Amigos que viven en los Estados Unidos de América, de vacaciones en la Ciudad de México, se quedaron con la boca abierta cuando a bordo del Turibús pasaron frente al Palacio de Bellas Artes.
Fue lo que más les impresionó de su recorrido, la majestuosidad del Palacio, del que se pueden contar miles de historias.
Su construcción empezó a principios del siglo pasado. La idea era terminarlo en cuatro años y se tomaron 30 años. La obra tuvo que suspenderse por la Revolución.
Esta vez, caminamos por sus intestinos, por sus rincones.
Seguro que muy pocos saben que ahí está la lápida de la dueña de la casa que existía en el lugar. Ahí enterraron a doña Catalina López. La exhumaron, pero dejaron la lápida.

EL TELÓN PESA 22 TONELADAS

En el Palacio de Bellas Artes también hay que admirar el telón que tiene el escenario. Refractario, a prueba de fuego, contra incendios, para proteger al público. Pesa 22 toneladas.
Hecho en Nueva York por la famosa marca Tiffany, una combinación de metal y vidrio. Al frente tiene dibujado los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
No hace ningún ruido al subir o bajar. Cuenta con un mecanismo especial de contrapesos y amortiguadores. Es una maravilla, no hay nada igual en el mundo.

EL PALCO PRESIDENCIAL

Otro punto relevante del Palacio es su palco presidencial. Por protocolo, solo puede ser utilizado por el presidente.
Tiene al frente en metal el escudo nacional; cuenta con 10 lugares, las sillas son de metal cromado, acojinadas y tapizadas en forro rojo.
En los últimos tiempos el presidente que más ha ocupado el palco ha sido Vicente Fox, un promedio de tres a cuatro veces por año, según información proporcionada por Daniel Juárez Mellado, de Relaciones Públicas de Bellas Artes.
Cuando la esposa va sola al palacio, no le abren el palco presidencial, le asignan un anexo.
Hubo quien se encariñó con el palco, doña Carmen Romano, esposa de José López Portillo.
Una vez que terminó el sexenio, fue y pidió palco para ver y escuchar un concierto musical. No se lo dieron. La ubicaron en una butaca de la planta baja.
Otro detalle es la rechifla que recibió Felipe Calderón en Bellas Artes, porque llegó tarde a la cancelación de un timbre postal.

SUCESO CASI TRÁGICO

El 17 de febrero de 2019, durante el concierto dominical del cantante español Joan Manuel Serrat, un adulto de aproximadamente setenta años, alto, 1.90 m. de estatura, cabello entrecano, llegó acompañado de jovencita veinteañera. Bajita, 1.60 m. de estatura. Llamaba la atención por su belleza. Vestía todo de negro.
A los 15 minutos del concierto, el adulto parecía dormido, con la cabeza agachada. Así estuvo en todas las canciones de Serrat, mientras el resto del público se levantaba para aplaudir al artista.
La acompañante, la bella dama, se fue a la media hora, sin hacer el menos intento por despertar al maduro varón.
Cuando terminó el concierto y las luces se encendieron, no se movía. La gente empezó a gritar y solicitar los servicios de un médico. Dos médicos lo revisaron, sus signos vitales no respondían.
Los paramédicos de Bellas Artes llegaron y se lo llevaron de inmediato a su módulo de emergencias.
Por fin recobró el conocimiento. Su cuerpo había sido víctima del exceso de alcohol.
Llamaron a su familia por teléfono.
La esposa fue por él, pero no con la rapidez deseada por el personaje alcoholizado. Fue por él, tres horas más tarde.

