuando hay que demostrar el vigor cívico con el voto, prefieren ver pasar la oportunidad. Quizás porque ellos no viven en México, así que lo bueno o malo que se haga o deje de hacer, no repercute en su vida cotidiana, en sus planes a corto, mediano y largo plazo.

Por lo mismo, para las elecciones del 2018, no es el voto que van a buscar con mayor empeño los competidores, aunque deberían hacerlo. Encontrar la forma de atraer a esos votantes. Por supuesto que no es sencillo y menos cuando los comicios ya están próximos. Han dejado pasar los años sin llevar a cabo acciones concretas y eficaces para ganarse a ese electorado. Prefieren las giras esporádicas, en particular a los Estados Unidos, donde reside el 97 % de esos 12 millones de mexicanos que viven en el extranjero.

Las cifras de la elección presidencial del 2012 confirman el desinterés de las dos partes, tanto de los que están en el extranjero que prefieren no ir más allá de la crítica como de los partidos que pareciera están convencidos de que carecen de argumentos atractivos. También debe de contribuir a esta situación el descrédito que se han ganado los mismos partidos.

En la pasada elección presidencial, hace casi seis años, la participación electoral de mexicanos en el extranjero, en 91 países, apenas llegó a 40 mil. El .03 % de los 12 millones.

De acuerdo con cifras del instituto electoral, el PAN alcanzó 17 mil 169 votos. PRD, PT y Movimiento Ciudadano, integrantes de la coalición Movimiento Progresista, 15 mil 878 votos. PRI y PVEM, representantes de la coalición Compromiso por México, 6 mil 359 votos.

Por eso a estas alturas, cuando los partidos empiezan a levantar sus cartas y destapar a sus competidores, prácticamente nadie se ocupa de atraer a ese electorado.

El voto de mexicanos en el extranjero, no pinta.

Hay quienes al Partido Revolucionario Institucional (PRI) no le dan ninguna posibilidad de ganar las elecciones del 2018, salvo que participe aliado. Sobre todo después de ver lo que sucedió en la elección del estado de México, donde la cooperación del Verde Ecologista marcó diferencia.

Dan por hecho que existe hastío en la población suficiente para cercenar sus aspiraciones. Sin embargo, es el único que tiene la experiencia de haber perdido y recuperado la presidencia. Sigue en la competencia, con militantes y simpatizantes que tienen tatuada la camiseta, no van a dejar de votar por su partido.

Desahuciarlo es un error, no es de esos partidos que nada más compiten por conservar el registro y el financiamiento. Ha ejercido el poder por muchos años, sufrió al perderlo, celebró al recuperarlo. No se ve resignado a entregar la plaza por anticipado, digan lo que digan las encuestas.

Está en el campo de juego. Ha demostrado que sabe ganar. Como dicen los cronistas deportivos, mientras estés dentro del campo de juego, en analogía a un encuentro de futbol, siempre existiría la posibilidad de que puedas anotar el gol de la victoria.

Si estuvieras en la banca, en las gradas o en el exterior del estadio, imposible esperar meter gol y un resultado favorable. No es el caso del PRI. Está dentro del campo de juego, con ansias de preservar el poder.

Hay que admitir que puede lograrlo, porque conoce a sus adversarios, a cada aspirante, a cada partido. Sabe de sus fortalezas y debilidades. Uno por uno, de tu a tu, ha podido derrotarlos, en otras ocasiones. La complicación viene cuando forman alianza, frente, como sucedió en el 2000. Ganó el candidato del PAN aliado con varios partidos, además de contar con el llamado voto útil. El desencanto de la sociedad vino pronto porque no supieron llevar a cabo el cambio ofrecido. Todavía en el 2006 el PAN consiguió repetir. Segunda oportunidad que los panistas desperdiciaron. No hubo tercera, consecutiva. En dos sexenios derrocharon la confianza del electorado.

Otra vez hay movimiento opositor para participar con un frente el próximo año. Juntos,  están convencidos que pueden alcanzar la diferencia de votos para llegar a la residencia de Los Pinos. Lo malo es que ese frente es con los mismos. Los mismos del 2000, los que no cumplieron. Por eso hay quienes hablan de buscar candidato diferente, pero, ¿rodeado de los mismos?

Tampoco el competidor por Morena es nuevo. La baraja no ha cambiado. Entonces, en ese escenario, para la sociedad, hasta ahora, por lo que ha visto, no hay nuevas ofertas.

En esas condiciones, en ese contexto, el PRI puede volver a ganar, incluso, solo con el voto de sus fieles seguidores, si los contrarios no logran concretar su frente y el candidato de Morena se desinfla con sus propias palabras o silencios, como le ha sucedido en pasados procesos.

De cualquier manera, ante el pronóstico de cerrada competencia, el PRI buscaría reforzar su participación con fuerzas afines.

El retrato o fotografía es una imagen fija, capta el momento. Corre el riesgo de salir movida si el fotógrafo o el fotografiado se mueven. Fuera de foco si no se cuida la nitidez. Defectos que ni con el photoshot se corrigen. Con este recurso, cuando no hay fallas de origen, puede mejorarse a quien aparece en la foto, quitarle algunas arrugas, adelgazarlo, delinear el cuerpo y hasta eliminar otros elementos, oscurecer, aclarar y darle más color.

Sin embargo, el photoshot no engaña nadie, quien sabe de fotografía, incluso los que no saben, logran observar el ajuste técnico, salvo que sea demasiado fino o mínimo, cuidadoso para no caer en exageraciones. Mucho menos cambia la realidad, la esencia es inalterable.

Bajo estas consideraciones, paso a contarte la fotografía de la izquierda mexicana, la de hoy, no la y ayer ni la de mañana, la de este momento, sin alterarla con las ventajas de la computación, tal como se ve en este instante. Por supuesto, muy lejos de verse unida.

La izquierda en México está representada por los partidos Movimiento Regeneración Nacional (Morena), de la Revolución Democrática (PRD) y del Trabajo (PT). Tienen registro aprobado y reconocido por el Instituto Nacional Electoral (INE). Andrés Manuel López Obrador como virtual candidato del primero y tercero. Miguel Ángel Mancera como potencial candidato del segundo. Citados por perredistas Silvano Aureoles (gobernador de Michoacán) y Graco Ramírez (gobernador de Morelos).

Dentro de Morena la voz que decide, la que toma las principales decisiones, es la de Andrés Manuel. Él es la cabeza, el cuerpo, los brazos y las piernas. La organización política se mueve hacia donde indique su líder. Impensable que algún morenista pretenda disputarle la candidatura a la presidencia de la República. Nadie. Está resuelta la nominación. Nada más que Morena no representa a toda la izquierda, la que se hace llamar izquierda. Tampoco hay que olvidar el origen priísta del personaje. Primero fue priísta antes que izquierdista. Pasó y dirigió al PRD antes de crear su propio instituto político.

El Partido de la Revolución Democrática, fundado por ex priístas como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, está integrado por tribus, por grupos con intereses diferentes, que tienen, defienden y reclaman sus cuotas. Todos, con una parte del pastel. Con alto grado de dificultad para unirse. Lo que explica que haya llegado a tener hasta dirigente sin militancia, como fue el reciente caso de Agustín Basave.

Los petistas representan una fuerza disminuida, que a punto estuvo de perder su registro en las elecciones federales del 2015. Con serias dificultades para alcanzar el tres por ciento de la votación. No fue capaz de contribuir a la unión de la izquierda en la elección de gobernador del estado de México en este año. Más preocupada por conservar el financiamiento público que por la unidad de la izquierda. Adherida al proyecto de López Obrador, porque en este momento es lo que le conviene a sus intereses y patrimonio.

Cuauhtémoc Cárdenas es una izquierda sin partido.

El retrato revela división, cada grupo y personaje con su propia izquierda, una izquierda mexicana que nunca ha sido unida y no se ven señales de que se vaya a unir.

La apuesta de los partidos políticos chicos o pequeños para las elecciones del 2018 en México, en primer lugar, es por la conservación del registro.

Solos, en lo individual, puede volverse muy complicado mantenerlo, por la veleidad y desencanto del electorado; por eso, para ellos son convenientes las alianzas, igual que para los “grandes”

Ninguno de los pequeños tiene cuadros o militantes con posibilidades reales para llegar a la presidencia de la República. No hay un nombre con el perfil para ser considerado por la sociedad como opción. En los medios de comunicación no se cita a nadie.

Pareciera que lo único que les importa es lograr o superar el porcentaje de votación que exige la ley (3 %), indispensable para no perder el registro ni el financiamiento público.

Las condiciones del proceso, la probabilidad de que la competencia por la presidencia sea cerrada, con diferencia mínima entre el primero y segundo lugar, como sucedió en el 2006, representa una ventaja extra en sus planes para seguir dentro del presupuesto.

En una final de fotografía entre los “grandes”, los votos de los pequeños marcarían la diferencia. Por eso el interés de las principales fuerzas políticas por aliarse con uno o varios, porque  les ayudaría a ganar las elecciones, como recientemente ocurrió en el proceso del Estado de México.

Partidos chicos o pequeños se darían a desear. Apoyarían al que mejores condiciones les ofrezca, posiciones políticas, cargos en el poder ejecutivo o espacios en el legislativo.

Sin embargo, también tienen que ser cuidadosos al decidir con quien se la van a jugar en el 2018,  lo ideal para los pequeños sería unirse al que tenga más posibilidades de triunfo.

Cierto, con cualquiera de los cuatro “grandes” (PRI, PAN, PRD, Morena) conseguirían mantener el registro, pero no con cualquiera de los cuatro llegarían a la residencia oficial de Los Pinos.

Por lo pronto, el Partido del Trabajo (PT) que tiene en su historial la versión de que fue creado por Raúl Salinas, ya dio color y está dispuesto a respaldar la candidatura del partido Morena.

El PVEM, fundado por Jorge González Torres, estaría más cerca del PRI, como se vio en el estado de México.

Movimiento Ciudadano, antes Convergencia, tiene un líder (Dante Delgado) con la inteligencia para no exponer el registro de su partido. Esperará a conocer las ofertas de todos los posibles aliados.

Nueva Alianza, fundado con el apoyo de la profesora Elba Esther Gordillo, tiene ahora una dirigencia que se ve comprometida con el partido en el poder.

Encuentro Social también dio señales de sus afinidades en la elección del Estado de México y difícilmente las cambiaría.

Por lo tanto, queda claro que partido “grande” necesita alianzas para aumentar las posibilidades de ganar. Y partido pequeño que no haga alianzas, en lo individual, no tiene garantizado conservar el registro.

Acorde con la canción del momento, la que está de moda y es tocada en estaciones de radio, televisión, redes sociales y antros, hay partidos que han decidido ir “despacito, pasito a pasito, poquito a poquito…” para nominar a su candidato a la presidencia de la República.

Es cierto que dentro de sus filas hay ansiosos que presionan para que pronto haya definiciones, porque creen que están en este momento mejor posicionados y que esto les representa ventaja ante otros competidores o compañeros de la misma camiseta, pero los dirigentes prefieren todavía no exponer a quien va a competir en la elección del 2018.

Hasta ahora, está a la vista de todos, sólo un partido tiene resuelto quien será su candidato. Paga el precio de la anticipación. Tiene que aguantar embestidas de los adversarios, las desacreditaciones, imputaciones ciertas o falsas, que hacen mella en la imagen. Es real el desgaste, porque de tanto repetirse los ataques, algo o mucho queda en el ánimo de electores.

Hay quien podrá decir que por el contrario, el hecho de estar ya sobre la pista, en abierta campaña, le da ventaja y le hace ganar terreno, adelantarse para llegar primero a la meta. Sin embargo, la apreciación no es cierta, porque todavía no se da el banderazo de salida. El caballo puede cansarse o sufrir daño en el galope, por las trampas que adversarios le ponen en el camino. Si el anticiparse garantizara el triunfo, los demás tendrían que resignarse a la derrota. Por el contrario, solo están en espera de ser nominados para hacer su mejor carrera.

Además, el que cree que ya va muy adelante, ha perdido en dos ocasiones, en similares condiciones. No quiere decir que se avecina su tercera derrota. Tampoco es un hecho la victoria.

Por eso he escogido el tema que interpretan Luis Fonsi y Daddy Yankee para titular esta historia, porque el escenario que te platico, hay partidos que lo conocen muy bien y van pasito a pasito, poquito a poquito en la definición de su candidato a la presidencia.

No tienen prisa. Saben que si enseñan sus propuestas en este momento, significaría exponerlos anticipadamente a las críticas. Y lo peor, a la invención de historias, práctica usual en las redes sociales, para denostarlos. El deterioro puede ser demoledor en unas cuantas semanas. Esa es la importancia de tomar muy en cuenta los tiempos y cuidar a los aspirantes hasta donde sea posible, que lleguen completos a la línea de arranque, justo al disparo de salida.

Ese es el caso del PRI, PAN y PRD. También de algunos medianos y pequeños partidos políticos. Apresurarse los haría correr el riesgo de equivocarse. Prefieren ir despacito, pasito a pasito, poquito a poquito, para seleccionar al perfil que competirá por la presidencia el siguiente año.

Hasta ahora los medios de comunicación no han mejorado la cobertura del día de las elecciones electorales en México. Siguen el desgastado sistema de repetir lo que pregonan los partidos, sin verificar la información o asegurarse de que sean ciertos sus dichos.

Para nada es nuevo la práctica de los partidos de hacer pronunciamientos que no corresponden a la verdad y la creencia equivocada de que declararse triunfador significa ventaja o generar una imagen mediática de que las cifras les favorecen. De no ser así, estarían dadas las condiciones para denunciar fraude y poner en duda el resultado.

Con su desempeño, los medios contribuyen a esta situación. No es suficiente con argumentar que cumplen su misión de difundir lo que declaran los protagonistas, sea cierto o falso, porque entonces se pierde el objetivo de ofrecerle a sus lectores, radioescuchas o televidentes, información confiable, verídica.

Apenas cierran casillas, empiezan los triunfalistas, con sus propias cuentas que nadie se preocupa de verificar. Ni siquiera se sabe si en realidad existen. No exhiben ningún documento, ninguna gráfica, ningún estudio. Nada. Solo el dicho del que anuncia ser ganador. Hay quienes hablan que son cifras con base en datos de actas de escrutinio, que tampoco exhiben. Y cuando exhiben actas, no se ponen a la mano de los representantes de los medios. Aunque lo hicieran, no habría tiempo para revisarlas, porque en las redacciones urgen los resultados y no van a esperar a su reportero a que haga las sumas. Además, el conteo ha sido hecho por los ciudadanos, por los que actuaron como funcionarios de casillas. Conteo que ha sido impecable, en la mayoría de los casos, pero que los protagonistas de la competencia, sobre todo los que pierden, por estrategia, cuestionan.

Es el juego en el que caen los medios y parecen no darse cuenta. Lo hacen quizás amparados en su compromiso con la libertad de expresión, para no correr el riesgo de limitarla. Sin embargo, difundir mentiras no es libertad de expresión ni ayuda a la credibilidad de los medios.

Para el 2018 están programadas elecciones locales en 30 estados, además de los comicios federales en todo el país. La batalla por la presidencia de la República, por el Senado y la Cámara de Diputados. Estarán en juego más de tres mil 400 cargos. Es el reto de la cobertura para los medios.

No se sabe si tienen un equipo especial para llevar a cabo esa cobertura, al menos los más grandes o tradicionales (los modestos hacen un esfuerzo plausible con recursos limitados). No puede ni debe ser que se concreten a repetir lo que quieren los partidos o que el candidato de alguno de ellos haga “cortes informativos” cada hora la noche de las elecciones como si lo suyo fuera la verdad absoluta.

Están a tiempo los medios de planear su cobertura, para darle a la sociedad, calidad informativa, certeza.

Bien harán los magistrados y magistradas del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) en revisar la calificación de la elección presidencial del 2006, aprender de esa experiencia que puso a prueba a los integrantes de la sala superior, que por semanas, día y noche, sesionaron con el ruido generado por las protestas de quienes se instalaron en plantón afuera del edificio, desde que el expediente completo del proceso llegó a esa instancia.

El reclamo de los manifestantes y de su líder fue siempre, “voto por voto”, recuento de toda la elección, lo que nunca se hizo, porque jurídicamente era improcedente. No todas las casillas habían sido impugnadas. Hubo recuento sólo donde se justificó. Y al final, aumentó, aunque muy poco, la ventaja de quien había sido declarado ganador de la contienda.

Los magistrados resistieron presiones, actuaron con rigor al revisar y evaluar lo sucedido el domingo 2 de julio de 2006. El recuento de votos y ajuste de cifras no fue lo más complicado, sino el comportamiento de los protagonistas y su influencia en el proceso.

De acuerdo con los magistrados, lo que se puede leer en el expediente, la elección estuvo en riesgo por la hiperactividad del entonces presidente Vicente Fox, quien en diversas ocasiones, públicamente, mantuvo riñas verbales con el principal candidato de la oposición. Intensa como pocas veces se ha visto la campaña de que era “un peligro para México”.

La sala superior presidida por Leonel Castillo González procedió con firmeza, con seguridad, ninguno de sus actos o declaraciones cayó en el titubeo. Hablaron con su trabajo, no hubo precipitaciones, nada de posiciones anticipadas y mucho menos filtraciones.

El blindaje de los magistrados tan sólido como la fortaleza de su edificio sede, Inexpugnable, impenetrable. Los manifestantes no pasaron de la calle ni de la banqueta. Jamás intentaron brincarse la cerca. Quizás sabían que en el sótano del edificio había personal policial federal con la instrucción de resguardar a la institución electoral.

Espera larga y tensa para los competidores, la moneda parecía en el aire, por la escasa diferencia entre el primero y segundo lugar. No más de un punto. Había intranquilidad en los equipos de los candidatos. Nadie en esa etapa daba por hecho que el proceso estaba resuelto. Quien tenía la ventaja mínima, nada más tenía eso, esa raquítica ventaja. Faltaba el dictamen del órgano calificador para poder cantar victoria.

La actual presidenta del TEPJF, Janine Madeline Otálora Malassis, es un personaje con altas calificaciones académicas, pero a veces, no es suficiente para hacer frente a los grandes retos. Es indispensable saber comunicar con oportunidad y precisión. Ya se ha visto en los organismos electorales estatales lo que sucede cuando se carece de estas cualidades, las palabras y actos de la misma autoridad enredan o le siembran dudas al proceso. Más vale que los magistrados de la sala superior se tomen su tiempo para revisar la actuación de sus compañeros en el 2006 y perfeccionen su desempeño, porque la elección del año siguiente se ve venir muy agitada.

Joaquín es un profesionista que vive de su trabajo, seguidor de noticias, interesado en la política y en la competencia por la presidencia en México. Su empresa transnacional en la que labora ha decidido salir de la Ciudad de México e irse a Querétaro. Él hará lo mismo en las próximas semanas, a un estado gobernado por un partido distinto al de su preferencia. Lo bromeo y le digo que terminará por vestir la camiseta azul, en el supuesto de que la administración satisfaga a la población queretana.

Por lo pronto, nada ni nadie le quita de la cabeza el nombre de Andrés Manuel López Obrador.

De no ser porque conozco su trayectoria académica, diría que es el típico “pejezombi”, que sigue a ciegas al líder de Morena y virtual candidato de este partido en el 2018.

Las incongruencias, errores, el lenguaje populista, el disculpar a sus colaboradores que han pecado de corrupción y hasta las expresiones autoritarias, son defectos que no niega ni ignora.

Te cuento esta historia, porque cada vez que en alguna reunión de amigos coincidimos y se habla de política, su posición es invariable. Cualquier crítica u observación de los demás, la toma por el lado amable. Nunca lo he visto enojarse, ni incomodarse, mucho menos levantarse del asiento y abandonar la reunión. Por el contrario, su actitud es divertida, ríe. Sin apasionarse, comenta y reafirma sus afectos políticos.

Para Joaquín, por lo menos hasta ahora, no hay mejor candidato que el abanderado de Morena. Se le resbala lo que hablen mal de su favorito. Las comparaciones con el gobernante de Venezuela, lo tienen sin cuidado, no lo inquietan

Me sorprende el blindaje que le ha puesto a quien cree debe ser el próximo presidente de México, porque le perdona todo. A veces no ha faltado quien le ha preguntado si le pagan por asumir ese papel. Cuestionamiento que rechaza. Está como hipnotizado por un discurso mágico que ofrece resolver cualquier problema, del tamaño que sea. No es un  “pejezombi”, pero se comporta como si lo fuera.

Joaquín es especialista en contabilidad y finanzas. Le gusta leer, en particular de política. Es amplio su dominio de temas. Platica de la obra de cualquier escritor connotado, de economía, música, cine y deportes. Por supuesto, en política internacional, para nada acepta lo que hace Donald Trump. Es asiduo lector del portal de una revista semanal y de las redes sociales. Son sus principales fuentes de información, lo ha dicho.

 

Conoce y acepta las reglas electorales. Tiene claro que el voto manda. No está en sus planes cortarse las venas, tampoco rasgarse las vestiduras ni cerrar avenidas en caso de que el triunfador sea otro. Quizás por eso en las reuniones de amigos, respeta y es cordial con quienes difieren de su opinión.

Hasta ahora la transparencia no ha conseguido hacer de México un mejor país y mucho menos una caja de cristal. Las instituciones que velan por la transparencia han descuidado fomentar en la sociedad la cultura que haga rechazar de manera natural lo indebido y oscuro.

No se advierte que se promueva en las escuelas o entre los infantes, mucho menos en los medios, campañas que destaquen la importancia del comportamiento honesto y el manejo riguroso, limpio, justo y lícito de recursos económicos, ya sean públicos o privados.

La instituciones de la transparencia están ocupadas en atender solicitudes de información, que en su mayoría son elaboradas por representantes de medios de comunicación o por personas con un interés particular, que puede ser de revancha política, pero no por el ciudadano común. El ciudadano común está ocupado en asegurarse el sustento diario.

Es tiempo de que los organismos federal y locales, financiados con recursos públicos, que tienen que ver con la transparencia, hagan un balance de los resultados de su desempeño, si en verdad ha impactado a favor de la sociedad o se han convertido en entes simuladores, que en nada ayudan a la democracia, al cumplimiento de la ley, a la convivencia y a mejorar la calidad de vida.

México es un país de 120 millones de habitantes, alrededor de 86 millones tienen 18 años o más, según el número de empadronados en el Instituto Nacional Electoral (INE). Entonces si el número de solicitudes de información que recibió el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) en el primer trimestre del 2017, no llegó ni al 1 % en relación con el número de mexicanos mayores de edad, es evidente que el uso de recursos  institucionales está muy por abajo del óptimo deseable. Con urgencia se tiene que revisar el alcance de las campañas mediáticas de los institutos dedicados a la transparencia.

Sería un error conformarse con declarar que cumplen con las funciones básicas que les marca la ley, porque las instituciones se construyen con recursos públicos y su principal finalidad es ser útiles a la sociedad. ¿En verdad son en este momento útiles a la sociedad? ¿Se justifica el presupuesto que tienen asignado? ¿El presupuesto que gastan corresponde al beneficio que finalmente recibe la sociedad? ¿Se fomenta o no la cultura de la transparencia? ¿Han contribuido a cambiar el comportamiento de la sociedad?

El problema de fondo está en la conducta humana. Mientras no se trabaje en la raíz, en la formación de nuevas generaciones, con un concepto de lo que debe ser el servicio público, la importancia de la transparencia y la honestidad, instituciones como el INAI solo servirán para paliar males sociales, agrandar la burocracia y aumentar el gasto público.

Es uno de los pueblos mágicos que más me ha impresionado. Nunca lo había imaginado y mucho menos sabía de su existencia, hasta que surgió la idea de algunos amigos de visitar el lugar, justo en el marco del proceso electoral del estado de México para renovar la gubernartura.

Municipio mexiquense llamado El Oro, con una veta dorada que en su momento llegó  a competir con minas africanas de este metal, hace más de 200 años. El pueblo era mundialmente famoso. Llegaron extranjeros de diversas partes del mundo. En la lista de exploradores y aventureros, hay una persona de origen sirio, que seguramente en ese entonces, ninguno de los lugareños sabía con certeza en qué parte del mundo se encontraba su país.

Pueblo ordenado, limpio, gente amable, cordial, construcciones etilo europeo, maravillas del Art Nouveau y neoclásico, una iglesia que tiene su altar con acabados en oro. El palacio municipal es una belleza del estilo francés. El Teatro Juárez es otra obra de la bonanza minera.

No vi mantas ni pintas, nada de propaganda de ninguno de los partidos que están en campaña para las elecciones del domingo 4 de junio. Tampoco observé actos políticos ni escuché pláticas relacionadas con el tema.

Turismo nacional y extranjero, gente interesada en ahondar en la historia de este pueblo mágico, auténticamente pueblo mágico, que incluye recorridos por las antiguas minas.

Hoy te cuento esta historia para hacer una analogía del próximo proceso electoral. El pueblo se llama El Oro y le hace honor a su nombre. El metal dorado estaba a la vista hace más de 200 años, prácticamente en la superficie, cuando empezaron a extraerlo. Todavía existe la versión de que hay vetas abajo del pueblo, pero que se requeriría la más alta tecnología y una gran inversión para sacarlo. Nada sencillo. Como antaño, hay empresas inglesas que se han dado sus vueltas para estudiar una vez más el terreno. Cualquier intento de reactivar la explotación se ve muy complicada pero sobre todo costosa.

Ya se ha dicho más de una vez que la elección de gobernador del estado de México equivale a la disputa por la Joya de la Corona, por el número de ciudadanos empadronados y el impacto que tendría para la competencia por la presidencia de la República en el 2018.

Por eso la liga El Oro y la Joya de la Corona. El municipio lo vi en paz, estable, con su vida normal, comercial y turística. Seguro que su apuesta es por seguir en ese ambiente, en esas condiciones. El estado en política es un hervidero, con la competencia cerrada entre los principales candidatos. La moneda en el aire. Sin embargo, por lo que miré en El Oro, no hay un ánimo de experimentar, sino de conservar e incrementar lo ganado.

Hasta ahora es un misterio saber por quién han votado los 10 personajes más ricos de México. Y no puede ser de otra manera porque la ley garantiza la secrecía del voto, la privacidad al  momento de acudir a las urnas. Tampoco se les conoce militancia partidista, aunque algunos a veces exhiben el color de su camiseta por su presencia en actos públicos, por sus encuentros con quienes aspiran a la presidencia de la República.

La versión más repetida es que en estos tiempos de alta competencia, cuando no hay certeza de quién podría ganar las elecciones del próximo año, no se comprometen con ninguno en particular, sino con todos, a través de contribuir al financiamiento de sus campañas.

El único empresario que abiertamente se atrevió a revelar sus preferencias fue Emilio Azcárraga Milmo, el papá de Emilio Azcárraga Jean. En una entrevista en la Secretaría de Gobernación, se identificó como soldado del PRI, cosa que nunca ha hecho su hijo.

Hay una expresión famosa entre los competidores, el “pase de charola”, que por lo regular es ir casa por casa u oficina por oficina de empresarios. Alguna vez alguien reunió a los principales para pedirles cuota y no faltó quien filtrara la información. Fue motivo de escándalo y hasta de un Premio Nacional de Periodismo para el reportero que difundió la nota.

La verdad, a la hora de ser contados en el proceso electoral, el voto de cada uno de los ricos, vale lo mismo que el todos los demás que tienen menos dinero. Es decir, con el voto de los más ricos, nadie podría dar por hecho que tiene amarrado el triunfo.

Para no equivocarse, la mayoría de los más ricos, prefiere no hacer públicas sus preferencias; opta por mantener abierta la cartera para el candidato que busque la cooperación, sin excepciones. De esa manera, gane quien gane, estará agradecido con las aportaciones de los más ricos.

Carlos Slim es el más rico de los mexicanos y ha sabido mantener comunicación con gobiernos de distintos partidos. Es al que más asedian gobernantes, partidos y candidatos. Y por supuesto Slim está abierto al diálogo, a negociar y encontrar espacios para nuevas inversiones. Es el rico más solicitado y Slim no es de los que se esconden cuando se trata de hacer aportaciones a quienes aspiran a un cargo de representación popular.

Los demás se esmeran en la discreción. Así ha sido con Alberto Bailleres González, Germán Larrea, Ricardo Salinas Pliego (ya incorporó a Esteban Moctezuma al equipo de asesores de AMLO), Eva Gonda Riviera, María Asunción Aramburuzabala, Daniel Servitje, Antonio Del Valle, Juan González Moreno y Jerónimo Arango.

Eso sí, todos, sin excepción, terminan por entenderse con el nuevo gobierno, sin importar del partido que sea, aunque es obvio que siempre les gustará más que el vencedor se identifique con sus ideas.

El “Trending topic” no hará ganar a nadie elecciones, la diferencia la harán los votos en las urnas. Por más que se utilicen “bots”, programas informáticos o personas que se dediquen a trolear, provocar o atacar, con el fin de marcar tendencia en twitter, lo único que conseguirán es una mera referencia.

La gente conoce a los partidos, sabe lo que han hecho y no han hecho al gobernar; aciertos y errores; identifica a los que han cumplido y a los que se preocupan por ayudar a los menos favorecidos. Las organizaciones políticas son prácticamente las mismas.

De acuerdo con cifras del año pasado del INEGI, el 57.4 % de la población de seis años o más en México, declaró ser usuaria de Internet; el 70.5 % de los cibernautas tienen menos de 35 años; el 39.2 % de los hogares tiene conexión a Internet; y 77.7 millones de personas tienen teléfono celular.

