El prudente Meade

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José Antonio Meade Kuribreña siempre me ha parecido un buen tipo, educado, prudente, discreto y bien vestido, con ropa de marca.

Me topé con él cuando se desempeñaba como colaborador de Agustín Carstens en la Secretaría de Hacienda.

Su jefe rendía cuentas en el viejo edificio senatorial de Xiconténcatl, en el Centro Histórico de la ciudad de México.

José Antonio estaba en la explanada, la que está frente al edificio. Caminaba con el teléfono pegado a su oído derecho. Lo veía caminar diez pasos y regresar, de un lado a otro, tres o cuatro veces. Impecables y lustrosos sus zapatos. Con un corte de cabello que hasta la fecha conserva, aunque ahora más estilizado y con fijadores modernos.

Su rostro inmutable, no se percibía si estaba molesto o contento con la llamada. Tampoco era alto el volumen de su voz. Era imposible escuchar lo que decía. A unos metros esperé a que concluyera. Ninguna gesticulación que lo exhibiera alterado. Ni frío ni acalorado su aspecto, cero grados, tranquilo. El que estaba ansioso era yo, quería que acabara su conversación telefónica para acercarme, saludarlo y buscar un dato exclusivo.

Tiene imagen de inteligente, pulcro y cuidadoso.

Cortés, atento, escuchó mi comentario, pregunté alguna cosa, no recuerdo con certeza. La verdad, nunca he sido especialista en finanzas. En cambio, José Antonio, desde entonces con la etiqueta de experto.

Seguro que se dio cuenta de mi inexperiencia y falta de dominio del tema y lenguaje financiero. No conseguí nada que me diera nota exclusiva. Un encuentro sin utilidad para ninguna de las partes. Para el funcionario fue fácil deshacerse del reportero. Sentí que había dejado escapar una oportunidad por la falta de la pregunta oportuna y adecuada.

A pesar de que desperdicié la ocasión, quizás por eso mismo no olvidé el episodio. Como si hubiera sido de la mayor importancia. Yo trabajaba para El Universal. Él, espero no equivocarme, era responsable de la comunicación de la secretaría de Hacienda.

No perdí de vista al personaje, su trayectoria. Desde que ascendió a secretario, no ha bajado de ese nivel. Llegó al gabinete con Felipe Calderón y sorprendió al mantenerse en el gobierno de Enrique Peña Nieto. De una administración panista pasó a una administración priista.

Se ha ido formando en las alturas del poder. Ya estuvo en las secretarías de Energía, Hacienda y Relaciones Exteriores. Aprendió lo que es el manejo del mercado petrolero, el ejercicio hacendario y la diplomacia. No ha sido el secretario maravilla en ningún caso pero tampoco se ha visto obligado a salir por la puerta de atrás. Sus calificaciones son aprobatorias como servidor público y es lo que lo ha llevado ahora a la Secretaría de Desarrollo Social.

Ya es presidenciable, de la Sedesol salió Luis Donaldo Colosio para la candidatura del PRI en 1994.

Sin embargo, Meade no es Colosio. Su perfil es cien por ciento financiero y como titular de la Sedesol está a prueba su capacidad política. Pronto se verá si tiene o no sensibilidad social.

Habrá que ver si aguanta los baños de pueblo.

Es un hecho que sus zapatos lustrosos se van a empolvar.

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Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.