El escenario era para sentir pavor, sobresaturada la estación Polyforum del Metrobús, había que empujar para avanzar hacia un extremo o al otro. Daba la impresión de una trampa. Ojalá a nadie se le vaya ocurrir gritar o provocar una estampida, porque entonces las consecuencias pueden ser dolorosas y hasta trágicas, pensé en ese momento. A los que entraban o salían de la estación, a los que subían o bajaban de la unidad rojiza, parecía que no les importaba el riesgo, sino solo encontrar la forma de llegar a su destino. Cruce mirada con un joven que asombrado observaba lo que ocurría. Se veía asustado, sin saber qué hacer: quedarse o salirse del tumulto. Yo opté por abandonar la estación.
Escena que se repite a la hora pico y es para que las autoridades tomen pronto medidas, para que después no haya que lamentar desgracias. El aviso está hecho a tiempo. La sobresaturación no solo del Metrobús sino también del Metro, preocupa. Ya somos demasiados.
Lo que te cuento es la experiencia del viajero en Metro y Metrobús en la Ciudad de México, no un día, sino todos los días. El trayecto repetido de casa al trabajo y del centro laboral al hogar. No es la historia del funcionario que se sube ocasionalmente para “supervisar” el funcionamiento del transporte público o para la fotografía. Tampoco la del periodista que hace su reportaje en un solo recorrido, por donde le dicen que falta mantenimiento y el movimiento de pasajeros es desordenado.
Esta historia es real, de primera mano. La experiencia del autor de este espacio, vivencia de años, no de un día, ni de una semana; así que te puedo platicar lo que sucede cuando hace frío o calor, identificar la estación donde la amenaza de robo es mayor, el operar de los delincuentes, los empujones, las mujeres que prefieren viajar en los espacios de los varones, las horas pico, la sobresaturación, comer de pie o sentado, el uso del teléfono celular, cargar mascotas, los vagoneros que te venden “mariguanol”, dulces, cortaúñas, audífonos, encendedores y música grabada. Los pedigüeños; los mesiánicos que te recitan textos de la biblia; los payasos; los faquires que se acuestan sobre vidrios; los tatuados que te hablan de su reciente salida de la cárcel y que necesitan dinero, limosna, para empezar nueva vida. Variedad de productos que se venden a 10 y 20 pesos.
Antes de seguir con los detalles, hay que reconocer la principal ventaja del transporte del que te hablo. Viajas con más rapidez a tu destino que en automóvil particular. La segunda ventaja, el precio del boleto, seis pesos. Prefiero el transporte público, con todos los riesgos e incomodidades que tiene, a viajar en auto propio y enfrentar el congestionamiento en muchos puntos de la ciudad, además de pagar estacionamiento y gasolina cada vez más cara. Han sido contadas las ocasiones que he encontrado el servicio suspendido o muy lento.
Cuando hace frío, no hay queja por ir apretujados. En tiempo de calor, el Metro se transforma en un horno humano, con temperaturas que hacen que el sudor corra por tu frente o por la espalda; olores hasta de comida.
La sobresaturación es tanto en el compartimento exclusivo para las mujeres como para los varones. Y las mujeres también se empujan. Hay señoras que por ese motivo, prefieren los vagones o espacios para hombres. Las he escuchado decir que el jaloneo está peor entre las damas.
En mis viajes en Metrobús a los amantes de lo ajeno los he visto operar en la estación Chilpancingo. Tres o cuatro entran empujando y al que tienen en la mira, le quitan la cartera o lo que pueden. En el Metro, la delincuencia actúa en los vagones centrales, donde hay más gente. Les gusta la estación Bellas Artes, pero no por la cultura, sino por los turistas nacionales y extranjeros.
En el caso del Metro, no he visto ningún vagón, de los que me he subido, que se caracterice por su limpieza. Se ven sucios, descuidados. Mucho tienen que ver usuarios que no respetan lo que es de todos. El aire que sale de sus respiraderos del techo, es caliente
Los vendedores, llegaron para quedarse. La informalidad tolerada. Es su forma de ganarse la vida. Lo peor es que te topes con gente que tiene casi todo el cuerpo tatuado, rostros amenazantes y el mensaje de que más vale que cooperes, porque de lo contrario van a dedicarse a robar.
Preocupa la situación o condiciones de este transporte público en la Ciudad de México; pero más, la sobresaturación que ha encendido la luz roja.