El país tiene 120 millones de habitantes; 86 millones, 401 mil 507 están inscritos en el padrón electoral; 85 millones, 278 mil 028 en el listado nominal (hasta el mes de abril) que tienen todo en regla para ir a votar.

Según estudio realizado por Mente Digital, hay en México 2 millones 480 mil cuentas activas de Twitter, número muy raquítico comparado con el número de ciudadanos con derecho a votar que están registrados en el listado nominal del Instituto Nacional Electoral.

Las cifras son una evidencia de que ni los tweets ni los “trending topics” van a influir significativamente en el electorado. Vale la pena que los medios tradicionales, impresos y electrónicos se tomen su tiempo para darle verdadera dimensión a lo informado, porque luego resulta o pareciera que medio mundo está involucrado en una tendencia.

Los “trending topics” se vuelven las notas principales, cuando en realidad su penetración es mucho menor.

Sin embargo, el desconocimiento de la materia, favorece a personas que buscan posicionar sus aspiraciones a través de esta herramienta de Internet, porque dan la impresión de que están en el ánimo de la mayoría de los mexicanos, cuando es todo lo contrario.

Por eso te digo que estos recursos no harán ganar a ninguno de los que compitan en las próximas elecciones locales de junio. Y lo mismo sucederá para el proceso electoral del 2018.

Los ciudadanos tienen pleno conocimiento de los partidos; los que no son militantes de ninguno, para definir su voto, en primer lugar, van a tomar en cuenta el perfil de los candidatos, no el “Trending topic”.

Hay quien pudiera decir que el voto de los jóvenes en la elección presidencial del 2018  en México está definido, pero nadie lo puede garantizar. Ni a favor ni en contra de alguno.

¿Te acuerdas de #soy132 en el 2012? Un movimiento que se levantó en contra del candidato de la Coalición Compromiso por México. Rechazaron la presencia de Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana. Los jóvenes reprobaron lo que representaba el candidato. Salieron en diversas ocasiones a manifestarse en el calle. Incluso el movimiento alcanzó repercusión internacional. Era como para pensar que esta cruzada truncaría la aspiración del mexiquense. Los jóvenes, mayoría en el padrón electoral.

Pues no, el resultado de la elección favoreció por más de seis puntos porcentuales a Peña, una diferencia de alrededor de 4 millones de votos, por encima de Andrés Manuel López Obrador. El ganador sumó más de 19 millones y el segundo lugar se acercó a los 16 millones.

¿Qué pasó? ¿Dónde quedó el enojo de los jóvenes en el 2012? ¿Por qué no votaron en su mayoría contra el candidato que se suponía no querían ni iban a dejar llegar a Los Pinos?

De acuerdo con cifras estadísticas del Instituto Nacional Electoral de ese año, los jóvenes, de 18 a 29 años, representaban la mayoría del padrón. Más de 23 millones de votantes.

Si observas, 23 millones eran muchos más que los 19 millones que obtuvo Enrique Peña Nieto.

Entonces, no necesariamente se puede dar por hecho que la mayoría de los jóvenes votará en determinado sentido en los comicios del próximo año o en contra del partido que ahora está en el poder. Está visto que el comportamiento de los jóvenes es impredecible.

Sería un error creer que el proceso del 2018 está resuelto por la ventaja, amplia en las encuestas, de Andrés Manuel. Y mucho menos dar por hecho que la mayoría de los jóvenes le va a dar su voto.

Recuerdo el día que me tope con varios jóvenes activistas de Morena y seguidores de AMLO. Convencidos de su partido y dirigente. Sin embargo, los escuché hacer la siguiente aclaración o precisión: “estamos con AMLO pero no somos pejezombies o militantes que apoyan todo lo que diga; cuando no estamos de acuerdo, lo manifestamos”.

Conste que estos jóvenes son seguidores de AMLO y no están dispuestos a entregar a ciegas su voto.

Por lo tanto, el voto de los “millennials”, hasta ahora, no está amarrado con ningún candidato.

Los jóvenes van a esperar a conocer todas las opciones. Sobre los que suenan, tienen información de sobra, saben lo que han hecho y no han hecho, así que nadie pregone que ya los tiene en la bolsa.

Ser presidente del país más poderoso no es suficiente para hacer todo lo que piensa y quiere. En dos meses de mandato Donald Trump ha chocado con esa realidad, por lo contrapesos del sistema democrático, no ha podido reformar la ley sanitaria de Barack Obama. Y no fueron demócratas los que bloquearon su pretensiones, sino congresistas de su propio partido, el Republicano.

Quedó claro que el ejercicio del poder no depende de un solo hombre, hay otros grupos que también opinan y tienen influencia. Así es la democracia. Ventaja del sistema.

Por eso me gusta lo que dice el estadista español Felipe González, de que la democracia no garantiza buen gobierno, pero sí la oportunidad de echar al que lo hace mal.

A Trump no lo están echando del gobierno, lo que han hecho diferentes fuerzas en los Estados Unidos es frenar algunas de sus decisiones. Más le vale que en lo sucesivo busque en primer lugar el consenso, porque de otra manera correrá el riesgo de que le vuelvan a dar con la puerta en las narices.

En México es tema de muchas mesas caseras, por no decir de todas, la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador alcance por fin la presidencia de la República en el 2018.

Las encuestas le favorecen y cada vez aumenta la ventaja ante quienes pudieran competirle. Incluso hay voces del poder económico dispuestos a la adaptación con un gobernante de esas características. La luz roja la tienen encendida sobre todo sus adversarios políticos, alarmados porque temen que una vez en la silla presidencial quiera cobrar facturas.

El año pasado escuchaba voces totalmente en contra de esa posibilidad y no son gente de la política. Sin embargo, esas mismas voces han empezado a digerir que el triunfo de López Obrador puede ocurrir, pero a la vez confían y descansan en los contrapesos, para evitar que ni él ni nadie haga lo que se le pegue la gana desde la silla presidencial.

Hay que recordar que en el 2000, con la llegada de la alternancia, Vicente Fox, también creyó que en la presidencia haría lo que se le ocurriera. Tampoco hizo realidad todos sus deseos. Requirió del consenso en la mayoría de los casos. Lo mismo sucedió con Felipe Calderón, aunque éste en su carácter de jefe de las fuerzas armadas, tomó la decisión de emprender la “guerra” contra la delincuencia organizada, con altos costos que aún no terminan, porque hizo falta inteligencia y planificación.

Ambos, Vicente y Felipe, estuvieron obligados a entenderse y acordar con la oposición en el poder legislativo.

Lo mismo sucedería con López Obrador, si fuera el ganador de la próxima elección; nada más que mientras no llegue el 2018 ni se lleven a cabo los comicios, nada se puede dar por hecho.

Hasta ahora, el virtual candidato de Morena es sólo una posibilidad más, con ventaja en las encuestas.

En el proceso electoral de 1988 fue evidente la parcialidad de los medios de comunicación, sobre todo electrónicos y la mayoría de los impresos. La cobertura para los candidatos de oposición, mínima, en especial para el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Cuando aparecía en televisión el ingeniero, era para criticarlo, con lo que fuera. Incluso se utilizó a sus dos medios hermanos para desacreditarlo, en horario estelar, en el entonces canal de las estrellas, en su noticiario nocturno. Jacobo Zabludovsky (QEPD) se encargó de entrevistarlos. Por supuesto que no hubo derecho de réplica para el aludido. También en los impresos se difundieron las declaraciones de estos familiares.

Lo mismo sucedía en las estaciones de radio, ignoraban la campaña de la oposición. Era citada ocasionalmente para criticarla. Los medios electrónicos, ni radio ni televisión, siguieron la campaña de Cuauhtémoc. Y de los impresos, solo tres, El Universal, Excélsior y Uno Más Uno dieron cuenta de las actividades del candidato del Frente Democrático Nacional.

La competencia mediática, desigual; Cárdenas no existía y cuando existía era para exhibir las deficiencias de su campaña o de su trayectoria política. No había redes sociales, ni Facebook ni Twitter, tampoco YouTube. Ninguna forma para que la sociedad conociera paso a paso lo que hacía el ingeniero. Sabía de su vida porque era hijo del general Lázaro Cárdenas, porque había sido gobernador de Michoacán, militante y disidente del PRI. Creador de la llamada Corriente Democrática, junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara. Nada más.

En este contexto, complicado y hasta imposible competirle al candidato oficial que acaparaba todos los medios de comunicación, a su favor. Impensable que la gente votara por un candidato que no aparecía en los medios.

Te cuento esta historia porque es una prueba fehaciente de que hay gente, mucha gente, que no se chupa el dedo. Le digan lo que le digan, tiene identificados a los competidores.

En 1988 Cárdenas sorprendió en la votación, a tal grado que en la noche del seis de julio, oficialmente, no había ganador. Sin embargo, los medios, salvo excepciones como la del Financiero, destacaron el anuncio del PRI de que los números favorecían a su candidato.

Al día siguiente, presionada por la oposición, la extinta Comisión Federal Electoral emitió un comunicado para precisar que todavía no había declarado a nadie como triunfador. El comunicado, como era de suponer, pasó desapercibido, en páginas interiores.

En síntesis, no son los medios los que marcan diferencia en un proceso electoral, no son los que deciden quien gana o quien pierde. La sociedad ya no se traga las noticias falsas o parciales.

La elección del 2018 se va a decidir a través del voto, no mediante encuestas inducidas, campañas mediáticas, soluciones mágicas, compromisos populistas o informaciones para favorecer a determinado candidato y desacreditar a otro.

Viene de nuevo la fiesta de Diego Fernández de Cevallos. El próximo 16 de marzo cumplirá 76 años.

¿Asistirá Xóchitl Gálvez? ¿Volverá a ser invitada? El año pasado fue la nota en la fiesta, por haber transmitido en vivo a través de Periscope. Una acción que provocó voces a favor y en contra.

La verdad, la señora, de origen otomí, ingeniera de profesión, experta en telecomunicaciones, integrante del gabinete en el gobierno de Vicente Fox, siempre me ha caído bien. Por su estilo. Parece norteña. Le gusta llamar a las cosas por su nombre y es de las que hace frente a los problemas y reclamos, sin importar su tamaño. Es lo que he observado de su trabajo. Lo que han publicado los medios de sus actividades. Además, es partidaria del Cruz Azul, igual que yo. Ella no ha dejado de apoyar al equipo a pesar de su pésima actuación, desde hace varias temporadas. En mi caso he decidido no ir al estadio ni ver los juegos por televisión, hasta que tenga jugadores que suden la camiseta, que demuestren en la cancha coraje y ansias de triunfo.

Solo una vez la he visto en persona. El día que le consulté esta historia que hoy te voy a contar. Debo adelantar que Xóchitl no me hizo ninguna revelación. La historia ya la sabía y de primera mano. “Si ya lo sabe, no tengo nada que agregar”, fue su único comentario.

Muchos consideraron incorrecta la difusión que hizo de la fiesta con su teléfono, otros tantos la justificaron y argumentaron libertad de expresión. Era una fiesta privada, independientemente de los asistentes, con pasado y presente conocido por la población. Nadie de los que aparecieron en la imagen mostraron incomodidad o enojo, por el contrario, saludaron y sonrieron. Son políticos. Sin embargo, para transmitir un evento de ese tipo es necesario permiso previo, del anfitrión y de los invitados. Xóchitl no tuvo ninguna autorización.

Supuse que el Jefe Diego jamás la volvería a invitar a su fiesta y no tenía idea de si la actual delegada en Miguel Hidalgo sería capaz de ofrecer una disculpa al dueño de la casa.

Xóchitl Gálvez le escribió una carta para disculparse, desconozco los términos en detalle, pero la hizo para disculparse, lo que confirma que es una mujer de valores. Reconoció su equivocación e incluso hizo saber a su destinatario que entendería si decidía no volverla a invitar.

Don Diego la llamó por teléfono de inmediato. Todo un caballero, con  expresiones de afecto y la confirmación de que será su invitada permanente para sus fiestas de cumpleaños. No le reprochó nada, porque “es una mujer de una pieza, honesta, derecha, que actúa de buena fe”.

El tal el reconocimiento y aprecio que le tiene el Jefe Diego, que lo tiene sin cuidado que alguien decida no asistir porque ella está invitada.

Por lo tanto, si así lo quiere, Xóchitl podrá ir de nuevo a la fiesta. Es bienvenida en la residencia del poderoso panista.

En mi trayectoria profesional he sido testigo de diversas elecciones, federales y estatales. Hice cobertura con la representación del periódico El Universal.
También tuve asignados por el mismo diario el Instituto Federal Electoral (IFE), ahora Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

[caption id="attachment_3145" align="alignright" width="300"] Aspectos Generales[/caption]

No solo fui y estuve el mero día de las elecciones, sino antes para evaluar las campañas y después hasta los resultados oficiales, hasta que la autoridad diera un ganador.

Vi ganar al PAN en Baja California y Chihuahua, al PRD en Tlaxcala y al PRI en diferentes entidades. Recuerdo que en el 2003 en Campeche se daba por hecho un triunfo fácil del priísta Jorge Carlos Hurtado. Cuando recibí el encargo de ir, no lo expresé al jefe de información pero estaba inconforme con acudir a un lugar con ese vaticinio electoral, prefería los procesos cerrados, los competidos, porque obviamente tenían la atención principal de los medios y ganada la primera plana de los diarios. Sorpresa, la diferencia en cifras fue mínima, hubo recuento de casillas y estuve en la entidad sureña más de dos meses. El proceso más peleado de ese año que finalmente ganó el PRI.

Años atrás, en 1992, estuve en Chihuahua, por órdenes del periódico cubrí varias etapas, antes de las elecciones, de la campaña del priísta Jesús Macías Delgado. Tampoco me entusiasmó esa cobertura, porque la instrucción era informar solo lo que hacía este candidato. Supuse que había sido firmado un convenio informativo e incluso que alguien del equipo del priísta había solicitado que fuera yo quien cubriera las actividades.

A los actos que asistí, los escenarios estaban llenos, había porras, matracas, mantas, saludos de la gente al candidato. Narraba lo que veía, aunque mi percepción era otra. Advertía que el entusiasmo era fingido, simulación organizada, pagada.

A pesar de únicamente informar lo que hacía el priísta, recibía noticias todos los días del éxito de las concentraciones del panista Francisco Barrio Terrazas. Concluía que Macías no sería el ganador, por el contraste entre los asistentes a los mítines de uno y otro.

Me concreté a mi labor de reportero, el análisis y las opiniones que tenía de la competencia, se quedaban conmigo, no las compartía. En Chihuahua estaba para informar de los actos del priísta, con él que nunca busqué ni tuve cercanía, cada quien en lo suyo.

La elección la ganó Francisco Barrio Terrazas.

Meses después volví a toparme con Jesús Macías en la Ciudad de México. Entonces sí le hice saber la percepción que tenía de su campaña. “¿Y por qué no me lo comentaste?”, preguntó. Respondí que no era su consejero y que él tenía sus asesores para evaluar la campaña, pero sobre todo que yo estuve ahí solo como reportero de El Universal.

La civilidad ha prevalecido en la mayoría de los procesos a los que les he dado cobertura.

Sin embargo, por más modificaciones a la ley y firmas de pactos de civilidad, la denigración entre los partidos ha crecido. Sería ideal que el INE encontrara la fórmula para recobrar el respeto en la competencia, porque el encono divide sociedades y hiere la democracia.

¿Qué hacen el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ante el huracán electoral que se avecina en 2018? Suponer que será un proceso terso, es apostar a perder, porque aun cuando las encuestas le dan amplia ventaja a quien parece encaminado a ocupar la silla presidencial en su tercer intento y que los demás están resignados, el hecho es que la competencia tiene un final incierto.

Viene un huracán categoría 5 en la escala Saffir Simpson, devastador, con olas de 20 metros de altura y velocidad de sus vientos superiores a los 300 kilómetros por hora. Como nunca se había visto. Es ilógico suponer que le van a entregar la presidencia al morenista Andrés Manuel López Obrador envuelta en regalo y la leyenda ¡Felicidades!.

Tampoco se puede decir que el tabasqueño tiene el triunfo en la bolsa y no hay nada de que preocuparse. La batalla por cerrarle el paso superará por mucho el proceso del 2006. Irá más allá del mensaje “es un peligro para México”. No descarten los “caballos de Troya”. Por eso vale comparar la elección con la intensidad de un huracán. Es el pronóstico y hay que prepararse.

Puede ser que se desvanezca o pierda fuerza, pero ante los indicios de su fortaleza, lo aconsejable es tomar previsiones. Aquí el papel de protección civil lo tienen el  INE y el TEPJF. Obligados a blindar la competencia, evitar daños irreparables, actuar con celeridad, oportunidad y eficacia.

Hasta ahora, el Instituto y el tribunal han tenido un comportamiento a la defensiva, concentrados en reaccionar, ocupados en responder a las críticas sobre sus gastos, sueldos y camionetas de lujo o en presumir sus ahorros y planes de austeridad. Además del trabajo cotidiano que por ley les corresponde, no se ve una actitud de avanzada, vanguardista en relación con las elecciones que vienen. Al menos su estrategia de comunicación, no da señales en ese sentido.

Se ignora que hacen los organismos electorales para apoyar los procesos de este año y cero con respecto al 2018, cuando es obvio que los partidos trabajan ya en los dos frentes.

En las elecciones locales o estatales, los partidos han dado una prueba de sus “adelantos” en materia de guerra sucia. Grabaciones clandestinas y videos noveleros con fines denostadores. Troleros pagados para inundar de mensajes las redes sociales, convertirlos en tendencia o tema del momento (los llamados “Trending topics”).

La autoridad electoral está a tiempo de tomar previsiones, para que no le vaya a ocurrir lo de 2006. La actuación del entonces IFE fue lenta y tardía. El colmo es que una vez que había pasado la tempestad, el TEPJF reconoció en su dictamen calificador de la elección presidencial que el propio Vicente Fox puso en riesgo el proceso.

Por eso hoy el aviso es a tiempo, para que no digan después que no sabían o que nadie les advirtió.

Manlio Fabio Beltrones abandera la propuesta de Gobiernos de Coalición Obligatorios, ante la posibilidad de que la elección presidencial del 2018 sea cerrada y fraccionada, sin que nadie alcance una mayoría absoluta o por lo menos el 42 % de la votación. Es una alternativa para evitar la debilidad en el ejercicio de gobierno y garantizar la legitimidad del mando.

Suena bien lo que propone Manlio, pero existiría el riesgo de que esa coalición se integre con los mismos, con los mismos del PRI, PAN, PRD y Morena, los mismos del PVEM, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Encuentro Social y Partido del Trabajo, con las mismas caras, con los mismos que no han conseguido sacar al país de la crisis, con los mismos que han incumplido sus compromisos, las promesas de campaña, con los mismos que tienen que repartirse la culpa de que en México haya más pobres.

Plantea que el gabinete sea elegido por el poder legislativo, a excepción de los secretarios de Marina, Defensa y Seguridad. También suena bien. La pregunta es ¿quiénes van a ser esos legisladores que seleccionarían a los miembros del gabinete?

Seguro que los mismos de siempre, los que han pasado de una cámara a otra, de un cargo público a otro, dirigentes o ex dirigentes de partido, ex gobernadores, ex secretarios, ex alcaldes.

Cierto que una baraja nueva también tendría sus riesgos. ¿Se imaginan que todos fueran rostros nuevos, sin experiencia de gobierno? El precio lo pagaría el país. Consecuencias impredecibles.

Sin embargo, se puede dar una combinación de caras nuevas y personajes con experiencia  de gobierno, que tenga un expediente pulcro, sin cuentas pendientes con la justicia ni abusos en el manejo del presupuesto.

La propuesta de coalición tiene que establecer candados para que los mismos no se vuelvan a repartir el pastel, para que no sea una simulación, porque no es a lo que aspira la sociedad. Los mexicanos quieren cambio, ciudadanos con capacidad y prestigio, distanciados de viejas y viciadas prácticas de gobierno.

No es nada sencillo, tampoco imposible. El problema es que a la propuesta de Manlio se le acaba el tiempo. Hasta ahora no ha conseguido consenso ni apoyo de todos los partidos.

Además, quien ahora aparece con una amplia ventaja en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, lo más probable es que no esté dispuesto a compartir el poder.

Es tal la ventaja que seguro confía en alcanzar más del 42 % de los votos en la elección del próximo año.

De cualquier manera, en el fondo sabe que le conviene la propuesta de Manlio. Por algo el tabasqueño ya le guiñó el ojo al incorporar a su equipo a Esteban Moctezuma (PRI),  ex secretario de Gobernación y presidente de Fundación Azteca.

¿Y ya sabes por quién vas a votar en el 2018? Es una pregunta reiterada en  reuniones sociales en México. No encuentra una respuesta rápida en personas apartidistas. El segmento de la sociedad que hará la diferencia en el resultado de las elecciones del próximo año. Hay indecisión por el descrédito de las opciones que están a la vista.

Salvo el voto duro que cada partido tiene, militantes o antiguos seguidores, los demás no saben todavía a qué candidato le darán su apoyo. Van a esperar hasta el último momento.

En el pasado era común el término “tapado”. En particular para los aspirantes del Partido Revolucionario Institucional, por el ritual empleado en la elección del candidato y la vieja frase “fideliana” (del extinto cetemista Fidel Velázquez) “el que se mueve no sale”. La nominación hasta que el jefe de los priístas (el presidente de la República) lo determinaba.

Todo indica que esta práctica volverá a repetirse, aunque ahora los que quieren ser están muy vistos y se mueven. De cualquier manera, existen indicios de que el mandatario dirá la última palabra, el “fiel de la balanza”, como lo  definió en el siglo pasado Roberto Casillas, quien fuera secretario particular del presidente José López Portillo.

Ante la incertidumbre de gente indecisa, que está a la expectativa de las opciones oficiales o de los que finalmente queden registrados como candidatos en el Instituto Federal Electoral (INE), advierto que en el sedimento social, hay la esperanza de que surja alguien distinto.

Es el candidato al que llamo “sombrero de mago”, porque nadie sabe quien puede estar abajo del sombrero. Ni nombre ni pista alguna del personaje. Es alguien que podría darle un giro al proceso del 2018 si tiene el perfil de ser un producto honesto de la sociedad. Por supuesto que hay gente valiosa y respetada. Falta que quieran competir, servir al país desde el gobierno.

Sin duda, en los diferentes partidos también hay ese tipo de personas. Sería injusto generalizar y descalificar a toda la militancia. Lo que pasa es que los partidos han hecho mucho para perder credibilidad y en estas condiciones resulta complicado dar la imagen limpia.

¿Y quién está o puede estar en el “sombrero del mago”? Es la pregunta sin respuesta. Misterio. Por eso le llamo de esa manera. La situación que vive el país hace viable la aparición del candidato “sombrero de mago” y con amplias posibilidades de convencer y vencer.

El “sombrero de mago” nada tiene que ver con quienes han considerado, y ya lo han hecho público, la candidatura independiente. Estos también están muy vistos.

“Sombrero de mago” sería un nuevo participante en la competencia.

En los Estados Unidos hay un nuevo presidente, muy diferente a los que ha tenido. Con un perfil que ha despertado dudas sobre lo que hará en los próximos años. Existe incertidumbre, preocupación y temor en el mundo. Por eso las protestas dentro y fuera del país norteamericano.

Cada vez que se lleva acabo una elección presidencial en México, surge la sospecha sobre la influencia del presidente de los Estados Unidos. Por supuesto que nunca ha venido a votar y tampoco públicamente ha declarado que apoya o simpatiza con determinado candidato.

Nada de eso. La versión que corre es que por tratarse del imperio, nación poderosa y vecina, los contendientes buscan la aceptación del emperador, que por lo menos no se oponga al ascenso.

Es una versión nunca confirmada, pero tampoco descabellada ante la potencia, porque el presidente de México está obligado a dialogar con el vecino y más vale que haya cierta simpatía y no animadversión entre las partes. Las consecuencias serían impredecibles en estos tiempos.

No se trata de renunciar a una posición digna, respetuosa y soberana, porque si bien el poderío del interlocutor está a la vista, de igual manera el mundo está atento a lo que haga. Ignorar el peso de la opinión pública tendría altos costos para el gobernante. Nada hay oculto. El mundo está convertido en una vitrina con las modernas herramientas de la comunicación.

A diferencia de otros tiempos y otros presidentes, esta vez, la impetuosidad del presidente Donald Trump puede llevarlo a influir abiertamente en el proceso electoral mexicano ¿Imaginen un twitter que deje ver sus simpatías o su rechazo a determinado candidat@? No lo descarten. También podría ser cauteloso, para evitar más escándalos. Proceder con discreción al transmitir su beneplácito a uno de los competidores. La verdad, hasta ahora la prudencia no lo ha distinguido. Sin embargo, no hay que adelantar vísperas, sería prejuzgarlo. Lo ideal y deseable es que no haya intromisión.

Lo innegable, un hecho, es que Donald Trump como candidato, hizo campaña en México, fue invitado a México. En ese sentido marcó diferencia con su competidora Hillary Clinton porque ella prefirió ya no venir. ¿Qué tanto le sirvió al republicano para sus propósitos? Imposible saberlo con certeza. De alguna manera debe estar agradecido con esa oportunidad. Demostró audacia y le ganó la visita a la derrotada demócrata.

Definitivo, literalmente Trump no votará en las elecciones del próximo año en México, pero ante lo que les he contado, es mucha la tentación para su personalidad y podría tratar de influir, pagar la visita.

Desde la infancia he sido partidario del equipo de futbol Cruz Azul en el torneo mexicano. Herencia de mi padre, era seguidor de los cementeros  e influyó para que hiciera lo mismo.cruz-azul

Recuerdo que era apasionado, disfrutaba o hacía corajes, dependiendo del resultado, de la actuación de los jugadores y del arbitro. Las derrotas le causaban desánimo, pero pronto venía la recuperación y ansiaba que en la siguiente semana la situación fuera diferente. La verdad, vivió más momentos gratos que ingratos. Festejó varios campeonatos de liga.

Como sucede en las campañas políticas, previo a las elecciones, cuando los candidatos ofrecen una nueva realidad, siembran esperanza e ilusiones, en el futbol, sobre todo los llamados equipos “grandes”, con más recursos, hacen lo propio con sus aficionados.

Hablan de contrataciones, refuerzos estelares, una fisonomía distinta, estreno de entrenador, dan vuelta a la página de los fracasos recientes y miran hacia delante. La afición regresa al estadio en un acto de fe para apoyar a su equipo, porque garantía de buen futbol y entrega de los jugadores, no la hay.

Vivo a tres cuadras del Estadio azul. Otra de las motivaciones para seguir con la tradición familiar, no tengo que gastar en gasolina ni utilizar transporte para llegar a ese escenario. En esas condiciones, resulta cómodo caminar para ir a ver un partido y sentarse en las gradas azules.

La última vez que pagué un boleto por ver al Cruz Azul, César Delgado “El Chelito”, era parte del equipo. Me gustó el futbol de este jugador argentino, su estilo para correr con el balón, burlar al adversario y disparar a la portería. Lo único salvable. Después de esa etapa, resolví no volver al estadio en tanto siguiera el equipo en picada, con  triunfos fortuitos y desatinos en los últimos minutos del juego.

No por nada sus detractores han inventado el término  “cruzazulear”, propio para el que no tiene capacidad de mantener un buen nivel y mucho menos la ventaja en los partidos, además de la inconsistencia en la tabla de posiciones. Tan mal ha sido su historia reciente que está en la lista de los que pueden descender de la primera división o ligar mayor.

Ha empezado con un triunfo el nuevo torneo, venció por la mínima diferencia de un gol al Necaxa. Nada extraordinario ni indicios de que vaya a retomar el camino de sus mejores épocas.

El que Cruz Azul volviera a fracasar en el peor de los casos tendría la consecuencia del descenso deportivo, pérdidas económicas para el dueño y devaluación en la cotización de sus jugadores.

Yo seguiría sin ir al estadio.

En cambio, para las elecciones del 2018, si la sociedad se equivoca a la hora de emitir su voto, las consecuencias serían para el país y todos sus habitantes. Por eso, a diferencia del futbol en que se valen los actos de fe, en la competencia política, la realidad exige evaluar lo que se dice en las campañas y conocer a fondo a los candidatos.

Por el resultado de la elección en los Estados Unidos, gané para el mes próximo, el último del 2016, una comida japonesa en el Suntory, restaurante de fama y precios de primer mundo.donald

La apuesta la hice con un amigo. Él daba por hecho que tenía perdida mi quincena. Prácticamente todo los medios, estadounidenses y mexicanos, encuestadoras y analistas, favorecían a la señora Hillary Clinton.

Debo aclararte que yo no deseaba el triunfo del empresario Donald Trump, por lo que había dicho de los mexicanos, de los migrantes, del tratado de libre comercio, por sus expresiones racistas y discriminatorias.

Mi forma de pensar, por supuesto, no ha cambiado, no me parece que el republicano sea la mejor opción para América y el mundo, pero es inobjetable su victoria con las reglas del juego que tienen los norteamericanos. En enero tomará posesión de la presidencia, para dar inicio a la era Trump. Es lo que viene y hay que entender esa nueva realidad.

Los medios, en general, lo desestimaron, no lo querían y no creían que fuera a ser el vencedor, anhelaban que no lo fuera, aunque era evidente que tenía el apoyo de un sector de la sociedad, simpatizantes de un nuevo discurso que ofrecía devolverle a su país la supremacía en todos los aspectos.

Esa fuerza de Trump no la quisieron ver o trataron de minimizarla u ocultarla, cuando era un hecho.

