¿Por qué?

Poder legislativo
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En la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, aprendí que el periodista estaba obligado a responderse seis preguntas básicas para elaborar un texto o nota informativa que sería publicada en un periódico, en una estación de radio, en la televisión o en un portal de Internet.

¿Quién?, ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? y ¿Por qué? Ahora veo que en el caso de Ayotzinapa los medios de comunicación se han desentendido de la sexta pregunta. No se han esmerado en saber ¿por qué un grupo de criminales decidió quitarle la vida a 43 estudiantes? Por muy asesinos, narcos o delincuentes que sean, nadie mata por deporte a otra persona.

Debe existir una razón, un motivo, una causa, que todavía no se ha dilucidado. El ¿por qué? sigue pendiente.

Les cuento que de niño, cuando recibía un regaño de mis padres, era reprendido y hasta castigado, había una razón, un ¿por qué? La sanción no era gratuita ni era producto de un invento de mis progenitores. Seguro que algo había hecho incorrecto. Por no comer la sopa, no hacer la tarea, desatender una indicación paterna o materna, pegarle a mi hermano menor. El castigo era aplicado y tenía claro a qué se debía.

Tengo un amigo que cada vez que analizamos una situación que vive o sufre una persona, me advierte que a toda acción, corresponde una reacción. Todo lo que se hace a favor o en contra de otro, tiene una respuesta. No puedes creer que si tu afectas a un individuo, nada va a ocurrir, me dice. Igual cuando hablamos de acciones o decisiones tomadas por gobernantes. Hay una reacción.

Simple lógica. Entonces, está más que justificado suponer que los normalistas algo hicieron que llevó a los criminales a proceder de esa forma dantesca. Es un homicidio colectivo que debe ser castigado con todo el peso de la ley. Ninguno de los autores debe escaparse de la sanción.

Sin embargo, falta saber el ¿por qué? los jóvenes provocaron esa barbarie de sus asesinos. Es la pregunta que aún no he leído o escuchado se haya respondido en las informaciones que difunden los medios.

Y cuando se deja de contestar una de las preguntas básicas del periodismo, la información es incompleta y despierta dudas. También si se pretende responder con una falacia, con algo que no cuadre con lo ocurrido. Jamás se podría aceptar que los mataron porque no hicieron la tarea, reprobaron determinada materia o por tomar varios camiones.

La toma de camiones no es suficiente como para que alguien decida darle muerte a 43 muchachos, por muy loco que sea el criminal. Tampoco esa versión inicial de que trataban de echarle a perder la fiesta o el acto de campaña a la esposa del ahora ex alcalde de Iguala. Menos que fueron confundidos con integrantes de la banda de Los Rojos, enemigos de Guerreros Unidos, “dueños” de la región. ¿Confundirse con 43 jóvenes de una normal?

Los medios de comunicación también están a prueba ante sucesos sangrientos de esa magnitud. Obligados a realizar su trabajo con absoluta responsabilidad, no imaginar historias. La información que se difunda debe ser precisa, corroborada, verificada. No dejarse seducir por un mero dicho, venga de donde venga, solo porque tiene ingredientes sensacionalistas pero que carece de verdad.

Es un reclamo de los cánones del periodismo responder el ¿por qué? en el caso Ayotzinapa.

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Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.