La primera vez que utilicé la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, pasaron dos años para que consiguiera el objetivo, la información solicitada que sabía existía. Demasiado tiempo. El poder legislativo en el marco de la Cuarta Transformación debería revisar plazos de entrega de información de las instituciones públicas.
Fue un ejercicio que llevé a cabo en Instituto Federal Electoral (IFE), actualmente INE.
Requerí los montos de los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos políticos, toda vez que sus ingresos salían y salen de la hacienda pública, de los impuestos que paga la sociedad.
En ese entonces estaba como consejero presidente Luis Carlos Ugalde. En más de una ocasión el organismo electoral aseguró que no contaba con esa información. Persistí. Tenía que decidir entre llevar el caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) o recurrir al Instituto Federal de Acceso a la información Pública (IFAI), ahora INAI.
Por la oportuna recomendación y asesoría de dos expertos en materia electoral y transparencia, Jaime Cárdenas Gracia y Ernesto Villanueva, llevé el asunto al tribunal electoral. Ya había ocupado un año en trámites y revisiones en el instituto. Otro más para que resolviera la sala superior del tribunal.
Quedó para la historia el Juicio para la Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano SUP-JDC-216/2004. Resuelto con la clasificación de “tesis relevante”, con el voto de seis magistrados. El tribunal ordenó al organismo electoral que me diera la información. Y me la dio. Sí existía. Supimos todos lo que ganaba mensualmente cada dirigente nacional.
Ejercicio nada sencillo. Todavía con el ingrediente de que el director en ese año de El Universal, Roberto Rock, intentó que desistiera de la petición, con el argumento de que haría el ridículo, de que no conseguiría el objetivo y que la imagen del periódico también se vería afectada.
Con el tiempo y nuevas peticiones aceptadas, el tema alcanzó jurisprudencia en el tribunal electoral.
La ley de transparencia demostró en los hechos sus bondades, aunque no con la rapidez deseada.
Sirve la transparencia, funcionan las instituciones responsables. Lo que haría falta sería perfeccionar los mecanismos y las normas, para que los entes públicos no se resistan y entreguen cuanto antes la información solicitada. También encontrar la forma de que los ciudadanos en general participen, no solo periodistas, académicos o expertos.
Facilitar el acceso, procedimientos sencillos. Garantizar el derecho a estar informado y no tolerar la opacidad. Hasta ahora, el saldo de la transparencia, es favorable.
En Guanajuato un hombre pretendió sorprender al Instituto Electoral de dicho estado para que fuera aceptado como “mujer” y poder ser “candidata” en el municipio Doctor Mora, pueblo de alrededor de 30 mil habitantes.
Acuerdo presentado por la presidencia del instituto concedía la petición y su registro, pero todos los consejeros electorales y representantes de partidos se pronunciaron en contra porque el aspirante a “candidata”, de nombre Isidoro Bazaldúa Lugo, ha participado en otros procesos y ha ocupado cargos públicos como hombre. Para los consejeros no había duda de que se trataba de una simulación y aprobarla hubiera sido una burla para la institución.
La presidenta del organismo, Brenda Canchola hizo ver que el IEEG estaba actuando de buena fe y que el acuerdo “técnica y jurídicamente” cumplía con los requisitos establecidos por la ley, porque la persona citada se había “auto-adscrito” como mujer como constaba en el expediente.
Sin embargo, también admitiría que es una figura pública en Guanajuato donde ya ha ocupado cargos públicos como hombre. Además, ante el Instituto Nacional Electoral (INE) se acreditó como varón para tramitar su credencial de elector.
Los consejeros, consejeras y representantes de todos los partidos, rechazaron y desecharon el acuerdo.
Se tuvo que elaborar uno nuevo, aprobado por unanimidad, para impedir que Isidoro se saliera con la suya.
Bazaldúa Lugo ha desarrollado su carrera política como hombre en el municipio Doctor Mora.
Ha sido diputado y dirigente del PRD en el estado.
Enterado de que el instituto electoral determinó que debe ser mujer la próxima titular del ayuntamiento, atendiendo el principio de equidad de género y al ver que solo hombres han gobernado el municipio, Isidoro intentó registrarse como mujer.