Nada que ver con la “Puerta Negra” interpretada por los Tigres de Norte, ni con la “Puerta de Alcalá” de España, ni la “Puerta de Brandeburgo” en Alemania, ni la “Puerta de la Ciudad Prohibida” en China, ni la “Puerta de Verona”, en Italia, ni la “Puerta Turban” en Marruecos. No tiene nada que ver con ninguna puerta famosa en el mundo.

La lección de vida es sobre la “Puerta Abierta”, que de no haberla conocido, diría que nunca existió. Impensable ahora que la puerta de cualquier casa en la Ciudad de México o en cualquier estado del país, se pueda dejar abierta, de par en par, día y noche.

Hace 50 años, la puerta de mi casa se mantenía abierta las 24 horas. Seguro que no era una práctica exclusiva de una ciudad o municipio. Otro México, sin  violencia, sin inseguridad, cuando los niños jugaban en la calle o los jóvenes se iban de fiesta por la noche sin temor a que no regresaran o fueran víctimas de la delincuencia.

La puerta de la casa se podía dejar abierta al irse a dormir, sobre todo en las zonas cálidas. También cuando llegaba el día de la visita de Santa Claus, con la esperanza de verlo entrar con regalos. O el seis de enero con el anunciado arribo de los Reyes Magos.

Esta historia es real aunque a los “millennials” pudiera parecer de ciencia ficción. Soy testigo y protagonista. La viví en mi niñez. La puerta de la casa permanecía abierta. Nunca tuve miedo. Lección de vida producto de una convivencia social que se ha ido de México y que muchos quisieran ver de regreso pero no se encuentra la forma de lograrlo.

La puerta se quedaba abierta por el calor, con la ilusión de que corriera viento fresco. Sentía que estaba en un horno. Había que dormir en el piso. Así de intensas las altas temperaturas en Veracruz, donde al igual que en muchas partes del país, manda la delincuencia.

Jamás pensé que por esa “Puerta Abierta” entraría un delincuente o alguien que atentara contra la paz y tranquilidad. Ansiaba ver ingresar la noche del 25 de diciembre a Santa Claus con su bolsón cargado de regalos. Mantenía los ojos bien abiertos, trataba de sorprender al gordillo y me tapaba hasta la cabeza para que no se diera cuenta si estaba despierto o dormido. Listo para destaparme al primer ruido. Nada. Nunca lo vi. Terminaba por vencerme el sueño. Al día siguiente la felicidad de encontrar los juguetes en el árbol navideño y el comentario de los padres de que habían sido depositados en ese lugar por el señor de la barba blanca, justo cuando estaba dormido. Lo mismo sucedía el seis de enero. A pesar de hacer guardia nocturna varias horas, nunca vi a los Reyes Magos y mucho menos a los animales en que se transportaban.

Tampoco recuerdo que algún intruso, por curiosidad, se haya asomado para ver que había en el interior de la casa. Acceder era fácil, no había cerca o barda, tampoco alambre de púas ni videocámaras. Tiempos de seguridad y respeto. Los casos de robos eran excepcionales. Nunca tuvimos esa clase de visitas. Tampoco supe que los vecinos las tuvieran.

Hoy sería un suicidio dejar la puerta abierta, porque no solo te pueden robar sino también acabar con tu existencia. A ese punto hemos llegado. Las estrategias para devolverle la tranquilidad a la sociedad han fallado. El problema no ha dejado de crecer.

Cada vez hay más víctimas, más impunidad y menos justicia. Es la verdad. Y los encargados de garantizar la seguridad, enredados en deliberaciones. Desconfían de la policía federal y han llegado a la conclusión de volver a echar mano de personal de las fuerzas armadas, enlistado en la llamada Guardia Nacional. El asunto debe ser muy serio porque en un principio la idea era regresarlo a los cuarteles, pero por lo visto al conocer más el tamaño del reto, hubo consenso en gobernantes de seguir utilizándolo.