Desde su etapa de aspirante a candidato, lo criticaron sin contemplación. Seguro lo tenía merecido. Sin embargo, uno a uno, se deshizo de sus competidores republicanos. Millones simpatizaban con su estilo.

Recuerdo que entonces trabajaba en una televisora comercial. Al ver el avance de Trump, la instrucción del jefe inmediato fue que se le bajara a la descalificación. ¿Por qué? Simple y sencillamente porque se trataba de un personaje con millones de seguidores.

Trump ganó  la candidatura republicana, contra todos los pronósticos institucionales. A pesar de ello, las críticas siguieron, arreciaron. Durante la campaña, le sacaron historias con atraso de 11 años o más, el objetivo era eliminarlo de la competencia, con lo que fuera, acusaciones ciertas o falsas, con el deseo y la esperanza de que sus simpatizantes cambiaran de opinión.

Lo cierto es que la gente ya no se traga sin masticar lo que dicen políticos, medios, encuestadoras y analistas. Ya no le juegan el dedo en la boca. Detecta cuando la información es falsa o contiene un interés avieso.

Esto que te digo, estaba a la vista y muchos no lo quisieron ver ni aceptar. Tampoco el hecho de que Trump se mantuviera en el ánimo de los suyos, a pesar de la reiterada exhibición de supuestos o reales defectos.

Donald siempre tuvo posibilidades de ganar y ganó. Ahora, con la muerte del legendario Fidel Castro, América y el mundo tendrán que estar preparados para la era Trump.

No hay que estar en la angustia por lo que haga o pueda hacer el nuevo presidente de los Estados Unidos, sino contar con una estrategia que le permita a México seguir adelante.

Por lo pronto, yo me preparo para ir a comer al Suntory.

Las encuestas volvieron a fallar. Daban prácticamente por hecho el triunfo de Hillary Clinton  y el triunfador fue el republicano Donald Trump. La excusas sobran para tratar de justificar el desacierto.encuestas

En este caso el desatino fue de las encuestadoras de los Estados Unidos, no hay nada que imputarle a las mexicanas.

Se llegó al extremo de argumentar que no hubo ninguna falla, porque al final la que obtuvo más votos directos fue Clinton, pero que no ganó por el mecanismo de representación por estados (unos valen más votos que otros) que tienen los norteamericanos.

Por cierto, no es la primera vez que les ocurre, también sucedió lo mismo con Al Gore, quien obtuvo más votos directos que George Bush. Curioso, a pesar del antecedente, ni republicanos ni demócratas han planteado la necesidad de reformar sus reglas electorales.

De hecho, a la vista de todos, hay estados donde los votos valen más que en otros estados. ¿Se imaginan que así fuera en México? Seguro que más de un candidato de los que se dicen de izquierda ya se hubiera crucificado o cortado las venas en el Zócalo de la Ciudad de México, inconforme con la inequidad del sufragio. Protestaría por la diferencia en el valor de los votos. Habría votos de primera y de segunda. Y por supuesto, el quejoso tendría razón. Sin embargo, hasta ahora, para los estadounidenses, es un tema que los tiene sin cuidado, no les preocupa ni les molesta. Están conformes con su singular método.

Es un procedimiento que por supuesto es del pleno conocimiento de las encuestadoras. Por lo tanto, no se vale que aleguen que le dieron en sus estimaciones el triunfo a Clinton, sin considerar la variable del valor electoral que tiene cada estado.

Tampoco se vale que argumenten población indecisa. Como advertían que había un segmento que no daba color sobre el sentido de su voto, era mayor el riesgo de equivocarse.

Otra falacia, para justificarse, es que la gente les mintió al responder preguntas y por eso no hubo acierto.

Es decir, desde su punto de vista, las encuestadoras no se equivocan.

La realidad choca con sus apreciaciones y prefieren no acordarse de su margen de error, desbordado por las imprecisiones. Optan, como en México, darle vuelta a la página y esperar la siguiente competencia electoral, al fin que los candidatos son felices con ver encuestas a su favor, aunque sean cifras ficción.

Y esta vez, hasta los analistas, influenciados por las mismas encuestas, cayeron en el error.

Los desatinos se pueden corregir con mejorar el procedimiento para realizar las encuestas, nada más que tengo la impresión de que las encuestadoras, por razones económicas derivadas de los intereses de sus clientes, candidatos y candidatas, van a seguir con la misma fórmula, es más lucrativa.

Nunca como esta vez los debates en la competencia electoral de los Estados Unidos alcanzaron impresionante nivel de audiencia en México. Despertaron interés inusual por el tono y lo dicho por los competidores, por las expresiones a favor y en contra de los mexicanos.debate

A su manera, de acuerdo a sus capacidades, los candidatos defendieron su posición, dieron elementos para hacer una mejor evaluación de lo que piensan y quieren hacer en materia de migración, en comercio.

Cada uno de los que vieron los debates sacaron sus propias conclusiones, sin manipulación alguna, lo que ayuda a los ciudadanos a emitir un voto razonado en las urnas.

Son debates que contrastan, por mucho, con los que organizan en México, acartonados y la mayoría de ellos aburridos, repetitivos de lemas de campaña de los candidatos. Muy lejos de cuestionar a los aspirantes sobre sus postulados, para exhibir sus verdades o mentiras.

La principal causa de que esto suceda es la ley, hecha por los mismos partidos, al plantear la participación de todos los candidatos registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE), salvo la de aquellos, como ha ocurrido con algunos, que por “estrategia” rechazan hacerlo.

En esas condiciones, por el número de participantes, en televisión es complicado valorarlos.

Puede repetirse la historia en el 2018 si los partidos deciden mantener ese mismo formato.

Si en el 2018 hay cinco o más candidatos (recuerda que es muy probable la inscripción de independientes), los debates no dejarán de ser una mera exposición de ideas, que en poco o nada contribuyen a que la sociedad contraste sus posicionamientos y mucho menos sus reacciones, porque como debes saber, también hay reglas sobre las tomas de televisión, que impide ver la gesticulación de los protagonistas ante lo que se dice.

Por eso es una necesidad que el INE y los partidos hagan una revisión de los formatos, para que los debates sean realmente debates y motiven al electorado a verlos y a votar, para que aporten más elementos de análisis al discutir temas neurálgicos y trascedentes para el país.

En los Estados Unidos se registraron más de dos candidatos y no hay queja de nadie de que los debates fueron antidemocráticos e inequitativos, porque no tomaron en cuenta a los otros aspirantes de muy escasa presencia en el ánimo de los que van a votar.

La gente quiere ver debatir a los que más posibilidades tienen de llegar a la presidencia en México. Ojalá que el INE y los partidos encuentren un mejor formato para el 2018.

En este aspecto hay mucho que aprenderle a los vecinos del norte, donde los debates radiografían o escanean a los candidatos.

A raíz de la resolución que emitió el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) sobre la elección de gobernador en Aguascalientes, no se puede ni debe olvidar la influencia que ha tenido el clero en los procesos electorales en México, tampoco perder de vista la participación que tendría en la elección presidencial del 2018.clero

Es inobjetable que ministros de culto religioso han intervenido en los comicios, con mensajes subliminales o al echar mano de la semiótica, del uso de signos, para influir en el ánimo de la sociedad.

Te cuento que en mi vida de periodista, más de un aspirante a gobierno estatal llegó a decirme que era obligado hacer escala en la oficina del obispo de su respectiva entidad, por el reconocimiento que existía y existe, del poder que ejercen sobre la feligresía. En un principio, los encuentros eran secretos; después, con el reconocimiento oficial de las iglesias, públicos. Ya nadie se espanta ni perturba, explicables en la apertura y pluralidad, nacional e internacional.

Por eso en lo de Aguascalientes no sorprende que el obispo José María de la Torre Martín haya elaborado una carta pastoral para apoyar al candidato más identificado con los valores de la iglesia.

Es cierto, en ningún momento dio nombres ni exhibió los colores de partido alguno; no era necesario, suficiente con recordar que la iglesia no avala ni el aborto ni los matrimonios del mismo sexo. Mensaje subliminal y semiótico. Es obvio y del dominio público que fuerza política tiene esos criterios. La pastoral del obispo fue difundida en todos los templos de Aguascalientes, en un estado donde, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más del 90 % de la población profesa la religión católica.

Para la mayoría de los magistrados de la sala superior del tribunal, que resolvieron el caso de Aguascalientes el pasado 19 de octubre, ni el comportamiento del obispo ni de los sacerdotes fue determinante en el resultado, por lo tanto validaron el triunfo del panista Martín Orozco. Admitieron que el clero participó en el proceso, imposible de negarlo o ignorarlo, pero que no hizo proselitismo porque no mencionó el nombre del candidato ni del partido.

Sin embargo, estaban implícitos en el mensaje.

Fue violada la ley suprema, vulnerado el principio histórico de separación Iglesia-Estado que consagra el artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Para el 2018 se avecina una de las competencias políticas más cerradas y disputadas en la historia de México. Los partidos van a procurar desacreditar a sus adversarios con todo lo que tengan a su alcance.

Ante la posibilidad de que la diferencia entre el primero y segundo lugar sea mínima, la influencia del clero puede ser determinante.

Los ministros de culto religioso van a votar, la ley se los permite, y buscar que los fieles lo hagan en el mismo sentido que ellos. En el pasado, han apoyado al PRI o al PAN, según las circunstancias.

Por lo menos hasta ahora, existe la percepción de que traen los ojos azules, inconformes con la iniciativa del grupo en el poder que propuso los matrimonios del mismo sexo, aunque los priístas, al ver el impacto, decidieron mandarla a la congeladora legislativa.

Hasta ahora el proceso poselectoral de Aguascalientes parece no llamar la atención, como que a nadie le importa si se anulan o no las elecciones de gobernador del pasado junio. El caso se estudia en la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.martin-orozco Hay más que evidencias de que el candidato ganador Martín Orozco Sandoval contó con el apoyo del clero, molesto e inconforme por la iniciativa presidencial que regulariza los matrimonios del mismo sexo.

No es el único punto que juega en contra del panista. También está el hecho de que tiene una orden de aprehensión, desde su etapa como alcalde de la capital hidrocálida, por la compra-venta irregular de unos terrenos. El juicio jurídico se ha mantenido en impasse por el fuero que se cree protege a Martín, por ser senador con licencia.

Independientemente de si tiene o no fuero, lo que evalúan los magistrados de la sala superior es si fue determinante en el resultado la prueba de que los clérigos promovieron el voto en contra del PRI. No es nada sencillo hacer la medición, porque se puede alegar que los electores ejercieron su derecho de emitir el sufragio con absoluta libertad, sin la sombra de la sotana.

Lo que es indiscutible es que la iglesia católica mantiene una fuerte presencia en la mayoría de los estados del país. Aguascalientes no es la excepción. Prevalecen criterios y prácticas conservadoras.lorena-martinez

Es cierto que en la Ciudad de México el número de católicos va a la baja y basta con observar que cada vez es menor la asistencia dominical en los templos, no se diga entre semana. Lo admiten los mismos religiosos o jefes del catolicismo.

También esos mismos religiosos saben que en los estados la situación es diferente y prevalece su influencia. Cualquiera que lo dude, que vaya a un templo de la llamada provincia, la devoción es mucho mayor.  Por eso puedo decirte que la posición asumida en Aguascalientes sí le restó votos a Lorena Martínez Rodríguez, la hasta ahora candidata derrotada.

A pesar de esta realidad, que podría favorecer al PRI, existe la percepción de que no se quiere entrar al fondo del asunto; supuestamente se consideraría preferible dejar que Orozco Sandoval tome posesión el próximo diciembre y se convierta en el nuevo gobernador de esa entidad.

Hay condiciones para que el tribunal anule la elección y se convoque a un nuevo proceso.

Es probable que eso ocurra. Lo que le preocupa al PRI es que la tiene complicada para ganar en una segunda vuelta. Y si le aplican la misma medicina y vuelve a ser derrotado, la inercia adversa que trae para el 2018, se puede acentuar con un segundo fracaso en Aguascalientes.

Sin embargo, si Lorena y su equipo se aplican y logran convencer a sus directivos de que pueden triunfar en una elección extraordinaria, el éxito tendría un efecto contrario y podría darle oxígeno a las futuras aspiraciones presidenciales del partido en el poder.

Por lo pronto, a esperar la resolución del tribunal electoral.

Ya te he contado del proceso para elegir a los nuevos integrantes de la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y los pasos que por norma corresponden a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para entregar siete ternas al Senado.Madeline

De los 21 aspirantes, hay seis mujeres, con perfiles para que los senadores valoren sus grados académicos y trayectoria, cada una con experiencia acreditada en el poder judicial.

La competencia electoral que se avecina, la de 2018, pinta para ser una de las más reñidas en la historia moderna de México. Un proceso cerrado, tanto o más que el de 2006.

Quienes integren la nueva sala superior del tribunal, calificarán la elección presidencial y harán la declaración de presidente electo. Acto de la mayor trascendencia para el país.Aralí

Janine Madeline Otálora Malassis, Mónica Aralí Soto Fregoso, Silvia Gabriela Ortiz Rascón, Berenice García Huante, Claudia Mavel Curiel López y María del Pilar Parra Parra están en las ternas.

Madeline, apenas en marzo pasado, concluyó su etapa como presidenta de la sala regional del TEPJF en la ahora llamada Ciudad de México, así que es indiscutible el dominio que tiene sobre el tema electoral. Es egresada con mención honorífica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tiene doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad la Sorbonne de París. Trabajó ocho años en el Senado francés, como secretaria legislativa y coordinadora de los secretarios legislativos. Y 10 años como Secretaria Técnica de Ponencia en la judicatura federal en México, con diversos consejeros.Berenice

Aralí también ya ha presidido una sala regional del tribunal, la de Guadalajara, de 2013 a 2016. Es originaria de Baja California Sur y egresada de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Tiene estudios de maestría en educación, con especialidad en docencia. 22 años de experiencia electoral. Ha sido técnica en proceso electoral en el IFE y vocal distrital de capacitación electoral y educación cívica en Baja California Sur y Campeche. Además, magistrada numeraria del tribunal electoral de Baja California Sur.

Tanto Madeline como Aralí son conocidas por los actuales senadores, porque las evaluaron y aprobaron para que se desempeñaran en las salas regionales del tribunal electoral.

Silvia Gabriela Ortiz Rascón ya compitió en el 2006 por un lugar en la sala superior del TEPJF, pero no lo consiguió. En ese entonces los senadores votaron por el magistrado Manuel González Oropeza. Ella ha sido secretaria general de acuerdos y asesora de la sala superior. Presidenta del Comité de Transparencia y Acceso a la Información del TEPJF. Adscrita a la ponencia de la ministra Margarita Luna Ramos. Fue la mujer que obtuvo los 11 votos de los ministros para ser incluida de nuevo en una de las siete ternas que serán examinadas en el Senado.

Berenice García Huante es egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene maestría en argumentación jurídica por la Universidad de Alicante, España. Se ha desempeñado como secretaria de estudio y cuenta del TEPJF. Desde el 2009 ha formado parte del equipo del magistrado electoral Salvador Olimpo Nava Gomar.

Claudia Mavel Curiel López es egresada de la Universidad de Guadalajara. Ha sido secretaria de estudio y cuenta del TEPJF. También jueza de distrito de procesos penales federales, en Jalisco. Desde 2013, magistrada de circuito. Para ser incluida de una de las ternas, logró seis votos de los ministros.

María del Pilar Parra Parra  es egresada de la UNAM. Ha sido maestra en las escuelas de derecho de las universidades de Sinaloa y del Valle de México. Ministerio Público de la procuraduría de justicia del Distrito Federal. Actuaria judicial, secretario proyectista y secretario de juzgado, secretario de estudio y cuenta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, jueza y magistrada de circuito, tanto de tribunal unitario como colegiado.

Los próximos integrantes de la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) van a calificar la elección presidencial del 2018 y declarar electo al nuevo presidente de México, por eso la importancia que tiene el proceso que lleva a cabo la Suprema Corte de Justicia de la Nación y en el que también tomará parte el Senado de la República.Corte 1

En el curso de esta semana, la lista de 126 aspirantes se reducirá a 42, de acuerdo con los pormenores que dio de esta acción la ministra Margarita Luna Ramos, en su artículo titulado “¿Cómo se designa a los magistrados del TEPJF”,  publicado en el diario El Universal el pasado 26 de julio de 2016:

http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/margarita-luna-ramos/nacion/2016/07/26/como-se-designa-los-magistrados

La cifra de poco más de un centenar de competidores resultó mucho menor a la que se había supuesto. Hubo quienes llegaron a estimar que llegaría al medio millar, por lo que significa ser parte de esa sala, con solo siete lugares. Sin embargo, esta vez es evidente que hubo una autoeliminación de quienes valoraron de antemano sus posibilidades reales.

Incluso es de llamar la atención que de ese total de 126 sólo estén inscritas 20 mujeres, apenas el 15 %. Y aquí no se vale alegar que hubo marginación o discriminación, porque la convocatoria para inscribirse en el proceso fue abierta, con requisitos establecidos en la ley, no más.TEPJF

En la actualidad, de los siete magistrados que forman parte de la sala superior del tribunal electoral, hay una mujer, la magistrada María del Carmen Alanis, lo que representa el 14 % de los integrantes.

Por lo tanto, con estos números y porcentajes, sería entendible que en la nueva conformación prevaleciera nada más una mujer. Sería exagerado reclamar mayor participación con el argumento de la equidad de género, aunque puede ser que dentro de las 20, haya dos o tres o más, que tengan calificaciones y trayectoria superior a la de muchos de los varones que están en la lista.

Bajo esa premisa, que nadie se sorprenda si llega más de una mujer a la sala superior del tribunal. No es sencillo ni fácil, pero tampoco imposible. La Corte tendría que proponer dos ternas de mujeres, de las siete que finalmente deberán de llegar al Senado.1 Senado

En la lista hay exconsejeros electorales, ex funcionarios del IFE, actuales consejeros del INE, consejeros de la judicatura federal, magistrados, ex procuradores, académicos y fiscales, licenciados, maestros y doctores en derecho, expertos en el tema.

De acuerdo con los perfiles, hay nombres que se da por hecho que  pasarán a la siguiente ronda e incluso con merecimientos para ubicarlos desde ahora en alguna de las siete ternas.

Por ley,  por mayoría calificada, con el voto de las dos terceras partes de los senadores, se hará la elección final en el próximo periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión. La nueva sala superior del TEPJF deberá funcionar a partir del 4 de noviembre.

Como el origen del proceso está en la Corte, habría que descartar que se vaya a “partidizar” o que los elegidos en el Senado representen intereses de los partidos políticos.

La imparcialidad de los nuevos siete magistrados electorales deberá estar libre de toda sospecha, es un requisito que se tendrá que cumplir con absoluto rigor para que la institución, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuente con un blindaje que repele cualquier tipo de presión en las elecciones del 2018.

Seguro que cada vez que revisas la lista de quienes aspiran a competir por la presidencia de la República en el 2018, ninguno termina por convencerte de ser el mejor, porque hasta ahora el expediente de cada uno está más plagado de desaciertos que aciertos.interrogante

Los panistas creen que la sociedad ha olvidado que desperdiciaron 12 años en el gobierno; primero con Vicente Fox y luego con Felipe Calderón. Ninguno acabó con la pobreza ni con la corrupción. Tampoco con la impunidad ni la inseguridad. Por el contrario, todos estos males se conservaron o se multiplicaron. Hay hasta un monumento que sectores de la sociedad ven como un testimonio de la corrupción, edificado sobre el Paseo de la Reforma, como para no olvidar lo que hicieron los azules.

A pesar de esa historia, después de las elecciones del pasado 5 de junio en que conquistaron estados como Veracruz, Quintana Roo, Chihuahua y Tamaulipas, además de Durango, Aguascalientes y Puebla, andan con un viento triunfalista que suponen que ya nadie los frena.

La señora Calderón, Margarita Zavala, quien en el arranque de sus aspiraciones presidenciales coqueteó con una candidatura independiente, ante los resultados electorales, optó por ajustarse la camiseta blanquiazul. Evita mirar hacia atrás para no convertirse en estatua de sal, como le sucedió a la mujer de Lot cuando salía con su familia de Sodoma, según el relato bíblico.

Ricardo Anaya ha reforzado su imagen como dirigente y presidenciable. El debate que en televisión le ganó a Manlio Fabio Beltrones, lo hizo repuntar dentro y fuera de Acción Nacional. Nada más que su bandera contra la corrupción no la ha podido izar como quisiera por la estela que han dejado gobiernos de su partido, a niveles delegacional, municipal, estatal y federal.

Rafael Moreno Valle está convertido en político rentable para los medios de comunicación. Su imagen se difunde en revistas, diarios, en radio y en televisión. Quizás es la autopromoción más cara entre quienes suspiran por el 2018.

En el PRD están anotados Graco Ramírez, Silvano Aureoles y Miguel Ángel Mancera. El tercero es el más conocido por gobernar la Ciudad de México pero no es militante perredista ni quiere serlo. Además, su administración no ha conseguido igualar y mucho menos superar a sus antecesores. Lo peor es que a veces el gobernante supone que la sociedad no lo percibe. Graco y Silvano todavía tienen demasiados pendientes en Morelos y Michoacán.

Por lo que hace a los priístas, se han desgastado y exhibido cada uno de los más citados. Desde que empezó el actual gobierno se ubicó a Luis Videgaray como la propuesta del grupo mexiquense y se mantiene contra viento y marea. Lo pueden imponer como candidato pero sin ninguna garantía para lograr ganar la elección presidencial. Es evidente que los mexiquenses no van a nominar a un hidalguense ni a un sonorense.

Morena es el partido que prácticamente ya tiene candidato oficial y su abanderado es otro de los que supone que la sociedad es desmemoriada. Ya fue gobernante en la Ciudad de México y se quedó lejos de terminar con la corrupción e inseguridad que todavía se sufre.

Hasta ahora no hay nadie que infunda esperanza y ojalá en el 2018 la sociedad no tenga que decidir por el menos malo.

La soberbia política no es exclusiva de ningún país y mucho menos de alguno de los personajes públicos.

No hay necesidad de citar nombres para conocer al practicante, una soberbia que lo ciega y lo hace creer perfecto, mirarse al espejo y negar su realidad.Políticos

Quien tiene el poder es capaz de afirmar que el problema de la contaminación está bajo control, aunque los hechos digan lo contrario. Puede pavonearse de que no existe delincuencia organizada en la Ciudad de México, a pesar de que sea evidente para muchos. Sentirse iluminado y soñar que le espera la silla presidencial. Colocarse por encima de cualquier militancia, convencido de que sus virtudes lo hacen ajeno e inmune a vicios partidistas.

Olvidar que alguna vez fue gobernante y no fue capaz de resolver los problemas de inseguridad, pobreza y desempleo. Sentirse la mejor opción y el más honesto del mundo para competir por la presidencia de la República. Creer que su palabra es la única verdad y que su pureza no puede tolerar que dentro de su familia haya quien piense diferente. Desconocer a las instituciones y llamar mafia a cualquier grupo contrario,  público o privado.

Sentirse juez y sin investigación alguna ni haber escuchado a las dos partes, emitir sentencia desde un medio de comunicación y esconder la mano si resulta que todo fue una falacia. Jamás admitir que incurrió en una mentira, en ofensa y difamación, sino por el contrario, sostener su dicho y como último recurso dejar de hablar del tema.

Considerarse el mejor estratega económico y atribuir a un efecto externo la devaluación del peso. También culpar a la globalización de la crisis interna, del deterioro del poder adquisitivo y la falta de empleo. La caída del petróleo, también consecuencia externa. Achacar todos los males al exterior, porque en el interior el soberbio se convence de que actúa con acierto, con una alta capacidad como para involucrarse e influir en asuntos que no competen a su posición.

Incursionar en la política con el membrete de un partido para alcanzar una posición pública y presumir que su plumaje es a prueba de manchas. Desentenderse e ignorar el pasado salpicado de crimen y corrupción, para ostentarse como personaje limpio e intachable. Los destrozos que hayan hecho los demás, ponerlos bajo la alfombra, como se puede hacer con la basura en casa.

Jamás aceptar ser un soberbio y mucho menos modificar el comportamiento. Seguir adelante con el proyecto personal, “convencido” de que se actúa en beneficio del pueblo. No hacerle caso a las críticas; de preferencia, no leerlas ni escucharlas. “Voy derecho y no me quito”. Desestimar reclamos de la sociedad y elecciones perdidas, con la “certeza” de que la gente terminará por darse cuenta que el soberbio, que no admite ser soberbio, tiene la “razón”.

Tomar decisiones por encima de la voluntad de los demás, propios y extraños, les guste o no les guste; argumentar que ha llegado la etapa de la renovación y reinvención con nuevas figuras, aunque carezcan de experiencia y autoridad hacia quienes le rodean.

Por ningún motivo aceptar que se ha emitido una resolución incorrecta y en todo momento defenderla como una acción rigurosamente apegada a la ley, al Estado de Derecho.

Navegar con la bandera de la simpatía femenina y creer que la sociedad no tiene memoria ni recuerda la estela de corrupción y sangre que se ha dejado atrás.

Lo peor de un político “perfecto” es que todavía no descubra o no acepte que en estos tiempos la soberbia corre el riesgo de pagarse con la derrota en las urnas.

Como pintan los tiempos, por la experiencias electorales recientes, las bravuconerías, amenazas, advertencias, conatos de bronca y hasta muertos, el 2018 va a sacar chispas.

Lo ideal es tomar previsiones y adelantarse a los negros augurios, para que el proceso transcurra en orden, garantizar el absoluto respeto al voto y blindar la estructura electoral, mejorar el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral (INE) y de sus órganos estatales, reducir el margen de error en la organización de los comicios.

Es muy probable que la votación sea muy cerrada, quizás mucho más diputada la presidencia de la República que en el 2006, cuando la diferencia en la votación fue menor a un punto.

Por eso la importancia de afinar el funcionamiento de la estructura electoral, el conteo de votos, la entrega de resultados, para no dar cabida a la incertidumbre y aquietar a los triunfalistas. Desactivar con oportunidad a quienes pretendan confundir a la sociedad con resultados ficticios.

Hay que perfeccionar el mecanismo para el conteo de votos y la más pronta difusión de los resultados. Por ningún motivo se deben retrasar, por el contrario, mejorar los tiempos de contiendas anteriores.

Revisar prácticas de otros países, de España que acaba de colocarse a la cabeza en el mundo por la rapidez para dar resultados, apoyado en el uso de las nuevas herramientas de la comunicación, el Internet, sin caídas de sistema.

Será la principal prueba de Lorenzo Córdova, la que lo marcará para bien o para mal en su trayectoria como servidor público. Está a tiempo de tomar las medidas necesarias para asegurarse que la sociedad quede satisfecha con su actuación. Certeza, seguridad y frialdad, valores infaltables en su desempeño. Con un blindaje resistente a toda clase de presiones.

Cero titubeos en el resultado de la elección presidencial.

Nueve partidos y los candidatos independientes que se inscriban y logren su registro, obligan a hacer más sencillo el manejo de la papelería electoral; encontrar la forma de que no haya confusión en la identificación de las actas de instalación, escrutinio y quejas, tampoco en su llenado.

A los funcionarios de casilla de les debe pagar ese día, una compensación decorosa, viáticos no solo para comer. Es de la mayor importancia su trabajo y es justo que se les reconozca.

Además, el organismo electoral ya no debe exponer el funcionamiento de las casillas a la improvisación, porque cada vez son más las personas que a la mera hora deciden no participar y se tiene que echar mano en ese momento de ciudadanos en fila, votantes, que voluntariamente decidan ayudar, pero que no tuvieron ninguna capacitación para participar.

Eso sí, en caso de que se les pague a los funcionarios de casilla, también deberá de establecerse una sanción para el que incumpla. Hay naciones donde el ausentismo de un presidente de casilla se castiga hasta con 60 mil pesos.

Pareciera que se trata de minucias y que no se requiere hacer ajustes. Por si alguien lo quiere ver de esa forma, no debe olvidar que los grandes boquetes empiezan con una minúscula fisura.

Nunca antes había visto que un ex presidente o ex dirigente nacional panista “destapara” a un personaje del PRI como precandidato a la presidencia de la República.

Cuando la lógica dice que debiera hablar de los aspirantes de su propio partido, Luis Felipe Bravo Mena sorprende al dar el banderazo de salida a la campaña de Manlio Fabio Beltrones.

En sus adulaciones hacia el político priísta, incluye la expresión “es un caballo de hacienda”.

A Luis Felipe Bravo Mena lo conocí como líder de Acción Nacional (1999-2005). El era jefe de los azules y, yo reportero de El Universal. Bajo su dirigencia ganó el PAN la presidencia en el 2000 y después, en el siguiente periodo de su partido en Los Pinos, trabajó como secretario particular de Felipe Calderón. También ha sido senador de la República.

Siempre me ha parecido cuidadoso en sus declaraciones. No recuerdo que alguna vez haya salido de tono o alguno de sus dichos haya sido motivo de escándalo. Cauto, precavido, prudente, medido en su desempeño. Por eso la importancia de leer su artículo publicado en El Universal el pasado 23 de junio  www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/luis-felipe-bravo-mena-nacion/2016/06/23/manlio-inicia-campana .

No fue una entrevista ni respondió a preguntas de “banqueta”. Se trata de un texto que seguramente elaboró después de reflexionar y analizar por varios días la renuncia del sonorense a la presidencia PRI.

Concluye que Manlio es un sólido aspirante, ahora con la ventaja de no tener la marca del dueño de la cuadra mexiquense o de quien encabeza el grupo en el poder.