A pesar de que le fue negado por unanimidad el registro como “candidata”, no se descarta que impugne la resolución. Tendría un plazo de cuatro días, una vez que sea notificado.
La carrera por la sucesión empieza, lo dicen políticas y políticos, desde el momento en que toma posesión el nuevo o la nueva titular del poder Ejecutivo. A partir de ahí la suma de puntos a favor y en contra de quienes pueden ser considerados o consideradas como aspirantes para el siguiente sexenio.
No quiere decir que alguno de ellos o ellas ande pregonando que trabaja con ese objetivo. Hay discreción y respeto al mandatario o mandataria en turno. Nadie sería tan torpe de abrir la boca en ese sentido. Ni a su sombra le hace saber de sus intenciones. Tampoco quien gobierna va a dar señales de quien sería su favorita o favorito.
Sin embargo, el presidente o la presidenta es la que puede tener la mejor valoración de sus colaboradores. Así ha sido en todos los tiempos. Conoce sus fortalezas y debilidades. Cuando llega el momento, sobre todo en estos tiempos de la Cuarta Transformación, se atribuye a las encuestas el factor determinante que define quien lograría la candidatura presidencial.
De cualquier manera, hay personajes que desde los medios son observados, su comportamiento y desempeño. La imagen que van construyendo. Los resultados de la tarea asignada.
Las miradas van sobre todo a los cuadros del partido en el poder, es mucho menos el interés por las figuras de la oposición. A veces, como ahora, la oposición carece de personajes propios que de verdad puedan ser competitivos, lo que explica que a la mera hora le entre la prisa, la desesperación. Termina por nominar a improvisados o improvisadas.
En el caso del partido que gobierna, los presidenciables se van moldeando con el ejercicio, con hechos, con los frutos o éxitos de su función. Por eso es que, en este momento, despunta Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, integrante del gabinete de seguridad que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.
Su formación policial ha sido decisiva para su mejor actuación. Sus estudios se han enfocado en ese terreno. Es reconocido por propios y extraños. Además, su abuelo fue militar y también su padre. ¿Se imaginan todo lo que escuchó y aprendió de sus tutores directos, familiares? Complemento ideal para lo que estudió en instituciones especializadas.
No olviden el atentado de que fue objeto y del que logró salvarse, a pesar de la magnitud de la operación, el uso de los fusiles empleados y el Cártel Jalisco involucrado.
¿Un policía presidenciable?
Se ha dicho hasta el cansancio que morenistas puros no lo quieren y tampoco les agrada su formación policial como para tomarlo en cuenta para la competencia de 2030. No lo ven como político. Y en parte tienen razón. Lo que pierden de vista es que su abuelo y padre no solo eran militares, también hacían política. Y por si algo le faltara, ahora Omar no puede tener mejor maestra de política que la que tiene en Palacio Nacional.
Otra de las cartas de Morena es Ariadna Montiel. Cumplió la encomienda en la Secretaría de Bienestar. Cuatro años en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y dos en el actual, lo que la llevó a darse baños de pueblo y asegurarse de que los recursos llegaran al sector social. Ahora es la dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el gran reto, para las elecciones de 2027, de mantener, al menos, las gubernaturas que ya tiene su partido, y la mayoría calificada en la Cámara de Diputados. Si lo consigue, tendrá un posicionamiento envidiable ante sus compañeros y adversarios.
Clara Brugada, si bien se convirtió en candidata a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México por el criterio de paridad de género, en el ejercicio como servidora pública ha sabido consolidarse. Ha demostrado que sabe para qué es el poder. Le ha funcionado su proyecto de “Utopías” y fue blanco el saldo de la organización del mundial en la CDMX. También ha sabido hacer equipo con la presidenta. Lo único que seguramente no debe dejar de lamentar es que les hayan quitado la vida a dos de sus colaboradores.
Omar, Ariadna y Clara son las tres cartas de Morena.
¿Y quién es el comodín?
No la tiene fácil, el escenario es complicado, por ser el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Quizás el obstáculo más difícil se lo ha puesto el mismo, con la carta que le mandó al presidente de los Estados Unidos Donald Trump, para protestar porque le quitaron la visa. Compró pleito con el mandatario de una de las naciones más poderosas. Seguro que los estadounidenses, los políticos, republicanos y demócratas, tomaron nota de sus palabras.
