El día que lloró Ariosto

Cultura
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Eran las 2:30 horas de la madrugada cuando el maestro Ariosto Otero, subido en el andamio, pintaba el mural en la construcción del nuevo edificio municipal de Coacalco, estado de México. A esa hora estaba prácticamente solo. El overol puesto.
Brochas y pinceles a la mano. Echa el cuerpo hacia atrás para una mejor vista de la obra. Resbala y pierde el equilibrio. Empieza a caer. Más de dos metros de altura. Saltan los botes de pintura y chorros caen en el mural. Estira los brazos en busca de sujetarse de lo que fuera. Alcanza las tijeras del propio andamio. Queda colgado. Logra deslizarse y desciende.
Lo primero que hace es correr hacia la llave de agua, toma dos cubetas, las llena, regresa para aventarla y quitar la pintura derramada.
No se detiene a ver si hay golpes en su cuerpo. Tampoco sentía dolor ni le importaban las manchas en su ropa. Limpiar el mural era la prioridad.
La iluminación, escasa en su entorno. Camina hacia el baño. Cae en la cisterna que estaba destapada. Se hunde en el agua. Reacciona y se impulsa para flotar. Respira profundo. Sujetado de la orilla, empieza a salir. Manchado y empapado de agua.
Noche desafortunada y afortunada. Caídas inesperadas pero en ningún caso el mínimo rasguño. ¿Milagro? Decide sentarse y descansar en la escalera del inmueble. Las lágrimas escurren por su rostro. ariosto3
Alcanzaba a escuchar la música que venía de la explanada del ayuntamiento, escenario de la feria del pueblo. Absorto, observa que la puerta principal es abierta. Aparece la figura de un amigo, con botella de cognac en una mano y en la otra un elote.
-Mira lo que te traje- le dice.
Ariosto suelta la risa.
El amargo momento, la mala noche, termina, cuenta a su amigo lo sucedido y vuelve a subirse al andamio, a seguir su mural.
Ariosto Otero, artista que conozco desde hace más de tres décadas. No nos vemos cada día ni cada semana, tampoco cada mes y a veces no llegamos a coincidir ni en un año. Sin embargo, la comunicación existe gracias a las benditas redes, los mensajes periódicos.
Invariablemente, cada vez que nos encontramos, trae un proyecto bajo el brazo. Es su vida el muralismo. Artista apasionado, habla con emoción de sus planes. Ve cerca su sueño, que México tenga escuela y museo del muralismo. Ha luchado décadas por convertirlo en realidad.
Hiperactivo, dibuja, habla por teléfono y conversa con su entrevistador al mismo tiempo. No me sorprende, es su estilo. El encuentro en Sanborns “La Bombilla” de la ciudad de México.
Ahí sobre la mesa, en hoja blanca, con la pluma prestada por la mesera, dibuja lo que representa para él la acción del gobierno contra el huachicoleo. Hace la figura de un hombre con casco. La mano derecha estirada, señala con el dedo índice. La izquierda es una garra. Concluye que fue un “zarpazo”; con sigilo, como lo haría cualquier animal felino, hasta atrapar a su presa.
Sabe que las palabras pueden tener consecuencias. Recuerda la vez que un medio publicó en primera plana que había hecho el mural que se encuentra en el antiguo ayuntamiento de la Ciudad de México para exhibir y cuestionar la actuación de gobernante veracruzano. Lo difundido no correspondía a la verdad. El periodista había hecho su propia interpretación.
Ariosto es hombre feliz. Se ve y lo manifiesta de esa manera. No guarda rencores. Ríe con facilidad. No cree tener enemigos. Y si alguien no lo quiere, no es su problema, sino del otro que lo rechaza.
Su vocación es servir y busca hacerlo: servir a su país. Le invade la impotencia y tristeza cuando no puede. Desde hace más de tres décadas, busca la construcción de la escuela y museo del muralismo.

Arturo Zárate Vite

 

 

Es licenciado en periodismo, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con mención honorífica. Se ha desempeñado en diversos medios, entre ellos, La Opinión (Poza Rica, Veracruz) Radio Mil, Canal 13, El Nacional, La Afición y el Universal. Más de dos décadas de experiencia, especializado en la información y análisis político. Ejerce el periodismo desde los 16 años de edad.

Premio Nacional de Transparencia otorgado por la Secretaría de la Función Pública, IFE, Consejo de la Comunicación, Consejo Ciudadano por la Transparencia e Instituto Mexicano de la Radio. Su recurso para la protección de los derechos políticos electorales del ciudadano logra tesis relevante en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con el fin de conocer los sueldos de los dirigentes nacionales de los partidos.

Además, ha sido asesor de la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Coordinador General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Es autor del libro ¿Por qué se enredó la elección de 2006, editado por Miguel Ángel Porrúa.