Para Bravo Mena, en el gabinete no queda ningún corcel ganador.

Su argumento que le da posibilidades a Beltrones en pos de la candidatura presidencial, a pesar de que ya no tiene ningún cargo público, lo apuntala

con el caso de Felipe Calderón Hinojosa.

Felipe decidió competir por la candidatura de su partido, sin cargo alguno. Había renunciado como secretario de Energía, presionado por el foxismo (Vicente y Marta), después de que fue “destapado” por sus seguidores en Jalisco.

Vicente y Marta querían como candidato a Santiago Creel Miranda, entonces secretario de Gobernación.

A la pareja presidencial no se le cumplió su deseo, porque en el proceso interno panista, establecido por sus estatutos, la militancia le dio el voto a Calderón.

En el caso del PRI, los artículos 181 y 183 de sus estatutos, establecen como uno de los procedimientos para elegir a su candidato, la elección directa, que puede ser con la participación solo de los militantes, o de los militantes y simpatizantes.

Así está en los documentos básicos, pero evidentemente,  a lo largo de su historia, lo que ha determinado en la práctica la elección del candidato priísta (salvo 2006 y 2012, porque el poder lo tenía el PAN) ha sido el llamado “fiel de la balanza”, o sea, la opinión del presidente de la República, que por mucho tiempo se ha conocido de manera coloquial como “dedazo”.

Hasta ahora, no se ve por ningún lado que se vaya a dar una excepción para el 2018, pero ante lo sucedido en los comicios de este año y en busca de postular a quien tenga el mayor apoyo de los militantes e incluso de la sociedad, está en la mesa la alternativa de la elección directa.

De cualquier manera, la palabra decisiva la tendrá el presidente.

Por lo pronto, Manlio, según Bravo Mena, es un precandidato “caballo de hacienda”.

Es de justicia mejorar la “dieta” para los funcionarios de casilla, sobre todo en las elecciones del 2018.

Corresponde a los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) hacer la revisión y ajuste, tomar en cuenta que en los últimos procesos un porcentaje significativo de ciudadanos ha rechazado participar en esa actividad, con cualquier pretexto, inconformes y hartos del desempeño de partidos en gobiernos de los diferentes niveles.

Es cierto que por el mecanismo que establece la ley, se ha logrado la instalación de casi el 100 por ciento de las casillas, porque si falta alguno de los funcionarios nombrados o designados al azar o aleatoriamente, se busca la suplencia entre quienes están formados para votar, de manera voluntaria.

También por norma, quien acepta participar, se hace cargo de la posición de menor jerarquía, que sería la de escrutador, contar votos; los demás, se corren para llenar el espacio faltante.

Sin embargo, esta medida complica el trabajo de los funcionarios, porque entonces ya no hacen la actividad para la que fueron preparados por los capacitadores del organismo electoral. Es cierto que cumplen, que la casilla no deja de funcionar y sigue la recepción de votos, pero también es un hecho que hay más apuros en el llenado de actas y suma de votos.

Esa puede ser la explicación del incremento del número de paquetes que después se tienen que recontar en los consejos distritales, por inconsistencias o imprecisiones, derivadas de la improvisación.

Además, en los comicios del reciente cinco de junio, en la llamada elección del constituyente en la Ciudad de México, en la boletas aparecieron una veintena de nombres de candidatos independientes. Una novedad que hizo que las boletas se hicieran más grandes y un escrutinio adicional al acostumbrado.

En las elecciones del 2015, donde solo se renovó la Cámara de Diputados, nueve gubernaturas, alcaldías, jefaturas delegacionales y diputaciones locales, la hora promedio en que terminaron su trabajo los funcionarios de casilla fue pasada la medianoche.

Las del 2012 obligaron a laborar en muchos casos hasta la madrugada y, en el 2018 la historia se va a repetir. La diferencia es que en el 2012 la gente estaba más animada a participar como funcionario de casilla. Ese interés ha decaído, por diversos motivos.

Por eso la importancia de revisar su dieta o ayuda, que hasta ahora es de 300 pesos por persona.

¿Y de dónde puede obtener el INE dinero para ello?

De las prerrogativas que reciben los partidos, una aportación equitativa para recompensar a los ciudadanos. Sin duda, significaría darle un muy buen uso al recurso público.

Sirva como referencia que en la actualidad, hay partidos que pagan a sus representantes de casilla de 500 a mil pesos, por permanecer en el lugar desde la apertura hasta recibir copia del acta de resultados. Hace ya mucho tiempo que dejaron de acudir solo por su militancia.

Para la elección del 2018, la batalla será por la presidencia de la República, 500 diputaciones federales, 128 senadurías, gubernaturas, presidencias municipales, jefaturas delegacionales y diputaciones locales.

Las boletas también incluirán los nombres de los candidatos independientes, que en global, es lógico suponer, serán muchos más de los que se han inscrito en los pasados comicios.

Un contexto que implica mucho más trabajo, con más votantes en una contienda que se espera intensa, como nunca antes, por eso se vuelve necesario estimular la participación de los ciudadanos en las casillas; evitar el riesgo de la improvisación o desperdicio de la fase de capacitación del propio INE.

Manlio Fabio Beltrones le puso número a su pronóstico y seguro que la cifra de nueve no fue ocurrencia. Quienes lo conocen, saben el cuidado que tiene para sus declaraciones y afirmaciones, lo que no quiere decir que esté exento de cometer errores.

Sin embargo, para anticipar por lo menos nueve triunfos en las elecciones del próximo domingo, primero midió fuerzas y capacidades; diseñó escenarios y evaluó posibilidades. En la batalla por sumar simpatizantes y desacreditar adversarios, su partido falló al integrar pruebas contra candidatos en Tamaulipas, tuvo que admitir que una foto no era de dicho estado sino de Michoacán.

Peor se vio la utilización de una mujer que acusaba de pederastia a Miguel Ángel Yunes Linares en Veracruz. La supuesta víctima salió a desmentirla. Bajeza imperdonable por el daño a inocentes pero explicable en la guerra sucia que acostumbran ahora los partidos, sin límite alguno.

A pesar de esos desatinos, la estrategia del PRI sigue en camino hacia el triunfo pronosticado. La experiencia de su líder, política, electoral, operativa y mediática, hace diferencia.

Ricardo Anaya no se atrevió a dar ninguna cifra porque el PAN está dividido y no tiene a los mejores candidatos. Las mayores posibilidades de éxito están en Puebla, pero no por el mismo partido, sino por el gobernador Rafael Moreno Valle que necesita la victoria con el fin de apuntalar sus aspiraciones para el 2018.

Anaya enfocó sus acciones y empeñó su prestigio con sus candidatos en Tamaulipas y Veracruz. En ambos casos metió las manos al fuego. Ya se broncearon sus extremidades y corre el riesgo de sufrir quemaduras.

Agustín Basave es un expriísta y académico que se convirtió en dirigente nacional a petición de perredistas incapaces de resolver sus problemas internos. Le apostó a las alianzas porque el partido, solo, en estos tiempos, es muy complicado que obtenga resultados favorables. Tampoco sus alianzas con el PAN son garantía, pero al menos lo mantendrán con vida, registro y presupuesto público.

Andrés Manuel López Obrador con Morena tampoco va a ganar ninguna de las 12 gubernaturas en disputa. Su principal adversario es él mismo, con declaraciones que lo pintan como intolerante, al excluir gente que disiente de su proyecto. Una actitud que no es nueva y que le resta simpatizantes hasta en su propia familia.

De cualquier manera, a pesar de él, aumentará su número de seguidores, sobre todo en Veracruz y en la Ciudad de México, en beneficio de sus planes para el 2018.

En la Ciudad de México, con la elección de diputados constituyentes, Morena consolidará su presencia. Más temprano que tarde terminará por desplazar al PRD.

De la cuarteta de dirigentes, Manlio (63 años) y Andrés Manuel (62) tienen un trabajo y traen una inercia para mantener vigentes sus aspiraciones.

Basave (57) deberá tener listas sus maletas por si hay necesidad de regresar a sus labores académicas. Anaya (37) tendrá que cerrar filas con Moreno Valle para no ceder espacio ni dejar la dirigencia a los calderonistas.

Don Luis Héctor Álvarez fue congruente con su ideología toda su vida, no recuerdo que haya asumido una posición contraria a sus creencias. Por lo mismo, un personaje respetable.

Cuando era dirigente de su partido, varias veces tuve la oportunidad de entrevistarlo y de intercambiar comentarios fuera de grabadora. Un tipo amable, cortés. Una o dos veces lo vi enojarse y enrojecer ante un comentario o tema que no era de su agrado y rechazaba.

El día que platicamos del proceso electoral de 1988, ya el PAN había acordado lo que se conoció como la “legitimación en el ejercicio del poder”. Eso fue lo que convino con el partido que había sido el ganador oficial de la contienda.

Don Luis estaba tranquilo, sonriente. Era costumbre que después de sus conferencias de prensa, se ofrecieran bocadillos y refrescos a los representantes de los medios de comunicación.

Ahí en esa conferencia, se había tocado el tema del acuerdo. Las respuestas institucionales. Era hábil Don Luis para evadir puntos espinosos. Nunca dio una entrevista para profundizar sobre este caso. Tampoco se que haya dejado por escrito sus memorias y en particular el relato de ese hecho.

No era la primera vez que me acercaba al entonces dirigente panista para comentar algo extra, en un diálogo entre dos, corto, breve. Generalmente era una precisión o aclaración, lo que entendía que no podía o no estaba autorizado a decir de manera pública, con su nombre, en este tiempo.

Había dudas sobre los resultados, protestas del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y de sus seguidores, también se había sumado a la  inconformidad del Frente Democrático Nacional el candidato panista Manuel J. Clouthier, pero nunca Don Luis.

Don Luis fue un político de ideas conservadoras, un militante auténtico de la derecha, un empresario que no comulgaba para nada con la izquierda. Como presidente panista no procuró ni hizo alianzas con quienes consideraba tenían propuestas contrarias a la suyas.

Estaba satisfecho con el acuerdo al que se había llegado con el partido en el poder.

-¿Hizo lo correcto al aceptar la legitimación en el ejercicio del poder?

-¡Claro! –me contestó.

Y siguió:

-Yo no iba a darle mi apoyo a Cuauhtémoc. No es lo que le conviene al país, sería un error. Se hizo lo que más favorecía al país.

Don Luis, nunca se arrepintió de la decisión tomada y me quedó claro que el ingeniero Cárdenas jamás estuvo en su ánimo.

No lo externó de esa manera pero era evidente que le tenía pavor a la posibilidad de que Cuauhtémoc fuera a vivir a nuevo en Los Pinos, ya lo había hecho de niño con su padre el general Lázaro Cárdenas.

Emilio daba por hecho que sería elegido presidente de su asociación de estudiantes veracruzanos radicados en la Ciudad de México y me invitó para que fuera testigo del proceso.

Su entusiasmo lo transmitía, amante de la música, pianista, el principal activista de su grupo. Literalmente el hombre orquesta, promovía actividades sociales, culturales, políticas, organizaba conferencias académicas, atraía a los medios, le daba imagen y prestigio a la asociación, sobre todo en su estado.

Por su trabajo, por su desempeño, por los resultados, daba por hecho que sería electo presidente.

Llegó el día de la votación.

El auditorio seleccionado tenía cupo aproximado para 200 personas. Estaba lleno, todas las butacas ocupadas, los jóvenes animados, saludadores y platicadores entre ellos.

La directiva saliente informó de las actividades realizadas durante dos años. Emilio había ocupado la cartera de secretario de acción social y era uno de los fundadores de la asociación.

Estaba orgulloso de todo lo realizado, en particular porque había sido el artífice.

Sólo había dos candidatos, Emilio y otro de nombre Raúl, secretario de acción política. Antes de proceder a la elección, ambos fueron presentados, expuestos ante sus compañeros.

Se procedió a la votación, voto secreto, en urna transparente.

Me llamó la atención que no hubiera mantas, tampoco pancartas ni porras a favor de nadie.

Así eran las reglas.

Después, a contar voto por voto.

Pronto me di cuenta que Emilio no ganaría.

Habían contado ya un centenar y todos para Raúl.

Al final, 199 votos para Raúl y uno para Emilio. Una vez hecho el anuncio, prácticamente todos contentos, menos Emilio. Lo conocía y sabía que trataba de ocultar su enojo pero su rostro lo delataba.

¿Qué pasó, si era quien más había trabajado en su grupo?

Investigó y días después me enteró de lo sucedido. El presidente saliente, su amigo y cofundador de la asociación civil, le dio los pormenores.

Sucedió que Emilio nunca le hizo saber al presidente que tenía interés en sucederlo, tampoco cabildeó con sus demás compañeros, con nadie de su interés que pretendía y quería ser el sucesor.

Al fin músico, no político, supuso que de manera natural todos votarían por él, en reconocimiento a su trabajo.

Su único voto había sido el de otro músico.

Raúl resultó más listo para la competencia, platicó con el presidente y lo convenció de que era el mejor candidato.

El presidente se encargó de hablar con las diversas corrientes o expresiones internas, para inducir el proceso.

Por eso el aplastante resultado, estaba negociada la elección, el presidente había dejado sucesor.

Emilio, frustrado, desencantado, abandonó la asociación y se dedicó de lleno a la música.

Se extinguió el proyecto. Raúl creyó que con puro rollo mantendría viva la asociación y se equivocó.

Cualquier parecido con alguna realidad, es mera coincidencia.

El error de Instituto Nacional Electoral en su trato con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es la comunicación, el diálogo, la consulta, el intercambio de información.

Se ha vuelto cíclico, repetitivo, por la llegada de un nuevo presidente del instituto, nuevos consejeros o nuevos magistrados. Derivado de las relaciones humanas, de la identificación entre las personas, de la habilidad para superar diferencias y lograr acuerdos.

La soberbia, la falta de tacto, perder el piso, han sido causa del desencuentro entre las autoridades electorales, de un lado, del otro o de ambos. La justificación y explicación de los consejeros, cuando les rechazan o rectifican en la sala superior del tribunal alguno de los acuerdos, es que los magistrados cumplen su función de revisar el trabajo del instituto.

Cierto, el tribunal tiene esa responsabilidad, entonces no hay que sorprenderse por la enmienda, aunque a veces se acepte con enfado. El problema es cuando ese resarcimiento se vuelve frecuente, pareciera que el presidente consejero o sus compañeros consejeros electorales desconocen la ley o no la dominan.

El primer presidente del extinto IFE, José Woldenberg, sin duda, sin discusión, dejó una huella que hasta la fecha no se ha podido repetir ni superar. Engrandeció la imagen del organismo ciudadano.

Por supuesto que también enfrentó dificultades, diferencias con el tribunal, pero que muchas fueron superadas con el manejo político del consejero presidente. Su principal antagonista lo tuvo dentro del mismo consejo, en voz de Jaime Cárdenas, quién después se convertiría en diputado perredista y luego partidario de Andrés Manuel López Obrador.

Jaime ha sido un sólido abogado, documentado, no era oposición por mera oposición, sabía lo que argumentaba, por eso los demás integrantes del instituto siempre lo respetaron.

Siguió Luis Carlos Ugalde. No supo formar un equipo ni tampoco contó con los mejores consejeros. Su estilo, su imagen, su desempeño, lo llevaron a chocar con magistrados. No resistió presiones y terminó por dejar el cargo antes de lo que se había previsto. La inseguridad en el proceso electoral del 2006 lo marcó como consejero presidente.

Leonardo Valdez Zurita demostró habilidad desde su elección como consejero presidente. Supo cabildear con todos los partidos y sin hacer aspavientos, llegó al IFE por unanimidad. Su actuación tampoco estuvo exenta de roces con el tribunal, pero los normales. Cumplió.

Lorenzo Córdova Vianello sobresale por su perfil con medallas académicas. Creció en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. A los 39 años de edad es consejero del IFE y a los 42 lo hacen presidente. Pagó su inexperiencia política con la grabación telefónica en la que se mofa de reclamos indígenas. Aprende rápido, no lo volverán a sorprender de esa manera. Lo que le falta afinar es su relación con el tribunal electoral.

El INE de Córdoba todavía tendrá que hacer más para acortar, igualar o superar el IFE de Woldenberg.

Es un misterio, un secreto el comportamiento que tendrá la sociedad, los ciudadanos, en las elecciones del próximo junio en México. Hay un segmento mayoritario que puede dar sorpresas en los resultados. Es obvio que hay una molestia social y nadie puede decir con certeza cómo se va a traducir ese enojo a la hora de ir a votar. El triunfo no está asegurado para nadie.

La disputa por los votos no tiene límite, en los doce estados donde habrá elección de gobernador, el juego sucio es lo de hoy, la exhibición de trayectorias, falsas o ciertas, el objetivo es desacreditar al adversario. La gente ya se hartó, no hay señales de cambio. Todo es más de lo mismo. Para donde quiera que se mire es igual, la descomposición.

Te digo que vienen sorpresas, porque esa población inconforme procurará no darle su voto a los de siempre.

Sin embargo, no va a ser sencillo tomar la decisión, porque para ser franco, a la vista no existe una opción limpia o descontaminada. En ninguno de los estados donde hay competencia existen personajes registrados en el proceso electoral que marquen una clara diferencia con los demás.

En la mayoría de los casos habría que votar a favor del menos malo y en contra del que tiene el historial más corrupto. Por algo no hay prisa en el poder legislativo por aprobar el sistema anticorrupción.

Panorama enmarañado para el votante porque no se ven las alternativas confiables y que garanticen un gobierno distinto

El votante quiere darle una lección a los políticos, castigarlos con la derrota. El problema es que no sabe a quién darle el triunfo.

No es nueva la compra de votos y la condena contra esta práctica, pero es un hecho que persiste en la oscuridad, en la crisis, en la falta de empleo. No faltara el partido o candidato que haga su mayor inversión económica para tratar de amarrar un resultado favorable.

Lo que te argumento es lo que menos le importa a competidores, la finalidad por años ha sido ir por el botín, no por garantizar calidad de vida a la sociedad. La historia se ha repetido un y otra vez. No hay indicios o elementos para ser optimista y suponer que la situación va a cambiar

En la desgracia democrática palpable, lo más grave es que la delincuencia está al acecho, en espera de colarse a posiciones de gobierno.

¿Qué le queda por hacer al votante?

Otra vez por el menos malo y a seguir en lo mismo, los mismos arriba, los mismos en la clase media y los mismos abajo.

Los independientes, apenas se conocen y todavía son escasos.

¿Resignación, impotencia o esperanza?

Lo que te he contado es la realidad y no es exclusiva de México.

Hay quienes han anticipado su interés por competir como candidato independiente en el 2018, pero hasta ahora ninguno tiene o cuenta con la simpatía de la sociedad. Han sido voces en el desierto.

Los nombres están en los medios de comunicación y nadie de ellos pinta en las encuestas, entendible, porque no las pagan, no son clientes de las desatinadas consultas electorales.

Sin embargo, es lógico suponer que los grupos de poder, económicos, políticos y sociales, aparentemente ajenos a los partidos, revisan perfiles de quiénes pueden competir por la presidencia.

El independiente es una gran opción para el 2018 ante el desgate, ganado a pulso, de los partidos políticos. La gente ya no quiere votar por los partidos, ya se hartó de todos, sin excepción.

¿Cuándo debe salir el independiente a dar la cara? ¿Ya es ahora? ¿Los que ya lo hicieron, acertaron?

Los acelerados pronto se han dado cuenta que no son los indicados, no tienen carisma ni suman voluntades, solo buscan notoriedad personal y quizás algunos despertar o provocar a las organizaciones apartidistas o ciudadanas para preparar la estrategia del 2018.

No atraen gente ni cuentan con recursos para pagar concentraciones masivas y populares. Sería un desperdicio de dinero en este momento, todavía no es tema del pueblo.

Salvo el voto duro que cada partido pueda tener, es un hecho que los demás ciudadanos, la mayoría, esperan un opción diferente, una imagen limpia, una cara nueva en la competencia, con propuesta, preparado, ya no los  perfiles vaquero, tozudo o rostro bonito. Se requiere alguien Inteligente, capaz de recomponer lo que para muchos ya no tiene remedio.

Por supuesto que ese personaje no es sencillo encontrarlo. Tampoco es imposible, seguro que existe. México tiene figuras con trayectoria ejemplar, mentes brillantes y sensibles. Ojalá que más de uno esté dispuesto a participar y poner sus capacidades al servicio del país.

¿Ya es tiempo de que dé la cara?

No, porque si lo hace, no llega al 2018, los mismos partidos se encargarían de sembrarle trampas y desgastarlo, exhibir y magnificar sus posibles debilidades, incluso, inventarle defectos y desaciertos.

Vale más que se reserve, si es el adecuado. La gente lo va a reconocer cuando aparezca.

Sin duda, el independiente es una opción, aunque no quiere decir que sea la única. También alguno de los partidos puede dar la sorpresa y nominar a un personaje que no sea más de lo mismo o se crea el salvador de nuestro país.

Para el 2018 la gente quiere baraja nueva o cartas con la experiencia y madurez, inteligencia y compromiso social,  para darle mejor vida a los mexicanos.

Regresaba de hacer ejercicio a casa, mañana contaminada, Ciudad de México irrespirable, ambiente fresco, aprisa para el baño y la partida al trabajo, paso veloz con la mirada al frente. De reojo vi una sombra por mi lado derecho, un hombre alto, con gorra estilo polaco.

 A la primera, a dos metros, de perfil y con esa gorra, no lo reconocí. Me pareció demasiado abrigado ante el pronóstico de un día soleado. Más cerca descubrí que era Dante Delgado Rannauro, dirigente del partido Movimiento Ciudadano, antes Convergencia.

Supuse que había bajado de su auto y que se dirigía a sus oficinas partidistas en la colonia Nápoles.

-Dante, buenos días.

-Buenos días.

-¿Se ve que va a estar caliente el 2018? –le pregunté a este personaje que está al día en política, que ha sabido mantener con vida al Movimiento Ciudadano y que anticipa los escenarios, quizás como se lo enseñó su paisano Don Fernando Gutiérrez Barrios.

-Muy caliente, le hace bien al país –alcanzó a decir y siguió su camino.

Reflexioné de inmediato su expresión.

La repetí varias veces, “muy caliente el 2018, muy caliente el 2018…le hace bien al país”.

¿Por qué afirma que le hace bien al país?-me preguntaba.

En mi análisis, un 2018 caliente, ya lo he escrito, es que los partidos y candidatos se van a dar con todo, peor de lo que hemos visto, con las batallas más sucias con tal de salirse con la suya.

Hay quienes vislumbran hasta violencia, tanto de los que quieren conservar el poder como de los que quieren llegar a Los Pinos.

Ojalá no haya un escenario extremo que se tenga que lamentar, porque pierde el país, todos los mexicanos.

Lo que debe contar es el voto y el que obtenga mayoría, reconocerlo y aceptarlo, regla básica de la competencia.

Dante, desde que lo conozco, a partir de la fundación de Convergencia en 1998, después de su experiencia como servidor público, su interinato como gobernador de Veracruz, sus diferencias con Ernesto Zedillo y su encierro en un penal de su estado acusado de corrupción y enriquecimiento inexplicable, es un personaje que da con tiento cada paso.

Sabe, por eso goza de cabal salud Movimiento Ciudadano.

Entiende que la liga se puede estirar pero que no es recomendable romperla.

Si él ve venir “muy caliente” el 2018, espero que no se traduzca en sobresaltos y más sufrimiento para la sociedad.

Que el presagio de Dante no se convierta en algo dantesco.

Para el proceso electoral del 2018 el único comportamiento impredecible es el del electorado indeciso, del que puede marcar la diferencia en el resultado, del que no milita en ningún partido.

Cada fuerza política tiene su propio voto duro y es evidente que el Partido Revolucionario Institucional tiene el mayor número de seguidores o simpatizantes, que se le van a jugar con el tricolor, como lo han hecho por décadas.

Será una batalla sin precedente, que ya está a la vista, porque hay competidores que han decidido levantar la mano con mucha anticipación, como lo hizo Vicente Fox en el 2000.

Además, hay un personaje con dos intentos fallidos, con más de 12 años en campaña, que cree que la tercera es la vencida, con la fortuna de que las encuestas lo favorecen en este momento.

La frase sempiterna, que duraría para siempre, formulada por el extinto líder cetemista Fidel Velázquez, de que “el que se mueve no sale en la foto”, en relación con aquellos que se desbocaban o se aceleraban por sus aspiraciones presidenciales, quedó en el pasado.

Desde el 2000, cuando el ganador fue quien emprendió su campaña a Los Pinos siendo gobernador de Guanajuato. En el 2006, Felipe Calderón salió del arrancadero mucho antes que sus compañeros en el PAN. En el 2012, la presencia de Enrique Peña Nieto en los medios, como gobernador del estado de México, se dio con un enfoque nacional.

En los tres casos consiguieron posicionarse mucho antes que los demás competidores, aunque al segundo, le resultó  más complicado ganar, porque aunque su principal adversario repetía una y otra vez que “a mi denme por muerto” cuando le preguntaban por sus aspiraciones en la jefatura de gobierno del Distrito Federal, era obvio que tejía y tejía por las noches.

¿Y por qué si por fuera de la pista el nacido en Tabasco se adelantó, no llegó en primer lugar a la meta?

Su actitud, sus desplantes y diferencias con grupos económicos, lo convirtieron en “el enemigo de México”. Se creyó invencible, e incluso, se despreocupó de amarrar el apoyo de quien entonces era el líder moral de los perredistas. Consiguió formar un bloque en su contra y no lo pudo sortear el día de las elecciones. Hizo berrinche y lo desahogó en el Paseo de la Reforma, con la tolerancia de las autoridades de “izquierda” y en perjuicio de los habitantes de la ahora Ciudad de México.

De nuevo, para el 2018, va adelante, esta vez dentro de la pista, pero no ha dejado de ser un jinete controvertido, polémico, al que muchos siguen “a ciegas” y muchos otros no lo pueden ver ni en pintura.

Por eso ya hay más competidores en la pista, todos con sus mejores monturas y estrategias, para dar la batalla como nunca antes, van a salir chispas de las espuelas y la fusta para darle más velocidad al caballo al entrar en la recta final de la competencia.

Sin embargo, el factor determinante será ese voto indeciso que por ahora se mantiene expectante.

Una historia real de política, cuando se desestima al adversario y peor si es de la familia. Cuando se pierde el piso y el personaje se cree invencible, que se le hace imposible sentarse en la misma mesa con alguien que desde su punto de vista no está a su nivel.

Es una práctica de los inexpertos políticos, lo hacen en el caso de los medios de comunicación. Discriminan. Se sienten figuras y por lo tanto cierran su puerta a medios que consideran sin importancia. Nada más aceptan entrevistas con quienes juzgan encumbrados.

Me ha tocado verlo, constatarlo, personajes que al empezar su carrera accedían a todas las entrevistas, pero que una vez instalados en la cima, se olvidan de mirar hacia abajo.

Les gana la soberbia.

Lo que te voy a contar no está estrictamente relacionado con los medios de comunicación sino con los hermanos de sangre de los políticos, a propósito de lo que ahora sucede con Andrés Manuel López Obrador y su hermano de madre y padre, Arturo López Obrador.

No es el primer caso con estas características, es usual en la competencia, intentar dividir a la familia.

Sucedió con Fernando Ortiz Arana, quien nunca logró su sueño de ser gobernador de su estado, Querétaro.

La primera vez que hizo planes para participar en el proceso estatal, Carlos Salinas lo hizo cambiar de opinión. Lo invitó a quedarse en la ahora Ciudad de México. Se convirtió en líder de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en coordinador de los diputados de su partido, coordinador de los senadores de su partido y dirigente nacional del PRI. También fue promovido por sus colaboradores para aspirar a la candidatura presidencial.

Dos veces compitió por la gubernatura y las dos veces perdió. Desde la primera ocasión su imagen se desdibujó, perdió fuerza por las diferencias con su hermano. Su hermano José, el mayor, sintió que tenía derecho a su propia proyección y se dejó convencer para participar en la “oposición”.

Fernando  no le dio la importancia que ameritaba el tema familiar, no buscó a su hermano con el empeño que se requería para recobrar la unidad, para dialogar y llegar al entendimiento. Dio por hecho que su exitosa trayectoria en la Ciudad de México sería suficiente. Se equivocó. Para su segunda participación en Querétaro, el daño ya estaba hecho.

Cuando fue coordinador de los diputados priístas, con tal de avanzar en la negociación, no dudó en ir hasta la oficina de la misma Rosalbina Garabito. Entonces ella era del ala dura de los perredistas. A Fernando no le importó subir tres pisos y caminar hasta el final del pasillo para llegar al reducido espacio que ocupaba la diputada. Hubo acuerdos y mejoró la relación entre mayorías y minorías en el recinto de San Lázaro.

Con su hermano José, no habló.

El caso de Andrés Manuel López Obrador no es igual pero se parece por el lazo familiar. Andrés Manuel, en vez de buscar a su hermano Arturo para superar diferencias, optó por descalificarlo, por llamarlo traidor. La soberbia del primero no es una novedad.

Se subió al ring mediático, cayó en el juego de los que quieren minar sus aspiraciones. Se sintió patriarca, intachable. Y ese distanciamiento le puede pesar en el 2018. Todo por no bajar del cielo para dialogar con los mortales.

Vale la analogía para lo que hoy te voy a contar. El futbol y la política, el gol y la candidatura presidencial, los veteranos con la experiencia y el vigor vigente frente a la impetuosidad y ambición de  los más jóvenes, los que están en el campo de juego y los que están fuera del campo o en la banca.