Hay voces a favor y voces que no terminan de aceptar la formación de la Guardia Nacional, en particular su alcance. Mientras tanto, la delincuencia hace fiesta, su actividad impune. Al fin que los que discuten tienen recursos para protegerse y pueden prolongar su debate. ¿Y los demás? Aguantar la incertidumbre, el temor. Correr riesgos, buscar alternativas, encerrarse y no asomar ni las narices. Blindar la morada.

En lugar de “Puerta Abierta” lo que hay son edificios y casas con bardas más altas, alarmas, cámaras de seguridad, alambre eléctrico, vigilantes y, la “concertina” que cuando era niño solo veía en las series de televisión y películas de guerra, el alambre de púas en forma de espiral. A veces me pregunto. ¿Qué hacer el día que olvide la llave de la casa, la pierda o me la quiten en un robo en calle o en transporte público? ¿Cómo voy a brincar esa barda con tantos obstáculos o abrir esa puerta o doble puerta con quinientas cerraduras o candados?.

Peor cuando esté en casa o departamento y se produzca por accidente un siniestro, un incendio y no encuentre la llave para salir. Habré caído en mi propia trampa, víctima del autoblindaje.

Nada de esto podría pasar si el país, si las ciudades recuperaran la seguridad. A estas alturas, ya no aspiro a volver a dejar la puerta abierta como cuando era niño, solo dormir en paz. 

Solo quiero vivir tranquilo, con la certeza de que si mis hijos andan en calle en la diversión, no corren el riesgo de que se les atraviese una arma blanca o una arma de fuego.

 

 

Para  aspirar a consejero electoral no hay largas filas y menos para consejero presidente del INE (IFE).

La lista que en este momento tiene la Cámara de Diputados apenas llega a 60 pero tendrá que actualizarse porque la convocatoria que lanzaron los legisladores fue para llenar cinco vacantes en el IFE.

Sin embargo, con el nacimiento del Instituto Nacional Electoral (INE), se requerirán 10 consejeros electorales y un consejero presidente.

De acuerdo con las nuevas reglas electorales, se mantendrá un criterio escalonado en la renovación de consejeros; por el surgimiento del nuevo organismo, se elegirán tres consejeros para un periodo de tres años; cuatro para un periodo de seis años; tres para un periodo de nueve años, y un consejero presidente para un periodo de nueve años.

Para presidir el INE los candidatos se cuentan con los dedos y lo saben los diputados que resolverán el proceso.

Con el fin de ampliar la competencia, bien harían los actuales consejeros -Marco Antonio Baños, Lorenzo Córdova, Benito Nacif y María Marván en no auto-descartarse o ser descartados.

Si de verdad están interesados en servir a la institución y a México en materia electoral, que no les pese inscribirse para competir por integrarse al INE y mucho menos rasgarse las vestiduras o inmolarse en el supuesto de que no sean seleccionados. Su presencia sería una referencia para medir a los demás competidores y hace falta para contribuir a la elección de los más capaces, que los hay.

Los cuatro, mientras se define lo del INE, convinieron en una presidencia rotativa del IFE y ya tres de ellos la han ejercido. Para el siguiente mes le corresponderá a Marco Antonio Baños. Sin duda, una excelente práctica y hasta una pasarela, si se quiere ver de esa manera.

También, para la posición de consejero presidente del INE, por su perfil, hay que considerar a Néstor Vargas Solano, quien tiene más de una década como especialista electoral; fue presidente del instituto electoral del Distrito Federal y su trabajo ha sido reconocido.

Otro es Arturo Bolio Cerdán, con la experiencia de haber sido consejero electoral y magistrado del tribunal electoral en el estado de México.

Javier Santiago Castillo presidió el instituto electoral del Distrito Federal cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la elección para jefe de gobierno.

Fernando Agíss Bitar tiene la experiencia de haber trabajado en el IFE como director jurídico y director ejecutivo de prerrogativas y partidos políticos.

