Estampa patria de un México creativo, armonioso, alegre, colorido, nostálgico y sentimental, ilustrada con canto, tecleo de 10 pianos, bailes folclóricos, danza moderna y clásica.
Aderezada con el timbre potente de Rocío Banquells y llevada a lo excelso con los giros y deslizamientos en el tubo del “pole star” Dante Hernández quien al mismo tiempo interpreta “Amor Eterno” de Juan Gabriel, sin perder el control de sus movimientos ni dejar de respirar y mucho menos de cantar.
Y con un público interactivo que a la primera provocación responde a sus artistas, como cuando uno de los maestros pianistas se levanta de su banquillo y a una señal suya más de una quinteta hace el chiflido que acompaña a la canción Amorcito Corazón, popularizada por Pedro Infante.
Admirable el espectáculo Diez Pianos ¡Viva México!, diferente y superior a la primera presentación pianística colectiva que vi y escuché hace siete años. Sentado en la butaca del teatro, en el mes patrio, pensé que si mi país trabajara con esa coordinación y entendimiento, otro sería el resultado.
De estos artistas, hay un esfuerzo compartido, un plus que emociona y complace a la asistencia.
Las pantallas que descansan en la parte trasera y a lo ancho del escenario, rememoran en sus imágenes el pasado revolucionario y el rostro de la diva Doña María Félix, las caras de compositores inolvidables.
Hay calidad en arreglos musicales para recordar la obra de Agustín Lara, Álvaro Carrillo, José Pablo Moncayo, Briseño, José Alfredo Jiménez, Armando Manzanero, Cuco Sánchez, Roberto Cantoral, Rubén Fuentes, Chava Flores, Juan Gabriel, Juan Zaizar y Marco Antonio Solís.
Dante Hernández, moreno y fornido, te deja sin habla cuando hace el acto del tubo, se desliza con maestría, de cabeza, hacia arriba, en línea transversal; y al mismo tiempo, la canción inmortal de Juan Gabriel.
Tzáitel Santini, con una figura esbelta y estética, desborda elegancia cuando se sube al trapecio y el largo de su vestido blanco llega hasta el piso. Demuestra que también sabe cantar y dominar el escenario.
Rocío Banquells se cambia de vestuario para cada una de sus intervenciones. Ha sabido vencer el tiempo y conservar intacta su voz a pesar del paso de los años. Dotes de cantante y actriz. Es la más ovacionada de la noche.
Fernando Cravioto y Alejandro Ávila, con traje y sombrero de charro, exhiben la bravura de la música vernácula. Cumplen para redondear el show “Diez Pianos ¡Viva México” en el Centro Cultural Teatro 1, ubicado en la colonia Roma de la ciudad de México.
David Pérez alterna el contrabajo con la guitarra eléctrica. Héctor López se hace cargo de la batería. Los coros Brenda Baez y Hugo Robles pasan al frente y cantan Querida del compositor juarense. Coreografía pulcra, sin fallas, bailarines y bailarinas adornan con sus movimientos el canto de sus compañeros. La escenografía, la iluminación y el sonido confirman la especialidad de los técnicos.
Participación colectiva para lograr un espectáculo bien hecho, digno de mexicanos y listo para ser exportado, con una producción de Gerardo Quiroz Acosta, quien anuncia que viajarán al extranjero, porque ahí es más apreciada y se vuelve rentable esta estampa de música mexicana.
Aplauso de pie para los artistas.
La gente pide una canción más.
Rocío complace con “El Rey”, empieza a capela. Pronto la siguen los pianistas, después el mariachi.
La asistencia, insuficiente para llenar el teatro, se va feliz.
Quiroz exportará musical
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