Maestros de Mauricio López

Poder legislativo
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Muy temprano me llamó por teléfono Alejandro Rojas Díaz Durán.

-Nos vemos en el restaurante de Insurgentes y Puente de Alvarado, a las nueve.

-¿De qué se trata -pregunté de inmediato.

-Allá se te informa, es importante que vayas –colgó sin dar más detalles.

Llegué puntual, minutos después aparecieron en la puerta Alejandro y Ramiro de la Rosa, con rostros que transmitían inquietud y nerviosismo. Dos jóvenes impetuosos y críticos de viejas prácticas priístas.

Su inconformidad los había llevado a planear tomar las instalaciones de su partido en Insurgentes norte, colonia Buenavista, como una acción más para tratar de hacerse escuchar.

Eran los tiempos de la corriente democratizadora. Ellos, como jóvenes, habían formado lo que llamaron Corriente Crítica, actuaban al unísono, tenían una permanente y afinada comunicación. Seguidos por otro grupo de muchachos, pocos, no numeroso. Con los dos, con su discurso y valor, era suficiente para incomodar a la dirigencia partidista e incluso más arriba.

Tomaron la sede del PRI nacional, no más de una veintena de jóvenes. El inmueble les resultó demasiado grande para cubrir todos los accesos. Su osadía se vino abajo muy pronto, ni tiempo les dio de convocar a una conferencia de prensa y explicar su proceder.

A mi tampoco me adelantaron lo que tenían planeado para después de la toma. Apenas terminaron de organizarse al interior de la sede partidista y que aparece por la entrada principal un contingente de trabajadores ferrocarrileros, de evidente fortaleza física, con overol y paliacates en el cuello, rostros ansiosos, rompieron en segundos la cadena colocada en la puerta. Blandían en sus manos palos, gritaban consignas contra los ocupantes del edificio.

Empezó la corretiza, rompieron macetas, algunos cristales, no lastimaron a nadie porque ante la superioridad numérica, los jóvenes salieron disparados, escaparon. En esa huida Alejandro Rojas perdió uno de sus zapatos. Una vez que se calmaron los ánimos, regresó a buscarlo, nunca lo encontró.

La lucha de Alejandro y Ramiro siguió dentro del partido. Todavía recuerdo a Ramiro de la Rosa cuando en un acto de campaña de Carlos Salinas se abrió paso entre la gente y lo encaró. Lo dejaron hablar, nadie lo interrumpió pero tampoco recibió respuesta de nadie, los medios de comunicación tampoco le dieron importancia a su atrevimiento.

Ramiro optó por irse del PRI. Alejandro se quedó un tiempo más; lo hicieron diputado. Fue en su etapa de legislador cuando se desprendió del tricolor al rechazar el aumento al IVA.

Alejandro y Ramiro siguieron su propio camino, cada uno por su lado. Alejandro se sumó al nuevo y fugaz partido Centro Democrático creado por los también ex priístas Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard. Estrechó su relación con el segundo. Cuando Ebrard ganó la jefatura de gobierno del Distrito Federal, se convirtió en secretario de turismo, aunque su sueño era ser secretario de gobierno. Estuvo cuatro años dedicado al turismo. Se distanció de Ebrard y hasta la fecha no ha vuelto a cruzar palabra con él. Alejandro tiene planes de regresar al legislativo y espera ser tomado en cuenta para una candidatura perredista.

Ramiro se fue a Quintana Roo, a Cancún, convertido en un activista ciudadano, hábil orador. Se quitó de los reflectores de los llamados medios de comunicación nacionales. Reapareció cuando se produjo la detención de Mario Villanueva, acusado de tener ligas con el narcotráfico. Ramiro acompañaba al ex gobernador y fue arraigado. No hizo ruido cuando lo dejaron ir, nada tenía que ver con la delincuencia organizada, ha sido un luchador social toda su vida. Hasta donde se, sigue en Cancún.

Les platicó la historia de estos dos personajes, que ya dejaron de ser jovencitos, porque en su tiempo fueron capacitadores políticos o maestros de Mauricio López Velázquez, actual presidente del PRI en el Distrito Federal, quien también fue integrante de la Corriente Crítica.

Mauricio llegó a ser coordinador de asesores de Miguel Osorio Chong y desde ahí dio el salto a la presidencia de su partido en la capital. Ahora tiene el reto de quitarle espacios al bastión perredista.

¿Le servirá de algo lo aprendido con Rojas y Ramiro?

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Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.