Alberto Alonso y Coria, con sobrada experiencia sobre el manejo del Registro Federal de Electores.

Rolando de Lassé es doctor en Derecho y se ha desempeñado como director jurídico del IFE.

Patricio Ballados Villagómez fue coordinador de asesores de la magistrada Maricarmen Alanís, cuando ésta presidió el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. También ha trabajado en el IFE.

Ciro Murayama es académico y economista, no se ha descartado pero ha hecho pública su crítica a la creación del INE.

Arturo Sánchez Gutiérrez ya fue consejero del IFE y demostró ser experto en la materia. El  detalle en contra es que lo ligan con el panismo y en ese sentido no se ha significado por la discreción

María Marcela González Salas y Petricioli primero defendió los colores del PRI, después se puso la camiseta amarilla del PRD y ahora trabaja en la administración priísta como directora de juegos y sorteos de la Secretaría de Gobernación.

Alfredo Cristalina Kaulitz es el titular de la Unidad de Fiscalización del IFE y desde ahí quiere dar el gran salto; no tiene las simpatías ni del PRD ni del PAN.

Una vez que se publique en el Diario Oficial de la Federación la reforma constitucional en materia política, los diputados tendrán 120 días para integrar al Consejo General del INE y elegir a su presidente.

Hay que recordar que cuando se eligió a Leonardo Valdés Zurita como presidente del IFE, ninguno de los medios de comunicación tradicionales anticipó su nombre.

A sus 86 años de edad cantó sin micrófono, con una voz nítida, con la suficiente fuerza para llegar con calidad, emoción y sentimiento a cada uno de los oídos que estaban en el Teatro Metropólitan de la ciudad de México.

Fue el cierre del show de Tony Bennett, interpretando Fly me to the moon acompañado solo por su guitarrista. Silencio riguroso para disfrutar su voz. Nada que perturbara al maestro.

Los más de tres mil espectadores sin chistar ni parpadear. Había que seguir el sonido melodioso que salía de la garganta del maestro, leyenda de la época de oro de Hollywood.

De pie le aplaudió la audiencia, hombres y mujeres. Unánime el reconocimiento. Bennett satisfecho con el trato. En más de una ocasión instruyó el encendido de luz para ver a su público.

 Agradeció y se retiró sonriente. Continuaron los aplausos y los gritos de “¡Otra..otra…otra…!” Sus cuatro músicos se quedaron en su lugar. El pianista gesticulaba y movía sus manos para animar la ovación.  El cantante estadounidense ya no regresó al escenario.

-¿Qué más se puede esperar después de cantar sin micrófono?-se preguntaba una señora que no dejaba de aplaudir.

Nadie se quejó. Los músicos salieron. Se entendió que el show había terminado. Las luces se encendieron y todos a casa.

Hora y media del canto de Tonny Bennett, que se combinó con la actuación de su hija Antonia, quien abrió el espectáculo y en otro momento hizo el dueto con su padre para interpretar Old Friends.

Tony bailó con su hija, una estampa para guardarla en la memoria pero sobre todo esa voz dorada.

Por supuesto que no faltó I Left my heart in San Francisco.

Desde que apareció en el escenario se le aplaudió como un grande.

Antes de irse levantó la rosa que le habían dejado en el piso.

Llevó las manos a la boca y soltó un beso para su público.

Noche triunfal de Tony Bennett como miles que ha tenido en su larga carrera.

Donde quiera que se encuentre Heydar Aliyev lo debe tener sin cuidado que se quite o se quede su estatua en el Bosque de Chapultepec de México. Lo más probable es que nunca haya visitado nuestro país y quizás ni siquiera le interesó ubicarlo geográficamente. A decir verdad, tampoco muchos mexicanos sabíamos de la existencia de Azerbaiyán ni en que lugar del mundo se localiza. Por lo menos en esta parte estamos a mano.

A Heydar le debe dar igual una estatua más o una menos.