Manlio Fabio Beltrones Rivera y José Narro Robles están en el campo de juego y por lo tanto tienen la posibilidad de anotar gol, con el perfil y el acervo que los mantiene activos como sucede con Rafa Márquez y Óscar “El Conejo” Pérez en el balompié mexicano. Se conservan como figuras, el primero como defensa o medio, el segundo como portero y también anotador; han sabido cuidarse para seguir en la competencia.

Cuando el periodista Ciro Gómez Leyva escribió que el propio Manlio se había descartado para el proceso electoral del 2018, recordé de inmediato que algo parecido hizo para el 2012 y en ese entonces el argumento utilizado para excluirse había sido la edad. Por supuesto que aquella vez, nadie se atrevió a escribir que el entonces senador se auto eliminaba.

En esta ocasión la excusa empleada, la “inequidad” en los anuncios partidistas, la ventaja sobre sus compañeros al poder aparecer en los “spots” como lo hacen Andrés Manuel López Obrador (Morena), Agustín Basave (PRD) y Ricardo Anaya (PAN).

Se dijo que en este 2016, el actual dirigente del PRI, se expresó en esos términos ante un grupo de periodistas. Y nada más uno se la “creyó”, por lo menos eso fue lo que difundió. Quizás pecó de inocencia, lo dudo, a estas alturas. Quizás era emocionar a los más jóvenes y hacerles suponer que el más colmilludo de la política presente ha resuelto excluirse. Ningún otro compañero periodista tomó o reprodujo las palabras con la literalidad de Ciro. De cualquier manera, respetable lo que haya registrado en sus apuntes y  pregonado después.

Lo cierto es que Manlio sigue en el campo de juego como Rafa Márquez. Con la posibilidad, ambos, para anotar gol, uno en la política y otro en el futbol. ¿A poco algún cronista le creería a Márquez que no meterá la pelota en las redes contrarias porque sería “inequitativo” porque él tiene más experiencia, ha jugado en Europa y tiene más anuncios en la televisión que sus compañeros de equipo? ¡Claro que no! Rafa irá al área chica, las veces que sea necesario, cuando haya un cobro de castigo o un tiro de esquina, para tratar de cabecear y meter gol. Su especialidad, por su estatura y calidad cabeceadora.

Rafa Márquez no ha renunciado ni renunciará a meter gol. Tampoco Beltrones. Ser presidente es la aspiración de quienes están en las grandes ligas de la política y no tienen que andarlo propagando. En un ejemplo reciente, ¿cuántas veces López Obrador llegó a decir  “a mi denme por muerto” cuando le preguntaban anticipadamente si buscaría ser candidato? Tampoco nadie de los más jóvenes va a gritar a los cuatro vientos que quiere ser, ni en “off the record  con periodistas ni en privado con sus colaboradores. Tampoco va a descartarse. Y si lo hace, no hay que perder de vista que es un político. Sería, como dicen los católicos, una mentira piadosa.

Así que Manlio está dentro del campo de juego y puede meter gol, como también lo puede hacer el doctor José Narro, ex rector, ahora secretario de Salud, con un historial que no tiene ninguno de los más jóvenes.

Sería aventurado descartarlos para el 2018.

Lo que te voy a contar es a propósito de los documentales “Maquío: Rebeldía, Seducción  y Tragedia” y “Cárdenas: Oportunidad, Poder, Desolación”, producidos por Azteca Opinión, la barra nocturna de TV Azteca que dirige Benjamín Salinas Sada. Testimonios reveladores sobre la actuación de los protagonistas en la elección presidencial de 1988.

Como reportero de El Universal, en ese año, me tocó acudir a diversos actos del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. También estuve en algunos del Maquío, en su huelga de hambre frente al monumento a la Independencia. En el caso de Carlos Salinas, solo en la Ciudad de México, porque quien lo siguió a todas partes por el Gran Diario de México y terminó siendo amigo del presidente fue mi compañero Fidel Samaniego (QEPD).

Se grabó para siempre en mi disco duro cerebral el rostro nervioso y descompuesto del ingeniero Cárdenas cuando lo enteré de que lo habían echado de su partido el Revolucionario Institucional. Le leí el punto resolutivo de la dirigencia. Esa noche había dado una plática en una casa de Azcapotzalco en la Ciudad de México.

El periódico había sido avisado de que el PRI sancionaría el desempeño del ingeniero, así de que inmediato recibí la instrucción de que no me le despegara y que hablara cada diez minutos a la redacción. Entonces no había teléfono celular, así que prácticamente me adueñé del que tenían en ese domicilio. Estaba más atento al teléfono que a lo que decía Cuauhtémoc a los vecinos.

Ningún otro reportero había en dicho lugar, era tarde. Por fin se dio la noticia, apunté textual el resolutivo priísta en mi libreta, casi justo cuando terminaba la reunión vecinal. Apresuré el paso para acercarme al ingeniero y leerle el punto medular del anuncio. Lo impactó, pasaron varios segundos antes de reaccionar y comentar que revisaría el documento. Salió rápido de la casa. A su fiel escudero, Armando Machorro, le constan los hechos.

La imagen que no olvido del Maquío es cuando estaba sentado en su tienda de campaña frente al monumento al Ángel de la Independencia, en huelga de hambre. La verdad, al verlo, pasado de peso, pensé que tenía dos propósitos su acción, uno de ellos, reducir algunos kilos; el otro, la protesta electoral.

Al escucharlo confirmé que era un personaje de una pieza, con un discurso bien estructurado, sin dobleces, decidido, inteligente, comprensible. Arrió banderas cuando su partido el PAN decidió negociar. Don Luis H. Alvarez, líder panista, me comentó en cortó que por ningún motivo iban a permitir que Cárdenas llegara al poder. Los panistas prefirieron lo que le llamaron la legitimación en el ejercicio del poder del candidato que oficialmente resultó ganador de la elección.

Con estos antecedentes que te cuento, en calidad de testigo de esa etapa de la política nacional, puedo decir que los documentales de investigación periodística que aporta Azteca Opinión son de consulta obligada para historiadores, políticos, jóvenes y sociedad en general.

Son videos que deben estar en universidades, por las revelaciones que hacen sobre el proceso de 1988, como la documentada y detallada caída del sistema electoral, tantas veces negada.

Se que falta la tercera parte, la que tiene que ver con Carlos Salinas. Desde hoy, ya hay apuntados para ver el documental.

La noche del domingo 2 de julio de 2000, por primer vez en su vida, mis amigos Luis y Sofía decidieron participar en una marcha, en la marcha vehicular del foxismo-panismo sobre la avenida Insurgentes.

Iban felices, convencidos de que había llegado una nueva realidad para México. Su rostro tan regocijado como el del mismo candidato ganador. Sólo les faltó que él les compartiera la botella de champán (champagne) que destapó en el templete instalado frente al monumento al Ángel de la Independencia.

Antes de ese año, sus simpatías habían estado con el priísmo, incluso llegaron a ponerse la camiseta colosista. Todavía después del suceso trágico del 23 de marzo de 1994, se mantuvieron leales al PRI. Estaban agradecidos, de alguna manera ese partido los había beneficiado. No se si alguna vez se afiliaron y obtuvieron su credencial de militante. Él trabajó para el tricolor.

Cuando una semana después del 2 de julio recordaron su noche triunfal foxista, lo hicieron con la misma emotividad con que vivieron el momento. Descriptivos, detallistas. Al escucharlos, me preguntaba para mi, en silencio: ¿y qué no eran priìstas y seguidores de Colosio?

Su alegría les salía por todos los poros, daban por hecho un cambio de 360 grados y el final de la corrupción. Eran comerciantes y estaban hartos de dar una cuota periódica para operar su negocio. A pesar de cumplir con la normatividad, tenían la obligación de pagar derecho de piso. Estaban cansados de que para todo trámite delegacional o gubernamental, por delante la “comisión”.

Con el foxismo veían el exterminio de esa arraigada práctica. Encantados con el discurso del candidato ranchero. Le creían todas y cada una de sus palabras, sus promesas. Disfrutaban sus expresiones folklóricas, sus dichos de que acabaría con las víboras prietas y tepocatas, con lo maligno y perverso de los que temporalmente dejarían el poder.

La noche que conversamos del tema me concreté a escucharlos, a mirar la emoción en sus rostros. Tuve el cuidado de no decir nada contrario o que pusiera en duda la llegada del “cambio”.

Pronto les llegó la decepción, el foxismo no había sido lo ofrecido por su propio creador y su pareja. Foxilandia se hizo realidad únicamente en la mente de sus promotores.

La corrupción siguió y se recrudeció.

En las ocasiones posteriores que volví a convivir con los amigos, con Luis y Sofía, la política dejó de ser tema de conversación.

A pesar de que los había decepcionado el gobernante de las botas, me dio la impresión de que en el 2006 volvieron a votar por el PAN, aunque no los vi emocionados como en el 2000. Me parecieron menos felices.

Terminaron en víctimas, como muchos mexicanos, de la inseguridad, de una “guerra” que todavía persiste.

El derroche en la construcción de la Estela de Luz sobre el Paseo de la Reforma pulverizó sus afectos azules.

Obvio, tampoco el gobierno de Calderón los había complacido. La corrupción siguió y las “comisiones” por derecho de piso para mantener un negocio, se incrementaron. En 12 años nunca vieron que fuera atrapado un “pez gordo”  ni que mejorara el nivel de vida de la mayoría de los mexicanos.

No se por quién votaron en el 2012, es su secreto. Lo que ya no aguantaron y sacaron de sus adentros, como para liberarse de lo que se convirtió en su demonio azul, fue al PAN.

Ahora solo hablan del pan de harina, del comestible, que les gusta mucho.

 

En 1988 prácticamente ningún medio se ocupó de la campaña del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Era la primera vez que participaba como candidato a la presidencia de la República. No pasaban de los dedos de una mano el número de diarios que le daban cobertura. En radio y televisión no existía, salvo para intentar desacreditarlo o exhibir sus errores.

Recuerdo que el titular del noticiero 24 horas, Jacobo Zabludovsky, entrevistó a sus dos medios hermanos, pero porque estos hablarían mal de su pariente, en horario estelar, en el canal de las estrellas.

Nadie apostaba a que el abanderado del Frente Democrático Nacional fuera a dar la campanada.

La dio y se cayó el sistema, la cúpula priísta se espantó. Dejaron de fluir los números que salían del organismo electoral que entonces estaba bajo el control de la Secretaría de Gobernación. Manuel Bartlett, hasta la fecha, no ha podido revertir la versión de esa caída.

Si bien las cifras oficiales no le fueron favorables, los seguidores del ingeniero siempre tuvieron la certeza de que había ganado; llegaron a considerar la idea de emprender un movimiento que obligara a las autoridades a reconocer lo sucedido en la contienda electoral.

Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo terminaron por tomar el camino del diálogo. Los panistas de Luis H. Álvarez convinieron en firmar un acuerdo con los salinistas, aceptar lo que se conoció como la legitimación en el ejercicio del poder. Don Luis, con todas sus letras, en las oficinas de su partido, cuando estaban en el Eje 6 de la colonia del Valle, me dijo que jamás iban a permitir que Cuauhtémoc Cárdenas llegara a lo Pinos.

Le tenían miedo al ingeniero, como hoy quizás se lo tienen al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.

Aquí el punto que te quiero subrayar es que la gente salió a votar por Cárdenas a pesar de su escasa o inexistente promoción en los medios.

En el 2000 Vicente Fox con Marta Sahagún se les adelantó a los panistas y priìstas. Empezó primero con una campaña por su candidatura. Cuando la directiva de Acción Nacional pretendió algo distinto, era demasiado tarde. El PRI dejó solo a Fox en los medios. Se volvió popular con sus botas y dichos.

Sin embargo, lo que marcó la diferencia en las urnas fue la sociedad harta del mismo partido en el gobierno, y un foxismo que no vaciló en aliarse con el magisterio de Elba Esther Gordillo.

Hubo versiones de que la gente del dinero se iba a ir del país si triunfaba la oposición, no se fue.

En el 2006, otra vez el miedo, ahora a López Obrador. De nuevo se sumaron las fuerzas tradicionales o poderes fácticos. Sufrieron para vencerlo, en un cierre de fotografía.

Para el 2012 el panismo estaba desinflado. Hubo decepción, una docena de años y el cambio no llegó. Tengo amigos que creyeron que con Fox y el PAN la corrupción se acabaría. Comprobaron que empeoró. Por eso el PRI recuperó la presidencia de la República.

La batalla por el 2018 está a la vista y de nuevo el miedo en los círculos conservadores por el repunte tabasqueño, nada más que las encuestas electorales, por lo menos en México, no son confiables.

Además, la gente ya conoce a López Obrador, ya tiene sus antecedentes de gobernante, ya sabe que no resolvió el problema de la inseguridad en la ciudad de México, que no acabó con la corrupción y que tampoco se ha significado por la transparencia en sus actos y decisiones.

En este contexto, resulta exagerado el temor al líder morenista, porque ni él, ni Margarita, ni Ricardo Anaya ni cualquier otro que tenga origen partidista, está en el ánimo de los electores.

Hay quienes ya se dieron cuenta, otros se resisten a creerlo y van a insistir en la formula desgastada, pero es obvio que los ciudadanos esperan un perfil que no tenga el olor rancio derivado de vicios partidistas.

 Es tal el conocimiento, la experiencia y capacidad que como político tiene Manlio Fabio Beltrones (63 años) que hasta el mismo Andrés Manuel López Obrador (61 años, el 13 de noviembre cumplirá 62) procura guardar distancia. Es al que ve como su real adversario en México, a nadie más.

¿Por qué?

Manlio es egresado de la escuela de Don Fernando Gutiérrez Barrios, con quien aprendió la importancia de la información confidencial, la lealtad, el valor de la palabra, la negociación, la “coptación” y la anticipación de escenarios.

Tiene en su esquema mental no solo la previsión de la agenda del día, semanal o mensual, sino de los años próximos relacionados con eventos relevantes, nacionales, electorales.

Delineados los escenarios y las acciones que deberá de llevar a cabo en el camino hacia sus objetivos para el 2016, 2018 y lo que sigue.

Es el perfil que le acreditan militantes del partido Morena al actual dirigente del PRI. Es el que les preocupa en la competencia por la silla presidencial, no Miguel Ángel Osorio Chong, ni Luis Videgaray Caso, tampoco José Antonio Meade Kuribreña ni Aurelio Nuño Mayer.

Saben también que en este momento Andrés Manuel va con amplia ventaja en las encuestas, lo que no es ningún secreto, por eso la alarma de quienes pertenecen al equipo gobernante.

De igual manera, saben que esa ventaja el único que se la puede quitar a su líder es el propio Andrés Manuel, por su arrogancia, defecto que todavía conserva, a pesar de sus esfuerzos por superarlo.

Dicho por morenistas, en su partido hay pejezombies, los que creen a ciegas todo lo que pregona el tabasqueño y los que están convencidos de apoyarlo, sin dejar de ser autocríticos y señalar errores.

Temen que la arrogancia pueda volverlo a llevar a la derrota como sucedió en el 2006, cuando desairó la fuerza del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y rompió con el sector privado.

Intuyen, por lo que observan, que Beltrones se convertirá en el rival de su jefe en el proceso del 2018.

¿Y por qué si le reconocen todas esas virtudes políticas, Manlio no pudo en el pasado proceso electoral ser el candidato del PRI y perdió por amplio margen en la contienda interna de su partido ante Enrique Peña Nieto (49 años)?

Manlio supuso que estaba en desventaja por su edad, una diferencia de 13 años con el mexiquense y en una sociedad donde predominan los jóvenes. Cuando decidió arrancar su campaña, Peña iba muy adelante.

Tarde se dio cuenta que la edad no es el factor que resta aspiraciones y menos ahora que el pueblo mexicano busca y quiere gobernantes capaces, con respuestas y acciones inteligentes.

Comprobó que la edad no es lo que rechazan los jóvenes, sino la incompetencia e inoperancia.

Sin duda, la veteranía, pero sobre todo la sabiduría política, es lo que puede colocar a Manlio y a AMLO como rivales en el 2018.

Siempre les vi pinta para llegar a la gubernatura. Cuidados y cuidadosos en el poder legislativo. Crecieron cerca de Manlio Fabio Beltrones. Les asignaron comisiones pacíficas, nada conflictivas. Era evidente la identificación entre ellos. Amigos, sin importar que uno traía la camiseta tricolor y otro la verde, aunque con el paso de los años y las campañas estos colores se han vuelto aliados en todos los sentidos, en el parlamento y en las elecciones.

Viajaban juntos en una camioneta el 8 de mayo de 2008 cuando fueron asaltados a mano armada y les quitaron su respectivo reloj en el cruce de Paseo de la Reforma y Periférico, en las Lomas de Chapultepec. El episodio nunca se aclaró y mucho menos se detuvo a los responsables.

Uno tiene 40 años y el otro 35 años de edad, ambos abogados, han coincidido en la Cámara de Diputados y en el Senado, ahora son dos de los tres gobernadores más jóvenes en México (Roberto Borge, de Quintana Roo, tiene 35).

Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, empieza su periodo en Campeche; Manuel Velasco Coello, “El Güero”, va casi a la mitad de su sexenio en Chiapas. El primero ha sabido relacionarse con los Slim desde que era senador. El segundo se casó con la cantante Anahí y es nieto de la eminencia médica Manuel Velasco Suárez, quien fuera también gobernador chiapaneco.

Su trayecto legislativo los llevó por el camino de Beltrones, actual dirigente del PRI. Estrictamente no ha sido su maestro pero es muy probable que algo le hayan aprendido sobre cómo se hace política.

En la próxima reunión de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) volverán a sentarse en la misma mesa. Otra vez al mismo nivel.  En las cámaras legislativas presidieron comisiones alejadas de la controversia. “Alito” llegó a encabezar la de Gobernación en diputados pero antes estuvo en las de Juventud y Deportes en el Senado. “El güero” presidió las de Ecología, Concordia y Pacificación cuando ya no atraía reflectores y la Belisario Domínguez.

Alejandro es priísta y Manuel, el más joven, verde ecologista. Al competir por la gubernatura de su estado lo hicieron con el apoyo del PRI y PVEM. Otra coincidencia más en su carrera.

Hay muchos que se quedan sin hacer realidad su sueño de gobernar su estado, por diversas razones. Otros, después de varios intentos, logran el ascenso; nada más que cuando por fin llegan a la cima, están cansados y sin el ánimo con que iniciaron la búsqueda del poder.

Los casos de “Alito” y “El Güero” son diferentes, con la fuerza de su juventud, no exentos de dificultades ni de cometer errores o enfrentar quejas sobre su comportamiento.

Velasco ha sido señalado por la profusión de sus campañas en medios de comunicación con motivo de sus informes de gobierno, acusado de malgastar recursos de una entidad que parece tener tatuada la etiqueta de pobre, porque nadie se la ha podido quitar. Tampoco se olvida el día que perdió la tranquilidad y le dio una bofetada a uno de sus colaboradores; sin embargo, le funcionó el antídoto de que el empleado se la regresara al día siguiente. Su boda con la cantante Anahí, hasta ahora ni lo beneficia ni lo perjudica. Falta ver qué hace la artista como primera dama en Chiapas.

Moreno, desde muy joven ha sido impetuoso, dirigió el Frente Juvenil Revolucionario de su partido. Su paso por las secretarías de Organización y Operación política del comité nacional no dejó huella. En su estado lo han visto crecer aficionado a lujos, a los autos deportivos. Trataron de eliminarlo de la competencia con quejas sobre sus propiedades. Tuvo la fortuna de relacionarse y hacerse amigo de uno de los hijos de Carlos Slim.

“Alito” y “El Güero” han conservado su amistad, el uno parece seguir al otro en los ascensos.

Por la seguridad que los acompaña como gobernadores, ahora nadie se atrevería a tratar de quitarles sus relojes.

 Su principal riesgo en esta etapa es perder el piso, por esa juventud e impetuosidad que les caracteriza, aunque no son factores determinantes. Al margen de su edad, si quieren seguir hacia la punta del “Everest”, deberán ir atados de la sociedad que en Chiapas y Campeche les exige calidad de vida.

El único que llegó tarde a la boda fue Jorge Emilio, el “Niño Verde”. La ceremonia ya había empezado, el enlace civil en un salón de fiestas de Huixquilucan, estado de México.

Apresurado se abrió paso entre la gente y se ubicó en el sitio destinado a los testigos. A los pocos minutos el arribo de una joven mujer que se colocó a su lado. Jorge Emilio se veía molesto y su acompañante parecía ser la causa de su retraso, en el casamiento de su amigo.

El novio era Arturo Escobar y Vega, actual subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación. Entonces, en mayo de 2007, senador de la República.

Atuendo formal, casi todos de etiqueta, la excepción el empresario bajacaliforniano Jorge Hank Rhon. Cuando entró lo hizo como si fuera un torero, partiendo plaza; desde que cruzó la puerta atrajo miradas. Vestía chamarra de piel, por supuesto, sin corbata. Su esposa con vestido propio para el festejo.

Jorge, por su estatura, corpulencia y chamarra, era imposible que pasara desapercibido. Priístas se acercaron y lo rodearon de inmediato. Se volvió el centro de la plática de una quinteta de invitados. Ahí estaba el sonorense Manlio Fabio Beltrones, en ese tiempo líder de la bancada de su partido en el Senado.

Enrique Peña Nieto, quien era gobernador del estado de México, también entre los  testigos de la boda. Llegó puntual. Fue la luz verde para que empezara la ceremonia. Hay que decir que en 2007 únicamente era visto como la principal figura política mexiquense, no se hablaba de su candidatura presidencial y mucho menos que viviría en la residencia oficial de Los Pinos.

El magistrado Alejandro Luna Ramos, otro de los invitados, todavía no era el presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. El consejero electoral Virgilio Andrade Martínez. Emilio Gamboa Patrón, coordinador de los diputados tricolores. Mariana Gómez del Campo, líder de los panistas en el Distrito Federal. Raúl Salinas y Paulina Castañón. El legislador Manuel Añorve.

Arturo Escobar y Vega con rostro radiante, feliz, al lado de su futura esposa María de Lourdes, hija del periodista deportivo Alfredo Domínguez Muro. Así que en ese momento, en ese escenario, con estos testigos y afectos, lo que menos le preocupaba era la tardanza de su amigo. El evento empezó sin Jorge Emilio González Martínez, lo que no hubiera sucedido en una reunión del PVEM.

Sólo dos periodistas en la fiesta, Alfredo en su calidad de papá de la novia y yo, invitado por Arturo.

Desde hace más de diez años conozco al ahora subsecretario. He seguido su trayectoria en la política. Por su trabajo se hizo operador clave en la organización de su partido. “Cerebro” es el término que siempre ha utilizado la decana de los verdes, Sara Castellanos, para describirlo.

Arturo le dio la solidez jurídica al PVEM cuando el desaparecido IFE cuestionó la redacción de sus estatutos.

En El Universal más de una vez escribí las graves deficiencias en los documentos básicos del Verde Ecologista, que al final el partido tuvo que corregir. Las ocasiones en que conversé con Arturo, en ninguna me reclamó. Siempre fue respetuoso e interesado en saber que otras observaciones tenía sobre las normas internas.

Arturo fue receptivo, demostró que sabe escuchar. Prevaleció una relación profesional respetuosa, de ambas partes. Es evidente que perfecto no es. En política, como en cualquier otra actividad laboral, hay aciertos y desaciertos.

Tiene su carácter, lo he visto enojado, con la cara enrojecida ante equivocaciones, pero también dispuesto a las correcciones; aprende rápido.

Seguro que todo lo que se ha dicho de él, lo tomará en cuenta; un acicate para atender su nueva responsabilidad.

Está viejo o es muy joven en ocasiones se convierte en el argumento fácil para tratar de frenar aspiraciones presidenciales. Y a veces, el mismo interesado se limita porque cree que todavía está muy verde o ya se pasó de maduro. Más de uno se ha descartado por ese motivo de la competencia cuando en ningún caso se trata de un impedimento.

Lo que importa es la capacidad, el compromiso de servir a la sociedad y demostrar que puede hacerlo. En fecha reciente en México se produjo un episodio que puso sobre la mesa el tema de la edad. La renovación de la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional. En la recta final de la definición se ubicaron Aurelio Nuño Mayer, jefe de la oficina de la Presidencia de la República, y Manlio Fabio Beltrones, quien termina como diputado en este mes de agosto.

Como ingrediente especial se agregó un mensaje del presidente Enrique Peña Nieto que más de uno creyó descartaba a Beltrones y perfilaba a Nuño, al decir que el nuevo líder debería tener capacidad de ser interlocutor de los universitarios, estar al día en la atención y comportamiento de las redes sociales. Manlio cumple 63 años el próximo domingo 30 de agosto. Aurelio tiene 37 años. Por lo tanto, supusieron los adivinadores, la edad será un factor decisivo. No lo fue. Lo que marcó diferencia fueron la trayectoria y experiencia del sonorense.

Se puede ser joven y contar con trayectoria y experiencia para tareas partidistas, pero no es el caso de Aurelio. Tampoco el ser maduro es garantía de contar con esas cualidades. Hay muchos adultos que no las tienen.

También el ser joven no es garantía de identificación con los universitarios y dominio de las redes sociales. Las cualidades se tienen que demostrar en los hechos, en cualquier situación y en cualquier edad. Por lo tanto, no es la edad lo que detona el ascenso de un político.

Quienes conocen a Beltrones saben de su facilidad para relacionarse con los jóvenes y de su habilidad para las redes sociales. Está al día en el uso de las modernas herramientas de la comunicación.

En definitiva no es la edad lo que lleva a un personaje al poder. Les he platicado el suceso priísta como un ejemplo. Lo mismo seguro aplicará en ese partido cuando se tenga que elegir al candidato presidencial.

La edad es lo de menos.

Fidel Castro tenía 33 años al asumir el gobierno de Cuba. Alan García 36 en Perú y Collor de Melo 41 en Brasil.

En contraste Giorgio Napolitano culminó su presidencia en Italia a los 92 años. Raúl Castro, actual gobernante de Cuba, tiene 83. Tabaré Vázquez llegó a los 75 a gobernar Uruguay, Ronald Reagan a los 69 años para encabezar el gobierno de los Estados Unidos, la potencia número uno en el mundo. En México, Adolfo Ruiz Cortines tenía 63 al empezar su periodo y todavía es recordado por su sabiduría en muchos de sus actos.

Todo esto para concluir que ni los jóvenes ni lo adultos están impedidos para buscar la candidatura presidencial. Lo único que se les va a pedir es capacidad para atender los reclamos de la sociedad, constancia de que lo saben hacer.

Hasta ahora las empresas encuestadoras no han resuelto su desatino en los procesos electorales en México. Cada vez son más los desaciertos que los aciertos. Las supuestas amplias ventajas se convierten en diferencias cerradas o al revés, en amplias ventajas cuando el pronóstico era final de fotografía. Han fallado tanto en comicios nacionales como estatales.

A pesar de que han perdido credibilidad sus cifras, los candidatos y partidos políticos no han dejado de comprarlas, porque les encanta creer que van adelante en la competencia. Queda la impresión de que las encuestadoras hacen su trabajo de acuerdo con lo que quiere ver el cliente. Puede ser que en algunos casos sea de esa manera.

Sin embargo, hay empresas serias que no solo hacen encuestas electorales. Están preocupadas porque viven el mismo problema que la mayoría. Ahora se nota más por la pluralidad y diversidad de medios que dan cuenta de las estimaciones que se hacen cuando se avecinan las elecciones.

El problema es viejo. En 1988 todos decían que Carlos Salinas tenía en la bolsa el triunfo. Su competidor era Cuauhtémoc Cárdenas quien prácticamente no existía para los medios electrónicos. Y a pesar de la arrolladora propaganda del primero, quedó la duda sobre el resultado, sobre todo a raíz de que se le cayó el sistema a Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación. Por unanimidad las encuestadoras daban la victoria al PRI.

Tampoco las encuestadoras percibieron, por lo menos la mayoría, el éxito de Vicente Fox en el 2000. En el 2006 también la mayoría no anticipó la diferencia raquítica entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. En el 2012 fallaron en el desplome del panismo.

Sin embargo, no hay que dar por hecho que las empresas actúan con premeditación, alevosía y ventaja. Se da el negocio por la estrategia y ego de partidos y candidatos. Y a estos no les importa mucho el gasto porque al final el dinero sale del erario público.

O sea que el business va a seguir.

Entonces que se les exija más eficiencia a las encuestadoras.

¿Dónde está el quiebre? ¿Cómo corregir la falla?

En primer lugar la sociedad ya no es la misma que hace diez o más años. En la actualidad tiene más fuentes de información y se ha vuelto mucho más desconfiada. La mula no era arisca, dice el dicho. Se le ha mentido en exceso a la gente y los gobiernos no han estado a la altura de sus necesidades.

Por eso, cuando alguien le pregunta a los ciudadanos por sus preferencias, es poco probable que digan la verdad.

Es una situación que obliga a las encuestadoras a modificar sus fórmulas para obtener la información.

¿Qué hacer?

Cambiar o mejorar las preguntas que hacen a la sociedad, cambiar o mejorar la forma de comunicarse con sus encuestados y consultar dos veces a la misma población para registrar contradicciones.

Lo que no puede ni debe continuar es la simulación o la falla en las encuestas. Están a tiempo para corregir métodos para el 2018.

El PRI, cuando todo parecía a su favor, perdió Querétaro porque su candidato careció del consenso interno y el adversario demostró mejor perfil.