El nombre de su padre le puede ayudar al popular Andy López Beltrán, aunque también le suma enemigos gratuitos. En lo inmediato, tendrá que enfocarse a ganar la diputación federal.
Prácticamente en todos los países del mundo, con sus excepciones, se defiende a capa y espada la participación de la mujer. La batalla no ha terminado, todavía quedan residuos de discriminación y en algunos lugares más que residuos, un muro infranqueable.
Es sorprendente que uno de esos lugares sea la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En sus ocho décadas de vida, nunca una mujer ha sido secretaria general.
Sólo varones, como en el Club de Toby (personaje caricaturesco de los Estados Unidos) que no admite mujeres.
Así ha sucedido con el más alto cargo de la ONU.
¿Por qué?
Se supone que cada vez son más las naciones donde las mujeres han logrado avances significativos en materia de paridad de género. México es ejemplo. Hay una presidenta. En los puestos públicos ya son mayoría las mujeres. Va rezagada la iniciativa privada.
Casi 200 países integran el foro internacional, para analizar problemas comunes y tratar de encontrarle solución. Reconoce la valiosa aportación de las mujeres en nuestro planeta.
¿Entonces por qué no ha llegado una mujer a la secretaría general?
Curioso que no hay un movimiento mundial de mujeres exigiendo que se elija a una mujer.
El portugués Antonio Guterres está a punto de terminar su periodo, diciembre será su último mes.
Pronto tendrá que elegirse a su relevo, para que empiece sus funciones a partir del año nuevo, 2027.
Suena ilógico que hasta la fecha el puesto de la secretaría general de la ONU no haya sido ocupado por una mujer, en un organismo que debería distinguirse por su participación en todos los niveles. Si los países coinciden en el tema de la equidad, ¿por qué no dan el siguiente paso en el organismo que los representa? Se han tardado.
Lo que pasa es que, en este caso, al menos es lo que se observa, no es la mayoría la que decide en la ONU, sino las grandes potencias, como Estados Unidos, China y Rusia. Hay otras en lo que llaman su Consejo de Seguridad Permanente. Las que tienen la palabra de más peso son estas tres y es obvia la influencia en la elección del titular de la secretaría general.
Y no solo para la elección del secretario o secretaria, las potencias van mano en otras decisiones que se atribuyen al organismo. Cuando no les gusta un acuerdo, simplemente lo vetan.
Ni Estados Unidos, ni Rusia ni China han sido gobernados por una mujer. No se ve que eso vaya a ocurrir pronto. En 2016 los demócratas hicieron candidata presidencial a Hillary Clinton. Perdió. En 2024 postularon a Kamala Harris. También perdió. ¿Volverán a intentarlo?
Tanto republicanos como demócratas, para las próximas elecciones en su país, no se van a fijar si es hombre o mujer, lo que les importa es que tenga las cualidades y popularidad para ganar la presidencia.
Las razones de las tres potencias citadas para no impulsar a una mujer a la secretaría general de la ONU, solo ellas lo saben. Seguro que su prioridad es cuidar de no elegir a un personaje que vaya contra sus intereses. No se fijarían si es hombre o mujer.
A diferencia de otros procesos de renovación, en esta ocasión sí hay perfiles femeniles que pueden ser tomadas en cuenta. Se supone que le correspondería a alguien de América Latina o el Caribe. Aspirantes de países subdesarrollados. El panorama se ve complejo.
De cualquier manera, más de una está en la lista de candidatas y candidatos. En primer lugar, se menciona a Rebeca Grynspan, de Costa Rica, con trayectoria y experiencia diplomática. También aparece el nombre de Carolyn Rodrigues Birkett, de Guyana.
Rebeca ha sido secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Además, titular de la Secretaría General Iberoamericana. Son buenas medallas.
Carolyn ha sido ministra de asuntos exteriores de su país, pequeña nación de apenas un millón de habitantes.
La mesa parece estar puesta para que siga prevaleciendo en la secretaría general de la ONU el Club de Toby.
En política, reconocer la derrota, no es algo que distinga a los mexicanos ni a las mexicanas.