No es la que está en el Paseo de la Reforma la que va a reivindicar su gobierno de 30 años. Supongo que ninguna otra le debe servir para ese propósito. A lo mejor ni le gusta el acabado ni que el escultor lo pusiera de pierna cruzada, con su mano derecha descansando sobre la pierna derecha. Por su estilo y lo que pregonan de su mandato, quizás hubiera preferido que la mano derecha estuviera sobre la izquierda, por el mensaje semiótico y para que no quede duda el lado de la geometría política que le gustaba ver arriba.

En el más allá se debe estar riendo del aprieto en que metió a Marcelo Ebrard, justo en la recta final de su administración en el Distrito Federal, en la cuenta regresiva. El cierre feliz se daba por hecho. Todo listo para celebrar las fiestas decembrinas y preparar su carrera para el 2018.

 Impensable que se atravesara en su camino político una estatua.

Sin discusión: error. Ninguno de sus colaboradores se tomó la molestia de revisar el historial de Heydar.

Y un error no se corrige con otro error.

Lo que le ha dicho el vox pópuli es que no quiere esa estatua en México. Ni en Paseo de la Reforma, ni en una casa de la cultura ni en un museo. Si Ebrard la preserva el error lo va a cargar en sus sueños presidenciales. Colocarla en la embajada de Azerbaiyán sería como esconder lo que no se quiere debajo de la alfombra.

Ni gana ni pierde Heydar Aliyev si desaparecen su estatua. En el más allá le debe dar lo mismo. No creo que le venga a jalar los pies a Marcelo.

Le sale menos caro regresar los 110 millones que “donó” Azerbaiyán para construir ese monumento y remodelar la plaza de Tlaxcoaque.

Pronto, una vez que termine noviembre, el último mes del actual sexenio,  el todavía secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, podrá volver a  saborear, en compañía de sus hijos, los helados Chiandoni de la colonia Nápoles en la ciudad de México.

Antes de convertirse en figura de los medios como servidor público de primer nivel, lo vi despreocupado, relajado, sonriente, vestido de pantalón corto, camiseta azul y tenis en la famosa nevería.

Estaba sentado en la barra. Rostro relajado, contento, de excelente humor, conviviendo con sus hijos que también lucían la  camiseta del equipo de futbol Cruz Azul.

Se desempeñaba entonces como comisionado para el desarrollo político de la Secretaría de Gobernación. Pasaba desapercibido. Nadie imaginaba que estaba por salir del anonimato y escalar posiciones dentro de la misma dependencia hasta llegar a la titularidad, aunque primero despuntó como vocero de la estrategia nacional de seguridad.

Era sábado, habían ganado los cementeros, así que tenía motivos para celebrarlo con un helado.

Hablaba de sus viajes y planes, sin sospechar lo que le esperaba.

Persona inteligente que conocí en el IFE, cuando formaba parte del equipo de Luis Carlos Ugalde. Repentinamente, a meses de las elecciones de 2006, Poiré dejó el organismo electoral para irse a dar clases en la Universidad de Harvard.

Ahora está a unos días de terminar su etapa en la Segob.

Su comparecencia en la Cámara de Diputados tuvo que tolerar críticas por lo que se hizo y no se hizo en materia de seguridad en nuestro país. Su rostro tenso, sudoroso y abrillantado ante reclamos de legisladores. Los sabores agrio y amargo de la política.

En el deporte su equipo Cruz Azul está en la liguilla pero no en su mejor momento.

Lo único que le garantiza un buen sabor de boca son los helados de la Nápoles.

Con la novedad que las calles de la ciudad de México no sólo tienen dueños sino también herederos.

Por años he visto en mi calle una persona que desde muy temprano empieza a reservar, con botes y botellas de plástico los espacios públicos. También ofrece el servicio de lavado de vehículos.

Era un jovencito con rostro asustadizo cuando hace más de una década apareció con su franela. Su tez morena se acentuó bajo los rayos del sol cotidiano. Su delgadez se transformó con el paso del tiempo en una complexión robusta, con músculos en los brazos. Embarneció.