La peor derrota que ha sufrido en ese estado. Perdió la gubernatura con una diferencia de más de 7 puntos porcentuales, 12 de los 18 municipios, 12 de las 15 diputaciones locales de mayoría relativa y 3 de las 4 diputaciones federales, según cifras de los institutos estatal y nacional electorales (IEQ e INE).

El caso vale analizarlo.

No había focos rojos en la sede nacional priísta. José Calzada Rovirosa ha hecho un gobierno decoroso, sin estridencias, sin escándalos. Tampoco la sociedad ha salido a la calle a protestar por su actuación o alguna medida contraria a los intereses de la mayoría. También hay que recordar que venía de recuperar para el PRI el gobierno estatal.

Además, consiguió que otros tres partidos apoyaran a su candidato Roberto Loyola Olvera. Cualquiera hubiera dicho que con el respaldo del Verde Ecologista era suficiente. El PVEM le funcionó al PRI en el país, en la elección de los diputados federales. Se sumaron a esa coalición Nueva Alianza y el Partido del Trabajo.

Como diría un nostálgico del poder que quiere que su consorte compita en el 2018 por la presidencia de la República, “haiga sido como haiga sido” Loyola tenía atrás a cuatro partidos, para espantar a los demás adversarios. En esas condiciones se veía con la fortaleza suficiente para triunfar.

La estadística a su favor, cuatro partidos contra uno.

¿Cuál fue el talón de Aquiles?

1.- Loyola que nunca pudo vencer en los debates al panista Francisco Domínguez Servién.

2.- Priístas que nunca estuvieron convencidos ni conformes con la nominación de Loyola. Ante la inconformidad interna, silenciosa pero efectiva a la hora de votar por otro partido, no bastó la participación coaligada ni las buenas cuentas de Calzada para ganar.

3.- El hermano del candidato ya había sido gobernador.

4.- No fue capaz de explicar ni justificar cómo le hizo para obtener en dos años y medio 25 millones de pesos con un sueldo mensual de 90 mil pesos como alcalde.

Sin duda, a una sociedad cada vez más vigilante y calificadora, no se le puede engañar sobre el origen del enriquecimiento de alguien que se dedica al servicio público.

Tampoco en estos tiempos es admisible que una familia, con  tal de seguir en el poder, primero compita por el PAN y luego por el PRI. El hermano Ignacio Loyola Vera  fue gobernador de 1997 a 2003 con la camiseta azul. O sea, la familia Loyola iba por 12 años de gobierno con un revoltijo militante.

Después del fracaso, se supone que en este estado y en los demás, en las alcaldías y en la presidencia de la República, el Revolucionario Institucional tendría que seleccionar a sus mejores cuadros. La realidad es que en ocasiones existen otros factores, como el gran elector, que llevan a dicho partido a nominar en primer lugar al que se cree concilia intereses internos.

Y si como en este caso surge un adversario con el perfil del panista Francisco Domínguez, es de esperarse el resultado citado. Tiene trayectoria de legislador y alcalde de la capital de su estado. Veterinario y ganadero. Diputado de mayoría relativa, es decir, salió de su casa a buscar los votos. Participativo en su grupo parlamentario en el Senado. Audaz. Su campaña la enfocó en la gente más que en los medios. Su preparación académica y experiencia política le dieron el éxito en los debates. Es convincente y lo ha demostrado.

Los queretanos decidieron darle una nueva oportunidad al PAN.

Ahora, del desempeño de “Pancho” Domínguez depende conservar el gobierno; si falla, en seis años la sociedad le daría la estafeta a otra fuerza política, ya sabe como hacerlo.

Literal, me senté en la silla presidencial y es la historia que les voy a contar. Una silla muy diferente a la que se imaginan o se pueden imaginar. Esta es plegable, de plástico rojo descolorido por el paso del tiempo, medio desvencijada, todavía con capacidad para aguantar un peso ligero. Correspondió a la casilla básica 4418 del distrito electoral federal 15, en la colonia Nápoles, delegación Benito Juárez de la ciudad de México.

Sin privilegios para nadie, el mismo tipo de asiento para los demás funcionarios electorales.

Los seis, presidente, dos secretari@s y tres escrutador@s acudimos a la tempranera cita dominical del 7 de junio de 2015.

Cuando salí de casa con el material electoral, temí por las boletas, porque lloviznaba. Por fortuna no fue suficiente para mojar la papelería. Pronto llegué al Centro de Educación Infantil de la calle de Oklahoma, al mismo tiempo la persona que abriría la puerta.

-Ahí está la mesa larga (aproximadamente tres metros), usted tiene que instalarla –me dijo.

Por un momento supuse que no podría cargarla. ¿Ahora qué hago?, la pregunta que me hice en silencio. Se veía pesada y no había en ese momento nadie que ayudara. Sorpresa, conseguí hacerlo. Quizás  por la fuerza adicional que da el ánimo de cumplir con la responsabilidad cívica. Después, armé el cancel electoral portátil, para proteger el marcado secreto de la boleta. Sabía donde iba cada pieza. Sirvió el curso de capacitación.

María Antonieta y Blanca, entusiastas, llenarían las actas de instalación de las elecciones Federal y del Distrito Federal, contarían boletas, recabarían firmas de los funcionarios y representantes de partidos.

Todo listo para empezar la votación.

Había impacientes en la fila de electores, les urgía votar y no estaban dispuestos a esperar.

No faltó el reclamo de una señora: ¿A qué hora vamos a votar?

Cortar boletas, entregarlas, revisar pulgares de la mano derecha, indicar a electores el lugar de las urnas y el cancel, mi tarea inicial.

Imperceptible la línea punteada de las boletas del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), lo que por momentos dificultó su corte, en contraste con las del Instituto Nacional Electoral (INE). Detalle menor.

Lo importante fue que la gente acudió a votar, durante todo el día. No hubo largas filas pero en ningún momento reposó el proceso.

Arianna y Liliana, con una simpatía que contagiaba, no dejaron de marcar credenciales y poner tinta indeleble en el pulgar de la mano derecha.

Aarón, el tercer escrutador, el de menor edad del sexteto, recién egresado de la carrera de odontología, ordenaba la entrada de votantes y cuidaba que los crayones tuvieran punta.

Por lo menos tres personas de la tercera edad llegaron con tanque de oxigeno, una con muletas, dos con andaderas, otras tres, para caminar, con el auxilio de un familiar o amigo.

A una más, de pequeña estatura, se le ofreció de inmediato el cancel especial. Se colocó sobre la mesa, al lado del presidente. El ciudadano se dio cuenta que ahí no se garantizaba el voto secreto.

-Se van a dar cuenta que partido crucé –advirtió.

Miró de un lado a otro, sus ojos le daban vuelta al lugar, un rostro de angustia.

Su inquietud se resolvió cuando el tercer escrutador encontró un mejor lugar para el cancel, una esquina de la mesa pegada a la pared.

-Sonrió y votó. Depositó las boletas en las urnas que estaban a su alcance. Se retiró complacido.

¿Jóvenes?

Muy pocos, muy pocos, más mujeres que varones.

La mayoría personas por arriba de los 50 años de edad.

Prevaleció el orden.

Sobre la marcha se mandó a pedir comida japonesa. Nos devoramos el sushi, sin dejar de recibir la votación.

A las 18:00 horas se cerró la casilla, ya no había formado ningún ciudadano.

Se vaciaron las urnas para contar y sumar los votos, bajo la mirada de los representantes de partido.

Los escrutadores, con rapidez y eficacia, contaron y recontaron las boletas de las elecciones de diputados federales, diputados de la asamblea legislativa y jefe delegacional.

Hubo una cifra que no cuadró. Se volvió a contar y recontar, para despejar cualquier duda o sospecha.

Por eso es injusto cuando dirigentes de partido se atreven a cuestionar el trabajo o conteo de votos de los funcionarios de casilla. Esos líderes que no aceptan su derrota; para justificar su mal resultado, hasta olvidan u omiten en su discurso la presencia de sus representantes de casilla en calidad de testigos.

Continuó el llenado de actas de escrutinio, de terminación de la jornada, de incidentes y de entrega de copias.

Por momentos causaban confusión las actas de los dos institutos electorales debido a diferencias en sus formatos.

-Hace falta que uniformen criterios en la elaboración de la documentación- comentó uno de los funcionarios.

El capacitador o representante del INE siempre estuvo localizable para atender cualquier duda.

Trabajo de equipo en la casilla, esfuerzo compartido.

A las 22:30 horas se cerraron y sellaron los paquetes. El siguiente paso fue entregarlos en las oficinas distritales del IEDF e INE. Blanca fue al primero y yo al segundo. Larga fila. Lo bueno es que la recepción era rápida, había más de una veintena de jóvenes para ese propósito.

Llegué a la casa a la medianoche, cansado, satisfecho de cumplir con los deberes de presidente por un día.

Una labor voluntaria la de los funcionarios de casilla, no remunerada, que sin duda contribuye de manera sustancial a la pluralidad que hoy tiene México.

Nunca es tarde para empezar a corregir y revertir la desacreditada imagen que la sociedad tiene de la política y los políticos.

Es cierto que no se puede ni se debe generalizar, porque no a todos les queda el mismo saco pero sin duda los escándalos de unos repercuten en los demás. Hay excepciones.

Ocupan los últimos lugares en encuestas que miden su grado de aceptación en la sociedad. Y la verdad, no habría necesidad de hacer encuestas para conocer la opinión que se tiene de ellos. En los diferentes estratos, en cualquier plática, se les reprueba.

Es indiscutible que su desempeño no ha conducido a un mejor nivel de vida para las mayorías. Hay desencanto, decepción. Podrán alegar, argumentar que existen avances, progresos y plataforma para llegar a escenarios justos; lo cierto, lo palpable es que persiste el deterioro social, pérdida del poder adquisitivo, sueldos bajos y cada vez más pobres.

Pronto tomarán posesión en México 500 diputados federales, nueve gobernadores y cientos de alcaldes y legisladores locales. Las elecciones han quedado atrás, para algunos sigue la lucha en tribunales. Una vez aclaradas las dudas e impugnaciones, continuará el proceso de renovación de cuadros.

Sería ideal que los nuevos, los que llegan por primera vez y los que ya tienen experiencia en el servicio público, se esmeren en resarcir esa mala imagen. La forma ideal para conseguirlo es que sus acciones repercutan en el bienestar de millones de mexicanos.

Repiten y repiten que ese es su objetivo, entonces, nada más háganlo, llévenlo a la práctica, a los hechos.

No deben resignarse a cargar con esa imagen o seguir un camino equivocado, por creer que lo único que importa es ganar y ganar dinero del erario. Seguro que ni para los políticos debe ser cómodo vivir en un clima de inseguridad, impunidad, corrupción e irritación.

Por eso, no más “moches”, fiestas en reuniones previas al periodo ordinario de sesiones, falta de transparencia, uso sin control de cajas chicas, endeudamiento desmedido, conflictos de interés y abuso de poder. Nada de solapar o convivir con la delincuencia.

El saldo hasta ahora es negativo, es tiempo de revertir el resultado, poner el ejemplo para que nadie se comporte igual o peor con el pretexto de que los arriba se caracterizan por no respetar la ley.

Admito que el texto puede sonar utópico, pero como está la situación y el desencanto de la sociedad, es lo menos que se puede pedir.

Hay candidatos que han pagado sus encuestas y creen que como las supuestas preferencias los favorecen, lo único que les queda por hacer es esperar el día de la elección.

Se sienten ganadores, con el triunfo en la bolsa, convencidos de que los porcentajes a estas alturas del proceso electoral, ya son irreversibles.

Ellos y ellas, candidatos y candidatas que han financiado sus encuestas con recursos públicos son felices al preguntarle a su espejito electoral quién va a ganar el próximo domingo en México.

Su espejito les advierte que todavía falta el voto ciudadano pero ellos y ellas solo escuchan que van a ser los ganadores.

El cuento de los candidatos en su mundo imaginario, que no quieren darse cuenta ni aceptar que un sector importante de la sociedad, por no decir que toda, se ha hartado de sus anuncios y promesas incumplidas.

Como quieren creer que su espejito les ha dicho que van a ser los ganadores, ya no se junta ni debaten con los demás competidores, se cuidan de no entrar a ningún escenario de riesgo o foro que los exponga a la crítica y exhiba sus defectos, sus incongruencias.

Se encierran en su armadura del ego porque ya se han visto sentados en la silla del gobernador, en la del alcalde, jefe delegacional o en la curul del diputado federal o local.

A diferencia de la madrastra de Blanca Nieves que no desoye lo que le dice su espejito y se enfurece al conocer la verdad de que existe otra más bella, los candidatos y candidatas prefieren tragarse el resultado de sus encuestadoras e ignorar a su espejito que les recuerda que no está dicha la última palabra porque falta el voto del 7 de junio.

Desde las elecciones federales del 2012 se evidenció el manipuleo de encuestas, como parte de una estrategia para tratar de convencer a la opinión pública de que se va arriba en las preferencias o de que se ha alcanzado al que iba con amplia ventaja en los números mágicos, el empate técnico.

Vamos a suponer que las empresas encuestadoras actuaron de buena fe e hicieron la consulta con rigor metodológico, que el desatino de hace tres años obedeció a que los encuestados ya no están dispuestos a decir la verdad ante quienes les hacen las preguntas.

En cualquier caso, más les vale a los candidatos y candidatas que atiendan a su espejito y no celebren una decisión que todavía tiene el ciudadano.

Hasta el cansancio se ha dicho que las encuestas solo retratan un momento, un lapso. Con esa consideración tienen que ser vistas y asimiladas.

Si no les gusta lo que su espejito les recuerda, pueden romperlo o tirarlo a la basura, el voto libre y secreto se encargará de volverlos a la realidad.

El nombre de Christian Damián Von Roerich de la Isla no es de un personaje de novela sino de alguien que aspira a gobernar la delegación Benito Juárez de la ciudad de México.

Vía twitter le pregunté por su declaración patrimonial y de inmediato respondió que su información estaba en su portal o página de Internet. La verdad, me llené de optimismo por su atención, pues contrasta con la actitud de su compañero Jorge Romero quien como delgado no contestó a los vecinos a través de las redes sociales.

Sin embargo, Christian Damián se equivocó. Resultó falso que la información estuviera donde había indicado. Pronto corrigió y aclaró que se podía consultar en el sitio llamado #3de3. Incluso proporcionó la dirección: https://candidatotransparente.mx/#/perfil/jefatura_delegacional/von_roehrich_de_la_isla_christian.

Hasta ahí todo iba bien. Entiendo que nadie es perfecto y es comprensible que se confunda con los espacios en redes.

El detalle es que su declaración patrimonial está incompleta, porque te dice que sus muebles valen 340 mil pesos, pero nada sobre su casa. Y es solo un ejemplo. Le hice ver esta situación pero ya no respondió por twitter.

Después me enteré que vive en la colonia Nápoles de esa delegación. Confirmé que en esta colonia tiene su domicilio oficial, por lo menos es el que reportó al Instituto Nacional Electoral (INE). Por supuesto que nada de malo tiene vivir en la Nápoles, al contrario.

Lo que no se explica ni tampoco lo ha querido aclarar es porqué nunca se le ha visto participar en alguna reunión de vecinos de la Nápoles. Ni siquiera fijó opinión cuando se decidió la instalación de parquímetros, ni a favor ni en contra. Tampoco dijo nada cuando los dueños del Polyforum Siqueiros pretendieron quitarlo y construir un centro comercial. Mucho menos se ha referido a las violaciones de uso de suelo y el desmedido crecimiento inmobiliario.

Y eso no es todo. El pasado miércoles 20 de mayo la sala regional Distrito Federal del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió una resolución donde el actor es precisamente el panista Christian Damián Von Roerich de la Isla. El tribunal resolvió en su contra.

Christian Damián, según la resolución SDF-JE-57/2015, tendrá que ser investigado por actos anticipados de campaña y por uso de recursos públicos para su promoción personal.

Lo que hizo el ahora candidato a jefe delegacional no fue defender su inocencia sino objetar el inicio de un procedimiento especial sancionador con el argumento de que la queja había sido presentada de manera extemporánea.

Ese fue su principal argumento, queja extemporánea. El Tribunal Electoral del Distrito Federal consideró que era válido iniciar el procedimiento sancionador. Christian Damián no quedó conforme, entonces acudió a la sala regional Distrito Federal del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Los magistrados sostuvieron que debe ser investigado.

Ahora, la Comisión de Asociaciones Políticas del Instituto Electoral de Distrito Federal deberá desahogar la investigación. En caso de ser encontrado culpable, los artículos 377 y 379 del código electoral de la ciudad de México señalan con toda claridad que no se tiene derecho al registro como candidato cuando se cometen actos anticipados de campaña.

Si es o no culpable, ya lo determinará la autoridad. Lo que es indiscutible es que ha realizado actos que no hablan nada bien de quien pretende jurar cumplir la ley y servir a la sociedad.

Lo que hoy te voy a contar es una historia que revela lo que llevó a que por única vez se entregara el Premio Nacional de Transparencia en México, otorgado por la Secretaría de la Función Pública, Instituto Federal Electoral (ahora INE), Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio, en el 2005.

Me consta de primera mano el episodio porque me tocó recibir ese premio, consistente en un diploma y una flor. Recuerdo que después de recibirlo, un amigo preguntó de inmediato por el monto económico. Le dije que cero pesos, cero centavos, nada metálico.

Bromeó:

-Con razón es premio de transparencia, es transparente, no se le ve ningún billete, ninguna moneda.

Era lo que menos me importaba, para mi lo significativo estaba en haberlo ganado y recibido de cinco instituciones, en reconocimiento a mi trabajo periodístico en materia de transparencia.

Se consiguió por el hecho de haber logrado transparentar el sueldo de los dirigentes de los partidos políticos nacionales.

No fue sencillo, me ocupó más de un año. Quería saber lo que percibían porque el dinero con que se les pagaba salía de los partidos y los partidos eran financiados, hasta la fecha, con recursos públicos.

Eché mano de la ley federal de trasparencia, me topé con varias negativas y hasta con la respuesta de que esa información no se tenía o no estaba disponible.

Llevé el caso hasta la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Hubo directivos de mi propio medio de comunicación que dudaban de que fuera a obtener la información. Incluso no faltó quien pretendiera desalentarme con el argumento de que haría el ridículo y que por lo mismo dejaría en ridículo a la empresa. La verdad, nunca pensé en desistir.

Seguí hasta que el TEPJF resolvió que el entonces Instituto Federal Electoral tenía que entregarme la información, la que tuviera. Se emitió lo que se llama “tesis relevante” de dicho tribunal.

Una historia, que por su trascendencia, porque obligaba a los partidos a transparentarse, se incluyó en un informe de la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Por su magnitud, por su importancia, por todo lo que representaba, por el esfuerzo realizado, fue lo que propuse al jurado calificador del Premio Nacional de Transparencia.

En el proceso de evaluación de ese jurado, no faltó quien pretendiera manipular el resultado, favorecer a determinada persona, que buscó ganar con el apoyo de relaciones e influencias.

Lo supe porque aun cuando no participó el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), estaba al día de lo que se hacía y deliberaba el jurado. Un funcionario de la institución me llamó para decirme que mi trabajo era el mejor, pero

que había gente que presionaba para que el premio se le diera a otro. No me dio detalles de quien era ese otro ni de quienes presionaban.

Solo le comenté que era injusto, el colmo, que un premio de transparencia, se decidiera en lo oscurito, por intereses, por favoritismo.

Al final, gané, se impuso la justicia, la imparcialidad y la transparencia.

Desafortunadamente, las instituciones rompieron relaciones para ese propósito y nunca más volvieron a reunirse para otorgar el premio, solo tuvo una edición.

La planta que me dieron y que rebauticé como “transparencia” (tiene otro nombre), no ha dejado de florecer cada año, cada primavera.

De las 32 entidades con que cuenta México, sólo en 21 hay aspirantes a candidatos independientes a diputados federales. En total sólo son 56 aspirantes (www.ine.mx) que todavía no alcanzan la categoría de candidatos independientes, porque falta ver si cumplieron con todos los requisitos.

O sea, esa cifra raquítica de 56 aspirantes se puede reducir de manera sustancial, porque seguramente la mayoría de ellos se atoraría o frustraría en la obtención de firmas o apoyos de ciudadanos con credencial de elector, del distrito donde se quiere competir.

Hay participación de este tipo en apenas el 15 % de los 300 distritos que tiene el mapa electoral del país.

¿Y alguno de ellos es popular o conocido? ¿Sabes quién es? ¿Lo identificas? ¿Has visto alguna vez su cara? ¿Conoces su nombre?

Son preguntas que doy por hecho tienen una respuesta negativa. Supongo que por lo menos en su respectivo distrito son identificados por familiares, amigos y simpatizantes.

La mayoría están en el anonimato, leo y releo la lista de los 56 y el único personaje popular es Jesús Clouthier Carrillo, hijo del famoso ya extinto “Maquío” quien antes de morir en un accidente de carretera, fue candidato a la presidencia de la República por el PAN.

Jesús fue diputado por ese mismo partido pero hace varios años que se quitó la camiseta azul. Es a la vista el que tiene más posibilidades de alcanzar la etiqueta oficial de candidato independiente, aprobado por el INE, e incluso de ganar las elecciones en el distrito V de Sinaloa.

De ninguna manera digo que tiene en la bolsa el triunfo, porque le esperaría el tramo más espinoso, la competencia con los candidatos de los partidos, que por supuesto tienen mucho más ventajas, por la disposición de recursos y estructura partidista, con  representación en las casillas.

Pronto veremos, en la primera semana de abril, cuando informe el INE, cuántos de esos 56 van a la competencia del 7 de junio.

Les recuerdo que tenían un plazo de 60 días para realizar actos con el fin de recabar las firmas de su distrito, el 2 % de la lista nominal. Aunque depende del número de enlistados que haya en cada distrito, para dar una idea les diría que tenían que haber recabado alrededor de cinco mil firmas, con su respectiva copia de credencial de elector que corresponda a esa jurisdicción.

Además, no olvidar que deberán probar que por lo menos tienen el 1 % del listado nominal distrital en la mitad de las secciones. Suena técnico pero cada distrito se divide en secciones.

En otro tiempo les anticipé que ser candidato independiente era prácticamente una misión imposible, cumplir con 82 artículos de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.

A estas alturas pienso lo mismo y el que nada más haya 56 aspirantes, confirma la dificultad.

La entidad que más aspirantes a candidatos independientes a diputados federales tiene es Veracruz con nueve, le sigue Sinaloa con ocho y con siete cada uno Baja California y Puebla.

¿Sabes cuántos aspirantes tiene el Distrito Federal? Dos.  ¿Y el estado de México? Uno. La mayoría con uno.

En Sonora, Baja California Sur, Yucatán, Colima, Guerrero, Durango, Tabasco, Campeche, Querétaro, Guanajuato y Coahuila no hay ningún aspirante.

Artistas y deportistas, que son mucho más populares y con más posibilidades de sumar simpatizantes, han preferido la nominación de un partido al sueño de una candidatura independiente.

Les voy a contar la etapa de Virgilio Andrade en el entonces Instituto Federal Electoral (IFE), ahora Instituto Nacional Electoral (INE). Fui testigo de su actuación. Me consta lo que hizo y no hizo como consejero electoral. Por razones profesionales, entonces tenía la cobertura de dicho organismo para El Universal, fueron frecuentes los encuentros, pláticas y entrevistas con el actual secretario de la Función Pública.

Desde entonces no era ningún secreto que había  estado cerca del PRI, fue en 1994 representante suplente ante el Consejo General del instituto electoral, por lo que a muchos les parecía lógico que en su desempeño se convirtiera en un defensor de las posiciones priístas.

Debo decir que a pesar de esas ligas, todo el tiempo se comportó como un consejero institucional, al servicio del organismo y en cumplimiento de la ley. No recuerdo que alguien de la oposición, durante su ejercicio, lo haya acusado de haber actuado a favor del PRI.

Virgilio, en lo individual, tuvo una conducta imparcial, fue el consejero que más dominio demostró de la ley en la materia. Era de los más participativos en las sesiones del Consejo. Iba a todas y muchas veces no por gusto, sino por su capacidad jurídica. Su compañeros preferían que él expusiera y argumentara en las discusiones públicas.

Coordinado en sus planteamientos, aunque en ocasiones resultaba reiterativo y excesivo al punto de enredar sus intervenciones y hacerlas menos comprensibles, quizás por saber demasiado de los asuntos que abordaba, por no cerrar su discurso una vez lograda la concreción.

Me tocó verlo en su oficina valorar y revalorar los textos, consultar con sus compañeros, con expertos, estudiar la legislación. Meticuloso.

Sin embargo, por ese explicable afán de proponerlo como polemista para casi todas las batallas  legales y por la disposición de Virgilio para colaborar, llegó un momento en que dio vida a lo que llamó la “teoría de la fugacidad”. Resulta que el ex presidente español José María Aznar metió sus narices en un acto proselitista de Acción Nacional. En un viaje que tuvo una estancia de horas en México, pareció haber venido solo con el claro propósito de apoyar a los panistas, identificado como militante de la derecha en España.

Violó la ley, no había duda y ameritaba una sanción. No se la aplicaron porque el infractor estuvo muy poco tiempo en México y cuando actuó el IFE, Aznar ya estaba comiendo tapas en Madrid. De ahí el recurso de Virgilio, su argumento de la “fugacidad”. Se les fugó el entrometido, cuando pensaron en reprenderlo, ya no estaba en nuestro país y no hubo castigo para el español. Ese fue el pecado mayor que tuvo Virgilio Andrade en lo individual, como consejero.

Como parte del colectivo, como integrante del Consejo, solidario con sus compañeros, encabezados por el consejero presidente Luis Carlos Ugalde, se sumó a la tolerancia del IFE ante las intromisiones electorales del entonces presidente Vicente Fox quien hizo campaña a favor del PAN. Al instituto le faltó vigor para frenar el ímpetu foxista y un llamado conjunto a que no lo hiciera, fue insuficiente.

Hay que reconocer que fue favorable el saldo de Virgilio Andrade como consejero. Se distinguió por el cumplimiento de la ley. Institucional. Nunca se exhibió como pro priísta.

Por lo tanto, ahora que está al frente de la Secretaría de la Función Pública, de por hecho que no hará nada que vaya más allá de lo que establece la ley.

Es la oportunidad para los partidos políticos, la ocasión para lavarse la cara, recuperar parte de la imagen que han perdido por su propia actuación y la de sus gobiernos. Para nadie es un secreto el descrédito que se han ganado entre la sociedad, a tal grado que cada vez que se llega a una elección federal se vuelve más complicado para los ciudadanos elegir al que le darán su voto.

Saben los mismos partidos que debido a su desempeño, hay mucha gente que ve como un derroche el uso de recursos públicos para su funcionamiento. Cierto que juegan un papel en el sistema democrático, que es lo que le ha permitido a México la alternancia y el ascenso al poder por la vía pacífica, sin embargo, han dilapidado su credibilidad.

Por ello, ante el anuncio hecho por Luis Videgaray, secretario de Hacienda, de que se recortará el gasto en 124 mil millones de pesos, el 0.7 del Producto Interno Bruto (PIB), consecuencia de la estrepitosa caída del precio del petróleo y la inestabilidad de economías en el mundo, el momento es oportuno para la reflexión de los partidos políticos.

Además, sin duda, vienen más sobresaltos por la posición que ha asumido el nuevo gobierno de Grecia. Los dueños del dinero, grandes capitales en el mundo y organismos financieros internacionales acostumbrados a imponer sus condiciones para que se sigan enriqueciendo los mismos sin importar que cada vez sea más grande la masa de pobres, se han irritado por los criterios y acciones que han tomado los griegos. Grecia no quiere que el costo de la crisis, la impuesta austeridad, aplique otra vez para los que menos tienen. La filosofía de los griegos de nuestro siglo puede darle un nuevo giro a los valores en el mundo.

También no hay que perder de vista el comportamiento de la sociedad española, que ya se hartó de partidos y gobiernos que no encuentran formas que de verdad mejoren la calidad de vida de los gobernados. Por eso el crecimiento de una nueva organización denominada Podemos, vinculada a ciudadanos ansiosos de una opción distinta.

En México la sociedad tampoco está de plácemes, hay decepción por la acentuada inequidad en el reparto de la riqueza, por la impunidad, la corrupción, inseguridad y crisis.

Y todavía hay partidos que creen o quieren creer que la gente, en tiempo de elecciones, se traga sus spots o propaganda de que el mundo feliz está cada vez más cerca.

De promesas ya se indigestó la sociedad.

Si hay recorte presupuestal, pues que también los partidos hagan su recorte. ¿En qué van a recortar su gasto? Es hora de empezar a recomponer su imagen. Sería ideal que su recorte, el dinero que decidieran no gastar fuera destinado a una obra que beneficiara de manera directa a la sociedad.

¿Qué les parece para un nuevo y moderno hospital infantil en Cuajimalpa?, por poner un ejemplo.

Para este 2015 se entregará a los 10 partidos nacionales 5 mil 355 millones de pesos por concepto de financiamiento público. ¿Por qué no le dan un pellizco a esa bolsa y le devuelven una parte, etiquetada,  a la Secretaría Hacienda, para que lleve a cabo una obra de beneficio social?

Cuando un equipo que está en la segunda división de futbol, asciende a primera, es obligado que se refuerce con figuras que tengan experiencia en el máximo nivel mexicano o en el extranjero.

Mantenerse con el mismo equipo, solo con los jugadores que tuvieron una destacada actuación para llegar a la liga mayor, tiene sus riesgos. Es aventurado suponer que todos ellos van a dar el estirón y van a estar a la altura de la nueva competencia. Algunos lo conseguirán, otros se quedarán en la medianía; en esas condiciones se estará en desventaja ante rivales que tienen años de jugar en el principal circuito, con más colmillo y maña.