Cuando la competencia es entre los partidos, son excepcionales los casos en los que se acepta el triunfo del adversario.
Lo mismo sucede cuando la competencia es dentro de los partidos, por las diversas candidaturas.
Nadie quiere quedar como perdedor, protestan y se quejan de que hubo trampa, de que las encuestas estuvieron amañadas. También no falta quien diga que hubo imposición, “dedazo” como se llamaba en la época dorada del priismo.
Son escenarios de los que ninguna elección ni partido se salva. La normalidad mexicana. Rarísimo que alguien de la cara para admitir que las cifras oficiales o las encuestas no lo favorecieron.
El nombre del partido es lo de menos, puede ser el partido en el poder, los que representan la oposición o los pequeños que a veces se sienten más grandes de lo que son.
Nada nuevo lo de los pataleos.
Lo prueba la historia.
En 1994 se cayó o calló el sistema y hasta la fecha hay dudas sobre el resultado que finalmente dio a conocer la Comisión Federal Electoral, encabezada por la Secretaría de Gobernación.
En 2000 el PRI admitió que había perdido la presidencia y no le quedó otra al ver que Ernesto Zedillo no se iba a ensuciar las manos. Más de un prominente priista se atrevió a sugerir a sus compañeros aplicar la máxima jalisciense de que “Jalisco nunca pierde y cuando pierde, arrebata”. No hubo coro.
Después, en 2006 se inmortalizó en política nacional la frase “haiga sido como haiga sido”. Al presunto ganador no le importó burlar la voluntad popular y llegar a vivir a la extinta residencia oficial de los Pinos con el compromiso de que se legitimaría en el ejercicio del poder.
Lo cínico y bochornoso se dio en 2024 cuando la panista Xóchitl Gálvez y sus aliados se apresuraron en la noche de la elección para anunciar en conferencia de prensa su “triunfo”. Hicieron el ridículo. Fueron aplastados en las urnas con más de 35 millones de votos.
Por cierto, nunca se supo quién fue el autor o la autora de esa patraña. Corrieron a lavarse las manos. Episodio del que ninguno de los protagonistas quiere acordarse. Ninguno de los dirigentes de la oposición. Sólo Xóchitl, quizás por el papelón en el que se vio enredada, tuvo la decencia de llamarle por teléfono a la doctora Claudia Sheinbaum para felicitarla.
¿Y que sucede ahora en la etapa de ir definiendo quienes van a competir en la elección del próximo año?
Entendible que la mayor agitación se produzca en Morena, por la sencilla razón de que es el partido en el poder, con más militancia y mejor estructurado. Los y las aspirantes saben que con la camiseta guinda las posibilidades de éxito son inmejorables.
¿Y tienen razón los inconformes para cuestionar las encuestas de su partido?
Lo que no les gusta es no haber ganado. Las encuestas le han dado a Morena la mayoría de los cargos públicos.
Funcionan y a estas alturas, cuando más se encona la disputa por el poder, no va a caer en la simulación y mucho menos en la imposición, porque estaría arriesgando su hegemonía.
De cualquier manera, hay quienes trinan y no descartan la posibilidad de pasarse al bando contrario si no son atendidos los reclamos.
La oposición sería feliz si alguno de esos inconformes ingresa a sus filas. Podría dar la pelea.
De no ser así, la oposición, desarticulada, sin los cuadros que pudieran darle nivel competitivo, sin ofrecerle a la sociedad nuevos rostros y trayectorias limpias, sin cola que le pisen, estaría condenada al fracaso.
Se equivoca si cree que los electores van a dar su voto a quienes le han fallado una y otra vez o a quienes ofrecieron el cambio y terminaron haciendo lo mismo que sus antecesores.
El colmo es que Vicente Fox, en su desesperación o ¿locura? se reunió con Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional priista. Se suponía que Fox aborrecía a los tricolores, a las tepocatas, víboras prietas y alimañas. Hoy convive y es feliz con los que alguna vez consideró adversarios.
¿Se imaginan el impacto que va a tener la foto Fox-Alito cuando empiecen en 2027 las campañas?
Por lo pronto, la presidenta de Morena Ariadna Montiel deberá echar mano de todas sus habilidades para mantener la unidad y evitar que nadie se ponga la camiseta de otro partido.