Al principio se acercaba con cierta timidez a los conductores. Poco a poco se fue ganando su confianza. Aceptaba lo que le dieran como propina. Todavía no había considerado el establecimiento de una cuota.

Tuvo un momento de crisis que estuvo cerca de costarle la calle. Robaron en uno de los edificios de la zona y al afectado se le hizo fácil acusar al primero que vio y ese fue el franelero.

Para su fortuna más de un automovilista habló en su favor. Destacaron la confianza que le tenían, sobre todo porque de lunes a viernes le entregaban las llaves de sus unidades, ya sea para que las lavara o les encontrara un lugar en la calle. Ninguna queja de los dueños por esta actividad. Se demostró la inocencia del franelero. Desde entonces ha recorrido la calle como pez en pecera, de un lado a otro, seguro, confiado, dominador.

Su tenacidad fue premiada. Paradoja de la vida, precisamente del edificio de donde salió la acusación es en el que ahora vive. Ahí encontró un lugar que puede pagar y desde ese sitio vigila y cuida su calle.

Por estacionamiento la cuota voluntaria es de 20 pesos y 50 por lavado. Por lo menos unos 40 autos quedan bajo su resguardo cada día.

No me consta pero es muy probable que pague tarifa a representante de autoridad a fin de que se le deje trabajar. Nunca he visto que alguna patrulla lo moleste o importune.

Es la vida diaria del franelero.

Como dueño de la calle, me acaba de presentar a su ayudante: “es mi hijo, le aviso para que no crea que es un extraño”.

Me lo presentó como el heredero de la calle.

Su rostro era de horror. Estaba espantado. Cortaba las ideas pero el vecino conseguía explicar que había pasado un mal momento, como muchos mexicanos que sufren la inseguridad en la ciudad de México y en todo el país.

Ahora le tocó a la @lanapolesdf,enfrente del restaurante Mazurca y a media cuadra de la sede nacional del partido Movimiento Ciudadano. En una zona donde hay una cámara del @gobiernodf en cada esquina. Ahí le quitaron la vida el miércoles 8 de agosto a Jaime Quiroz Gutiérrez, empresario de bienes raíces, a plena luz del día. Y que conste que traía escolta.

Por la expresión  y el susto que su rostro reflejaba, por el contenido de su narración, era evidente que el vecino pasó minutos después por el lugar donde se cometió el homicidio.

“Acaban de matar a una persona, ya está la policía”, comentó nervioso a su interlocutor.

“Hay que tener cuidado”, fue su frase final antes de seguir el camino hacia su domicilio.

Es un vecino jubilado, que le interesa enterarse de las noticias. Sabe de la inseguridad que hay en México.

 Creía que por ser una zona “vigilada” con cámaras, con rondines frecuentes de patrullas, que suenan la sirena aun cuando no lleven emergencia, nada de eso podría pasar.

Se acabó su tranquilidad, el saldo de la violencia se lo topó a la vuelta de la esquina.

Quizás reduzca sus caminatas por la colonia Nápoles.

Se fue sin despedirse. Con más de 40 años de servicio en la esquina de Insurgentes y Eje 5, el restaurante  Los Guajolotes cerró sus puertas.

El edificio empieza a sufrir las consecuencias del abandono: polvo y ventanas rotas.

Un lugar cercano a la Plaza de Toros y al estadio del equipo de futbol Cruz Azul, visitado por personajes del deporte y la tauromaquia. También por periodistas, artistas y por supuesto por políticos.

La primera vez que lo visite estaba la profesora Elba Esther Gordillo, en una mesa acompañada de sus hijas y nietos.

Contaba con una rosticería de pollos.

Se observaba que era un buen negocio, al menos los fines de semana, cuando había corrida de toros o juego de futbol.

Por lo visto lo alcanzó la crisis. Ahora tiene en venta platos, manteles, puertas y hasta su escalera interior de madera.

Los únicos que están felices con este cierre son los guajolotes y pollos, porque se redujo su mortandad.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.