Peor si con el mismo equipo se hacen planes para conquistar el campeonato de la primera división, porque en el corto o mediano plazo se va a estrellar, perderá con los grandes. Si tiene suerte y le favorece el calendario de juegos, enfrentaría en las jornadas iniciales a quienes se caracterizan por ocupar lugares de la media tabla de posiciones para abajo. A estos los puede sorprender, empatarles o hasta ganarles, aunque sea por la mínima diferencia.

Hasta ahora, en el futbol mexicano lo usual es que el equipo que asciende, busque refuerzos, que no serían las estrellas del momento porque tampoco tendría el dinero para contratarlas, pero sí con el empuje para hacer un papel decoroso en la primera temporada.

Xolos de Tijuana es un caso reciente. A cinco años de su fundación en la segunda división y a 18 meses de haber llegado a la primera, logró su primer campeonato de liga. Hubo planeación, un buen entrenador, los refuerzos necesarios y un empresario con dinero.

Les cuento esta historia del salto de la segunda a la primera, porque en la política también se dan esos ascensos. Es precisamente lo que sucedió con el equipo mexiquense. Estaba en la segunda (en el gobierno estatal) y llegó a la primera (gobierno federal).

Nada más que el equipo no se reforzó y prácticamente empezó a jugar con el mismo cuadro que le funcionó en el estado de México. No todos han estado a la altura e hicieron falta los refuerzos. Faltó gente de más experiencia y capacidad política. El resultado hasta ahora no ha sido el esperado. Todavía se está a tiempo de apuntalar posiciones. Podría ser un error traerlos de la cantera mexiquense cuando el país necesita jugadores hechos, experimentados.

Pareciera esta analogía fuera de lugar, pero no. Ya todos saben que Cuauhtémoc Blanco fue registrado como precandidato para la alcaldía de Cuernavaca. Ha sido y es una estrella del balompié. Es popular, lo quiere la gente. Sin embargo, su sabiduría y experiencia deportiva no es suficiente para triunfar en la política, también necesita de un buen equipo, refuerzos, políticos de carrera.

Si el cree que con su fama y simpatía bastan para ganar las elecciones, puede llevarse una sorpresa.

En estos tiempos, ni en la política ni el futbol funciona la improvisación para tener éxito, se requiere equilibrio en el equipo, la combinación de la experiencia con el dominio de la teoría.

En México hay 68 millones 875 mil 997 ciudadanos que no militan en ningún partido político.

Para contarles esta historia cerraré la cifra a 69 millones, gente que está inscrita en el padrón electoral, que determina quien gana y quien pierde en las elecciones. No digo que todos voten pero en ese grupo está la mayoría de los electores.

Son los que inclinan la balanza a favor o en contra de los candidatos, son los que llevaron al país a la alternancia y los que le regresaron al PRI la presidencia de la República. Se convencieron de que el PAN nunca supo gobernar y volvieron a darle la oportunidad a los priístas.

Vienen las elecciones de junio y a nivel federal la disputa es por el control de la Cámara de Diputados, 300 diputados de mayoría y 200 de representación proporcional. Nueve gubernaturas, 993 presidencias municipales, 16 delegaciones y 641 diputaciones locales.

La cifra de los 69 millones de ciudadanos sale de restarle al padrón el número de afiliados que tiene cada partido.

Hasta la fecha el padrón tiene 87 millones 172 mil 586 y los partidos suman 18 millones 296 mil 589 afiliados. Sólo el 20 % de los ciudadanos en nuestros país milita en un partido.

El PRI tiene 7 millones 916 mil 282 militantes, el PRD 5 millones 432 mil 84 (hasta antes de sus escándalos y renuncias), PVEM 947 mil 346, PT 892 mil 756, Movimiento Ciudadano 795 mil 281, Nueva Alianza 639 mil 174, Morena 620 mil, PAN 473 mil 703 (cada vez son menos los interesados en afiliarse al panismo), Encuentro Social 308 mil 997 y Frente Humanista 270 mil 966. (Cifras entregadas por los partidos al Instituto Nacional Electoral).

De  ninguna manera ese 80 % o los 69 millones están fuera de la competencia. Son los que se esperan a conocer candidatos y se dan tiempo para evaluar a los partidos gobernantes.

Muchos recurrieron en el 2000 a lo que se llamó el voto útil con tal de darle el triunfo al PAN, pero pronto se arrepintieron. Otros han optado por anularlo, pero también se han arrepentido porque se han dado cuenta que no han conseguido nada con esa acción.

Ahora se habla del voto de castigo, que aplica para el partido que no le ha cumplido a la sociedad.

¿A quién van a castigar y a quien le van a dar el voto?

Hoy más que nunca esa tarea se ha complicado, porque lo fácil es concluir que el gobierno en turno ha fallado. El problema es que el desempeño de la oposición ha sido igual o peor.

¿Por quién votar?

Es una interrogante que no tiene una respuesta inmediata, reflexionas, haces un análisis, te tomas una hora, varios días, un mes, más tiempo y resulta que no encuentras la respuesta.

Con los escándalos, con las crisis, con el deterioro de la vida, las opciones se han reducido para quienes no militan en ningún partido ni simpatizan con ninguno. Los partidos de oposición han minado su oferta, la izquierda y la derecha, están más ocupados en su pleitos internos. El partido en el poder pasa apuros para conseguir remontar  la inseguridad, garantizar la justicia, vencer la impunidad y apuntalar la economía.

Seguro hay muchos indecisos entre los 69 millones de ciudadanos que no militan en ningún partido. Conocer el perfil de los candidatos les ayudará a decidir a quien le dan su voto.

Esperaba una llamada familiar, la tía que olvidó pagar el recibo de luz de su casa y la eficiencia de la Comisión Federal de Electricidad para cortarle el servicio de inmediato. Cerca de las ocho de la noche del jueves nueve de enero de 2015, ya había llegado al aeropuerto internacional de la ciudad de México procedente de Guadalajara. Sonó el teléfono. De inmediato supuse que era ella, tomé el auricular. Me quedé sin habla, era una voz grabada y masculina, engolada.

Un mensaje electoral en año de elecciones.

No daba crédito, apenas en fecha reciente había tramitado el cambio del número de teléfono de mi domicilio.

Me concreté a escuchar.

De entrada el anuncio de que se trataba de una encuesta patrocinada por Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena. Después la pregunta de porqué partido vas a votar. Enseguida las opciones: teclear 1 si es por el PRI, 2 si es por el PAN, 3 si es por el PRD, 4 si es por Morena y 5 si es por otro. Unos segundos para tomar la decisión y luego la despedida con un seco “gracias”.

Debo admitir que me impactó la llamada, no por el tema sino por lo inesperada y el misterio de su origen.

Se agolparon las preguntas en mi cabeza.

La primera que entresaque:

¿Quién les dio mi número de teléfono?

Otras:

¿Cómo le hicieron para localizarlo? ¿Lo descubrieron aleatoriamente? ¿Volvieron a sustraer información de la autoridad electoral? Recordé que al INE no le he dado mi nuevo número.

Entonces, ¿de dónde?

Optimista le comenté a mi joven hijo que conocería el origen de la llamada en el próximo recibo de la empresa de Carlos Slim. En segundos me ubicó en la realidad al decirme que eso no sucedería porque lo más seguro es que fuera un número privado. Recordé que así ha sido en otros casos de los que me he enterado, de vecinos y amigos. Son llamadas que no dejan huella.

Más preguntas:

¿Quién hizo la llamada viola la ley electoral? ¿Puede ser creíble que hayan sido AMLO y su Morena? ¿Sería capaz López Obrador de hacer una encuesta de ese tipo y dar su nombre? ¿Sería un adversario del político tabasqueño con la intención de inculparlo y desacreditarlo? o ¿una empresa encuestadora privada con fines y patrocinios oscuros?

Cero respuestas, otro acto impune, un anticipo de lo que viene, las campañas sucias de las elecciones. Es apenas una pequeña muestra, porque ante tantos escándalos e incongruencias partidistas, da por hecho que en los videos o spots (tan solo siete millones de impactos o repeticiones en los 40 días que dura la precampaña) van a exhibir sus miserias.

La verdad, su exhibición es innecesaria, la sociedad ya los conoce.

Por lo pronto, a manera de protesta y rechazo, les digo que no oprimí ninguna tecla, así que conmigo perdieron el tiempo.

Hay quienes no toleran ni la mención de su nombre, mucho menos sus actividades políticas. Nunca lo han tragado, ni cuando era priísta. Siempre les ha parecido falso y populista. Es un personaje que ya ha sido dos veces candidato a la presidencia de la República y va por la tercera nominación.

¿Y cuál va a ser el camino del tabasqueño para llegar a su tercera competencia en el 2018?

Por lo pronto tiene su propio partido. Se desprendió a tiempo del perredismo, aunque esto no lo exime de errores y complicidades en esa agrupación. Carga con parte de las culpas porque no solo fue candidato de los amarillos sino también su dirigente nacional.

Ha sabido vivir de la política, fue líder del PRI en Tabasco y, a pesar de ser oriundo de este estado, encontró la forma de competir y ganar el gobierno del Distrito Federal.

Tiene un voto duro envidiable, su seguidores le creen todo lo que dice y hace, lo adoran y veneran. Su relación o supuesta amistad con el ex alcalde de Iguala se le resbaló como si fuera agua. Negó cualquier afinidad con José Luis Abarca. Los suyos, los morenos, los militantes de Morena, le aceptaron sin pestañear su versión. Para ellos no ha y más verdad que la del tabasqueño.

Cuando se enfermó del corazón y tuvo que ir con urgencia a uno de los hospitales más costosos de México, tampoco le reprocharon su preferencia por una institución privada. Un hospital al que la mayoría de su partidarios nunca podrá acudir, por lo caro.

¿Se acuerdan cuando era jefe de gobierno en la ciudad de México y presumía transportarse en un modesto Tsuru? El que ahora lo haga en camioneta tampoco molesta a sus simpatizantes. Defienden su derecho a vivir como viven a los que critica en sus discursos.

Por supuesto, Obrador tiene derecho, nada más que ese mismo derecho está muy lejos de ser alcanzado por los que lo siguen. Sin pretender ser irónico, doy por hecho que busca que todos los suyos vivan igual, mejor o que por lo menos tengan satisfechas sus necesidades básicas.

De cualquier manera, a él, los suyos, su grupo, sus militantes, le perdonan y aplauden lo que haga y diga. Eso es voto duro. Ganado con su carisma, con su mesianismo político. La fe y confianza de su gente, resistente a cualquier ácido o imputación de los adversarios.

Supo sacarle provecho a su desafuero como jefe de gobierno capitalino por desatender un mandato judicial y del cierre de Paseo de Reforma en protesta por el resultado de las elecciones en 2006 cada vez se acuerdan menos quienes sufrieron el bloqueo.

A estas alturas es obvio que su camino hacia el proceso electoral de 2018 está trazado por él mismo. Supo construir a su partido y no es disparatado decir que tiene la fuerza para posicionar a Morena en las elecciones del 2015 como la tercera fuerza política del país.

Bueno, aún no compite su nuevo partido electoralmente y ya tiene grupo parlamentario en la Cámara de Diputados, como para entrenar y prepararle el terreno legislativo.

De por bueno que Obrador tiene entre sus planes llegar a esa cámara. ¿Se lo imagina como coordinador del grupo parlamentario de Morena en la próxima legislatura? Trinchera ideal para avanzar en sus aspiraciones, foro propicio para fortalecer su presencia nacional.

Si se convierte en diputado, que se preocupen quienes también tienen la mira en la elección presidencial del 2018.

Pretender impedir la realización del proceso electoral en el estado Guerrero es un error.  Se equivocan quienes condicionan las elecciones a la presentación de los normalistas desaparecidos. Seguro que la idea no tiene su origen en los familiares de las víctimas, porque lo que estos quieren es justicia, el retorno de sus hijos en primer lugar o castigo para quienes hayan agredido y asesinado a los jóvenes, si es el caso.

En vez de plantear impedir que se lleve a cabo el proceso, lo que más conviene es que se haga, es la oportunidad para que ese pueblo que sufre el horror de la violencia, el abuso de la delincuencia, la complacencia de autoridades, elija a diputados, alcaldes y gobernador que de verdad se preocupen, resuelvan sus necesidades y contribuyan a saciar su sed de justicia.

Nadie mejor que ese pueblo sufrido para saber quienes son los mejores candidatos, los más calificados y honestos, nadie mejor que ese pueblo para vetar a políticos que hasta ahora se ha esmerado más por atender sus intereses personales que por los de la mayoría.

La lección ha sido dolorosa por no participar en los comicios, por dejar hacer y dejar pasar, se permitió que José Luis Abarca se convirtiera en alcalde de Iguala. Trágica ha sido la consecuencia.

Si el clamor de justicia de Ayotzinapa se ha escuchado en el mundo, se ha logrado movilizar a la comunidad nacional e internacional, entonces, con esa capacidad de convocatoria nada evitaría que el pueblo eligiera autoridades con antecedentes irreprochables.

Es la oportunidad para señalarle a los partidos quienes deben ser los candidatos y votar por aquel que los postule. El voto de castigo para aquellos que insistan en perfiles oscuros o tomen decisiones cupulares, como siempre, para favorecer a grupos y amigos.

Cierto que también la ley electoral señala el camino de las candidaturas independientes para buscar llegar a cargos de representación popular, pero se establecieron tantos requisitos y candados que en los hechos sería una hazaña darles cumplimiento. Explicable esa complejidad porque esas normas fueron elaboradas por legisladores que representan a los partidos y los partidos por lo visto quieren a perpetuidad el monopolio electoral.

Sin embargo, ante hechos de sangre y corrupción que en estos tiempos son inocultables, porque ahora la forma de comunicar se amplió con las redes sociales y dejó de ser exclusiva de los medios tradicionales, los partidos tendrán que rectificar su conducta.

Los próximos candidatos están obligados a tener un expediente transparente para que la sociedad los pueda calificar.

Por todo lo anterior les digo que es más conveniente para los guerrerenses que haya elecciones, es la oportunidad para elegir a los mejores y tener autoridades que hagan valer su derechos.

El voto es lo que decide una elección y sin duda los guerrerenses pueden cambiar la correlación de fuerzas en su estado.

La “izquierda” huele al viejo PRI. Los dos personajes de la “izquierda mexicana” de más peso político y reconocimiento, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, tienen esa raíz.

El primero fue gobernador de Michoacán con las siglas del PRI e hijo de un presidente de la República que surgió de las filas revolucionarias; el segundo fue dirigente estatal del PRI en Tabasco. Los dos se han venido ostentando como promotores del progreso y cambio.

Al que conozco bien es al ingeniero y la verdad siempre lo he visto como un político práctico. En1988 muchos lo consideraron triunfador de las elecciones presidenciales pero no se atrevió a defender con lo que fuera necesario la votación a su favor. Optó por la moderación, por la prudencia, no llevar a sus seguidores a una lucha fratricida y suicida.

En 1997 ganó el gobierno del Distrito Federal y desde entonces el PRD ha mantenido la hegemonía en la ciudad de México.

Obrador fue dos veces candidato presidencial por este partido;  abandonó las siglas amarillas para crear Morena, obtener su registro oficial  en el INE y preparar su tercera candidatura presidencial.

Cárdenas y Obrador lo han dirigido, conocen sus intestinos, a sus grupos o tribus  y de lo que son capaces. Quizás por eso el ingeniero puso como condición la unidad a su posibilidad de volver a encabezar a los perredistas. Obrador prefirió abandonar esa nave.

Otra dirigente perredista, Rosario Robles, también decidió marcharse y ahora combate la pobreza desde un gobierno de extracción priísta.

Porfirio Muñoz Ledo encabezó primero al PRI y después al PRD.

Marcelo Ebrard, ex jefe de gobierno en el Distrito Federal, también se formó en PRI;  aspiró sin éxito a la presidencia del sol azteca.

Jesús Ortega, Jesús Zambrano y Carlos Navarrete (actual dirigente) quienes ahora tienen el control de su partido a través del grupo denominado los “chuchos”, por el nombre de pila de los dos primeros, no se formaron en el PRI pero han apoyado acuerdos y alianzas, por eso el Pacto por México y la aceptación de la reforma fiscal. En la incorporación a sus filas de Ángel Aguirre Rivero no repararon en sus antecedentes y tampoco les importó que decidiera cambiar de camiseta solo por conseguir una posición política, dejar la tricolor por la amarilla. A las dos partes los identificó sólo ganar la silla estatal, omitieron convicciones y trayectorias.

Además, hay que recordar que Ortega y Navarrete llegaron a militar en el Partido Socialista de los Trabajadores de Rafael Aguilar Talamantes, del que se sospechó servía o era satélite del Revolucionario Institucional.

Zambrano tiene un pasado guerrillero que a punto estuvo de costarle la vida, fue preso político y también fundador del PRD. Se puede decir que surgió de la “extrema izquierda” que con el paso del tiempo se fue moderando.

A los tres los rebasó el caso Guerrero, el escándalo y la desaparición de 43 estudiantes; la protesta nacional e internacional por lo sucedido en Iguala los hizo dar marcha atrás a su pretensión de apuntalar el gobierno de Aguirre. En 72 horas dieron un giro de 180 grados, cedieron al clamor de que con urgencia solicitara licencia el mandatario estatal.

Sin duda, la “izquierda mexicana” tiene aroma priísta.

Con motivo de las festividades patrias les voy contar la historia de un mexicano que logró su independencia económica en medio de un clima de violencia intrafamiliar, ancestrales costumbres, temores y prejuicios.

Caso real, auténtico bolero, ahora convertido en abogado, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y empleado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Hecho comprobado. Ajeno a la práctica de políticos, deportistas y estrellas del espectáculo que adaptan el cuento infantil de la cenicienta para presumir que tuvieron un origen humilde.

Recuerdo, por poner un ejemplo, que Ernesto Zedillo en su campaña como candidato a la presidencia de la República se atrevió a decir que había empezado su vida laboral como bolero. Nada convincente. Nunca le creí. La versión fue difundida y promovida por sus asesores en imagen. No se la tragó la sociedad.

La historia de Jorge Feria Hernández es verídica.

Originario de San Cristóbal Amoltepec, Oaxaca, de la región mixteca, la define como  “un sueño nunca soñado”.

Jamás imaginó la vida que ahora tiene. No quería estudiar. Le parecía suficiente con la primaria y ser bolero, como muchos de sus amigos y familiares de su pueblo. Por más que le insistían, su excusa era que debía contribuir al sostenimiento de su casa. Confiesa que tenía temor a los hombres de negro, a los vestidos de traje y corbata. Sus clientes de la boleada que buscaban la forma de convencerlo de regresar a la escuela.

Hoy tiene 30 años de edad pero cuando llegó por primera vez al Distrito Federal tenía apenas 12 años.

Boleó hasta el segundo semestre de su carrera en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Ahora trabaja en el tribunal electoral federal.

Bromea:

“Si me despiden, ahí tengo mi cajón guardado”.

Es bajito de estatura. Trae un corte de cabello moderno, peinado hacia delante. Sus lentes reafirman un rostro serio. Es desenvuelto. Se expresa con facilidad y se apoya con sus manos para enfatizar.

Su primer día como bolero, a sus 12 años de edad, le reportó un ingreso de 49 pesos. Para conseguir esa cantidad le bastó la calle de Durango en la colonia Roma. La instrucción paterna fue que no caminara más allá y de esa manera asegurarse que no se perdiera.

Los 49 pesos, una fortuna comparado con lo diez pesos que le pagaban en su pueblo por trabajar en el campo, de sol a sombra.

Tuvo una infancia cruel, plagada de malos tratos. Su padre era violento cuando se excedía en la ingesta de alcohol. Le pegaba a los hijos y a la esposa. La conducta etílica era motivo de conflictos frecuentes y golpes repetidos. De nada servía el ruego de la familia para que dejara el vicio. Por el contrario, lo enfurecía y se desquitaba con el uso de la fuerza.

Sin embargo, no le guarda rencor y mucho menos lo odia. Lo extraña. Desde el 2004 no lo ha vuelto a ver. Salió de la casa como todos los días a trabajar, a limpiar calzado y ya no regresó. Está desaparecido.

-¿Se lo comió la ciudad de México?

-Algo así –contesta con desconsuelo.

Se lleva las manos al pecho, a su lado izquierdo.

-Mi corazón me dice que está vivo y que un día regresará a casa.

Su padre le enseñó a bolear, a caminar por las calles del Distrito Federal y buscar clientes. Había días que ganaba más de ciento cincuenta pesos. El destino parecía protegerlo. La suerte estaba de su lado.

Un policía que vigilaba el acceso de un edificio se convirtió en su cliente. El día que empezó a llover, justo cuando lo boleaba, el uniformado le permitió entrar a la recepción.

Y en la recepción tres empleados vestidos de traje le indicaron que subiera al quinto piso para que también les lustrara sus zapatos. Pasaron meses para que se percatara que se trataba de un edificio de la Secretaría de Gobernación y que ahí estaba la comisión negociadora de Chiapas, encabezada por Emilio Rabasa.

Emilio y sus colaboradores lo alentaban a regresar a la escuela. Jorge desconfiaba de ellos. Tenía miedo. Sospechaba que pretendían explotarlo. Dejó de ir tres meses a las oficinas, creyendo que al no verlos los haría desistir de esa convocatoria.

Por el contrario, siguió la insistencia.

-¿Qué te hizo aceptar?

-El día que me topé con Rabasa en el elevador. Su advertencia fue que si no iba a la escuela, dejaría de entrar al edificio. Significaría perder clientes, por lo menos diez boleadas diarias.

-¡Ups! –expresa ahora, como quizás nunca lo hubiera hecho de haberse quedado a vivir en su pueblo.

Cuando en la escuela para trabajadores le dijeron que requería la autorización de su padre o tutor para ser inscrito, creyó que ya la había librado. Sonreía. Estaba contento. Daba por hecho que su papá no le daría permiso. No quería y mucho menos era su ilusión estudiar.

Lo que no esperaba y sucedió fue que Emilio decidió firmar como su tutor para que asistiera a la escuela, a la secundaria.

Descubrió que era bueno para el estudio. Obtuvo diplomas por su ortografía y aprovechamiento en general. Acabo la secundaria con promedio de 9.5. Sus maestros estaban satisfechos de su esfuerzo. Emilio fue a su graduación.

-Me regaló un relojito.

-¿Y dónde está ese relojito?

-Lo perdí.

Entró a la preparatoria CCH y de ahí el pase directo a la UNAM, para estudiar la carrera de Derecho.

Por un momento supuso que tendría que seguir por su cuenta, sin el apoyo de su tutor que para entonces había dejado el servicio público y estaba dedicado a la academia. Se equivocó. El chofer de Emilio recibió instrucciones para buscarlo y darle los números telefónicos. Cada año le reportaba su avance escolar.

Culminó su carrera de abogado y al año siguiente se tituló.

No tiene la menor duda de que Emilio Rabasa, actual  embajador de México ante la OEA, ha sido y es su ángel

Jorge Feria Hernández trabaja en el equipo de la magistrada Maricarmen Alanis.

Ambos siempre le han dicho que nunca desconozca sus raíces. No ha perdido el contacto con su pueblo ni olvida su lengua materna. Habla mixteco y español. Está complacido de su ascenso y listo para aprovechar las oportunidades que el destino le ofrezca.

Es orgullo de su familia, de su mamá y tres hermanos. Atrás, muy atrás quedó ese niño que cursó la primaria en Oaxaca y fue parte de la banda musical de su pueblo. Hoy es la principal fuente de ingreso de su casa.

La plática había terminado.

-¿Cómo te vas a ir? –le pregunté.

-Traigo mi carro –contestó de inmediato.

Testimonio de su independencia económica.

Mientras haya muchos pobres en México la compra de votos persistirá. La legislación electoral ha evolucionado, las reglas para la competencia política no han dejado de perfeccionarse. El país tiene un nuevo organismo. Dejó de ser IFE para transformarse  en Instituto Nacional Electoral (INE). El problema es que hay más de 60 millones de pobres (60.6 millones, según cifra de diciembre de 2013 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL).

En esa condiciones ni con leyes perfectas se podrá evitar la compra de votos, ni con el mejor consejero presidente ni los mejores consejeros electorales, ni el tribunal electoral más justo. El hambre y las necesidades básicas son primero. Los que tienen el dinero e interesados en ganar las elecciones al precio que sea, ya encontrarán la forma de eludir las leyes para incrementar su votación.

Los que sufren la falta de recursos para el sustento diario, por necesidad caerán en la tentación. Más de un candidato les ha dicho que reciban el dinero o la despensa, pero que voten sin influencias o presiones. La verdad, ese pueblo de México, es muy noble y no duda en agradecer con su voto al que le da la mano.

Es indiscutible la evolución legislativa en materia electoral con la mira puesta en la imparcialidad, equidad, respeto absoluto al voto e impulso a la participación de la sociedad. Se han aprobado medidas de acuerdo con las circunstancias y tiempos del país. Lo que para una etapa ha sido positivo, después ha tenido que ajustarse ante el desgaste y abuso en que incurren actores de la contienda política. Sin embargo, con tantos pobres, está en chino acabar con los vicios.

En 1977 se flexibilizó la formación de partidos y se introdujo la figura de la representación proporcional. En 1980-1990 se dio vida al Instituto Federal Electoral (IFE), se consolidó el tribunal electoral  y se ampliaron los derechos e los ciudadanos. En 1993 se suprimió la auto-calificación que hacían los colegios electorales de las cámaras de diputados y senadores.

Durante 1994 se avanzó en la ciudadanización del IFE y fue aceptada la observación internacional. En 1996 se afianzó la democratización en el Distrito Federal y el poder judicial a través del tribunal electoral se convirtió en garante de los derechos políticos del ciudadano. En 2003 se dio luz verde al voto de los mexicanos en el extranjero, medida que no ha cuajado como se esperaba en un principio, porque todavía es poca la participación. En 2007-2008 se creó un nuevo modelo de comunicación electoral. En 2011 por fin se aprueban las candidaturas independientes, pero con más candados que ni el mago Harry Houdini podría abrir si viviera. También en 2011 se aceptaron la iniciativa popular y la consulta popular.

Y en 2013-2014, la transformación del IFE en INE, con nuevas competencias, entre ellas la centralización del organismo electoral con el fin de acabar con el manipuleo de gobernadores en elecciones. De nueva cuenta la reelección de diputados federales y locales, senadores y regidores; paridad total de géneros en las candidaturas a puestos de elección popular, formación de gobiernos de coalición y nuevas causales de nulidad de una elección.

Sin duda, han trabajado los legisladores en materia electoral, más y mejores reglas para procurar que la competencia política sea pareja. Lástima que haya demasiados pobres.

Hay quienes se han espantado o enojado porque ahora en el país hay 10 partidos con registro nacional. Se han sumado Movimiento Regeneración Nacional, Partido Encuentro Social y Partido Humanista. Además, para lo que resta del año se les ha destinado 36 millones 390 mil 104 pesos del presupuesto, del erario. Es lo que espanta a unos y enoja a otros, porque el país no está para derroches ni gastos extraordinarios, aunque no es la primera vez que existe tal cantidad de organizaciones políticas. En las elecciones del 2003 participaron 12 y cinco perdieron el registro. Que conste que entonces el requisito para sobrevivir era obtener el 2 % de la votación.

Ahora la nueva Ley General de Instituciones y Procedimientos electorales exige el 3 %.

Para conservar su registro por lo menos deberán obtener poco más de un millón de votos.

De los tres, quizás Morena, por el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, pase la prueba.

Los otros dos son prácticamente desconocidos para la sociedad y corren el riesgo de tener una existencia fugaz. También pueden correr la misma suerte Nueva Alianza, creado por la maestra Elba Esther Gordillo, Partido del Trabajo que tiene en su raíces el sello de Raúl Salinas y Movimiento Ciudadano que pertenece a Dante Delgado Rannauro, porque sus cifras, en lo individual, los colocan con una limitada presencia en la República.

PT y MC, como ha sido hasta ahora, tienen la esperanza de seguir siendo remolcados por Obrador.

El Panal no ha llegado en los procesos electorales federales en los que ha participado al 4 % de la votación. Ha flotado entre el 2 % y 3 %. Lo sucedido a su principal promotora tendría consecuencias en su porcentaje de aceptación en los comicios del próximo año.

Los ecologistas tienen un promedio de votación del 6 %, participen o no aliados con el PRI.

De los tres grandes, el PRI, PAN y PRD, el tercero puede empezar a sufrir. Depende del número de militantes y simpatizantes que le quite Obrador. Los izquierdistas tendrían que decidir entre Morena y el Partido de la Revolución Democrática. Uno de los dos se quedaría sin registro. En el supuesto de que los dos alcancen el 3 %, quedarían debilitados para las negociaciones plurales.

Las elecciones intermedias o legislativas no son las que más entusiasman a los electores o ciudadanos. Ha prevalecido el abstencionismo. La tendencia seguiría en el 2015.

Vamos a suponer que se repite el porcentaje de participación de la elección intermedia de 2009: 44.06 % del listado nominal. Si así fuera, de acuerdo con las cifras actuales de dicho listado, votarían 35 millones. El 3 % que exige la ley sería un millón 50 mil votos.

Aquí es donde los espantados y enojados tienen la oportunidad de eliminar a quienes carecen de representación nacional. Si acuden a votar y elevan de manera significativa el porcentaje de participación, le van a complicar la vida a los de reciente ingreso y a quienes caminan por el filo del precipicio.

