Miedo a ser nini (parte 2)

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En la cuerda floja, una más y volverá a su condición de nini. Sabe que se la está jugando. Cometió una falta escolar y ya se lo advirtieron, otra y adiós al ciclo 2012-2013.

José, de apenas 16 años, rebelde, contestatario, desobediente de las reglas familiares y caseras, estaba feliz de que había conseguido escuela de educación media, porque entonces se quitaba la etiqueta que en los tiempos modernos se les da a los que no estudian ni trabajan.

Se levantó con mucha energía el primer día. Con más de media hora de anticipación llegó a su cita con la escuela y los maestros. De nuevo las tareas, los exámenes, las calificaciones.

La tercera escuela para el mismo nivel escolar. El exceso de confianza, la pereza y su irregular conducta caracterizada por la falta de respeto, lo hizo fracasar en las dos primeras.

Prometió enmendarse, corregir defectos y aprovechar la nueva oportunidad. Su conocimiento del inglés le hizo creer que se podía desentender de las tareas asignadas por el maestro. La consecuencia fue una calificación reprobatoria. En matemáticas también naufragó, como muchos de su edad. El orgullo lo llevó a ser irrespetuoso.

Llamada de atención de sus profesores.

Empezó a pulirse en sus trabajos manuales y a tomar clases adicionales de matemáticas. En inglés se convenció de cumplir con las tareas, aunque le parezcan  ociosas.

Iba en ese camino hasta que se le ocurrió descomponerle el teléfono celular a un compañero.

-¿Por qué lo hiciste?-le preguntó su maestro.

-Porque estaba aburrido.

Castigo de hacer más tareas, reparar el desperfecto y la advertencia de que a la siguiente te vas de la escuela.

“Debes comportarte como hombrecito, corrígete y corrige lo que has hecho mal”, exigencia de sus padres.

Por eso José está con un pie en el precipicio.

Le da miedo la palabra nini, porque aborrece lo tilden de esa manera.

Está decidido a recomponerse

No la tiene fácil. Una primera señal a su favor ha sido atender  la petición paternal de renunciar a consumir refresco todos los días.

Esta historia continuará…

Una estatua persigue a Ebrard

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Donde quiera que se encuentre Heydar Aliyev lo debe tener sin cuidado que se quite o se quede su estatua en el Bosque de Chapultepec de México. Lo más probable es que nunca haya visitado nuestro país y quizás ni siquiera le interesó ubicarlo geográficamente. A decir verdad, tampoco muchos mexicanos sabíamos de la existencia de Azerbaiyán ni en que lugar del mundo se localiza. Por lo menos en esta parte estamos a mano.

A Heydar le debe dar igual una estatua más o una menos.

No es la que está en el Paseo de la Reforma la que va a reivindicar su gobierno de 30 años. Supongo que ninguna otra le debe servir para ese propósito. A lo mejor ni le gusta el acabado ni que el escultor lo pusiera de pierna cruzada, con su mano derecha descansando sobre la pierna derecha. Por su estilo y lo que pregonan de su mandato, quizás hubiera preferido que la mano derecha estuviera sobre la izquierda, por el mensaje semiótico y para que no quede duda el lado de la geometría política que le gustaba ver arriba.

En el más allá se debe estar riendo del aprieto en que metió a Marcelo Ebrard, justo en la recta final de su administración en el Distrito Federal, en la cuenta regresiva. El cierre feliz se daba por hecho. Todo listo para celebrar las fiestas decembrinas y preparar su carrera para el 2018.

 Impensable que se atravesara en su camino político una estatua.

Sin discusión: error. Ninguno de sus colaboradores se tomó la molestia de revisar el historial de Heydar.

Y un error no se corrige con otro error.

Lo que le ha dicho el vox pópuli es que no quiere esa estatua en México. Ni en Paseo de la Reforma, ni en una casa de la cultura ni en un museo. Si Ebrard la preserva el error lo va a cargar en sus sueños presidenciales. Colocarla en la embajada de Azerbaiyán sería como esconder lo que no se quiere debajo de la alfombra.

Ni gana ni pierde Heydar Aliyev si desaparecen su estatua. En el más allá le debe dar lo mismo. No creo que le venga a jalar los pies a Marcelo.

Le sale menos caro regresar los 110 millones que “donó” Azerbaiyán para construir ese monumento y remodelar la plaza de Tlaxcoaque.