Acabo de ir a una reunión de un centenar de inversionistas en hotel “fifí” de la avenida Paseo de la Reforma. Todos ellos mexicanos. Invitado por un amigo. Sin autorización para revelar nombres pero sí para pulsar y exteriorizar su ánimo ante la nueva realidad política del país.
Hay analistas en secciones de diarios y medios económicos que han encendido luces rojas por supuestos o reales riesgos en la economía nacional. Por eso supuse que un número importante de los asistentes se iba a quejar de las acciones emprendidas en la llamada Cuarta Transformación. Esperaba escuchar molestias e inconformidades, temor e incertidumbre, hasta enojo.
Reunión totalmente interna, para saber qué ha pasado con sus dineros y el futuro que les espera. Inversionistas inmobiliarios, arrendadores y crediticios. Compararían cifras de los resultados del año pasado con los meses que lleva el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
El nombre del presidente de la República nunca fue mencionado. La Cuarta Transformación solo fue citada en una ocasión, para anunciar el efecto provocado en los socios.
No son de los grandes “fifís”. Ninguno de ellos es de los más ricos del México. Muy lejos de las grandes ligas. Son gente que ha trabajado toda su vida, que pudo juntar un capital importante e invertirlo, no para hacerse multimillonarios, sino para tener una vejez sin apuros económicos. Ninguno de ellos traía chofer y mucho menos escolta o guardaespaldas. Sin excepción, los vi formarse para pagar el boleto de estacionamiento, porque la cortesía del hotel no era del cien por ciento. Rostros contentos.
De ese centenar, solo uno, se informó, antes de que empezara la administración del nuevo gobierno, decidió vender sus acciones e irse del país. Nunca ha sido simpatizante de las ganadores de la elección del año pasado. Nadie hizo comentario adicional al respecto.
Por un momento pensé que se iba a desgranar la mazorca, las quejas, una tras otra, la irritación. Nada. Todos en su lugar, atentos a escuchar el informe desglosado sobre las inversiones.
El precio de las acciones sin cambios bruscos, ni repuntes ni caídas. Se ha mantenido estable. Algunas caras jubilosas cuando se dio cuenta de los dividendos y el anuncio de que al día siguiente cada uno tendría su respectivo depósito en las cuentas bancarias.
Terminó la reunión y todos felices. Saludos, abrazos, citas para verse a desayunar, comer y hablar de negocios.
El único ajeno a ellos era yo.
Mi lectura de la reunión, por lo visto y escuchado, es que hay exageraciones en los que escriben y pronostican que el país se dirige a un importante desequilibrio en su economía.
Al menos este centenar de inversionistas, no tiene encendida la alarma, aunque también debo decir que ninguno de los que estaban ahí echó las campanas a vuelo ni lanzó fuegos artificiales por la nueva realidad. Su actitud, serena. Si hay inquietud, es similar a la que han tenido en otros gobiernos, atentos al comportamiento de los factores económicos.
Hecho indiscutible: van a seguir invirtiendo en México.

SAT 1

Se aproxima el fin de año y no hay señales de novedades o sorpresas en materia fiscal. De cualquier manera,  empresarios, auditores, contadores y expertos en general están alertas.

Los tiempos políticos, la agonía del sexenio de Felipe Calderón y el arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto, descartan la presentación en la Cámara de Diputados de un paquete económico con sobresaltos o nuevos impuestos para el 2013.

En la lista de espera se mantendrá la muy mencionada reforma fiscal integral, sobre la que hay diversidad de propuestas. Una que tiene ocupados a los expertos  es la del ahora diputado y coordinador de los priístas en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones.

 Hay la intención de cobrar un IVA generalizado del 16 % para ampliar la base gravable, que todos paguen, y devolver al consumidor final el 3 %, pero no se entiende como se recuperaría este porcentaje.

Según esa propuesta, no se gravarían los productos que integran la canasta básica como las tortillas, el arroz, los frijoles, el tomate, entre otros. Las medicinas sí pagarían IVA, por lo menos es la intención, aunque de antemano es sabido que no es un ajuste popular y por eso se ha rechazado en otros momentos.

Desaparecería el famoso IETU que vino a enredar el cumplimiento de las obligaciones fiscales y se afinaría el Impuesto Sobre la Renta (ISR). Lo que no se digiere es que se quiera aumentar el ISR a las personas físicas, como siempre, los causantes cautivos.

 Por lo pronto todo indica que no se harán movimientos espectaculares en el tema fiscal y seguramente llegaremos a las fiestas de fin de año en esas condiciones, para que nadie se espante.

La reforma fiscal integral será tarea del 2013, salvo que el nuevo gobierno y los legisladores digan otra cosa, lo que se ve remoto.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.