Un elemento que también se debe tomar en cuenta es que la gente vota más por los candidatos que por los partidos y generalmente las organizaciones pequeñas o de reciente creación no tienen a las mejores cartas para competir y ganar una elección federal.

Para que vean que así como nacen, mueren los partidos que no tienen una base sólida, les cuento que en las elecciones del 2000 tres se quedaron en el camino. En las elecciones del 2003, cinco. En las elecciones del 2006, se mantuvieron ocho. En el 2009 se fue uno. Y en los comicios del 2012, siete preservaron su registro.

Ahora hay 10 partidos, pero historia y estadísticas indican que se regresaría a siete en el 2015.

Esta vez les voy a contar una historia revelada por el diputado Manlio Fabio Beltrones y confirmada por Diego Fernández de Cevallos.

Dos personajes de la vida nacional inconfundibles, con largas trayectorias, de altas y bajas, de críticas y elogios, de aciertos y desaciertos. Contra lo único que no han podido es con el tiempo. Se ha encargado de irlos encaneciendo, pero conservan una vitalidad y sensibilidad como pocos en la política.

No se guardan ninguna y se defienden cuando hay ataques, sean de fuego amigo o de adversarios.

Ambos se conocen como la palma de la mano, infinidad de veces se han sentado en la misma mesa. Han discutido, debatido y acordado. Cedido, no siempre, ante la razón de cualquiera de ellos.

Uno priísta y otro panista. Los dos han conservado la misma camiseta de sus respectivos partidos.

Manlio sigue en activo con cargo. Diego, aunque a veces pareciera retirado, se conserva con voz y voto en el panismo. Dice estar dedicado a su profesión de abogado.

En su larga trayectoria seguro que les han dicho hasta de que se van a morir. Aquí no es la intención. Tampoco exaltarlos. Lo que son, dígase lo que se diga, nada lo va cambiar.

Se trata de conocer un pasaje de sus batallas políticas. No hay que perder de vista que militan en organizaciones distintas.

Beltrones es quien reconoce un gran acierto del famoso “Jefe Diego”.

La fotografía que incluye la credencial de elector, antes del IFE y ahora del INE, fue idea de Fernández de Cevallos.

Por su tozudez y necedad, en 1990, cuando se definían las características de dicha credencial, Diego se empeñó en que tuviera fotografía. Inamovible su posición. Se mantuvo en la mesa de negociación.

“Aquí me quedo, no me levanto”, les advirtió.

24 años después Beltrones no tiene reparo en reconocerle que tenía razón sobre las bondades de la credencial con foto.

Cuando se analizó el tema, hace más de dos décadas, los priístas argumentaban que no era posible porque “cuesta mucho dinero”, “no hay presupuesto que alcance”. Hasta llegaron a suponer que Diego era socio de la transnacional empresa fotográfica Kodak.

Es lo que platicó el diputado Manlio Fabio Beltrones en el foro electoral organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el pasado 27 de junio.

Diego dio por válida la versión. La complementó. Enteró a los asistentes que hubo un personaje de “alto nivel” que sostenía que no se podía por insuficiencia presupuestal (dinero) y porque no se contaba con la tecnología para hacerlo de una manera masiva.

Le dijeron que sólo era posible en ocho o diez entidades.

Curioso, ni Manlio ni Diego se atrevieron a mencionar quien era ese “alto personaje” en 1990 (entonces Carlos Salinas ocupaba la silla presidencial).

Al final el panista se salió con la suya, sí alcanzó el dinero y la tecnología fue suficiente.

En el presente nadie pone en duda los beneficios de la credencial de elector con fotografía.

Parece increíble. A estas alturas los partidos políticos nacionales todavía tienen como prerrogativa o franquicia el servicio telegráfico. No lo utilizan porque ahora sus comunicaciones son mucho más rápidas a través del teléfono, por correo electrónico (Internet) o por WhatsApp que es un mecanismo gratuito para mensajes instantáneos desde el celular.

El telégrafo tiene sus raíces desde 1746. El invento se le atribuye, ya perfeccionado, a Samuel Morse. En 1833 hizo la primera demostración pública de su aparato (transmisión de mensajes mediante pulsos eléctricos). En 1844 se le dio un uso político cuando desde Baltimore a Washington se telegrafió la nominación de Henry Clay para presidente en los Estados Unidos.  En la actualidad, si le pedimos a una persona de 20 o 30 años de edad, no se diga si es menor a las dos décadas, que envíe un telegrama, seguro que va a preguntar: ¿un qué? Lo más probable es que nunca en su vida lo haya hecho.

Para los partidos en México el telégrafo es historia. A partir de que se fortalece Internet como medio de comunicación colectivo, en los ochentas, empezaron a dejar de usarlo para la transmisión de sus mensajes. Quizás el último uso que le dieron fue de “giros telegráficos” o envío de dinero. Práctica que abandonaron para no dejar huellas del manejo de recursos a través de ese medio.

Sin embargo, el servicio telegráfico sigue como prerrogativa para los partidos en nuestro país, como lo señala el artículo 189 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.

Dice la ley que “sólo podrán hacer uso de las franquicias telegráficas los comités nacionales de cada partido nacional”, nada más dentro del territorio mexicano y “para casos de apremio”.

Bueno, en estos tiempos, para casos de apremio o urgentes, en lo que menos piensan los políticos es en el telégrafo.

El Servicio Postal Mexicano o Correos de México ora y ruega porque los partidos empleen el telégrafo. Les representa ingreso. Sin bien los partidos no lo pagan, el ahora Instituto Nacional Electoral sí dispone un presupuesto anual para dicho propósito. La estimación para este gasto es de alrededor de 800 mil pesos. No se toca ni un solo peso y el dinero es regresado a la Tesorería de la Federación. Sepomex tiene que conformarse únicamente con el pago del servicio postal, correo tradicional, utilizado para el envío de paquetería o propaganda, sobre todo.

Le cuento esto del telégrafo, que a la vista de muchos sería un aspecto menor, porque nos da una idea del trabajo legislativo. Es alta la paga a los diputados y senadores por lo que hacen, por lo que la calidad también debería ser alta en la elaboración de las leyes.

Si el telégrafo ya no lo usan, ¿qué caso tiene que siga vigente el artículo 189 de la ley electoral?

¿En algunos puntos hicieron un copiar y pegar de la ley anterior, sin analizar si eran útiles o no?

Ojalá que en las reformas que vienen, la energética y la de telecomunicaciones, los legisladores no se distraigan con el mundial del futbol.

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales dejó manos libres a los partidos para actuar en las redes sociales o en las modernas herramientas de la comunicación. No se incluyó  Twitter ni Facebook. Tampoco YouTube.

Regula el uso de la radio y la televisión, sobre todo. También el correo postal y hasta el telégrafo. No se mete de lleno con las redes. Al referirse a la propaganda y las reglas que debe cumplir, habla de lo que se hace en los medios electrónicos y “cualquier otro medio”. En ese “otro medio” pueden quizás entrar las redes. El hecho es que no está especificado el punto ni desarrollado. Seguramente los legisladores no quisieron enredarse con las novedades de la comunicación, con un uso que todavía se debate en el mundo.

Otro factor pudo ser que está pendiente la legislación en materia de telecomunicaciones y hay voces que advierten o temen que se regule o controle los contenidos.

De cualquier manera no deja de ser extraña la posición asumida por diputados y senadores al no tocar las redes. Tal vez porque en México la mayoría aún no tiene acceso a Internet y por lo tanto no hay razón para preocuparse de que puedan influir en los resultados electorales o porque hay quienes prefieren dejarlas sin regulación y sacarles provecho en la competencia política, con un buen equipo de expertos y suficiente dinero.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en México, de los seis años de edad en adelante, 46 millones de mexicanos tienen acceso a Internet. Es decir, el 43.5 % de la población total.

De esa cifra, como se observa, no todos son ciudadanos con 18 años o más para poder votar. El número se reduce, porque según el INEGI (2010) hay más de 20 millones de 6 a 17 años de edad. Por lo tanto el solo voto de los internautas no garantizaría ganar una elección.

Sin embargo, puede ser la diferencia en caso de una cerrada competencia. Es aquí donde el partido que sepa usar las redes estará en ventaja frente a quienes no han digerido la comunicación moderna y su impacto en la sociedad. En nuestro país la primera expresión del fenómeno lo vimos con el grupo Yosoy132 y en España con el 15M, eficaz forma de convocar a la gente, aunque después no supieron encauzar esa fuerza.

 Ladyprofeco es otro tipo de fenómeno con origen en las redes. Humberto Benítez Treviño tuvo que dejar el cargo de procurador por el escándalo de la hija que se convirtió en Trending Topic (tema del momento). No le perdonaron la prepotencia en un restaurante.

Han servido para la denuncia y la movilización. Lo negativo es que se ha caído en el exceso y el precio ha sido pérdida de credibilidad. Ya no todo lo que se dice en redes se acepta o da por hecho.

Tampoco el insulto se ve como una expresión espontánea, porque se conocen formas para crear una tendencia ficticia. O es producto del “troller” o de gente financiada para difamar o denigrar.

Las redes son un escenario propicio para la guerra sucia, porque muchos, en particular en Twitter, se escudan en el anonimato y ese anonimato es el que podrían usar los partidos durante la competencia política.

Sabemos que hay partidos que han venido armando su grupo de expertos para el manejo de su presencia en redes, con miras a las elecciones federales y estatales del próximo año. También hay partidos que han descuidado esta parte de su comunicación.

El PRI es el que tiene más seguidores y amigos en Twitter (109 mil) y Facebook (100 mil les gusta su página). En cambio su dirigente César Camacho (75 mil en twitter y 8 mil en Facebook) está por abajo del panista Gustavo Madero 141 mil en twitter y 10 mil en Facebook).

Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) está en cuarto sitio, atrás del PRI, PAN y PRD. Lo interesante es que de los partidos chicos es el que más, por mucho, tiene presencia en la redes (43 mil seguidores en twitter y a 495 mil les gusta su página en face). El PVEM,  el PT y Nueva Alianza han desatendido las redes.

YouTube es un espacio desaprovechado por los partidos. No hay una producción especializada de videos.

Por lo expuesto, hasta ahora los partidos en México no ha sabido sacarle el mayor provecho a las redes, a pesar de que tienen manos libres.

Además, es un espacio mucho menos caro que la radio, televisión y prensa escrita.

Para obtener el registro como candidato independiente a presidente de la República se requiere recabar cuatro firmas de apoyo por minuto, con su respectiva copia de la credencial de elector, en un lapso de 120 días (cuatro meses). En esas condiciones, trabajas y mantienes a la familia o te dedicas en exclusiva a conseguir firmas con ese propósito.

Una situación parecida es la que se exige para los casos de candidatos independientes a senadores  y diputados.

En lugar de candidaturas independientes deberían llamarse “candidaturas imposibles”, por la multiplicidad de requisitos que se deben cumplir. Son las reglas que han elaborado diputados y senadores, representantes de los partidos políticos en el poder legislativo.

¿Se acuerdan de la serie “Misión Imposible” de la cadena de televisión CBS y luego de las películas del mismo nombre, donde el protagonista tiene todo en contra pero al final triunfa? En el procedimiento electivo, las posibilidades de que el aspirante alcance el registro como candidato independiente son mínimas, sobre todo si no dispone de recursos extras.

Y de lograr la candidatura, por supuesto que en los hechos está en desventaja ante quienes compiten con las siglas de un partido.

Era de esperarse. La figura del candidato independiente en ninguna parte del mundo tiene el apoyo que desearía la sociedad. No es exitosa y no puede serlo cuando son los partidos los que determinan las reglas. De cualquier manera, la opción está ya en nuestras leyes.

Para lograr el registro y competir como candidato independiente, para presidente de la República, senador o diputado, hay que cumplir con lo que señalan 82 artículos de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.

De entrada, el aspirante necesita contratar un abogado especialista en temas electorales y un administrador de recursos, para asegurarse de atender lo que dice la norma, para crear una sociedad civil, abrir una cuenta bancaria, inscribirse en el Sistema de Administración Tributaria, rendir cuentas a la unidad de fiscalización y recabar firmas de apoyo.

El reto mayor son las firmas de apoyo para poder solicitar el registro de la candidatura independiente, porque no sólo es el número o porcentaje fijado, sino también el tiempo para lograrlo.

Por ejemplo, para candidato independiente a presidente de la República, la ley indica que se debe contar con el apoyo del 1 % del listado nominal vigente al 31 de agosto del año previo al de la elección. Con las cifras que hay en el Registro Federal de Electores en este momento, estaríamos hablando de 788 mil 410 firmas, con su copia de la credencial de elector.

Si usted vive en el Distrito Federal, no crea ni suponga que le bastaría con dedicarse a recabar firmas únicamente en el DF.  La ley exige que por lo menos en 17 entidades, en cada una de ellas, se cuente con el 1 % del listado nominal correspondiente. Tendría que recorrer el país para la colecta de firmas. Si fuera Veracruz una de ellas,  habría que contar con 52 mil 899.

Para recabar la cifra total de 788 mil 410 dispone de un plazo de 120 días (cuatro meses).  Es decir, en promedio, por día, deberá conseguir seis mil 570 firmas.  Equivale a 273 firmas por hora. Cuatro firmas por minuto.

Es evidente que sólo nunca conseguiría ese número de firmas.

Además, en la recopilación de firmas tiene que considerar la conveniencia de recabar más de las solicitadas, por aquellos nombres que no aparecieran en el listado nominal y que de inmediato serían descontados.

Los aspirantes a candidatos a senadores tienen que sumar el 2 % del listado nominal de la entidad en la que se vaya a participar. Si fuera el Distrito Federal: 139 mil 378 firmas que tendrían que recabar en 90 días (tres meses). Es decir, mil 548 por día, 64 por hora, una por minuto.

Dentro de ese total, también están obligados a contar con el 1 % del listado nominal de la mitad de los distritos de la entidad. El DF tiene 27 distritos. En 13 ó 14 de ellos,  el 1 %. En el distrito electoral XV que se encuentra en la delegación Benito Juárez, por ejemplo, serían tres mil 297 firmas.

Para poder registrarse como candidato independiente a diputado es el 2% del listado nominal del distrito que le corresponda. Si fuera el XV de la Benito Juárez, deberá juntar seis mil 595 firmas en 60 días (dos meses). Es decir, 109 por día.  4 por hora, “media” por minuto. Para que se vea que usted es conocido y aceptado, la ley le pide el 1 %  del listado nominal  de la mitad de las secciones que componen el distrito.

El distrito citado tiene 254 secciones electorales. Tendría que identificarlas cuando vaya a buscar firmas.

Por si fuera poco, en esa etapa, los aspirantes a candidatos independientes tienen  prohibido el acceso a los medios electrónicos (radio-televisión) y en materia de financiamiento nada más pueden hacer uso del privado o propio, con un tope que establecería la autoridad electoral.

Sin duda, está complicado cumplir con todos los requisitos para lograr dicho registro. Es prácticamente una operación de “Misión imposible” o “candidatura imposible”.

Que conste que no entramos a detallar los requisitos que se deben cumplir una vez que se alcanza la candidatura independiente, porque entonces empezaría a recibir el trato, en derechos y obligaciones, como si fuera un nuevo partido, así lo dice la ley.

¿Tendremos algún día un presidente de México surgido de una candidatura independiente? No es una interrogante para quitar el sueño a nadie, cada quien puede encontrar su propia respuesta. Lo preocupante es la falta de comida para el día siguiente o de empleo para tener ingreso y comprarla.

Por eso enoja ver llegar al poder gente que ofrece mejorar la calidad de vida y sigue sin conseguirlo, por lo menos para la mayoría.

Hasta ahora las opciones políticas las han venido dando los partidos y con resultados conocidos por todos.

Juan Ramón de la Fuente es un personaje, como hay otros, citamos a éste porque mediáticamente está a la mano, con fama y prestigio, con ganas de participar en el gobierno. No se decide porque no hay camiseta partidista para su talla o medida.

Además, las camisetas partidistas están manchadas, apestan a corrupción, opacidad, huelen a sudor de pleitos internos y en algunos casos están salpicadas de sangre.

Todavía la candidatura independiente no es una figura de éxito ni en México ni en ninguna parte del mundo; la participación por ese mecanismo es escasa y los logros se cuentan con los dedos, pero los hay.

Es una opción para la sociedad.

La nuestra, la mexicana, tiene en puerta esa oportunidad, una participación distinta a la acostumbrada, para aspirar a ser alcalde, diputado, senador o hasta, en su momento, presidente de la República.

Hay ciudadanos muy valiosos, con capacidad de organización y administración, honestos y ejemplares que no han competido en las elecciones porque la ley los obligaba a registrar su candidatura con las siglas de un partido.

Y los partidos políticos, se han ido desgastando. Con justificada razón han perdido imagen, veracidad, credibilidad y confianza.

Desde el 2012 se dio luz verde a las candidaturas independientes al reformar la Constitución en su artículo 35 para autorizar su registro ante la autoridad electoral, a los ciudadanos que la soliciten y cumplan con los requisitos, términos y condiciones que determine la legislación.

No es una candidatura de fácil digestión para los partidos, porque al final les quita espacios para los suyos.

De cualquier manera, la figura ya existe en el escenario nacional y es deber del poder legislativo fijar las reglas secundarias, el camino para aspirar  al registro de una candidatura independiente, como lo señala el artículo 116 de la Constitución, con derechos y obligaciones.

Garantizar el derecho al financiamiento público y el acceso a la radio y televisión. Acceso a las prerrogativas para que el candidato independiente pueda llevar a cabo su campaña.

Es una opción novedosa en la ley, aunque muy lejos de ser nueva en la historia del universo, porque primero existieron los candidatos y luego los partidos. Nada más que desde que surgieron los partidos, monopolizaron el poder. Su predominancia ha sido en países desarrollados y no desarrollados.

Lo que han ganado no lo van a entregar y menos siendo los autores de la leyes a través de sus legisladores.

En México, después de la reforma de 2012, Raúl de Luna Tovar fue el primer candidato independiente que ganó una elección, en el municipio General Enrique Estrada de Zacatecas.

Todavía no se desarrolla esta forma de participación porque han faltado las reglas para que eso suceda.

Un punto elemental para registrarse como candidato independiente es el número de firmas que se tienen que recopilar. Determinado porcentaje del padrón electoral que variaría por el cargo al que se aspira, porque no es lo mismo competir para diputado que para presidente municipal, senador o presidente de la República.

Basados en la revisión de experiencias de nuestro propio país y otras naciones, puede ser a partir del 1 %. Por ejemplo, en caso del Distrito Federal, en números redondos, si tiene ocho millones de empadronados, habría que juntar 80 mil firmas para competir por la jefatura de gobierno. Para delegado de la Benito Juárez, si fuera por elección, tiene 400 mil empadronados, entonces se requerían 4 mil firmas.

La clave es el porcentaje de firmas que señalen los legisladores y de eso depende si se alienta o se desalienta la participación; encontrar la media para que no se cancele esa posibilidad ni se convierta en una puerta para oportunistas que sólo busquen el autofinanciamiento público de su vida.

Ojalá los legisladores no vayan a pecar de papistas y hagan inalcanzable el requisito del número de firmas.

Descalificar a priori al Instituto Nacional Electoral (INE) es lo más cómodo para quienes se dedican a escribir del tema; fácil hablar de cuotas de partido en la elección de consejeros y dar por hecho que cada uno de ellos va a estar a su servicio, defendiendo intereses ajenos.

Hacer esa crítica cae en un análisis ligero y sobra quienes aceptan esa valoración, porque de tanto repetirse, se admite como verdadera. El argumento trillado es que son los propios partidos, a través de sus diputados, quienes eligen a los consejeros. Por lo mismo, porque son sus autores, se pone en duda la imparcialidad y equidad de las reglas de la competencia.

A través de ese mecanismo legislativo José Woldenberg se convirtió en presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), organismo que está a punto de extinguirse. Tenemos corta memoria, pero ahí están los registros periodísticos que revelan que su etapa tampoco estuvo exenta de escándalos por diferencias entre consejeros. Sin embargo, estuvo a la altura cuando se realizó el proceso que llevó al cambio de partido en poder.

Desde entonces Woldenberg es visto con respeto y admiración. Se lo merece, cumplió con su trabajo, igual que los demás consejeros que los acompañaron en esa responsabilidad. Y la candidatura de Woldenberg a la presidencia del IFE contó con la simpatía de corrientes de izquierda. No recuerdo que alguien lo haya acusado de haber sido producto de cuota partidista o de haberse desempeñado con parcialidad al frente del instituto electoral.

También las reglas que aplicó fueron elaboradas por diputados y senadores de los diversos partidos. Perfectas no lo fueron ni tampoco  lo serán las nuevas que deberá aprobar el poder legislativo. La realidad va mucho más rápido que las leyes, no nada más en lo electoral, y pronto se advierten vacíos o imperfecciones. A pesar de ello, en sus 23 años de vida, el saldo del IFE es favorable.

Por eso desmerece la crítica fácil, hacerla desde un impreso, las redes sociales, la radio o la televisión.

La alternancia en el poder a nivel nacional y en algunos estados es la confirmación de que el sistema electoral ha funcionado y que habrá que seguirlo mejorando, para ir cerrando las rendijas que crean quienes se especializan en tratar de vulnerar el voto de la sociedad.

Está ya procesándose la elaboración de las nuevas leyes electorales y la elección de los consejeros.

Los nombres de los candidatos están a la vista y en nuestra opinión no se vale descalificarlos con el supuesto de que representan intereses de alguno de los partidos políticos.

Veamos quienes son los cinco que están propuestos para la presidencia del Instituto Nacional Electoral.

Marco Antonio Baños Martínez, tiene más de 20 años de carrera electoral. Ha ocupado diversos cargos en el IFE y es actual consejero. Indiscutible que es un experto con amplia experiencia. Tiene maestría en políticas públicas.

Lorenzo Córdova Vianello tiene una vida académica respetable y más de cuatro años ligado al trabajo electoral, primero como asesor y ahora como consejero. Doctorado en historia del pensamiento político.

Edmundo Jacobo Molina ha hecho su carrera sobre todo en la Universidad Autónoma Metropolitana. Es licenciado en Filosofía y se ha venido desempeñando como secretario ejecutivo del IFE.

María de los Ángeles Llanderal Zaragoza con una carrera política y electoral en Michoacán. Presidió el Instituto Electoral de ese estado de 2007 a 2013. Es licenciada en Derecho.

Leticia Catalina Acosta es doctora en Derecho y desde el 2007 ha presidido el Instituto Electoral de Zacatecas.

A los cinco se le podrá liga a determinado partido, a cuotas de partido, pero que no se olvide que el mecanismo de elección de hoy es parecido al que se utilizó en el caso de Woldenberg.

Ponerse la toga de juez y desacreditar por desacreditar desde un medio de comunicación, en nada ensalza al que lo hace. La trayectoria de quienes aspiran a consejeros es transparente y se ha ganado el respeto.

Quizás por las prisas de aprobar la reforma política constitucional en el pasado periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión, los legisladores se metieron en un aprieto.

En términos puristas es indiscutible que la participación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en la integración del Comité Técnico de Evaluación que revisará los perfiles de quienes aspiran a consejeros del nuevo Instituto Nacional Electoral (INE) contradice la Constitución.

Va en contra porque el artículo 102 señala que los organismos de derechos humanos “no serán competentes tratándose de asuntos electorales y jurisdiccionales”; y en este caso, aunque su participación solo sea “administrativa” o nada más nombre a dos de los siete integrantes del comité, toca un aspecto electoral.

Pudiera llegar a ser motivo de controversia constitucional, aunque en lo inmediato no hay vientos en ese sentido; la tendrían que plantear los propios legisladores y son los que pudieron haber incurrido en un error, por lo tanto no se van a exhibir ni atacarse ellos mismos.

El problema si no se hace el ajuste en la ley suprema puede darse en próximas legislaturas cuando se pierda el consenso y haya quienes tomen ese camino para impugnar la elección de consejeros que no sean de su agrado.

También un órgano autónomo consciente de su esencia, podría abstenerse y no involucrarse en temas electorales, atendiendo estrictamente los términos del 102 constitucional.

Por ahora, todo en paz y la mayoría en la Cámara de Diputados está de acuerdo en seguir adelante así como está la redacción de la ley suprema.

Resulta que en la reciente reforma los legisladores decidieron darle ese papel al organismo de los derechos humanos, en el artículo 41 de la misma ley, quizás sin considerar todo el alcance del 102.

En busca de una salida a lo que parece una contradicción y descuido legislativo, el diputado Víctor Gutiérrez, vicecoordinador del grupo priísta, precisó que no hay error porque solo nombrará a dos personas que no trabajan en dicha institución.

O sea, la comisión de los derechos humanos participará “tantito” en un tema electoral, eligiendo a dos personas para ser parte del comité.

El Comité Técnico de Evaluación es de la mayor importancia, porque representa el primer filtro de los aspirantes a formar parte del INE; hará la selección de los que cumplen los requisitos y son idóneos para el cargo; lista que entregará a los diputados.

Ahí está el detalle, como diría el extinto Mario Moreno, es un hecho que hay una intervención del órgano autónomo en asunto electoral.

Los puristas del Derecho tienen su razón en este caso, aunque también hay abogados  que recuerdan que existe lo que llaman criterio doctrinal y es lo que dicta la ciencia que se debe de hacer para casos similares, cuando se percibe contradicción entre dos disposiciones jurídicas.

Es la regla de la posterioridad cronológica, que le da más peso a la ley posterior sobre la precedente. En decir, aunque el 102 diga que no puede meterse en asuntos electorales, la modificación del 41 autoriza al organismo de derechos humanos participar en el nombramiento de los integrantes del comité técnico.

Lo que urge es elegir a los 10 consejeros y al consejero presidente y darle vida al INE; esperamos que no haya desatinos para llegar a ese objetivo. Es cierto que nadie es perfecto, pero en asuntos electorales los errores pueden ser determinantes para nuestro sistema democrático.

Para ser consejero presidente del ahora Instituto Nacional Electoral (INE), antes Instituto Federal Electoral (IFE) no es suficiente y mucho menos determinante ser mencionado en medios de comunicación.

Ayuda pero no es decisivo y lo sabe bien  Leonardo Valdés Zurita, quien recientemente dejó la presidencia del IFE. El nunca figuró en la lista de columnistas y articulistas.

Bastó su historial y dedicarse de tiempo completo a cabildear con quienes resolverían su elección: los diputados.

Los convenció y ganó por amplio consenso.

Ahora, una vez que ha entrado en vigor la reforma política constitucional, pues prácticamente es el banderazo para definir la integración del nuevo organismo electoral, lo que deberán de resolver los legisladores a la brevedad, para que los plazos establecidos en los transitorios no sean devorados por el proceso electoral de 2015, que empieza a prepararse desde este año.

Con el nacimiento del Instituto Nacional Electoral (INE), se requerirán 10 consejeros electorales y un consejero presidente.

De acuerdo con las nuevas reglas electorales, se mantendrá un criterio escalonado en la renovación de consejeros; se elegirán tres consejeros para un periodo de tres años; cuatro para un periodo de seis años; tres para un periodo de nueve años, y un consejero presidente para un periodo de nueve años.

Para presidir el INE los candidatos se cuentan con los dedos.

Bien harían los actuales consejeros -Marco Antonio Baños, Lorenzo Córdova, Benito Nacif y María Marván en no auto-descartarse.

Si de verdad están interesados en servir a la institución y a México en materia electoral, que no les pese inscribirse para competir por integrarse al INE y mucho menos rasgarse las vestiduras o inmolarse en el supuesto de que no sean seleccionados. Su presencia sería una referencia para medir a los demás competidores y hace falta para contribuir a la elección de los más capaces, que los hay.

En la lista se encuentra Néstor Vargas Solano, quien tiene más de una década como especialista electoral; fue presidente del instituto electoral del Distrito Federal y tiene el grado de maestro por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

También Arturo Bolio Cerdán, con la experiencia de haber sido consejero electoral y magistrado del tribunal electoral en el estado de México.

Javier Santiago Castillo presidió el instituto electoral del Distrito Federal cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la elección para jefe de gobierno.

Fernando Agíss Bitar tiene la experiencia de haber trabajado en el IFE como director jurídico y director ejecutivo de prerrogativas y partidos políticos.

Alberto Alonso y Coria, con sobrada experiencia sobre el manejo del Registro Federal de Electores.

Rolando de Lassé es doctor en Derecho y se ha desempeñado como director jurídico del IFE.

Patricio Ballados Villagómez fue coordinador de asesores de la magistrada Maricarmen Alanís, cuando ésta presidió el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. También ha trabajado en el IFE.

Ciro Murayama es académico y economista, no se ha descartado pero ha hecho pública su crítica a la creación del INE.

Arturo Sánchez Gutiérrez ya fue consejero del IFE y demostró ser experto en la materia. El  detalle en contra es que lo ligan con el panismo y en ese sentido no se ha significado por la discreción

María Marcela González Salas y Petricioli primero defendió los colores del PRI, después se puso la camiseta amarilla del PRD y ahora trabaja en la administración priísta como directora de juegos y sorteos de la Secretaría de Gobernación.

Alfredo Cristalina Kaulitz es el titular de la Unidad de Fiscalización del IFE y desde ahí quiere dar el gran salto; no tiene las simpatías ni del PRD ni del PAN.

Estas son las cartas que están a la vista para presidir el INE, pero puede haber alguna oculta bajo la manga.

Los diputados cuentan con 120 días para integrar al Consejo General del nuevo instituto y elegir a su presidente.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.